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Adoración y Liberación

Por Vicente Montesinos

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Herejías

FIRMA INVITADA: Ahora todos somos gatos…

+ Pater Christian VIÑA

 

 

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La vertiginosa descristianización, y consecuente deshumanización, que padece nuestra amada Argentina nos está llevando a que, cada vez más, nos identifiquemos con los animales domésticos, las plantas y las cosas; y hasta les demos el trato de personas humanas. La herejía ecologista se ha instalado entre nosotros. Y ya es común que no pocos adultos llamen a sus mascotas, mi hijomi bebé, la luz de mis ojos, y otras calificaciones antes reservadas para hombres de carne y hueso… Y que hasta las alimenten y las cuiden tanto o más que si fueran auténticos cristianos.

Casi como una plaga se multiplican, aun en barrios humildes, peluquerías caninas, almacenes para mascotas, y hasta psicólogos para ellas… Y, al mismo tiempo, vemos azorados cómo cae el número de nacimientos; cómo es cada vez más difícil encontrar buenos ambientes y hasta buenos comercios con buenas propuestas  para niños, y cómo el antinatalismo y la comodidad promovidos por el Nuevo desOrden Mundial van haciendo estragos en nuestra sociedad.

Como seminarista y, luego, como sacerdote, estuve siempre destinado en periferias y villas de emergencias. Hasta hace unos años abundaban en ellas los niños y los perros… Hoy los canes llevan la delantera por varios cuerpos…

No tan visibles pero, también, sólidamente presentes están los gatos. Con su sistemática astucia, como para caer siempre bien parados, y tener siete vidas;  según el ingenio popular. No en vano sus características y sus vínculos con diversas circunstancias en la vida de los mortales, los han llevado a tener, hoy por hoy, más de sesenta acepciones y expresiones registradas en el Diccionario de la Real Academia Española.

Argentinísima, al fin, es la calificación de gato a toda persona que ejerce la prostitución (¡perdón por no llamarla ‘trabajo sexual’…!), en ambientes por lo general selectos, y en apariencia bien lejos del vicio más antiguo… Últimamente, y de modo especial entre muchos jóvenes y no pocos grandes, también se llama gato a todo aquel que, además de promiscuidad, conjuga marginalidad y hasta delito con capacidad de seducción y liderazgo. Alguien que es admirado y detestado, al mismo tiempo.

¡Qué lejos estamos de aquella bíblica concepción del nombre como mandato! ¿Nos hemos olvidado, definitivamente, de las palabras del ángel a San José: a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados (Mt 1, 21)…?.

El gato ha remplazado, en la práctica, a casi todos los nombres. E, incluso, está relegando a cómodos segundos planos a otra grosera expresión vinculada a la genitalidad masculina…

¡Cómo sufrimos los párrocos cuando nos traen los niños para bautizar; conscientes de que muy pocos los llamarán con sus nombres de pila. Que, dicho sea de paso, son cada vez menos cristianos! Antes se les ponía a los niños el nombre del santo del día; hoy los toman de internet, o de bárbaros y hasta sanguinarios personajes paganos, salidos de las telenovelas.

¿Faltará mucho para que alguien pida bautizar a su hijo como Gato? ¿Si hay ya quienes ponen el nombre de Mora, estará lejano el día de Pera, Banana o Sandía…?

No cabe la menor duda: frente a esta tiránica ideología de género, promovida por el mundialismo masónico y ateo, del narco-porno-liberal-socialismo del siglo XXI, solo es posible la revolución de la vida y la familia. Y uno de los campos de batalla es, precisamente, el del lenguaje. El enemigo de Dios, y consecuentemente del hombre, sabe que se debe deconstruir –como argumenta desde su ideología- la creencia de siglos (como llama al cristianismo), y así imponer su materialista y autodestructiva visión de la existencia.

 ¿Tendremos que asumirnos y presentarnos como gatos para tener más derechos humanos que los niños por nacer, los ancianos y enfermos, los excluidos y todos los descartables del globalismo totalitarista? ¿Deberemos pedir que nos traten como mascotas, para no vivir huérfanos, sin techo, y a merced de los poderosos de turno?

¡Es hora, pues, del combate! Por supuesto, al dar la batalla, no nos llamarán gatos, sino otras lindezas mucho más fuertes. Pero, como sabemos, ningún discípulo es superior al maestro (Lc 6, 40), y nosotros pertenecemos a Aquel que nos advirtió sobre las tribulaciones. Y que nos llamó a no temer, pues Él venció al mundo (Jn 16, 33).

 

La Plata (Argentina); miércoles 21 de febrero de 2018.

San Francisco y Santa Jacinta, pastorcitos de Fátima

 

 

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Tengamos el rostro tan duro como la piedra…

Vicente Montesinos

 

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Han pasado siglos desde la crisis arriana, y sabemos que en aquél momento el papel de los seglares fue determinante. Hoy, tanto tiempo después, y quizá teniendo sobre la mesa la mayor crisis eclesial desde el arrianismo; tras medio siglo de desbandada doctrinal pareciera que el pueblo de Dios, en su gran mayoría, esté desmovilizado. Pareciera que el “sensus fidei” se agota, inexorablemente, dejando vías expeditas a la apostasía.

Pero la fe sigue viva en el corazón de los fieles que se niegan a tragar con el “nuevo paradigma”. El del “Evangelio sin Cruz” que propone en su inmensa mayoría la jerarquía.

¿Muchos? ¿Pocos? No lo sé. Yo voy teniendo la sensación de que este grupo de locos poco a poco va aumentando. Y una cosa les digo: Dios siempre ha “necesitado” de poco y de pocos para derrotar al mal.

Evidentemente quieren callarnos. Cualquiera de los que estáis en esta lucha lo estáis sufriendo igual que yo. Pero no pueden.

Evidentemente quieren impedir que molestemos las conciencias adormecidas por el “evangelio de la puerta ancha”. Pero no pueden. Quizá en otro tiempo fuera fácil… Hoy es imposible. Dios sabe que medios usa para mantener aguerrido a su pueblo fiel.

