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Adoración y Liberación

Por Vicente Montesinos

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SATANÁS

Telegrama: si si no no.

Vicente Montesinos

 

 

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Si de la Iglesia dejamos caer la Gracia; y arrinconamos el imperativo de cumplir los mandamientos… ¿Para qué estamos?

Si la Iglesia asume como inevitable la imposibilidad de cumplir con la Ley de Dios… ¿Para qué estamos?

Si la Iglesia no exhorta a la conversión… ¿Para qué estamos?

 

Si la Iglesia no enseña que el hombre no puede incumplir la Ley de Dios sin graves consecuencias, para él y para los demás… ¿Para qué estamos?

¿Qué mas podemos descafeinar? Si la doctrina es clara y se aplica, no hay vuelta de hoja.

Luego… ¿Para qué estamos? ¿Para qué tanto recurso a reflexiones, paréntesis, casuística, discernimientos…? ¿No será que se espera en verdad violentar la ley?

Es, de hecho, el proceder del diablo en las tentaciones. Por eso Jesucristo nos enseñó a ser claros: sí sí, no no.

Y porque hasta el cielo no paramos, buenas noches y que Dios les bendiga

 

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Perla del Evangelio de hoy (Mc 5, 1-20): el Señor, nosotros y el Diablo.

Vicente Montesinos

 

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… Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara -unos dos mil- se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido. Llegan donde Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor. Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término

 

 

En el Evangelio de hoy observamos a una persona, poseída por el Diablo; y vemos, según nos indica la Palabra, como le atan cadenas, le ponen cepos…, y él, de una manera sobrenatural, consigue romperlos; lo cual, ciertamente, nos asombra y nos deja perplejos.

Es verdad que el Diablo cuando posee a alguien le da muchísima fuerza física, y la persona logra hacer cosas que nosotros, humanamente, no podemos ni hacer ni entender.

¿Porqué? Porque el diablo, es un ser espiritual, y posee esas capacidades. Ni más, ni menos.

Quien ha presenciado alguna vez un exorcismo, o se ha documentado mínimamente sobre el tema, sabe que Satanás, entre otras muchas cosas, puede hacer a un cuerpo levitar, puede doblar a una persona, contorsionarla, etc…, de una manera que humanamente es inexplicable; y sí, estas cosas son así. El diablo existe y tiene este cierto poder.

Pero este es sólo un lado de la moneda y el menos relevante. ¿Cuál es el otro lado de la moneda? Nosotros. Sí. Nosotros. Que por tener a Dios podemos hacer muchísimo más que este infecto ser espiritual. Podemos romper más cadenas, podemos romper más cepos… Podemos… ¡más que levitar! Porque tenemos a Dios.

Dios es el Creador. Y el diablo es una creatura. De modo que ojalá que la fuerza y la presencia de Dios en nuestra vida nos ayude a superar cualquier cosa y a vencer cualquier adversidad… A sentirnos fuertes… ¡más que el pobre Satanás!

A veces hablo con personas católicas, sobre todo jóvenes, y les pregunto: ¿pero tú crees que Dios está en medio de tu vida? – Sí, claro – suele ser la respuesta.

A continuación prosigo: – Entonces, ¿crees que podrás salir de este problema? – Uf, no…

Nos hace falta algo más de confianza en Dios. Es Todo Amor y es Todopoderoso. Y con Él sí podemos… Estos son los amores de verdad (y no los falsos); y los “sí podemos” de verdad (y no los torticeros)

Queridos hermanos: que nuestros deseos del corazón sean tener siempre a Dios; darnos cuenta de que le tenemos, y ser conscientes de que con Él podemos superar cualquier adversidad.

Y porque hasta el cielo no paramos, ¡que Dios os bendiga!

 

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¿Para promover el Yoga hemos quedado?

Vicente Montesinos

 

Ando por las calles de la gran ciudad. De repente giro la vista sin saber porqué y veo una parroquia. Se trata de uno de esos bajos de fincas habilitados como templos. Me llama la atención porque no había oído hablar de esa parroquia nunca, y me acerco a su puerta.

 

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La parroquia está cerrada; pero a la izquierda de la misma hay un cartel de metacrilato anunciando las actividades parroquiales. El cartel no es de esos hechos a mano de cualquier forma, sino que, por su material, confección, e integración en la pared, se nota que las actividades y horarios no son provisionales y están bastante consolidados.

