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Adoración y Liberación

Por Vicente Montesinos

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REFLEXIONES

Pronto será demasiado tarde para decirle cuánto lo amamos…

Vicente Montesinos

 

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El mundo lo va a extrañar; y pronto será demasiado tarde para decirle cuánto lo amamos.

Un mundo que no leyó sus libros, ni sus encíclicas, ni su preciosa teología, ni sus profundas y bellas homilías…

Todo buen católico lo recordará como aquel hombre que fue Papa, y que con una valentía realmente varonil decidió apartarse por amor a la Iglesia…

Vas a morir tranquilo, amado Santo Padre.

Sin homenajes pomposos;  sin un cuerpo revestido con bellos ornamentos exhibido en San Pedro.

Sin miles de fieles llorándote y esperando a que la luz de tu cuarto se apague.

Vas a morir un día en silencio, en la soledad de tu retiro, con tu pequeña compañía espiritual.

¡Que gran lección de humildad!

Morirás como viviste; aún siendo Papa.

Morirás como lo expresara San Juan María Vianney: “Ved al Padre: vestido como un Rey, pero humilde como un campesino”

Morirás en silencio… ¡pero habrá fiesta en la Patria Celestial!

Siempre gracias. Siempre.

Siempre gracias. ¡Santidad!

 

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La felicidad se encuentra en Dios.

Vicente Montesinos

 

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Se afanan muchos por encontrar los ocultos senderos de la dicha en las realidades que fascinan: el mundo (con sus encantos y bellezas), la tecnología, las riquezas, la belleza física, y otros tantos ídolos que aglutinan ingentes cantidades de admiradores.

Más todo esto no son más que pálidos reflejos. Apagados destellos de una superior y única realidad. Por ello nunca se encontrarán en estas cosas ni el manantial, ni la fuente, ni el origen de la felicidad.

Más ambiciosos, nosotros pensamos que todas las participaciones, todas las partículas de felicidad derramadas acá y allá en la tierra, no son más que fragmentos minúsculos y partecillas nimias de la auténtica felicidad, causa y raíz de toda otra que quiera merecer tal nombre.

Como las ansias y deseos del alma son, en este sentido, incontenibles, inmensos e ilimitados, nadie sino el Ser Infinito, Ilimitado y Eterno podrá ser quien proporcione al hombre la saciedad plena en sus deseos de felicidad.

Ya el Obispo de Hipona había comprendido a la perfección toda la profundidad de este pensamiento y lo expresó en una frase que será siempre definitiva en su contenido: “Nos has hecho, Señor, para Ti, e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti” (Confesiones, I, 1)

Afirmar que la felicidad auténtica no se encuentra más que en Dios es decir algo que está muy dentro de la convicción de los fieles católicos. Y sí, Jesucristo nos promete esa felicidad, en una etapa celestial y perdurable; pero nos regala una etapa terrena y humana donde el hombre debe conseguir su perfeccionamiento progresivo, ayudado por la Gracia y la presencia real, vital y operante de Dios.

Él es nuestra dicha, aún en esta tierra. Nuestra felicidad, en este mundo, y en el otro. 

Contra el Edén materialista de todos los tiempos, opone Cristo el paraíso espiritual, que es el resultado de la presencia y acción de Dios en el alma del justo durante su existencia sobre la tierra.

Con San Pablo, “In Ipso vivimus, movemus et sumus”, y es imposible ser conscientes de esta proximidad y cercanía del Señor, y no experimentar los saludables efectos de esta realidad.

Si Dios es la fuente de la felicidad y el cielo es la suma de todas las venturas por hallarse en él Dios, su presencia real y operante en el alma del justo proporcionará lógicamente la alegría, la paz y la felicidad que nadie podrá arrebatar.

En Él encontrará el hombre la saciedad de sus deseos más íntimos, en cuanto es posible en este mundo.

Y por cierto… ¿Donde es más posible? Muy cerquita del sagrario.

Y porque hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga. 

 

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¡Glorioso San Francisco de Sales!

Vicente Montesinos

Celebramos hoy la festividad de este gigante de la fe, al que quien les escribe tiene una especial devoción.

Conocido es que este gran santo fue obispo de Ginebra. Tiene el título de Doctor de la Iglesia, es titular y patrono de la Familia Salesiana y también patrono de los escritores y periodistas. Pero más relevante es si cabe lo que menos se conoce del llamado “dulce obispo” o “dulce doctor”.