Nuestra voz sigue sonando, justamente en defensa de lo que nos acusan de conculcar: la UNIDAD. La unidad de la Santa Iglesia Católica y Apostólica, en la Común Unión de Cristo con su pueblo; en el Magisterio bimilenario, las Sagradas Escrituras, la sana doctrina y la tradición.

Hermanos… ¡No perdamos la Fe en la Iglesia de Cristo! ¡En la única! Cuenten lo que cuenten… ¡extra ecclesiam nulla salus! La Iglesia de Cristo, la única, la católica y apostólica; claro; es a la que el demonio odia con todo el corazón. No duda en urdir nuevos planes para acabar con ella. Y si no puede desde fuera, pues desde dentro… Pero el infeliz parece no saber en su soberbia que la batalla la tiene perdida antes de empezar… Que Cristo la venció por nosotros un Jueves Santo en la Institución de la Santa Eucaristía y un triduo pascual con su muerte y resurrección.

Así que adelante hermanos. Santa desvergüenza y lucha. Tengamos el rostro tan duro como la piedra, si falta hiciere, y a soportar lo que venga. Sólo Cristo vence. Y si estamos con Él, somos invencibles. Por su gracia.

Recordemos a San Atanasio. Quedó sólo. Pero venció. Supo defender a la Iglesia contra la marea imperante, la herejía, la apostasía y la jerarquía.

A seguir. Si no quieren ver ni oir, ya llegará el llanto y el rechinar de dientes. De Dios nadie se burla.

Y como hasta el cielo no paramos… ¡Qué Dios os bendiga!

 

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Telegrama: el Papa Francisco no lee a sus críticos.

Vicente Montesinos

 

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El papa Francisco, durante una conversación con jesuitas en su reciente viaje a Chile, de la que se publican hoy algunos pasajes en el diario ‘Corriere della Sera’, ha afirmado que  por su “salud mental”, conoce, pero no lee, a los grupos opositores que le acusan de herejía.

Por salud mental yo no leo la páginas de Internet de la llamada resistencia. Sé quienes son, conozco los grupos, pero no los leo, simplemente por mi salud mental. Si hay algo serio, me informan para que lo sepa. Es un disgusto, pero hay que seguir adelante“, dijo.

San Juan Bosco, San Pablo, Santo Tomás de Aquino y… el Papa de Roma (o la inexistente doctrina del progremodernismo)

Vicente Montesinos

Hoy celebramos a un gran santo de la Iglesia. A San Juan Bosco. Padre y Maestro de la Juventud, la Iglesia de las últimas décadas (y la propia Sociedad de San Francisco de Sales,otro grandísimo santo) han reducido las enseñanzas de Don Bosco a la porción “jóvenes”; que entienden como actividades lúdicas, entretenimiento, y poca cosa más.

Es curioso como los salesianos, por ejemplo, hablan de Don Bosco y los jóvenes (fundamental, por cierto, porque ningún Santo antes ni después ha trabajado tanto la juventud para Dios como mi querido San Juan Bosco), pero esconden que él a sus jóvenes no sólo les hacía fiestas: les enseñaba como en la vida tenemos dos pilares a los que aferrarnos, sin los que no podemos vivir: la Eucaristía, y María. Esto ha quedado enterrado. No vaya a molestarse el mundo.

Como enterradas fueron las campanadas de San Josemaría. No nos tachen de muy “tradis”.

Y así va funcionando esta Iglesia, que licúa los mensajes para atraer a la gente; y acaba por no atraer a nadie, y espantar a los de dentro. Resultado: menos fe que hace 50 años, Iglesias más vacías que hace 50 años, y seminarios más vacíos que hace 50 años. Y no me vale que me digan desde España que eso era así porque Franco obligaba (que ese sería otro tema a debatir), porque el fenómeno es exactamente igual en toda la vieja Europa; y no digamos si atendemos al asunto americano, y a como las sectas evangélicas nos “comen la tostada” esparciendo la herejía, mientras nosotros nombramos al inmundo Lutero “testigo fiel del Evangelio.

Es el Progremodenismo. No tiene doctrina. Porque tenerla cuesta faena y además te enfrenta al “mundo”. Vale más dejarse arrastrar por él, y acabar siendo eso: una sucursal de la ONU, una pieza del NOM, o una ONG más en el planeta tierra.

Al respecto asistí digitalmente a un interesante debate con gente como Juan Donnet o Daniel Lubo .

Y el tema está claro: la “Iglesia en acogida” no tienes argumentos doctrinales. Ya nada sabe de Santo Tomás de Aquino, hablando de grandes santos. De hecho odia a los tomistas. Se basa en puras apelaciones sentimentales, en emotividad de baja calaña y en viscoso sentimentalismo.

Se basa en la machacona premisa de que el Papa es impecable e infalible siempre, y que, por tanto, se le debe una obediencia, como dice Donnet, “ciega y zombie“. Y eso, queridos hermanos, no es católico; nos lo vendan como nos lo vendan. El nivel doctrinal es deprimente, por su inexistencia.

Cuando no se estudia a Santo Tomas se dice cualquier cosa. Se anula la capacidad de resistencia. Esa que deriva de la virtud de la fortaleza; ya que si me atacan la verdadera Fe de Cristo, debería defenderme aunque sea el Papa el que la ataca.

No tenemos la obligación de seguir los dislates de un Papa por que no se le dio asistencia del Espíritu Santo para ello. Esto me lo recordaba Daniel en las redes, y tiene toda la razón.

Si un Papa y su linea eclesial fuere nocivo, y su postura hiriera la profundidad del ser de de la Iglesia y su unidad; mi obligación como católico sería la de resistirle. Con todo el dolor del mundo.

Hoy, los “doctores” que tenemos, y que rodean a la curia y a gran parte del episcopado, leen mucho, y saben mucho. No sabemos de qué. Pero sin la guía de San Pablo (quien corrigió a Pedro con la humilde aceptación de aquel); sin la humildad de San Pedro; y sin la brújula de Santo Tomas, y de los Santos Padres;  se le hace decir a la Biblia y al Magisterio cualquier memez que acomode la doctrina a lo que uno quiere.

