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Adoración y Liberación

Por Vicente Montesinos

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Evangelio

Perla del Evangelio de hoy: la curación de la suegra de Pedro y la “falsa misericordia”.

Vicente Montesinos

 

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El Evangelio de hoy nos habla de otra curación: la de la suegra de Pedro. Y es que la pasión de Jesús es sanar, curar, restaurar lo que está perdido.

Vemos como Jesús se acerca y coge a la enferma mujer de la mano. Es muy bonito. Porque Jesús tiene el poder de curar desde la distancia. Pero  su misericordia le lleva acercarse y entrar en contacto con la persona para llevarle la salvación. Es la verdadera misericordia. La de quien te exige, como Jesús nos exige; pero te cura y te salva. No es la falsa misericordia, que no salva a nadie, y nos arrastra por el mal camino.

Vemos además otra idea muy bella: el evangelista nos cuenta como Jesús la “levantó”. Y es curioso, porque el verbo en griego que se utiliza para “levantar” a la suegra de Pedro es el mismo que se utiliza al final del Evangelio para hablar de la Resurrección de Jesús; y de como éste fue “levantado”.

El inicio del Evangelio y el final del mismo se enmarcan en ese “levantarnos”, “resucitar”, “salvarnos”; que dan sentido a toda la misión de Jesucristo y a su obra redentora en nosotros; que nos trae ya aquí la sanación; y para siempre la resurrección, a quién se coge de su mano, y no la rechaza.

Porque ciertamente, todos estamos llamados a ser “levantados” por el Señor, ya, y al final de nuestra vida terrena; pero que todos seamos llamados, no significa que todos seamos salvados. La salvación depende del Señor, pero la condenación la elegimos nosotros. A eso me refería antes con la diferencia entre la misericordia de Jesús, y la “falsa misericordia” del “todos vamos al cielo”; “por cualquier religión te salvas”, “quién soy yo para juzgarles” y demás mantras progremodernistas psotconciliares.

El Señor quiere sanarnos ya y levantarnos para la eternidad. Y eso empieza aquí. Los problemas de la vida nos llevan muchas veces a vivir a rastras, desilusionados, insatisfechos, amargados… Y Cristo sale a tu encuentro, te coge de la mano, y te pide que cojas tu Cruz y le sigas.. Y serás salvado… Pero te pide que cojas su Cruz y le sigas… No te pide “vive y dejá vivir”.

Un último detalle del Evangelio de hoy: la suegra de Pedro es “levantada” e inmediatamente… “se pone a servirles”. Podríamos decir que a la pobre mujer no le dejan ni un pequeño tiempo de convalecencia. ¿A qué parece difícil de entender? Pues no desde la lógica de Cristo.

Y esto porque el que se encuentra de verdad con el Señor, con el auténtico Jesucristo, hijo del Dios vivo; no puede guardarse eso para él. Debe salir y ofrecerlo a sus hermanos, al mundo y al Señor en servicio permanente a Cristo, para luchar por su Evangelio y su Verdad. Y cuando uno se ha encontrado de verdad con Cristo, no le importan las consecuencias si defender su doctrina, salvar su alma y las del os demás está en juego.

Ese es un corazón, como el de la suegra de Pedro, tocado por la misericordia. La del Señor. La de verdad. La buena. La que no engaña. La que no promete nada que no pueda cumplir.

Feliz día del Señor, y porque, hasta el cielo no paramos… ¡Qué Dios os bendiga!

 

 

 

Perla del Evangelio de hoy (Mc 5, 1-20): el Señor, nosotros y el Diablo.

Vicente Montesinos

 

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… Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara -unos dos mil- se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido. Llegan donde Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor. Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término

 

 

En el Evangelio de hoy observamos a una persona, poseída por el Diablo; y vemos, según nos indica la Palabra, como le atan cadenas, le ponen cepos…, y él, de una manera sobrenatural, consigue romperlos; lo cual, ciertamente, nos asombra y nos deja perplejos.

Es verdad que el Diablo cuando posee a alguien le da muchísima fuerza física, y la persona logra hacer cosas que nosotros, humanamente, no podemos ni hacer ni entender.

¿Porqué? Porque el diablo, es un ser espiritual, y posee esas capacidades. Ni más, ni menos.

Quien ha presenciado alguna vez un exorcismo, o se ha documentado mínimamente sobre el tema, sabe que Satanás, entre otras muchas cosas, puede hacer a un cuerpo levitar, puede doblar a una persona, contorsionarla, etc…, de una manera que humanamente es inexplicable; y sí, estas cosas son así. El diablo existe y tiene este cierto poder.

