Vicente Montesinos

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Cuidaos de vosotros mismos.

 

 

Ayer hablábamos de silencio, de equilibrio… (ver aquí). ¿Ven que cercano estaba otro Evangelio donde Jesús nos demuestra que eso no ha de significar cobardía, aquiescencia con el mal y acomodación al mundo?

Jesús advierte a sus discípulos; y nos sigue advirtiendo a nosotros; que no seamos motivo de escándalo. ¿Y qué es ser motivo de escándalo? Pues ser piedra que hace tropezar; en vez de camino recto que lleva al Padre.

Tal vez el primer escándalo que debemos evitar quienes nos decimos católicos sea el de contradecir con nuestras vidas, actos, acciones y omisiones; el Evangelio.

¿Están nuestros comportamientos lejos del Evangelio? ¿Van incluso contra el Evangelio? Porque si es así (y examínese cada cual), no solo traicionamos al Señor; sino que nos hacemos cómplices del Príncipe de este mundo.

Y ojo; hermanos, especialmente hoy, y vuelvo a lo que escribíamos ayer y arriba les enlazo: Jesús reclama a los discípulos que estén atentos a no rebajar el Evangelio. A no traicionarlo.

Por eso pide a los discípulos: “Andad con cuidado”. Y nos pide hoy que andemos con cuidado.

San Pablo, consciente de ese peligro, advertía también a los ancianos de Éfeso diciendo: “Tened cuidado de vosotros y de toda la grey” (Hch 20,28). Tener cuidado de uno mismo, del comportamiento que cada uno tiene, de la fidelidad al Evangelio es una tarea primordial para cada discípulo.

Pero más aún para los que tienen responsabilidades pastorales… Y cuanto más altas; más graves.

¡Hasta el cielo no paramos!

En el Espíritu del Señor, que Él les bendiga

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