Y eso precisamente no es de Dios, ni de su Iglesia.

Ya lo decía San Pablo: «¿Creéis acaso que vosotros sois vuestros dueños? Sabedlo, no os pertenecéis. ¿Ignoráis a que precio habéis sido rescatados? Vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios»

Luego no nos es licito creer o pensar lo que nos venga en gana sobre el cuerpo de doctrina en que se asienta la Iglesia, aunque, como vulgarmente se dice, “lo diga el Papa de Roma”.

¡Y como hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga!

 

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URGENTE: El Cardenal Eijk exige al Papa que ponga fin a la confusión

Vicente Montesinos

 

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S.E.R Cardenal Eijk, Arzobispo de Utrecht

 

La lista aumenta, lenta pero inexorablemente.

El Cardenal Arzobispo de Utrech, Wim Eijk, ha declarado en los medios que hay una gran confusión en la Iglesia en relación al asunto de la comunión de los “divorciados vueltos a casar”,  y ha exigido al Papa que de luz y claridad sobre este tema.

El Cardenal ha afirmado en una entrevista a Trow que la gente está confundida, y eso no es bueno; y que el le diría al Papa: “simplemente traiga claridad. Respecto a este punto. Quite esa duda. En forma de documento, por ejemplo. Por supuesto, tenemos las palabras de Cristo mismo: que el matrimonio es uno e indisoluble. Nos aferramos a eso en la archidiócesis. Si tu matrimonio ha sido declarado nulo por un tribunal eclesiástico, se ha confirmado oficialmente que nunca has estado casado, y solo entonces serás libre de casarte y recibir la confesión y la comunión».

Con este nuevo Cardenal en activo,  que alza la voz contra la confusión reinante en la Iglesia, y además lo hace desde la complicada Iglesia holandesa; tenemos 12 prelados que o bien han firmado las dubia; han firmado el documento de los Obispos kazajos; o han elevado la voz exigiendo al Papa el fin de la tremenda confusión reinante; venciendo el temor a lo que en círculos eclesiales se viene conociendo durante el pontificado de Bergoglio con “ser misericordiados”, en clara referencia a las represalias o consecuencias negativas que sufren quienes se atreven a cuestionar la errática línea de Francisco (lo cual de una forma o de otra sufrimos prelados, consagrados y seglares)

Pero la lista de valientes prelados crece.

Con las palabras de Wim Eijk son ya 12 los valientes Obispos y Cardenales que siguen dando esperanza al atribulado pueblo de Dios, confuso por la errática Amoris Laetitia.

Les actualizamos esta gozosa lista, y encomendamos a estos valientes pastores y a todos los laicos que les apoyan a sus oraciones.

Y aprovechamos para remarcar: dejen de intentarlo: no nos callarán. Cuando está en juego la fidelidad a Cristo y a su Santa Iglesia Católica y Apostólica, el miedo no tiene valor.

Laus Deo!

 

  1. Cardenal Walter Brandmüller (dubia)
  2. Cardenal Raymond Leo Burke (dubia)
  3. Cardenal Carlo Caffarra (R.I.P) (dubia)
  4. Cardenal Joachim Meisner (R.I.P) (dubia)
  5. Obispo Athanasius Schneider (auxiliar de Astana, Kazajistán) (declaración kazaja)
  6. Arzobispo Tomash Peta (Metropolitano de Astana, Kazajistán) (declaración kazaja)
  7. Arzobispo Jan Pawel Lenga (Karaganda, Kazajistán) (declaración kazaja)
  8. Arzobispo Carlo María Viganó (ex nuncio en EE.UU) (declaración kazaja)
  9. Arzobispo Emérito Luigi Negri (Ferrara-Comacchio) (declaración kazaja)
  10. Cardenal Janis Pujats (Arzobispo Metropolitano de Riga) (declaración kazaja)
  11. Obispo Andreas Laun (ex-Obispo Auxiliar de Salzburgo) (declaración kazaja)
  12. Cardenal Wim Eijk, Arzobispo de Utrecht (exigencia fin de confusión)

Reacciones a la “Carta abierta a mis amigos sacerdotes”… (1 de 3)

Vicente Montesinos

 

 

La Carta abierta a mis amigos sacerdotes (y algún que otro Monseñor…) que publiqué hace escasos días en adoracionyliberacion.com y en el Blog de adoracionyliberacion en Infovaticana; ha tenido, para bien o para mal, cientos de reacciones (y no exagero). De hecho casi a duras penas puedo, aunque lo intento, responder a todas (comentarios en los blogs, whatsapps, correos electrónicos, manifestaciones en las redes sociales de Adoración y Liberación o mía personal, etc…). Esto evidentemente no es por mérito mío; que ni lo tengo ni lo deseo; sino por la candente actualidad de la terrible situación que vivimos, y que algunos nos empeñamos en seguir denunciando.

Más o menos se repite la tendencia: unos cuantos sacerdotes dándome su apoyo y ánimos (aunque bastantes más que en otras ocasiones); un mayor número guardando sepulcral silencio (como siempre) ; y luego las habituales (pero más numerosas y furibundas, al parecer, por la repercusión de la carta) reprimendas, amonestaciones y amenazas (como siempre, sin debate doctrinal alguno ni argumento más allá de que no coopero a la unidad, que hay que estar con el Papa haga lo que haga, etc…)

Esto por lo que al clero se refiere. No obstante me esperanza la clara y valiente reacción de algunos consagrados (más de uno de relevante “importancia”), quienes, aunque no vean ustedes ahora con nombre y apellidos; sí que se han puesto en contacto conmigo identificándose con todos su datos y dando la cara. Identidad, que por supuesto, yo siempre guardaré en secreto, mientras ellos no la descubran. Faltaría más. El límite de exposición lo pone cada uno y es algo personal. Aunque a mi me gustara que todos salieran a la luz.