Pero este es sólo un lado de la moneda y el menos relevante. ¿Cuál es el otro lado de la moneda? Nosotros. Sí. Nosotros. Que por tener a Dios podemos hacer muchísimo más que este infecto ser espiritual. Podemos romper más cadenas, podemos romper más cepos… Podemos… ¡más que levitar! Porque tenemos a Dios.

Dios es el Creador. Y el diablo es una creatura. De modo que ojalá que la fuerza y la presencia de Dios en nuestra vida nos ayude a superar cualquier cosa y a vencer cualquier adversidad… A sentirnos fuertes… ¡más que el pobre Satanás!

A veces hablo con personas católicas, sobre todo jóvenes, y les pregunto: ¿pero tú crees que Dios está en medio de tu vida? – Sí, claro – suele ser la respuesta.

A continuación prosigo: – Entonces, ¿crees que podrás salir de este problema? – Uf, no…

Nos hace falta algo más de confianza en Dios. Es Todo Amor y es Todopoderoso. Y con Él sí podemos… Estos son los amores de verdad (y no los falsos); y los “sí podemos” de verdad (y no los torticeros)

Queridos hermanos: que nuestros deseos del corazón sean tener siempre a Dios; darnos cuenta de que le tenemos, y ser conscientes de que con Él podemos superar cualquier adversidad.

Y porque hasta el cielo no paramos, ¡que Dios os bendiga!

 

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Perla del Evangelio de hoy: “Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano…”

Vicente Montesinos (23 de enero de 2018)

 

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En aquel tiempo, llegan la madre y los hermanos de Jesús, y quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Él les responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?». Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

 

Sorprende la distancia que parece tomar Jesús con respecto a su familia.

Y es que Jesús inaugura un nuevo concepto de familia: los que creen en Él, como Hijo de Dios vivo, forman la familia de Jesús: los doce Apóstoles y muchos otros discípulos como Marta, María y Lázaro… Y hoy… ¿todos nosotros?

Jesús no rechaza a su familia; y el texto hay que ponerlo en contexto con el resto de la Palabra; pero Jesús sí que toma distancia sobre su ligazón con la familia de sangre, queriéndolos mucho, para establecer una intimidad nueva en su familia “apostólica”.

Esto nos sitúa en un contexto de Iglesia como familia, donde todos debiéramos sentirnos familia en Jesús.

Hoy os invito a que cuando veamos curiosa la reacción de Jesús en algunos pasajes, aprendamos a escrutar el sentido profundo de sus hechos para descubrir su relación con el Reino que está instaurando, esa nueva creación, el mundo de la gracia, la Redención.

Jesús nunca se equivoca, sino que es la verdad, y nosotros somos aprendices de esa Verdad, que es Camino a la Vida. Somos nosotros los que nos equivocamos al escucharle y mal interpretarle; al ponernos en contradicción con Él y sus mandatos, y al, directamente, desobedecerle, a veces desde las más altas responsabilidades, y por lo tanto, con las más altas de las culpas.

Así entenderemos como en este Evangelio en lugar de su familia de la tierra, Jesús ha escogido una familia espiritual. Echa una mirada sobre los hombres sentados a su alrededor y les dice: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mc 3,34-35).

Así pues, recojamos el guante de Jesús, para formar parte de su familia, que no es otro que el del cumplimiento de la voluntad divina.

Una voluntad sin medias tintas, sin correcciones políticas y sin relativismos.

¡Y porque hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga!

 

Que no nos la den con queso…; y el libro del Evangelio diario.

Vicente Montesinos

La verdad es que, a veces dan ganas de decir, alto y claro; sí, cualquier tiempo pasado fue mejor.

Porque a estas alturas, y con los correspondientes calificativos de involucionista, reaccionario, retrógrado, fundamentalista, y todo lo que vendrá a continuación; es claro y palpable que hoy por hoy, ya casi no nos podemos fiar de nada; y que cualquier cosa en nuestro ámbito eclesial de las que antes, podíamos hacer uso, sin peligro alguno, y pisando terreno seguro; hoy hay que tener mil ojos abiertos, para que, como dice el refrán, no nos la den con queso.

Ojeaba hoy al alba, ante Su Divina Majestad, uno de esos libros del Evangelio del día; donde junto al texto del Evangelio de hoy, aparecen unas palabras del Papa Francisco; y también una pequeña oración relacionada, se supone, con el texto de hoy.