Me detengo a leer con curiosidad, especialmente para anotarme los horarios de las misas, ya que siempre me gusta conocer nuevas Parroquias y ver qué tal viven la fe en dichas comunidades.

Al leer detenidamente mi estupefacción no puede ser mayor.

 

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No voy a extenderme sobre la incompatibilidad del Yoga con el cristianismo. Daría para hablar mucho y nada bueno. Únicamente comentar tres breves ideas:

 

 

  • Es comúnmente aceptada por la sana doctrina y la práctica de piedad, oracional y pastoral en la Iglesia Católica, que el yoga es una actividad peligrosa; que debería estar lejos de su uso por cualquier católico. Es una disciplina inseparable de su espiritualidad oriental y cosmovisión; una llamada “vía de perfección espiritual” (por supuesto no en lo católico); que conduce entre otras a la “iluminación o la apertura del tercer ojo”; y que es una de las prácticas preferidas por la Masonería, utilizada en muchos rituales anti-iglesia católica. Existen además ya innumerables testimonios de posesiones demoniacas, parciales o totales, en personas que practicaron el yoga. Se trata, por tanto, de una forma actual de idolatría, esoterismo, neopaganismo, ocultismo, adivinación, comunicación  y posesión diabólica. Así, yoga y cristianismo son esencialmente incompatibles.

 

  • En la Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, ya en 1989, la Congregación para la Doctrina de la Fe se centra en varias prácticas espirituales orientales y en su inclusión en la vida espiritual de los cristianos. En una nota al pie de página en el número 2, afirma específicamente que “Con la expresión ‘métodos orientales’ se entienden métodos inspirados en el Hinduismo y el Budismo, como el ‘Zen’, la ‘meditación trascendental’ o el ‘Yoga”. De modo que claramente, el magisterio tiene en su mente al yoga al afrontar la cuestión de los cristianos que utilizan prácticas espirituales orientales. El documento especifica que cabe tener mucha prudencia en el uso de prácticas espirituales, meditativas o místicas que estén desprovistas de un contexto claramente cristiano. Por ejemplo, el número 12 afirma: “estas propuestas u otras análogas de armonización entre meditación cristiana y técnicas orientales deberán ser continuamente cribadas con un cuidadoso discernimiento de contenidos y de método, para evitar la caída en un pernicioso sincretismo“.

 

  • Gozamos ya, además,  de infinidad de estudios y orientaciones pastorales realizadas por Obispos y Sacerdotes sobre lo pernicioso de estas prácticas para el cristiano. Sin ir más lejos, el Padre Alfonso Uribe considera: “El yoga puede ser instrumento válido para el hindú que busca con sinceridad la salvación y no ha conocido la verdad revelada por el Verbo de Dios. Pero para el cristiano, es un camino erizado de peligros y, a la larga, si no lo aparta de Jesucristo, lo llevará a una gran confusión, pero no a la verdadera perfección cristiana”. Incluso el Cardenal Norberto Rivera señala: “El yoga es, en su esencia, un ejercicio espiritual y corporal nacido de la espiritualidad hindú. Las posturas y ejercicios, aunque se presentan como un simple método, son inseparables de su sentido propio en el contexto del hinduismo. El yoga es una introducción a una tradición religiosa muy ajena al cristianismo. La palabra ‘yoga’ significa ‘unión’. Habría que preguntarnos: ¿unión con qué?”

 

 

Pero sentados estos puntos, sobre todo, quería compartir con ustedes esta inquietud: si peligroso, conocido y altamente no recomendable es la práctica de yoga en un católico… ¿Qué hace una Parroquia católica organizando de forma estable y teniendo como actividad pastoral el Yoga? ¿Para eso ha quedado la Iglesia Católica? ¿No se les ocurrirá a los responsables de esta Parroquia otras actividades más acordes con la Misión que nos ha sido encomendada que esta práctica oriental? No sé… Se me ocurre por ejemplo: Adoración Eucarística; retiros; ejercicios espirituales; digo… ¿Muchas cosas, no?