Pero digo que me esperanza porque aunque sea muy poco a poco hasta la “clerecía”, como bien decía Paco Pepe, va abriendo los ojos a la desastrosa situación actual, porque ya quien no lo ve es porque no quiere (recuerdo que el Vaticano después de publicar mi carta acaba de condecorar por sus impagables servicios a la Iglesia a una de las reinas del abortismo europeo; y si antes de esto, ninguno de los consagrados pudo unir a sus amenazas argumento alguno para discutirme, después de esto, debieran sentir una enorme vergüenza los que quieren seguir vendiendo que los católicos debemos callar ante todo).

Si esperanzas me dan estos tímidos pasos de algunos clérigos, más esperanzas me da el saber que Cristo nunca va a abandonar a su Iglesia. Y que quizá, con la Gracia de Dios, el esfuerzo valiente de tanto laico atribulado, y la fuerza que nos da el espíritu Santo para seguir desde la Iglesia Católica amándola y trabajando por ella; la purificación no esté tan lejos. Y digo esto porque especial alegría me ha dado la reacción de muchos (pero muchos) seminaristas de España (más que sus mayores) que se han puesto en contacto conmigo para manifestarme su apoyo y total adhesión. Evidentemente dicen no poder salir a la palestra hasta ser ordenados (lo cual yo no sólo entiendo, sino que agradezco, y así se lo aconsejo, ya que, necesitamos estos pastores, que sólo falta que ellos no lleguen, y dejemos a Nuestra Santa Madre Iglesia en manos de la “Mafia de San Galo” o de los “Padres Ángel” o “Monseñores Agrelos”). Pero a mí se me han identificado con nombres, apellidos y DNI. Y con una claridad, fidelidad doctrinal al Magisterio bimilenario y a la Cátedra de Pedro, y sumisión absoluta al mandato de Cristo, que ya quisiéramos para muchos de los actuales ordenados. Esto, además, es un mérito enorme teniendo en cuenta lo que hoy se enseña en muchos seminarios, y el ambiente relativista (cuando no absolutamente light y progremodernista) del que en los otrora gloriosos Seminarios se les imbuye.

¡Que gozo he recibido leyendo a algunos de ellos! ¡Rezad por ellos, hermanos! ¡Los necesitamos!

Y por último… ¿Qué decir de los laicos? ¡Cuantos valientes, a centenas, se han puesto en contacto conmigo por todos los medios! ¡Cuanta claridad doctrinal y fidelidad al Magisterio Bimilenario, las Sagradas Escrituras, la Tradición y la sana doctrina! ¡Cuanta decepción con la jerarquía eclesial actual y oraciones y mortificaciones y trabajos para revertir la situación! ¡Cuantas barbaridades las que tienen que soportar y callar! ¡Y cuanta valentía! ¡Y digo esto porque son decenas los que me piden que ponga a la firma mi carta porque la quieren suscribir con nombres, apellidos y cargos eclesiales! ¡Muchos!

A todos ellos les he pedido, de momento, frenar esa iniciativa. Y no por nada; ya que me parece muy loable (aunque el Papa haya hecho caso omiso a los Cardenales de la Dubia y a la Correctio Filialis de miles de consagrados y seglares).  Sino porque no quiero que en nada de esto parezca que mi intención es la de acaparar ningún tipo de protagonismo; y por tanto, no se trata tanto de suscribir la carta de Vicente Montesinos, como de seguir suscribiendo, defendiendo, testimoniando y dando día a día la cara por la reversión de esta terrible situación de confusión, división y caos moral a la que el pontificado de Francisco y sus jerarquías adláteres nos ha llevado. No obstante les doy infinitas gracias. ¡Muchas! Y no descarto que, si las cosas no cambian, debamos tomar más iniciativas. A lo mejor, quien sabe, junto a nuestra oración, sacrificios, denuncia, testimonios escritos y difusiones personales, se acerca el momento de tener que hacer algo más.

En definitiva este es un poco a groso modo el balance de las reacciones a la Carta. Para esta primera entrada es suficiente.

Me reservo por no cansarles, para la segunda, algunas respuesta laicas que me han dejado especialmente confirmado en esta lucha.

Y para la tercera, la carta de un seminarista de España; como representación de muchos otros que se han puesto en contacto conmigo, que les aseguro hará caer la cara de vergüenza a más de un miembro de la “clerecía”. ¿O cómo se decía?

Y porque hasta el cielo no paramos… ¡Que Dios les bendiga!

(… continuará)

 

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Carta abierta a mis amigos sacerdotes (y a algún que otro monseñor)

Vicente Montesinos

 

 

 

Mis muy queridos y reverendos amigos.

Mis respetados y obedecidos monseñores.

Durante los últimos tiempos me he visto compelido a tratar en mi portal, (adoracionyliberaciom.com), y posteriormente también en mi blog en Infovaticana (https://infovaticana.com/blogs/adoracion-y-liberacion) sobre dolorosos y espinosos temas, que, como ya les he repetido en numerosas ocasiones, a modo de lo que pareciera una justificación que ya me he cansado de dar, siempre escribo en conciencia, y ante el Santísimo Sacramento; y convencido del deber de hacerlo, humildemente, pero con la paz y seguridad de estar trabajando por el Reino de Cristo, la Santa Madre Iglesia y la Verdad.