Sobre las palabras del Papa Francisco, tampoco es, sinceramente, que tuviera grandes expectativas; pero en relación a la Oración; que además no se refería al texto del Evangelio, sino al inicio del octavario para la unidad de los cristianos; he podido leer, con mi dosis de sorpresa, estupefacción y mortificación diaria que gracias a Dios, aún mantengo; que esta semana debe de servir para que todos los cristianos nos juntemos, dadas las pequeñas diferencias que nos separan.

Unas pequeñas diferencias, sí: entre otras leves tonterías:

– La Eucaristía como santo sacrificio de redención y la presencia real de Jesucristo en el pan consagrado; con la debida adoración al santísimo Sacramento del altar.

– La santísima y debida veneración a la siempre Inmaculada, santísima y Purísima madre de Dios, la virgen María.

Y de todas las demás cosas importantes que nos separan, ni hablo; porque teniendo al Corpus Christi y a la santísima virgen María como pequeñas diferencias; para qué seguir.

Ojo con todo lo que escuchamos, vemos y leemos. En esta época, más que nunca, a prepararse, a formarse, y a ser críticos con todo lo que hay a nuestro alrededor; para que no nos la den con queso.

Y puesto que hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga.

¡No hagáis proselitismo!

Vicente Montesinos

El Aleluya de hoy nos recuerda: “Jesús proclamaba el Evangelio del reino, y curaba toda dolencia en el pueblo”

O sea, que sí, que Cristo nos libera y nos sana; pero sin dejar, y precisamente por ello, de proclamar a todos la buena noticia.

El Evangelio.

Que quiere que extendamos a todos.

Que nos ordena difundir a todos los pueblos y naciones.

Eso que siempre hemos llamado “evangelizar”; dar testimonio de nuestra fe; proclamar la buena nueva.

Eso que no podemos dejar de hacer, porque es mandato divino.

Eso que hoy desde nuestra propia Iglesia nos dicen que es hacer proselitismo, y que no debemos hacer.

¿Y habrá alguien que me pueda discutir (espero ansioso) que una orden directa de Cristo no podemos desobedecerla, aunque lo diga el mismo Papa?

Como en todas y cada una de las ocasiones, recibiré amonestaciones, y presión para silenciar esta tribuna, circunloquios por la espalda e intrigas palaciegas, pero nunca un argumento que me convenza de que lo que escribo, para gloria de Dios y de su Santa Madre Iglesia, es mentira.

Jesús proclamaba el evangelio del reino, y curaba toda dolencia del pueblo.

Y nos dijo: id y proclamad la buena noticia a todos los pueblos.

Si alguien tiene algo en contra, que lo diga.

¡Y porque hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga!

Perla del Evangelio de hoy: “¡Ay de aquel por quién vienen los escándalos! (Cuidado con rebajar el Evangelio)

Vicente Montesinos

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Cuidaos de vosotros mismos.

 

 

Ayer hablábamos de silencio, de equilibrio… (ver aquí). ¿Ven que cercano estaba otro Evangelio donde Jesús nos demuestra que eso no ha de significar cobardía, aquiescencia con el mal y acomodación al mundo?

Jesús advierte a sus discípulos; y nos sigue advirtiendo a nosotros; que no seamos motivo de escándalo. ¿Y qué es ser motivo de escándalo? Pues ser piedra que hace tropezar; en vez de camino recto que lleva al Padre.

Tal vez el primer escándalo que debemos evitar quienes nos decimos católicos sea el de contradecir con nuestras vidas, actos, acciones y omisiones; el Evangelio.

¿Están nuestros comportamientos lejos del Evangelio? ¿Van incluso contra el Evangelio? Porque si es así (y examínese cada cual), no solo traicionamos al Señor; sino que nos hacemos cómplices del Príncipe de este mundo.

Y ojo; hermanos, especialmente hoy, y vuelvo a lo que escribíamos ayer y arriba les enlazo: Jesús reclama a los discípulos que estén atentos a no rebajar el Evangelio. A no traicionarlo.

Por eso pide a los discípulos: “Andad con cuidado”. Y nos pide hoy que andemos con cuidado.

San Pablo, consciente de ese peligro, advertía también a los ancianos de Éfeso diciendo: “Tened cuidado de vosotros y de toda la grey” (Hch 20,28). Tener cuidado de uno mismo, del comportamiento que cada uno tiene, de la fidelidad al Evangelio es una tarea primordial para cada discípulo.

