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P. Arturo Sosa. Foto: Compañía de Jesús

En días pasados nos sobresaltaba (al parecer a algunos más que a otros) la afirmación del General de los Jesuitas, P. Arturo Sosa Abascal,  que refería, en el curso de una entrevista, que el diablo es una figura simbólica (ver noticia AQUÍ).

No negaré que lo primero que me vino a la cabeza fue una de las oraciones más bonitas que existen; el “Alma de Cristo…”, creada por San Ignacio de Loyola (del que Sosa Abascal es nada menos que sucesor); y aquella secuencia suya que dice: …”del maligno enemigo, defiéndeme”. Sinceramente, no me imagino al gran santo de Loyola pensando en que necesitemos ser defendidos de “una figura simbólica”.

 

No negaré que lo primero que me vino a la cabeza fue una de las oraciones más bonitas que existen; el “Alma de Cristo…”, creada por San Ignacio de Loyola (del que Sosa Abascal es nada menos que sucesor); y aquella secuencia suya que dice: …”del maligno enemigo, defiéndeme”

 

Tampoco creo que tantos y tantos santos que nos han transmitido sus experiencias reales en lucha con el maligno (San Antonio el Grande, San Pío de Pietrelcina, Santa Gemma Galgani, el Santo Cura de Ars, San Juan Bosco, Santa Teresa de Jesús; y tantos y tantos otros  de todas las épocas…) nos hayan engañado. ¿Qué pensará al respecto el P. Sosa Abascal?

En todo caso, negar la existencia real del maligno es algo más que negar todo lo dicho anteriormente (que no es poco). Es negar las Sagradas Escrituras. Es negar lo dicho por el propio Jesucristo, Nuestro Señor. No es por tanto, cuestión baladí. Y así nos lo enseña nuestro Catecismo, de forma reiterada, clara e indubitada.

 

En todo caso, negar la existencia real del maligno es algo más que negar todo lo dicho anteriormente (que no es poco). Es negar las Sagradas Escrituras. Es negar lo dicho por el propio Jesucristo, Nuestro Señor.

 

Sin animo de ser exhaustivos; podemos traer a colación como:

  • El número 391 del Catecismo manifiesta: “Detrás de la elección desobediente de nuestros primeros padres se halla una voz seductora, opuesta a Dios (cf. Gn 3,1-5) que, por envidia, los hace caer en la muerte (cf. Sb2,24). La Escritura y la Tradición de la Iglesia ven en este ser un ángel caído, llamado Satán o diablo (cf. Jn 8,44; Ap 12,9). La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno, creado por Dios. Diabolus enim et alii daemones a Deo quidem natura creati sunt boni, sed ipsi per se facti sunt mali (“El diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos”) (Concilio de Letrán IV, año 1215: DS, 800). Podemos confrontar otros números como el 392 o el 414.

 

  • En relación al Bautismo como renuncia al Diablo; dice el 1237 del Catecismo: Puesto que el Bautismo significa la liberación del pecado y de su instigador, el diablo, se pronuncian uno o varios exorcismos sobre el candidato. Este es ungido con el óleo de los catecúmenos o bien el celebrante le impone la mano y el candidato renuncia explícitamente a Satanás. Así preparado, puede confesar la fe de la Iglesia, a la cual será “confiado” por el Bautismo (cf Rm 6,17).

 

  • En referencia a la lucha del hombre contra el poder de las tinieblas; afirma el 407 del Catecismo que “La doctrina sobre el pecado original —vinculada a la de la Redención de Cristo— proporciona una mirada de discernimiento lúcido sobre la situación del hombre y de su obrar en el mundo. Por el pecado de los primeros padres, el diablo adquirió un cierto dominio sobre el hombre, aunque éste permanezca libre. El pecado original entraña “la servidumbre bajo el poder del que poseía el imperio de la muerte, es decir, del diablo” (Concilio de Trento: DS 1511, cf. Hb 2,14). Ignorar que el hombre posee una naturaleza herida, inclinada al mal, da lugar a graves errores en el dominio de la educación, de la política, de la acción social (cf. CA 25) y de las costumbres”. Vale la pena también la lectura atenta del 409.

 

Y así podría seguir, con el peligro de extenderme demasiado, y conseguir que menos lectores llegaran al final de este artículo. Pero les invito a comprobar por ustedes mismos muchos más textos del Catecismo donde Nuestra Santa Madre Iglesia, recordando las palabras y obras del propio Señor Jesucristo en los Evangelios, nos confirma la existencia; personal, real, y maléfica del diablo:

 

  • Sobre los ángeles caídos (confrontar 391, 392 y 414, siempre del Catecismo)
  • Sobre los apóstoles y su poder de expulsar demonios (1506)
  • Sobre los exorcismos para expulsar demonios (517, 550, 1237 y 1673)
  • Sobre la idolatría y el recurso al demonio (2113, 2116 y 2117)
  • Sobre Jesús y su dominio sobre los demonios (¿Cómo obviarlo?): 421, 447, 539, 550, 566, 635, 636, 1086, 1708…
  • Sobre Jesús y las tentaciones del diablo (538, 540, 566, 2119)
  • Sobre las obras del Diablo (394, 395, 398…)
  • Sobre el origen del mal (397, 413, 1707, 2583…)

 

Uno, desde su ignorancia, no puede llegar a comprender, ni mucho menos juzgar, que puede pasarle por la cabeza a un responsable tan importante de nuestra Santa Madre Iglesia para, a la luz de todo lo expuesto, y de tanto más, afirmar que el diablo es un “figura simbólica”.

Y si en un alarde de empatía, intenta este humilde escribiente, ponerse en su lugar; choca de frente con el 2851 del catecismo, que dice, textualmente, lo que nos enseña Nuestra Santa Madre Iglesia de forma taxativa, al hablar de la petición del Padrenuestro relativa a… “Y líbranos del mal...”: En esta petición, el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El “diablo” (diá-bolos) es aquél que “se atraviesa” en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida en Cristo.

 

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Foto: La Pasión de Cristo (Mel Gibson)

La verdad es que sabia es la barca de Pedro, a la que Nuestro Señor encomendó seguir adelante con su obra redentora; y poco más puedo añadir yo.

Mostrar mi extrañeza y mi estupor; eso sí, no puedo dejar de hacerlo, aún con dolor. Aunque… ¿debiera extrañarme esta forma de pensar del P. Arturo Sosa quién en referencia a la veracidad de los Evangelios y las palabras de Jesús manifestó, en fechas anteriores, que “se debe reflexionar sobre lo que verdaderamente dijo Jesús, y ponerlas en contexto, pues en esa época nadie tenía una grabadora para registrar sus palabras“?

Rezo por mí; pobre pecador; y por el P.Arturo Sosa y su labor, tan importante, al frente de una congregación católica tan influyente sobre las almas como la Compañía de Jesús.

 

Vicente Montesinos

 

 

 

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