No hace falta que me alargue mucho en todos esos temas en esta ocasión. Ya saben que he alzado la voz, siempre con respeto y amor filial, sobre muchas cosas: las confusiones creadas por Francisco a bordo de los aviones (no cabrían en este artículo, pero valga como ejemplo el tratamiento de conejas a las madres católicas fieles que abiertas a la vida han recibido amorosamente de Dios los hijos que éste les ha mandado); el tremendo error y herejía que está suponiendo el falso ecumenismo, con ensalzamiento del mayor hereje de la historia como fue Lutero como “testigo fiel del Evangelio“; la confusión creada por el Vaticano con los nuevos valores en alza como el ecologismo radical, el tratamiento confuso del tema de la natalidad, etc…; el progremodernismo que ha copado todas y cada una de las instituciones que dependen de Roma; el relativismo en el tratamiento de la mayoría de los asuntos de moral personal, familiar y social; el encumbramiento a los puestos de responsabilidad en la Iglesia de personajes de toda calaña y afiliación a los lobbys pro LGTB, abortista, populista, marxista, etc…; la persecución y ostracismo de los pocos seglares, sacerdotes, obispos y cardenales que se han atrevido a alzar la voz contra la flagrante persecución de los que vienen en llamar “católicos tradicionales, carcas o fanáticos”, y que yo llamo simplemente católicos; es decir, fieles de conciencia recta y amantes de nuestra sana doctrina y tradición; el acoso y derribo a la institución familiar y a su sagrada unión a la vida sacramental, que con globos sonda se fue preparando hasta la promulgación del gravísimo error que es Amoris Laetitia y en especial del capítulo en cuestión que aborda los temas más delicados, y de ese 303, que es lo más grave que se ha escrito oficialmente en la Iglesia desde hace muchos siglos; el apoyo como magisterio pontifical a esa terrible declaración argentina; el inicio ya, consolidado el tema del matrimonio y la comunión de los llamados “divorciados y vueltos a casar” de la nueva campaña en favor del uso de los anticonceptivos, lanzada ya desde la Academia Pontificia de la Vida, etc, etc, etc, etc… (no acabaría, y no quiero que dejen de leer este artículo hasta el final, por lo que corto esta terrible lista)

Mis Estimados Padres y Excelencias Reverendísimas: saben también muchos de ustedes que, queriendo ser siempre transparente y sin doblez, todo lo he publicado con mi nombre; todo se lo he remitido además en innumerables ocasiones a todos los que tengo el gusto de conocer  de forma personal; y siempre manifestando mi sumisión a la Verdad de Cristo, a las Sagradas Escrituras, al Magisterio Bimilenario y a la Sagrada Doctrina. También saben que siempre invitándoles a que me saquen del error doctrinal en el que haya podido caer en todas y cada una de las ocasiones.

Jamás; y digo jamás, han podido ninguno de ustedes corregirme una coma de lo manifestado.

Sí que han podido unos pocos, manifestarme su apoyo, de forma discreta.

Y una gran mayoría callar, y no responderme ni con un “hola”, “gracias”, “saludos”, o “mi bendición”, no sé… Algo.

Aparte de esta gran mayoría, no han faltado tampoco quienes entre ustedes me han recriminado, me han amonestado, me han retirado su afabilidad, e incluso me han amenazado e impelido a retirar diversos y variados artículos.

Pero eso sí: sin nunca dar razones de su fe, doctrina y enseñanza ni indicarme ni un sólo aspecto en que me haya equivocado.

Yo soy únicamente un  umile lavoratore nella vigna del Signore“; y ustedes grandes teólogos, biblistas, doctores,  etc… (sus títulos tampoco caben en este artículo). Luego doy por seguro y sentado que ustedes saben mucho más que yo. Por lo que si no me han corregido; puede ser por dos cosas: o porque ignoran absolutamente lo que transmito, y ni se molestan en rebatirlo; a pesar de que les puedo asegurar que, de una manera o de otra, recoge la inquietud de miles y miles de almas católicas sanas y devotas que están atribuladas por la deriva actual de la Iglesia (esto sería malo); o por que saben que tengo razón, y quieren seguir viviendo en la cruel mentira que está llevando a gran parte de la Iglesia a mirar hacia otro lado, con el consiguiente peligro por sus almas, y todas las que a ustedes hemos sido encomendadas (esto sería aún peor)

Es por ello que he decidido que ya no voy a remitir ningún artículo a nivel personal a ninguno de los reverendos padres y monseñores a los que se los he venido remitiendo; ya que si han optado por preferir su paz personal a la dolorosa verdad que vive Nuestra Santa Madre Iglesia (y digo, en ese caso, que no lo sé…), no voy a ser yo quién les “presione” más con mis escritos para cambiar de parecer; y en otro caso, si a alguno de ustedes les interesa seguir leyéndome, ya saben donde escribo y pueden encontrarme (de hecho me consta que muchos de ustedes lo hacen, y sin manifestarme a mí nada, se re-envían unos a otros los artículos para “avisarse” del peligro que supone este católico, pecador, pero amante profundo de Cristo y de su única Iglesia; al que antes trataban con cariño, y ahora con frialdad, cuando no desprecio)

Así pues, esta va a ser la útima comunicación que reciban a nivel personal y en privado todos y cada uno de los consagrados a los que tengo acceso (que son, gracias a Dios y a ustedes mismos, muchos); y descansen, que por mi parte, no recibirán perturbación alguna más.

 

Así pues, esta va a ser la útima comunicación que reciban a nivel personal y en privado todos y cada uno de los consagrados a los que tengo acceso (que son, gracias a Dios y a ustedes mismos, muchos); y descansen, que por mi parte, no recibirán perturbación alguna más.

 

Ya saben donde estoy, y que sigo a su servicio y al de la Santa Madre Iglesia; como he hecho desde que tengo uso de razón, y como espero hacer hasta el día que me muera.

Y aprovechando el canal de difusión que suponen estos medios digitales que Dios nos ha concedido para contribuir a evangelizar (no a hacer proselitismo, como dice nuestro Papa; sino a predicar el Evangelio y convertir a todos los pueblos y naciones, que es al fin y al cabo el mandato divino) hago extensiva esta carta a todos los sacerdotes que no conozco, y a todos los fieles laicos; ya que miles, de unos y otros, sé que me siguen, por la gracia de Dios; y muchos (más de los que piensan) de unos y otros, se dirigen a mí mostrando, a Dios gracias, su fidelidad a la sana doctrina y su regocijo porque, algunos pocos, no temamos ser su voz y  arriesgar honor, vida y hacienda, en esta causa; ya tan urgente, de salvar, sea como fuere, almas; dados los tiempos que nos ha tocado vivir.

Ahora, antes de despedirme de ustedes, quiero hacerles unas pequeñas matizaciones finales, en relación a los graves temas que nos acechan; y muy especialmente a Amoris Laetitia, ya que, como todo lo demás, ustedes manifiestan que no existe (aunque esté poco a poco socavando nuestros cimientos y destruyendo nuestra Iglesia), me limitaré a lo que está escrito, publicado, autentificado y pontificado, para que no se coja ninguno de ustedes al infantil argumento de que todo esto son imaginaciones.