Incansable predicador, apologeta, y conquistador de almas para Dios, con una extrema dulzura, que tuvo que trabajar y corregir día día durante su vida desde siempre, ya que se cuenta que de joven gastaba genio fuerte.

No se lo pensaba dos veces en escribir hojas, que el mismo colocaba por debajo de las puertas, para atraer almas a Dios; lo que le valió el título de patrón de los periodistas.

Sus obras, de una devoción y de teología práctica exquisitas, fueron ya traducidas a múltiples idiomas en su vida; e históricamente han formado parte de la principal biblioteca espiritual de la iglesia católica.

No en vano es un reconocido Doctor de la Iglesia; e imperdible, y libro de cabecera para todos los católicos su “Introducción a la vida devota”.

Quizá alguno no sepa que los salesianos deben su nombre a este gran santo, ya que San Juan Bosco los puso bajo su patronazgo. De hecho los Salesianos se llaman a oficialmente sociedad de San Francisco de Sales.

Gran bien haría a nuestra Iglesia retomar de nuevo las sendas de Santos como él; de igual modo que a la sociedad salesiana retomar de nuevo las sendas del gran San Juan Bosco.

Sigamos rezando por ello.

¡Y porque hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga!

Osoro; y la explosiva mezcla de danzas tribales…

 

Vicente Montesinos

 

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Basílica Parroquia Virgen de la Milagrosa.

Madrid.

Sábado pasado.

Actividad:  ¿Devocional, catequética, pastoral, litúrgica…? Concierto Benéfico. Vale.

Nombre: Aquí Uganda. Bueno.

Desarrollo: Una explosiva mezcla de voces, ritmos y danzas tribales en la que participarán más de 20 artistas del grupo Uganda Nutamayini

Para esto quedan las Basílicas en nuestra Iglesia actual. ¿Vigilias de Adoración? ¿Meditación ante el Santísimo? ¿Conciertos, si es que es el sitio para ello, que lo dudo, a cargo de grupos católicos con música litúrgica, basada en la Palabra de Dios?

No. Estamos para explosivas mezclas de voces, ritmos y danzas tribales… De Uganda Nutamayini…

Osoro, Excelencia… ¿Somos una O.N.G; o algó más? ¿O es esto lo de evangelizar a las periferias, con sus danzas tribales, y no lo habíamos entendido?

A seguir…

P.D: El anuncio para llenar la Basílica  que dice… ¡¡¡¡¡¡ Con la participación de más de 20 artistas!!!!!!… ¿A qué les recuerda?

Pregunta-Prueba

Vicente Montesinos

 

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Los católicos vivimos un sueño nefasto.

Nefasto porque nos estamos dejando vencer por quienes odian a Dios y cada día le profanan de forma inmisericorde.

En el nefasto sueño que vivimos; no hacemos nada. Por comodidad; por simple desinterés en las cosas de Dios; o, la mayoría de las veces, por el maldito miedo a escandalizar, el temor a ser escarniados o perseguidos; o vistos rebajados en nuestras perspectivas humanas, etc…; pero la cuestión es que no hacemos nada.

No despertamos de este sueño porque hemos perdido dos cosas: el celo por el Señor y el anhelo del cielo.

Antes nuestra cabeza estaba ocupada por una idea: la lucha por hacer prevalecer la Verdad de la Doctrina. Hoy esta idea está agotada, y de no cambiar la tendencia, perecerá en el mismo letargo que nosotros.

De ahí que no podamos callar; silenciar las conciencias; contemporizar con esta iglesia de la contemporización, ni abandonar a su suerte a millones de almas atribuladas, confundidas y aletargadas. ¡Hemos de seguir!

Porque el sueño de los católicos alcanza a muchos. ¡A demasiados!

A tantos que me atrevo a ponerles una pregunta prueba. Nada. No padezcan. Es ciencia-ficción. La pregunta va dirigida a los católicos “achicados” y “cobardes”. A los “calladitos”. Examinémonos pues antes cada uno de nosotros.

Y bien… ¿estos cristianos cobardes, escondidos para no mojarse y dar la cara por Dios y la fe; si llegado un día, cosa imposible claro, el Papa Francisco les pidiera, que no lo va a hacer, no me malinterpreten, adherirse a la sumisión absoluta al Romano Pontífice… serían capaces de perseverar? Vamos… Es una ficción loca e impensable, pero nos enfrenta a cada uno de nosotros con nuestras propias contradicciones.