¿No conocerá la Archidiócesis de Valencia esta práctica? No sé. Digo. Si el Cardenal no puede llegar a todo tiene obispos auxiliares. ¿No? Si estos no lo saben, les podrán informar los correspondientes Vicarios Episcopales de Zona. ¿No?… E incluso si estos no se enteraran, los Arciprestes…. ¿No? Consejos Pastorales, reuniones de sacerdotes de zona… No sé… Alguien…

Y si sí que la conoce… ¿También en esto vamos a mirar para otro lado?

¿Será parte de la apertura a las periferias, en este caso, orientales?

O es que…, y para los que me digan que es sólo una práctica deportiva o de relajación… ¿Será parte de la apertura a las periferias, en este caso a los gimnasios y los spas de la zona?

No sé… Vete tú a saber… En esta amada y atribulada Iglesia nuestra actual, cualquier cosa es posible.

 

Estamos en guerra…

Vicente Montesinos

 

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A cada uno de nosotros se nos ofrecen dos caminos: el del Mundo y el de Dios.

Este doble ofrecimiento desemboca en la imagen del conflicto que el Mundo y el Demonio oponen a Dios Todopoderoso.

Luego insisto, un día más: la opción es personal; y estamos en guerra. Una guerra sin cuartel entre el bien y el mal; donde no hay término medio.

 

Luego insisto, un día más: la opción es personal; y estamos en guerra. Una guerra sin cuartel entre el bien y el mal; donde no hay término medio.

 

Esto no me lo invento yo; y nos lo advirtió Nuestro Señor Jesucristo: “quién no está conmigo, está contra mí…; quién no recoge, desparrama…“. Sí, uno de esos pasajes más claros y trascendentales del Evangelio; sombreado, ocultado y licuado por el buenismo, el modernismo, la corrección política y la progresía que nos desgobiernan: las armas de Satanás.

Todos experimentamos una guerra interior constante entre el verdadero camino de Dios y el camino del Mundo. Más aún cuando nos ha tocado vivir una etapa en la que hasta desde dentro se nos ofrece “Mundo”. De ahí no solo la necesidad de optar, sino también la de resistir.

Cada uno de nosotros hemos de estar atentos a los puntos débiles que nos atenazan, y a los obstáculos que nosotros mismos ponemos a la acción de Dios. A la verdadera acción de Dios. A lo que Dios quiere para cada uno de nosotros y para su Iglesia, de la que formamos parte.

Examinemonos pues, cada uno de nosotros, y sigamos, en tiempos de confusión, el guión que nunca falla: Jesucristo, Eucaristía y María; Sagradas Escrituras, Magisterio bimilenario, Tradición y Sana Doctrina.

Y cuidado con los falsos profetas…

 

 

Perla del Evangelio de hoy: “¡Ay de aquel por quién vienen los escándalos! (Cuidado con rebajar el Evangelio)

Vicente Montesinos

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Cuidaos de vosotros mismos.

 

 

Ayer hablábamos de silencio, de equilibrio… (ver aquí). ¿Ven que cercano estaba otro Evangelio donde Jesús nos demuestra que eso no ha de significar cobardía, aquiescencia con el mal y acomodación al mundo?

Jesús advierte a sus discípulos; y nos sigue advirtiendo a nosotros; que no seamos motivo de escándalo. ¿Y qué es ser motivo de escándalo? Pues ser piedra que hace tropezar; en vez de camino recto que lleva al Padre.

Tal vez el primer escándalo que debemos evitar quienes nos decimos católicos sea el de contradecir con nuestras vidas, actos, acciones y omisiones; el Evangelio.

¿Están nuestros comportamientos lejos del Evangelio? ¿Van incluso contra el Evangelio? Porque si es así (y examínese cada cual), no solo traicionamos al Señor; sino que nos hacemos cómplices del Príncipe de este mundo.

Y ojo; hermanos, especialmente hoy, y vuelvo a lo que escribíamos ayer y arriba les enlazo: Jesús reclama a los discípulos que estén atentos a no rebajar el Evangelio. A no traicionarlo.

Por eso pide a los discípulos: “Andad con cuidado”. Y nos pide hoy que andemos con cuidado.

San Pablo, consciente de ese peligro, advertía también a los ancianos de Éfeso diciendo: “Tened cuidado de vosotros y de toda la grey” (Hch 20,28). Tener cuidado de uno mismo, del comportamiento que cada uno tiene, de la fidelidad al Evangelio es una tarea primordial para cada discípulo.

Pero más aún para los que tienen responsabilidades pastorales… Y cuanto más altas; más graves.