Verán:

No puedo compartir de ninguna de las maneras la forma de tratar que tienen muchos de ustedes la grave confusión que sufre la Iglesia motivada por el Pontificado de Francisco, a la que, y con caridad, amor y desde dentro de la Iglesia, algunos laicos nos sentimos obligados a contribuir a aclarar.

Con dolor, y humildemente, muchos de nosotros vemos que en la Iglesia las cosas se están enfocando mal; y están sirviendo (se lo digo con conocimiento de causa) para apartar muchas almas; sin atraer a otras, lo que pareciera ser el objetivo de estas “aperturas doctrinales”, que están actuando en clara contradicción con el Magisterio bimilenario, la Tradición, las Sagradas Escrituras y la Sana Doctrina.

 

Con dolor, y humildemente, muchos de nosotros vemos que en la Iglesia las cosas se están enfocando mal; y están sirviendo (se lo digo con conocimiento de causa) para apartar muchas almas; sin atraer a otras, lo que pareciera ser el objetivo de estas “aperturas doctrinales”, que están actuando en clara contradicción con el Magisterio bimilenario, la Tradición, las Sagradas Escrituras y la Sana Doctrina.

 

Padres; tras la publicación de Amoris Laetitia, han sido muchos los obispos, así como las Conferencias Episcopales, que han publicado directrices “pastorales” que conciernen a los llamados “divorciados que se han vuelto a casar”.

Saben ustedes mejor que yo que para los católicos no hay tal divorcio; porque el vínculo sacramental válido de un matrimonio ratificado y consumado es indisoluble; y que para un católico hay un solo matrimonio válido cuando el cónyuge sigue vivo. Por ello hablar de  “divorciado y vuelto a casar” es un engaño en toda regla. De ahí, y puesto que se utiliza esta falaz expresión con tal alegría y profusión, que nos veamos obligados a entrecomillarla e iniciarla por la palabra “llamados”.

Dichas directrices a las que hacía mención, prevén, en última instancia, la admisión de “los divorciados que se han vuelto a casar” a la Sagrada Comunión, sin la exigencia de la condición indispensable y establecida de manera divina de no violar el sagrado vínculo del matrimonio a través de una relación sexual con una persona que no es el cónyuge legítimo.

Todo este largo y doloroso proceso ha alcanzado el momento más álgido cuando Francisco ha dado orden de que se publique en las Acta Apostolicae Sedis su propia carta de aprobación de las directrices de los obispos de Buenos Aires. Y no sólo eso, sino que de seguido vino la declaración por la que esta aprobación pontificia pertenecería al “Magisterio auténtico de la Iglesia”.

¿Qué ustedes no saben todo esto? ¿Cómo pueden o no saberlo, o no denunciarlo? ¿Qué les dicen a las personas que acuden a sus confesionarios confusas con esta cuestión?

Estas directrices, aprobadas por el Papa, contradicen de pleno la Revelación divina que desaprueba por completo el divorcio, así como la enseñanza y la práctica sacramental del Magisterio ordinario y universal infalible de la Iglesia. Y no me lo pueden negar.

 

Estas directrices, aprobadas por el Papa, contradicen de pleno la Revelación divina que desaprueba por completo el divorcio, así como la enseñanza y la práctica sacramental del Magisterio ordinario y universal infalible de la Iglesia. Y no me lo pueden negar. 

 

Por lo tanto, este humilde servidor, y les aseguro que junto a él muchos más, y de una forma cada vez más clara; se siente en conciencia obligado a no callar y a volver de nuevo a corroborar su adhesión a la inmutable doctrina y práctica de la Santa Madre Iglesia Católica sobre la indisolubilidad del matrimonio sacramental.

Pero es que acaso, mis queridos padres, ¿la Iglesia nos pertenece? ¿Pertenece siquiera al Papa? ¿O somos, y especialmente el Papa es, guardianes, y él el primer guardián, de un depósito de fe de 2000 años que nos ha sido confiado y sobre cuyo cuidado responderemos cada uno de nosotros, según su responsabilidad, el día del juicio? ¿O es que ya tampoco se puede hablar de juicio? Que por cierto, otra de las cosas que me hubiera gustado comentar es el destierro de la enseñanza de los novísimos, y el que en esta época del ensalzamiento de la falsa misericordia (que ya muchos llaman “misericorditis”) no se hable a los católicos del pecado, del juicio, del purgatorio, del cielo, del infierno y de tantos otros aspectos que han llevado a que la conciencia del mal sea cada vez más laxa y relativa, a que todo se deje en manos de la “conciencia personal”, y por tanto, a empujar cada vez a más almas, por su ignorancia, y la responsabilidad de todos, hacia el abismo del averno.

La Iglesia, padres, es de Cristo Todopoderoso; y por Él hemos de luchar (y yo lo voy a seguir, desde su seno, haciendo) para reparar este daño. ¡Aún hay tiempo! ¡Únanse por favor a nuestras súplicas, nuestro humilde testimonio, nuestra sana denuncia, nuestras peticiones, oraciones y sacrificios, para que de una forma u otra nuestro Santo Padre ponga fin a esta confusión! ¿Porqué no pedirle que de una vez responda a la filial y humilde dubia presentada por los Cardenales que, van falleciendo, sin ni siquiera ser escuchados, recibidos o contestados? ¿Porque no pedirle aclare a los miles de sacerdotes y laicos que firmaron la correctio filialis tanta confusión que debe repararse para que no siga sufriendo la Esposa de Cristo? ¿Qué miedo tienen ustedes? ¿Perder? ?¿El que? Yo soy un pobre pecador y hace tiempo que dejé de temer perder nada, si podía perder mi alma. La prueba es esta carta que les remito y publico abiertamente. ¿Acaso no son ustedes mejores que yo? ¿Entonces porque no aparcan el miedo? ?¿No corrigió San Pablo a San Pedro de forma caritativa, y este lo aceptó de forma humilde?

