Vicente Montesinos

 

Ando por las calles de la gran ciudad. De repente giro la vista sin saber porqué y veo una parroquia. Se trata de uno de esos bajos de fincas habilitados como templos. Me llama la atención porque no había oído hablar de esa parroquia nunca, y me acerco a su puerta.

 

2018-01-15-PHOTO-00001993

 

La parroquia está cerrada; pero a la izquierda de la misma hay un cartel de metacrilato anunciando las actividades parroquiales. El cartel no es de esos hechos a mano de cualquier forma, sino que, por su material, confección, e integración en la pared, se nota que las actividades y horarios no son provisionales y están bastante consolidados.

Me detengo a leer con curiosidad, especialmente para anotarme los horarios de las misas, ya que siempre me gusta conocer nuevas Parroquias y ver qué tal viven la fe en dichas comunidades.

Al leer detenidamente mi estupefacción no puede ser mayor.

 

2018-01-15-PHOTO-00001994

 

No voy a extenderme sobre la incompatibilidad del Yoga con el cristianismo. Daría para hablar mucho y nada bueno. Únicamente comentar tres breves ideas:

 

 

  • Es comúnmente aceptada por la sana doctrina y la práctica de piedad, oracional y pastoral en la Iglesia Católica, que el yoga es una actividad peligrosa; que debería estar lejos de su uso por cualquier católico. Es una disciplina inseparable de su espiritualidad oriental y cosmovisión; una llamada “vía de perfección espiritual” (por supuesto no en lo católico); que conduce entre otras a la “iluminación o la apertura del tercer ojo”; y que es una de las prácticas preferidas por la Masonería, utilizada en muchos rituales anti-iglesia católica. Existen además ya innumerables testimonios de posesiones demoniacas, parciales o totales, en personas que practicaron el yoga. Se trata, por tanto, de una forma actual de idolatría, esoterismo, neopaganismo, ocultismo, adivinación, comunicación  y posesión diabólica. Así, yoga y cristianismo son esencialmente incompatibles.

 

  • En la Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, ya en 1989, la Congregación para la Doctrina de la Fe se centra en varias prácticas espirituales orientales y en su inclusión en la vida espiritual de los cristianos. En una nota al pie de página en el número 2, afirma específicamente que “Con la expresión ‘métodos orientales’ se entienden métodos inspirados en el Hinduismo y el Budismo, como el ‘Zen’, la ‘meditación trascendental’ o el ‘Yoga”. De modo que claramente, el magisterio tiene en su mente al yoga al afrontar la cuestión de los cristianos que utilizan prácticas espirituales orientales. El documento especifica que cabe tener mucha prudencia en el uso de prácticas espirituales, meditativas o místicas que estén desprovistas de un contexto claramente cristiano. Por ejemplo, el número 12 afirma: “estas propuestas u otras análogas de armonización entre meditación cristiana y técnicas orientales deberán ser continuamente cribadas con un cuidadoso discernimiento de contenidos y de método, para evitar la caída en un pernicioso sincretismo“.

 

  • Gozamos ya, además,  de infinidad de estudios y orientaciones pastorales realizadas por Obispos y Sacerdotes sobre lo pernicioso de estas prácticas para el cristiano. Sin ir más lejos, el Padre Alfonso Uribe considera: “El yoga puede ser instrumento válido para el hindú que busca con sinceridad la salvación y no ha conocido la verdad revelada por el Verbo de Dios. Pero para el cristiano, es un camino erizado de peligros y, a la larga, si no lo aparta de Jesucristo, lo llevará a una gran confusión, pero no a la verdadera perfección cristiana”. Incluso el Cardenal Norberto Rivera señala: “El yoga es, en su esencia, un ejercicio espiritual y corporal nacido de la espiritualidad hindú. Las posturas y ejercicios, aunque se presentan como un simple método, son inseparables de su sentido propio en el contexto del hinduismo. El yoga es una introducción a una tradición religiosa muy ajena al cristianismo. La palabra ‘yoga’ significa ‘unión’. Habría que preguntarnos: ¿unión con qué?”

 

 

Pero sentados estos puntos, sobre todo, quería compartir con ustedes esta inquietud: si peligroso, conocido y altamente no recomendable es la práctica de yoga en un católico… ¿Qué hace una Parroquia católica organizando de forma estable y teniendo como actividad pastoral el Yoga? ¿Para eso ha quedado la Iglesia Católica? ¿No se les ocurrirá a los responsables de esta Parroquia otras actividades más acordes con la Misión que nos ha sido encomendada que esta práctica oriental? No sé… Se me ocurre por ejemplo: Adoración Eucarística; retiros; ejercicios espirituales; digo… ¿Muchas cosas, no?

¿No conocerá la Archidiócesis de Valencia esta práctica? No sé. Digo. Si el Cardenal no puede llegar a todo tiene obispos auxiliares. ¿No? Si estos no lo saben, les podrán informar los correspondientes Vicarios Episcopales de Zona. ¿No?… E incluso si estos no se enteraran, los Arciprestes…. ¿No? Consejos Pastorales, reuniones de sacerdotes de zona… No sé… Alguien…

Y si sí que la conoce… ¿También en esto vamos a mirar para otro lado?

¿Será parte de la apertura a las periferias, en este caso, orientales?

O es que…, y para los que me digan que es sólo una práctica deportiva o de relajación… ¿Será parte de la apertura a las periferias, en este caso a los gimnasios y los spas de la zona?

No sé… Vete tú a saber… En esta amada y atribulada Iglesia nuestra actual, cualquier cosa es posible.

 

Anuncios