¡Hasta el cielo no paramos!

En el Espíritu del Señor, que Él les bendiga

No digas nada… No molestes con tus denuncias…

Vicente Montesinos

 

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No digas nada… No molestes con tus denuncias…

No hagas tanto ruido…

Si de todas formas la “cúpula” que algo puede cambiar no te va a escuchar… Ni te conocen…

… y así trabaja Satanás para que nos callemos… Mentiras sin parar del maligno…

Pero es que, aunque fuera verdad… ¿acaso hay que estar calculando si me van a escuchar o no? ¡No!

Esto forma parte de la misión. Y la misma no se cumple en función de un resultado visible y medible con criterios humanos.

Hermanos; hay que hacer lo que hay que hacer, y hay que decir lo que hay que decir.

Como dice mi buen hermano en la fe Juan; el cálculo utilitario; o caer en proyectar nuestros éxitos en audiencia; es progremodernista (palabra tan acertada, como terrible)

El discípulo de Cristo hace lo que tiene que hacer, de la mejor manera; y deja el resultado a Dios.

Escucharán los que tengan que escuchar; se convertirán los que se tengan que convertir; y se salvarán los que se tengan que salvar.

 

Escucharán los que tengan que escuchar; se convertirán los que se tengan que convertir; y se salvarán los que se tengan que salvar.

 

O acaso no dijo el Señor:  «En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies. Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad.” (San Mateo 10, 11-15)

Pues eso…

 

29 de septiembre. San Miguel Arcángel. ¡Ruega por España!

San Miguel es uno de los siete arcángeles y está entre los tres cuyos nombres aparecen en la Biblia. Los otros dos son Gabriel y Rafael, cuya festividad también celebramos hoy. 

La Santa Iglesia da a San Miguel el más alto lugar entre los arcángeles y le llama “Príncipe de los espíritus celestiales”, “jefe o cabeza de la milicia celestial”. 

Ya desde el Antiguo Testamento aparece como el gran defensor del pueblo de Dios contra el demonio y su poderosa defensa continúa en el Nuevo Testamento.

La cristiandad desde la Iglesia primitiva venera a San Miguel como el ángel que derrotó a Satanás y sus seguidores y los echó del cielo con su espada de fuego.

Es tradicionalmente reconocido como el guardián de los ejércitos cristianos contra los enemigos de la Iglesia y como protector de los cristianos contra los poderes diabólicos, especialmente a la hora de la muerte.

En cuanto a su relación profunda con la Eucaristía, no siempre tan conocida, cabe decir que San Miguel preside el culto de adoración que se rinde al Altísimo y ofrece a Dios las oraciones de los fieles simbolizadas por el incienso que se eleva ante el altar. La liturgia nos presenta a San Miguel como el que lleva el incienso y está de pie ante el altar como nuestro intercesor. 

Es muy interesante notar en las apariciones marianas, como en Fátima o Garabandal, que han incluido manifestaciones de San Miguel, sobre su relación con la Eucaristía, y la adoración debida a Jesús Eucarístico y a la Santísima Trinidad. 

El Papa León XIII, después de unas espectaculares visiones, compuso esta oración, que tradicionalmente y con acierto se ha rezado en cada Eucaristía de todo el orbe, hasta que el Concilio Vaticano II suprimió su obligación. 

Os invito a rezarla hoy, y siempre que podáis, con denuedo: 

“San Miguel Arcángel,

defiéndenos en la batalla.

Sé nuestro amparo

contra la perversidad y asechanzas

del demonio.

Reprímale Dios, pedimos suplicantes,

y tú Príncipe de la Milicia Celestial,

arroja al infierno con el divino poder

a Satanás y a los otros espíritus malignos

que andan dispersos por el mundo

para la perdición de las almas.

Amén.” 

Además, aunque como os comentaba,  no es obligación, se puede continuar con gran provecho la práctica de rezar esta oración después de la Santa Misa como se hacía antes del Concilio Vaticano II. 

Por otra parte es tradición añadir este párrafo final en España a esta poderosísima oracion:

Glorioso Arcángel,

defiende a España y su Iglesia

y protege al Papa,

para que podamos ver pronto

el glorioso triunfo de los Corazones de Jesús y María. Amén


No puede ser más oportuno ni necesario rezar ambos fragmentos, por la iglesia universal y su situación, y por España, en estas horas cruciales.

