29 de septiembre. San Miguel Arcángel. ¡Ruega por España!

San Miguel es uno de los siete arcángeles y está entre los tres cuyos nombres aparecen en la Biblia. Los otros dos son Gabriel y Rafael, cuya festividad también celebramos hoy. 

La Santa Iglesia da a San Miguel el más alto lugar entre los arcángeles y le llama “Príncipe de los espíritus celestiales”, “jefe o cabeza de la milicia celestial”. 

Ya desde el Antiguo Testamento aparece como el gran defensor del pueblo de Dios contra el demonio y su poderosa defensa continúa en el Nuevo Testamento.

La cristiandad desde la Iglesia primitiva venera a San Miguel como el ángel que derrotó a Satanás y sus seguidores y los echó del cielo con su espada de fuego.

Es tradicionalmente reconocido como el guardián de los ejércitos cristianos contra los enemigos de la Iglesia y como protector de los cristianos contra los poderes diabólicos, especialmente a la hora de la muerte.

En cuanto a su relación profunda con la Eucaristía, no siempre tan conocida, cabe decir que San Miguel preside el culto de adoración que se rinde al Altísimo y ofrece a Dios las oraciones de los fieles simbolizadas por el incienso que se eleva ante el altar. La liturgia nos presenta a San Miguel como el que lleva el incienso y está de pie ante el altar como nuestro intercesor. 

Es muy interesante notar en las apariciones marianas, como en Fátima o Garabandal, que han incluido manifestaciones de San Miguel, sobre su relación con la Eucaristía, y la adoración debida a Jesús Eucarístico y a la Santísima Trinidad. 

El Papa León XIII, después de unas espectaculares visiones, compuso esta oración, que tradicionalmente y con acierto se ha rezado en cada Eucaristía de todo el orbe, hasta que el Concilio Vaticano II suprimió su obligación. 

Os invito a rezarla hoy, y siempre que podáis, con denuedo: 

“San Miguel Arcángel,

defiéndenos en la batalla.

Sé nuestro amparo

contra la perversidad y asechanzas

del demonio.

Reprímale Dios, pedimos suplicantes,

y tú Príncipe de la Milicia Celestial,

arroja al infierno con el divino poder

a Satanás y a los otros espíritus malignos

que andan dispersos por el mundo

para la perdición de las almas.

Amén.” 

Además, aunque como os comentaba,  no es obligación, se puede continuar con gran provecho la práctica de rezar esta oración después de la Santa Misa como se hacía antes del Concilio Vaticano II. 

Por otra parte es tradición añadir este párrafo final en España a esta poderosísima oracion:

Glorioso Arcángel,

defiende a España y su Iglesia

y protege al Papa,

para que podamos ver pronto

el glorioso triunfo de los Corazones de Jesús y María. Amén


No puede ser más oportuno ni necesario rezar ambos fragmentos, por la iglesia universal y su situación, y por España, en estas horas cruciales.

San Miguel, San Gabriel y San Rafael nos ayuden y protejan. 

                                         Vicente Montesinos

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