Sí; Dios ha permitido todo esto. Él sabrá porqué. Está claro que  “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rm 5, 20), y que Dios ha permitido esta extraordinaria confusión moral y doctrinal para que, después de la crisis, la verdad brille aún más y la Iglesia sea espiritualmente más hermosa, sobre todo en los matrimonios, las familias y los papas. Pero… ¿No requiere eso de nuestro esfuerzo y de nuestro sacrificio, además de nuestra oración?

Actualmente el Magisterio papal en muchos aspectos, pero especialmente en temas de moral sexual, familiar y matrimonial, está eclipsado. Luego nuestro deber es asistir al Papa en su deber magisterial de profesar de forma pública las verdades inmutables del Magisterio universal. Y si ustedes no quieren hacerlo, muchos lo vamos a hacer. A lo mejor, quién sabe, es la hora de los laicos.

¿Es que en 5 años vamos a cambiar lo que todos los papas y todos los obispos de todos los tiempos han enseñado sobre la doctrina y la práctica sacramental del matrimonio?

“Prima sedes a nemine iudicatur” (como bien recordaba recientemente Monseñor Schneider), luego, cuando le recordamos respetuosamente al papa la verdad y disciplina inmutable de la Iglesia; no estamos juzgando la primera cátedra de la Iglesia, sino comportándonos como hijos amantes del papa. Hacia el que nuestra actitud, por cierto, no lo olviden, ha de ser filial, pero no servil. El servilismo sólo a Cristo; porque lo que no podemos es dejar de seguir profesando la fe inmutable. ¿O acaso ya no recuerdan que San Pablo ordenó que si alguien, fuera incluso uno de ellos o los propios ángeles, les presentara un Evangelio distinto, fuera anatema?

Hemos de rezar aún más por el papa; y hemos de testimoniar con valentía la verdad, sin miedo a lo que los hombres puedan pensar sobre ello. Y finalmente, sólo Dios puede intervenir y lo hará, sin duda alguna. A ver donde nos encuentra a cada uno. Yo en mi caso me someto a su sumarísimo juicio.

No caigamos en la actual papolatría ramplona. El Papa no crea la verdad, ni la fe ni la disciplina. “No está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado” (Concilio Vaticano II, Dei Verbum, n. 10).

Y por ello no debemos abandonar el estudio (todos, incluidos los laicos) del inmutable Catecismo. Y por ello debemos seguir profundizando en los grandes documentos doctrinales de la Iglesia; que deben mantenernos formados para ayudar a nuestra Iglesia a estar formada en la verdadera doctrina.

Como recientemente nos recordaban los obispos kazajos que han sido valientes dirigiéndose a al pueblo de Dios con caridad, con el posterior apoyo de otros obispos y cardenales, como Pujals, Negri, Viganó o Laun; no podemos dejar de estudiar y aplicar documentos tan relevantes y tan en continuidad con el derecho divino y el Magisterio bimilenario como los decretos del Concilio de Trento sobre los sacramentos; las encíclicas Pascendi, de Pío X; Casti Connubii, de Pío XI; Humani Generis, de Pío XII; Humanae Vitae, de Pablo VI; el Credo del Pueblo de Dios, de Pablo VI; la encíclica Veritatis Splendor, de Juan Pablo II y su exhortación apostólica Familiaris Consortio; etc… Porque, acaso… ¿estos documentos reflejan una opinión personal y momentánea de un papa o un sínodo pastoral? Evidentemente no. Su fidelidad y continuidad dejan claro que reflejan y reproducen el Magisterio infalible ordinario y universal de la Iglesia.

El Papa, conforme fija la Pastor Aeternus, en su capítulo 4, no ha de enseñar una nueva doctrina, sino que se pide a los pontífices que, “con la ayuda del Espíritu Santo, custodien religiosamente y expongan fielmente la revelación o depósito de la fe transmitida por los apóstoles

Además, y retomando al arriba mencionado Obispo Scheneider, el papa no puede ser el centro de la vida diaria de fe de los fieles católicos. El centro debe ser Cristo. De lo contrario, nos convertimos en víctimas de un “papacentrismo” insano, de una especie de “papalatría”, una actitud que es ajena a la tradición de los Apóstoles, de los Padres de la Iglesia y de la gran tradición de la Esposa de Cristo. El llamado “ultramontanismo” de los siglos XIX y XX ha alcanzado la cima en nuestros días y ha creado un “papacentrismo” y una “papalatría” insanos. Es indiscutible.

La verdadera actitud que hay que tener respecto al papa según la tradición católica es de una sana moderación, inteligente, lógica, con sentido común, con espíritu de fe y, desde luego, con una devoción sincera. Sin embargo, todas estas características tienen que estar en una síntesis equilibrada.

Creo que ya hay bastante por hoy, aunque podría seguir extendiéndome de forma casi incesante, como incesante es la doctrina de Cristo.

Ya saben quien soy, donde estoy y lo que pienso; por si en todas mis publicaciones anteriores no les había quedado meridianamente claro.

Les ruego, con todo el cariño,  por favor,  que mediten, siquiera una vez, ante el Santísimo, esta humilde aportación; y que luego hagan lo que tengan que hacer.

Yo quiero quedarme tranquilo sabiendo que por mi parte no ha quedado en exponerles lo que pienso tan relevante para el bien de las almas; esperando no lo tomen como falta de humildad, sino como caridad y celo apostólico. Y también asegurándome una vez más y para siempre de que saben cómo pienso y de, como muchos de ustedes afirman en desafortunada expresión, “que pie cojeo”. Con muchos de ustedes participio o tengo que ver en tareas de Nuestra Iglesia que les conciernen; y para mí, ante todo, está la autenticidad, la sinceridad y la coherencia. Sin dobleces. Sin políticas. Sin oportunismos. Sin circunloquios. Yendo de cara. Como me enseñó Cristo, muchas veces por medio de usteeds, y siempre por medio de su Santa Madre Iglesia, por cuya defensa dejo la comodidad y la mediocridad del anonimato, el silencio y la complacencia para salir a esta “periferia”.