Pero más aún para los que tienen responsabilidades pastorales… Y cuanto más altas; más graves.

¡Hasta el cielo no paramos!

En el Espíritu del Señor, que Él les bendiga

¿Naftalina?

Vicente Montesinos

 

 

 

 

 

Decía Nuestro Señor Jesucristo: “¡Vayan y hagan mis discípulos a todos los pueblos; enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado!”

 

Decía San Pablo: “Si alguien, aunque fuera un ángel del cielo, les predicara OTRO Evangelio distinto, sea ANATEMA”

 

Dice el Papa Francisco: “La doctrina no es algo para guardar con naftalina”

 

Dice el tonto del pueblo (yo): ¿No enseñó Cristo un cuerpo de doctrina aplicable a todos los tiempos y a todos los hombres?

Perla del Evangelio de hoy: “No te pongas en el primer puesto”

Vicente Montesinos

 

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Un sábado, sucedió que, habiendo ido Jesús a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando. Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: «Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: ‘Deja el sitio a éste’, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto. Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba’. Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».

Que perla del Evangelio… Que texto más actual… Siempre actual… Que lástima produce ver esta actitud humana constantemente, que tan bien denuncia Jesús… Que vergüenza cuando esa actitud la vemos dentro de la propia Iglesia, entre nosotros, los seglares, o peor aún; entre nuestro propios pastores… Carrerismo (otra vez); protagonismos; orgullo; cargos; puestos; honores… Todo lo contrario a lo que Jesús pide de nosotros.

 

Carrerismo (otra vez); protagonismos; orgullo; cargos; puestos; honores… Todo lo contrario a lo que Jesús pide de nosotros

 

Ayer, cuando comentábamos la libertad de Jesús frente a las “observancias” mundanas; en el cumplimiento de su misión; y el seguimiento a la voluntad del Padre, lo hacíamos precisamente en el día de San Martín de Porres. Un modelo, justamente, de humildad; y de libertad desde esa sencillez en agradar a Dios y servir a los hermanos.

El comentario de ayer casi nos sirve para hoy: otra vez Jesús nos sonroja al hacernos recordar como actuamos muchas veces, precisamente, los que más Iglesia nos sentimos.

Que hermosa Palabra esta de hoy para que evaluemos como estamos caminando en nuestra Fe. Porque si no estamos yendo por la puerta estrecha no hay forma de entrar en el Reino de los Cielos. Una puerta estrecha basada en la humildad, en el saber, por muy grandes e importantes que nos creamos, que caduca y pequeña es nuestra vida… Cuan poco tiempo dura…

Que esto nos lleve a aprovechar intensamente el tiempo para darle al Señor lo mejor. Lo mejor entre lo que él quiere, es decir, nuestra humildad, servicio y pequeñez, y no lo mejor entre lo que nosotros pensamos que atesoramos, con visión mundana y egocéntrica.

Démosle todo lo que tenemos porque todo pertenece a Él.

Nada hay que no hayas recibido de Dios, y si lo recibiste… ¿porque te agrandas?

 

Nada hay que no hayas recibido de Dios, y si lo recibiste… ¿porque te agrandas?

 

Con la intercesión de María, maestra de la Humildad; caminemos esta senda, hermanos; y que el Señor os bendiga.

Hasta el cielo no paramos.

Perla del Evangelio de hoy: Conmemoración de todos los fieles difuntos. 

Vicente Montesinos 

Cuando los soldados llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!». 




Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino». Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso»

Recordamos hoy,  el día después de la fiesta de todos los santos, a todos los fieles difuntos; y el evangelio nos habla del hecho más importante de nuestra vida; la muerte y resurrección de nuestro señor Jesucristo; invitándonos además a hacer nuestra la plegaria del buen ladrón. 

Rogamos pues por los difuntos, a la vez que nos encomendamos a todos los santos; y entre tanto, nosotros; intentamos vivir el mensaje de Cristo desde ese “acuérdate de mí” tan necesario para esta iglesia militante. 

En el recuerdo pues, y oración permanente, por esa iglesia purgante, a la que dedicamos especialmente este día de los fieles difuntos; seamos capaces de acoger la Cruz de Cristo como el buen ladrón; y así obremos como tanta gente que está hoy junto a la cruz  y entiende que lo que está sucediendo es algo grandioso, algo que puede transformar sus vidas. 

Y es que Señor, somos  débiles, pero con nuestro empeño y tu misericordia, podremos estar contigo un día en el paraíso. Que así sea. 

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