San Miguel, San Gabriel y San Rafael nos ayuden y protejan. 

                                         Vicente Montesinos

Oración a la Reina de los Ángeles.

Hoy, en el día de Nuestra Señora de los Ángeles, más que nunca, recomendamos esta oración, tan apta para siempre; que fue dictada por la propia Virgen, el 13 de enero de 1863, al Padre Cestac, Fundador de la Congregación de las Siervas de María en Anglet; para combatir y derrotar las potencias del infierno, después de que tuviera una visión de los “destrozos indescriptibles” causados por los demonios en la Tierra.

 

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Beato Luis Eduardo Cestac

 

Ha sido recomendada por el papa Pío IX, y enriquecida de indulgencia por los papas León XIII y San Pío X.

 

 

 

¡Oh Augusta Reina de los Cielos
y Señora de los Ángeles!
Pues habéis recibido de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de la serpiente infernal; dignaos escuchar benigna las súplicas que humildemente os dirigimos; enviad la santas legiones para que, bajo vuestras ordenes, combatan a los demonios, donde quiera repriman su audacia y los persigan hasta precipitarlos al abismo.

¿Quién como Dios?
Santos Ángeles y Arcángeles, defendednos y guardadnos. ¡Oh buena y tierna Madre! Vos seréis siempre nuestro amor y nuestra esperanza. ¡Oh divina Madre! Enviad los Santos Ángeles para defendernos y rechazar lejos al demonio, nuestro mortal enemigo. Amén.

 

 

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Ante las declaraciones del P. Arturo Sosa: el Diablo es un ser personal y real.

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P. Arturo Sosa. Foto: Compañía de Jesús

En días pasados nos sobresaltaba (al parecer a algunos más que a otros) la afirmación del General de los Jesuitas, P. Arturo Sosa Abascal,  que refería, en el curso de una entrevista, que el diablo es una figura simbólica (ver noticia AQUÍ).

No negaré que lo primero que me vino a la cabeza fue una de las oraciones más bonitas que existen; el “Alma de Cristo…”, creada por San Ignacio de Loyola (del que Sosa Abascal es nada menos que sucesor); y aquella secuencia suya que dice: …”del maligno enemigo, defiéndeme”. Sinceramente, no me imagino al gran santo de Loyola pensando en que necesitemos ser defendidos de “una figura simbólica”.

 

No negaré que lo primero que me vino a la cabeza fue una de las oraciones más bonitas que existen; el “Alma de Cristo…”, creada por San Ignacio de Loyola (del que Sosa Abascal es nada menos que sucesor); y aquella secuencia suya que dice: …”del maligno enemigo, defiéndeme”

 

Tampoco creo que tantos y tantos santos que nos han transmitido sus experiencias reales en lucha con el maligno (San Antonio el Grande, San Pío de Pietrelcina, Santa Gemma Galgani, el Santo Cura de Ars, San Juan Bosco, Santa Teresa de Jesús; y tantos y tantos otros  de todas las épocas…) nos hayan engañado. ¿Qué pensará al respecto el P. Sosa Abascal?

En todo caso, negar la existencia real del maligno es algo más que negar todo lo dicho anteriormente (que no es poco). Es negar las Sagradas Escrituras. Es negar lo dicho por el propio Jesucristo, Nuestro Señor. No es por tanto, cuestión baladí. Y así nos lo enseña nuestro Catecismo, de forma reiterada, clara e indubitada.

 

En todo caso, negar la existencia real del maligno es algo más que negar todo lo dicho anteriormente (que no es poco). Es negar las Sagradas Escrituras. Es negar lo dicho por el propio Jesucristo, Nuestro Señor.

 

Sin animo de ser exhaustivos; podemos traer a colación como:

  • El número 391 del Catecismo manifiesta: “Detrás de la elección desobediente de nuestros primeros padres se halla una voz seductora, opuesta a Dios (cf. Gn 3,1-5) que, por envidia, los hace caer en la muerte (cf. Sb2,24). La Escritura y la Tradición de la Iglesia ven en este ser un ángel caído, llamado Satán o diablo (cf. Jn 8,44; Ap 12,9). La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno, creado por Dios. Diabolus enim et alii daemones a Deo quidem natura creati sunt boni, sed ipsi per se facti sunt mali (“El diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos”) (Concilio de Letrán IV, año 1215: DS, 800). Podemos confrontar otros números como el 392 o el 414.