¿Si un Papa pidiera sumisión absoluta a los católicos, arrebatando a Dios el poder para regir la Iglesia en los tiempos que se avecinan; exigiéndoseles sometimiento a un mandato que va mucho más allá de lo que ha sido la relación entre el Obispo de Roma y su pueblo en 2000 años…, aguantarían la insumisión a tal barbaridad? (impensable)

Pues ya veremos (perdón, veríamos) quien se deja vencer por la adoración del hombre por el hombre; el culto al ser humano; y por la proclama de un Dios cuya única verdad es lo que en cada cabeza uno crea, en total contradicción con la Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia.

Medítenlo… Medítenlo… ¿Lo veríamos?

Gracias a Dios no llegará….

Cristo no sirve a la iglesia de lo banal

Vicente Montesinos

 

 

Cristo, Jesús, Jesucristo; la segunda persona de la Santísima Trinidad; el Hijo Amadísimo del Padre; nuestro Salvador y redentor; el Rey del universo.

El que fue, es y será.

¿Esto es tan difícil de entender?

Pero no. Esto que antecede, inmutable; ya no sirve. Lo vemos cada día. No sirve a la actual iglesia de lo líquido, lo banal, lo falsamente misericordioso.

Ahora necesitamos un Cristo que se adapte y se acomode. Un Cristo que sea funcional a esta nueva visión degradada, decadente, en irreversible proceso de destrucción.

Pero eso que nos quieren vender no es Cristo. Entre otras muchas cosas porque Cristo, el Señor del tiempo y de la Historia, no necesita venta.

Es un falso Cristo inventado por la “misericorditis” y la corrección política, ante el que, lamentablemente, hasta muchos católicos antaño tradicionales, caen rendidos.

Y lo peor de todo es que gran parte de nuestra actual jerarquía y, desde luego, Roma, están en la defensa de estos “nuevos paradigmas”, y no de la Iglesia Santa, católica y apostólica.

Ese es el motivo por el cual la decadente sociedad actual acepta con alborozo esta nueva doctrina, ya que es conforme a lo que esta misma sociedad vive; y no le interpela a cambiar, omitiendo el mandato de nuestro Señor Jesucristo.

Y me pregunto yo… ¿Y si Dios permite que los falsos pastores estén llegando tan lejos para que en una necesaria criba y purificación se separe al verdadero creyente del que solo lo ha sido en apariencia, dejándose llevar por la tibieza, el buenismo, y la corrección política?

No lo sé. Solo Dios lo sabe, y nosotros; a cumplir con nuestro deber, a seguir trabajando, y a presentarle al Señor nuestros humildes panes y peces para que los utilice como crea necesario.

Por qué otra cosa no podemos hacer en estos tiempos; pero tampoco, con la excusa del abandono malentendido (que no es el verdadero santo abandono en manos de Dios) dejar de hacerlo.

Y por supuesto mucho menos, aplaudir la actitud de la sociedad; y menos aún; la de la legión de católicos que hoy viven felices con una iglesia a la que siempre estuvieron esperando. Una iglesia que les dice “vive y dejá vivir“, se feliz y sigue en la mediocridad, en la frivolidad, y en el pecado, porque Dios te ama y es todo misericordia y ternura, y solo eso;  y esta iglesia te acompaña.

El momento es gravísimo, desde luego. Estamos en el culmen de lo que ya San Pablo llamaba “adaptarse a la mentalidad de este mundo”, y contra lo que prevenía.

Parece que algunos quisieran acabar con la Gracia y, en general, con todo lo sobrenatural en la Iglesia. Supongo que porque no creen en ello.

“Se feliz, haz lo que quieras; hagas lo que hagas si eres feliz es lo que importa; vive la vida a tu manera, si estás en paz y tranquilidad, y  no te preocupes por nada más, porque hay que vivir la vida, y Dios te ama de todas maneras”

Ese es el pensamiento que se nos quiere transmitir; que no es más que el de un condenado que no sabe lo que es arrepentirse y acomoda a Dios a lo que le conviene.

Vive y dejá vivir“. ¿No es el primer mandamiento de Bergoglio? Entonces, ¿para que necesitamos ya a los verdaderos mandamientos?

Si hace unos años me hubieran dicho que yo iba a no poder entender, ni concebir, y encima no poder ni deber callar, ante la actitud de un Pontífice; no lo hubiera creído.

Pero bueno;  tampoco hubiera creído que un papa dijera que el primer mandamiento es vivir y dejar vivir, y que celebrará “aeromonios” exprés.

Es lo que hay

¡Y porque hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga.

