Vicente Montesinos

 

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A cada uno de nosotros se nos ofrecen dos caminos: el del Mundo y el de Dios.

Este doble ofrecimiento desemboca en la imagen del conflicto que el Mundo y el Demonio oponen a Dios Todopoderoso.

Luego insisto, un día más: la opción es personal; y estamos en guerra. Una guerra sin cuartel entre el bien y el mal; donde no hay término medio.

 

Luego insisto, un día más: la opción es personal; y estamos en guerra. Una guerra sin cuartel entre el bien y el mal; donde no hay término medio.

 

Esto no me lo invento yo; y nos lo advirtió Nuestro Señor Jesucristo: “quién no está conmigo, está contra mí…; quién no recoge, desparrama…“. Sí, uno de esos pasajes más claros y trascendentales del Evangelio; sombreado, ocultado y licuado por el buenismo, el modernismo, la corrección política y la progresía que nos desgobiernan: las armas de Satanás.

Todos experimentamos una guerra interior constante entre el verdadero camino de Dios y el camino del Mundo. Más aún cuando nos ha tocado vivir una etapa en la que hasta desde dentro se nos ofrece “Mundo”. De ahí no solo la necesidad de optar, sino también la de resistir.

Cada uno de nosotros hemos de estar atentos a los puntos débiles que nos atenazan, y a los obstáculos que nosotros mismos ponemos a la acción de Dios. A la verdadera acción de Dios. A lo que Dios quiere para cada uno de nosotros y para su Iglesia, de la que formamos parte.

Examinemonos pues, cada uno de nosotros, y sigamos, en tiempos de confusión, el guión que nunca falla: Jesucristo, Eucaristía y María; Sagradas Escrituras, Magisterio bimilenario, Tradición y Sana Doctrina.

Y cuidado con los falsos profetas…

 

 

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