 

  • En relación al Bautismo como renuncia al Diablo; dice el 1237 del Catecismo: Puesto que el Bautismo significa la liberación del pecado y de su instigador, el diablo, se pronuncian uno o varios exorcismos sobre el candidato. Este es ungido con el óleo de los catecúmenos o bien el celebrante le impone la mano y el candidato renuncia explícitamente a Satanás. Así preparado, puede confesar la fe de la Iglesia, a la cual será “confiado” por el Bautismo (cf Rm 6,17).

 

  • En referencia a la lucha del hombre contra el poder de las tinieblas; afirma el 407 del Catecismo que “La doctrina sobre el pecado original —vinculada a la de la Redención de Cristo— proporciona una mirada de discernimiento lúcido sobre la situación del hombre y de su obrar en el mundo. Por el pecado de los primeros padres, el diablo adquirió un cierto dominio sobre el hombre, aunque éste permanezca libre. El pecado original entraña “la servidumbre bajo el poder del que poseía el imperio de la muerte, es decir, del diablo” (Concilio de Trento: DS 1511, cf. Hb 2,14). Ignorar que el hombre posee una naturaleza herida, inclinada al mal, da lugar a graves errores en el dominio de la educación, de la política, de la acción social (cf. CA 25) y de las costumbres”. Vale la pena también la lectura atenta del 409.

 

Y así podría seguir, con el peligro de extenderme demasiado, y conseguir que menos lectores llegaran al final de este artículo. Pero les invito a comprobar por ustedes mismos muchos más textos del Catecismo donde Nuestra Santa Madre Iglesia, recordando las palabras y obras del propio Señor Jesucristo en los Evangelios, nos confirma la existencia; personal, real, y maléfica del diablo:

 

  • Sobre los ángeles caídos (confrontar 391, 392 y 414, siempre del Catecismo)
  • Sobre los apóstoles y su poder de expulsar demonios (1506)
  • Sobre los exorcismos para expulsar demonios (517, 550, 1237 y 1673)
  • Sobre la idolatría y el recurso al demonio (2113, 2116 y 2117)
  • Sobre Jesús y su dominio sobre los demonios (¿Cómo obviarlo?): 421, 447, 539, 550, 566, 635, 636, 1086, 1708…
  • Sobre Jesús y las tentaciones del diablo (538, 540, 566, 2119)
  • Sobre las obras del Diablo (394, 395, 398…)
  • Sobre el origen del mal (397, 413, 1707, 2583…)

 

Uno, desde su ignorancia, no puede llegar a comprender, ni mucho menos juzgar, que puede pasarle por la cabeza a un responsable tan importante de nuestra Santa Madre Iglesia para, a la luz de todo lo expuesto, y de tanto más, afirmar que el diablo es un “figura simbólica”.

Y si en un alarde de empatía, intenta este humilde escribiente, ponerse en su lugar; choca de frente con el 2851 del catecismo, que dice, textualmente, lo que nos enseña Nuestra Santa Madre Iglesia de forma taxativa, al hablar de la petición del Padrenuestro relativa a… “Y líbranos del mal...”: En esta petición, el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El “diablo” (diá-bolos) es aquél que “se atraviesa” en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida en Cristo.

 

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Foto: La Pasión de Cristo (Mel Gibson)

La verdad es que sabia es la barca de Pedro, a la que Nuestro Señor encomendó seguir adelante con su obra redentora; y poco más puedo añadir yo.

Mostrar mi extrañeza y mi estupor; eso sí, no puedo dejar de hacerlo, aún con dolor. Aunque… ¿debiera extrañarme esta forma de pensar del P. Arturo Sosa quién en referencia a la veracidad de los Evangelios y las palabras de Jesús manifestó, en fechas anteriores, que “se debe reflexionar sobre lo que verdaderamente dijo Jesús, y ponerlas en contexto, pues en esa época nadie tenía una grabadora para registrar sus palabras“?

Rezo por mí; pobre pecador; y por el P.Arturo Sosa y su labor, tan importante, al frente de una congregación católica tan influyente sobre las almas como la Compañía de Jesús.

 

Vicente Montesinos

 

 

 

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