La vergüenza incesante…

Vicente Montesinos

Lo que estoy leyendo me está dejando muy perplejo. Sé que cada día tenemos una nueva; pero es que, aunque no sea la cosa más grave, ni mucho menos, que hemos visto, incide, una jornada más, en la banalización y la falta de respeto absoluto por la vida de Piedad, los sacramentos, la tradición y las mínimas formas exigibles dentro de la Iglesia de Cristo.

Dejando de lado consideraciones más serias, porque no quiero entrar en ellas en caliente, y porque en este momento no estoy ante el Santísimo, solo diré, y no creo que diga mucho más, que la noticia es (si se me permite): un Papa celebra un matrimonio saltándose a la torera todas lo establecido al efecto.

Esperemos que los contrayentes no insten en un tiempo la nulidad, porque lo tienen fácil, como bien he podido leer a un instruido católico

Aunque, como venía diciendo, quizá ya se haya ratificado el divorcio católico de la Amoris Laetitia.

Sencillamente indescriptible la acción. Y no me cabe en la cabeza que se pueda ver de otra forma por católicos bien formados.

Estoy ojiplático.

Me deja perplejo que, tratándose de la celebración de un sacramento que para Jesucristo compromete la vida entera, todo el mérito que pregonen los felices contrayentes ante la feliz prensa vaticana es:

“No había nada preparado”

Todo esto forma parte de la Iglesia de las rebajas, de la banalización, del relativismo, del circo, de la desacralización, y de la vergüenza.

Buenas noches hermanos

Que no nos la den con queso…; y el libro del Evangelio diario.

Vicente Montesinos

La verdad es que, a veces dan ganas de decir, alto y claro; sí, cualquier tiempo pasado fue mejor.

Porque a estas alturas, y con los correspondientes calificativos de involucionista, reaccionario, retrógrado, fundamentalista, y todo lo que vendrá a continuación; es claro y palpable que hoy por hoy, ya casi no nos podemos fiar de nada; y que cualquier cosa en nuestro ámbito eclesial de las que antes, podíamos hacer uso, sin peligro alguno, y pisando terreno seguro; hoy hay que tener mil ojos abiertos, para que, como dice el refrán, no nos la den con queso.

Ojeaba hoy al alba, ante Su Divina Majestad, uno de esos libros del Evangelio del día; donde junto al texto del Evangelio de hoy, aparecen unas palabras del Papa Francisco; y también una pequeña oración relacionada, se supone, con el texto de hoy.

Sobre las palabras del Papa Francisco, tampoco es, sinceramente, que tuviera grandes expectativas; pero en relación a la Oración; que además no se refería al texto del Evangelio, sino al inicio del octavario para la unidad de los cristianos; he podido leer, con mi dosis de sorpresa, estupefacción y mortificación diaria que gracias a Dios, aún mantengo; que esta semana debe de servir para que todos los cristianos nos juntemos, dadas las pequeñas diferencias que nos separan.

Unas pequeñas diferencias, sí: entre otras leves tonterías:

– La Eucaristía como santo sacrificio de redención y la presencia real de Jesucristo en el pan consagrado; con la debida adoración al santísimo Sacramento del altar.

– La santísima y debida veneración a la siempre Inmaculada, santísima y Purísima madre de Dios, la virgen María.

Y de todas las demás cosas importantes que nos separan, ni hablo; porque teniendo al Corpus Christi y a la santísima virgen María como pequeñas diferencias; para qué seguir.

Ojo con todo lo que escuchamos, vemos y leemos. En esta época, más que nunca, a prepararse, a formarse, y a ser críticos con todo lo que hay a nuestro alrededor; para que no nos la den con queso.

Y puesto que hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga.

En el inicio del Tiempo Ordinario… ¿Qué se puede hacer si el Evangelio no es proclamado por los propios cristianos?

Vicente Montesinos

 

 

Ha finalizado el tiempo de Navidad y damos comienzo al tiempo ordinario. La palabra de Dios hoy, al iniciar este camino de lo cotidiano, tan importante, nos habla ya de “convertirnos, y creer en el Evangelio”.

De esta forma quedan claramente unidos y relacionados el “tiempo” de nuestra vida, con la conversión. Es decir: el tiempo que tenemos es el tiempo en el que hemos de convertirnos. Sí o sí. Ni más ni menos.

Pero claro, muchas veces entendemos aquello de la conversión en el sentido estricto de la palabra; es decir, pasar de la increencia a la fe. Pero… ¿y para los que creemos en Dios? ¿Qué es eso de la conversión?.

Pues ni más ni menos que purificar nuestra alma y aumentar nuestra fe. Preguntarnos, en un íntimo diálogo con el Señor: ¿Dios mío, de que cosas debo purificarme?

Acaba de empezar un año (civil), sí. Y todos nos ofrecemos buenos deseos. Eso está muy bien. Pero el mejor deseo es lo que Dios nos ofrece: conviértete; analiza tu vida delante de Dios, y qué aspectos tienes que purificar. ¿La indiferencia hacia ciertos temas en los que te cuesta aterrizar? ¿La pereza ante tantas situaciones? ¿Quizá la lucha para saber encauzar el propio temperamento? ¿La tibieza? ¿La cobardía? … Y así sucesivamente… Porque Dios nos concede el tiempo; es decir, nos concede nuestra vida, para convertirla.

La conversión, por otra parte, pasa por la aceptación de la Palabra de Dios. Creer en el Evangelio. Estar cerca de Dios. “Convertíos y creed en el Evangelio“. ¿Y que es lo que nos convierte? ¡La Palabra de Dios! Es sencillo. Por la Gracias del Señor y la acción del Espíritu Santo, la continua lectura de la Palabra de Dios nos va purificando, aunque nosotros, muchas veces, no nos demos cuenta.

Es pues básico en la vida de piedad, junto a la participación en los Sacramentos; especialmente en la Eucaristía y en la Penitencia; acudir constantemente a la Palabra de Dios, que es la que nos interpela. Es decir: yo no tengo que ser mejor comparándome con otro; sino que tengo que ser mejor, y más santo, comparándome con la Palabra de Dios. Es la única manera.

Evidentemente, no llegaremos a todo lo que allí encontramos. No somos Dios, obviamente. Pero esa es la tendencia que debe de existir en nosotros.

Por otro lado, en el Evangelio de hoy Cristo además hace una llamada a los discípulos, con la que empezamos este tiempo ordinario: “Venid en pos de mí y yo os haré pescadores de hombres”. No olvidemos pues, que es Jesucristo el que nos invita a seguirle. Cada uno en su estado de vida; pero seguirle a Él y ser apóstoles.

Y esto, mis queridos hermanos, hace cada vez más falta. No voy a descubrir América si os hablo de lo tremendamente descompuesto que está el mundo occidental. Nuestra sociedad “civilizada” afronta una serie de problemas impresionantes que vemos cada día, y que producen verdadera tristeza.

Y ante esto… ¿Qué se puede hacer si el Evangelio no es proclamado por los propios cristianos? Nada. No se puede hacer absolutamente nada, si no vamos a todos los pueblos a proclamar la Palabra de Dios, y si no la proclamamos a diario en nuestra vida, en nuestro ambiente, en nuestra sociedad. Si no respondemos a la llamada del Señor de convertir a todos los pueblos. Sí. A todos. Incluyendo nuestras cercanías, nuestras “periferias”, y lo que no son “periferias”. Eso no es proselitismo. Es simplemente cumplir el mandato divino.

Fíjense, queridos hermanos lo sabia que es la Iglesia, y como, al principio del año ordinario nos habla muy claramente de estas ideas: la conversión, el seguir a Jesucristo, el ser apóstoles, y el darnos cuenta de la respuesta que dan los apóstoles. Porque dejándolo todo, le siguieron.

Es el signo de la respuesta pronta a la llamada que Dios nos hace cada día de nuestra vida. Y ahora que empieza un año es un buen momento para “darle una vuelta” a esto; aunque en el fondo, queridos hermanos, es tarea de cada día. Para Dios no hay “año nuevo”. El tiempo es la medida de nuestra vida, regalada por Él para actuar conforme a su Palabra.

Cada día es pues nuevo para Dios, y el Espíritu Santo hará en nosotros nuevas todas las cosas, si nos dejamos hacer.

Cuestionemos pues nuestra vida delante de Dios, como jornaleros de su viña, llamados a testimoniar nuestra vida, a dar razón de nuestra fe, y a vivir sobre todo en la fe, la esperanza y la caridad cristianas; en medio de un mundo al que las felicitaciones le salen en las “Felices Fiestas” o en el “Año Nuevo”, pero que en la vida ordinaria, separado de Dios y de la Gracia, es imposible que persevere en los deseos del bien. Ese bien que es quien realmente nos santifica por la Gracia de Dios.

¡Y porque hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga!

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