Para mí lo más triste seria que se quedaran en la negativa de entrada a valorar siquiera lo que aquí les expongo; y en la crítica a mi persona, o el contubernio entre ustedes sobre lo que aquí escribo. Si simplemente lo disciernen, con el mismo cariño que yo lo escribo y se lo envío, me doy por más que satisfecho. A Dios gracias. 

Y, quién se  niega a condenarse mirando para otro lado; acaba esta carta manifestando una vez más su fidelidad absoluta a Jesucristo y a su Santa Madre Iglesia, una, cátolica y apostólica; a la que sirve torpemente y quiere servir hasta el final; y su cariño y devoción filial hacia sus obispos y sacerdotes.

Y porque hasta el cielo no paramos, que Dios les bendiga.

 

Y AHORA A POR LA HUMANAE VITAE: Un miembro de la Academia Pontificia de la Vida defiende que las parejas puedan usar anticonceptivos.

Vicente Montesinos

 

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P. Maurizio Chiodi ofrece una charla titulada “Relectura de Humanae Vitae a la luz de Amoris Laetitia”, el 14 de diciembre de 2017 en la Pontificia Universidad Gregoriana, Roma.

 

La persecución a quienes hemos denunciado la exaltación de la reforma protestante, el constante modernismo y relativismo de este pontificado, y aspectos tan graves como la destrucción doctrinal bimilenaria en tan sólo 5 años por medio, entre otras, de Amoris Laetita, arrecia.

No quieren ver, o quieren que no veamos; pero la verdad es que este Pontificado de la “misericorditis” no se lo está poniendo fácil. Porque, pisoteada la santa doctrina sobre el Matrimonio y la Eucaristía en la Iglesia, ahora van a por la Humanae Vitae; para seguir con esta guerra sin cuartel contra los valores familiares, morales y sociales tradicionales; en la que sólo falta por saber para cuándo los sacerdotes, obispos y laicos de bien van a abrir los ojos.

Y esperando ya que disparen al mensajero; en vez de asumir de una vez por todas la Verdad, para poder ponerse a trabajar en dar soluciones para Nuestra Santa Madre Iglesia, que pasa, sin duda, por uno de los peores momentos de su Historia; vamos con la última:

El Padre Maurizo Chiodi, nombrado por el Papa Francisco como miembro de la Academia Pontificia de la Vida (sí, de la vida, que ironía…); es quién se ha encargado de abrir la veda, y manifestar públicamente, y con luz y taquígrafos, que ahora ya, y bajo “ciertas circunstancias”, se “requiere el uso de anticonceptivos”.

 

El Padre Maurizo Chiodi, nombrado por el Papa Francisco como miembro de la Academia Pontificia de la Vida (sí, de la vida, que ironía…); es quién se ha encargado de abrir la veda, y manifestar públicamente, y con luz y taquígrafos, que ahora ya, y bajo “ciertas circunstancias”, se “requiere el uso de anticonceptivos”.

 

Me váis a permitir que os tutee, por la familiaridad que nos está propocionando esta tribulación constante, y además, me váis a permitir que os diga: ¡Toma ya!

En la conferencia “Una nueva lectura de la Humanae Vitae (1968) a la luz de Amoris Laetita (2016)” (ya me diréis que podíamos esperar con esos focos) que tuvo lugar en la Pontificia Universidad Gregoriana hace escasas fechas, el Padre Chiodi habló de la necesidad de tener una “nueva y más amplia visión” de la encíclica de Pablo VI, ya que ahora son “tiempos de cambio” y “más complicados”. ¿Se puede hacer mayor homenaje a un relativismo falaz y ramplón?

El teólogo nombrado por el Papa para la Academia de la Vida, afirma que “en situaciones donde los métodos naturales son imposibles o inviables, se deben encontrar otras formas de responsabilidad“.

Chiodi afirmó también sin pudor que las normas morales “tienen una cualidad simbólica y universal porque apuntan al bien que presentan, pero también apuntan a la conciencia que guardan y que instruyen“. Ahora, queridos hermanos, la norma moral es simbólica.

El padre afirmó también que quería repensar la “antropología del matrimonio” desde la perspectiva de las diferencias de género y la “fertilidad responsable”. Y que nos tenemos que preguntar si los métodos naturales pueden y deben ser la única forma de paternidad responsable.

Insistió en la idea de que en situaciones donde los métodos naturales son imposibles o no ejecutables, se deben encontrar otras formas de responsabilidad; y en que “la tecnología, en ciertas circunstancias, puede posibilitar la protección de la responsabilidad de un acto sexual, incluso si se toma la decisión de no tener un niño. ¿Algo más que añadir?

 

Insistió en la idea de que en situaciones donde los métodos naturales son imposibles o no ejecutables, se deben encontrar otras formas de responsabilidad; y en que “la tecnología, en ciertas circunstancias, puede posibilitar la protección de la responsabilidad de un acto sexual, incluso si se toma la decisión de no tener un niño. ¿Algo más que añadir?

 

Así empezó el Vaticano a lanzar globos sonda hace unos años para abonar el terreno hacia la Amoris Laetitia. Hoy la barbaridad que supone el 303 de la misma; y prácticamente todo su capítulo, está consumada. La doctrina sobre el matrimonio y la comunión aniquilada.

Pues ya tenemos el siguiente capítulo abierto; el de la contracepción. El camino se ha iniciado, y otro de los ascendidos a nuevos puestos por Francisco, el padre Chiodi, ha sido el encargado de romper el hielo. Preparaos para otra nueva encíclica que se “cargue” la Humanae Vitae y toda la tradición anterior, el magisterio y la sana doctrina.

Y ahora, los que me presionan para que calle, miren hacia otro lado; y no se preocupen. Como mucho de mandar nuevas amonestaciones a este humilde plumilla. Y si quieren; de paso, de contarme que van a decir en los confesionarios cuando vayan jóvenes a preguntarles sobre el uso de los anticonceptivos. Yo entre tanto seguiré, con perdón, defendiendo a la Santa Madre Iglesia Católica; aunque tenga, en su caso, que defenderla de su propio Pontífice.

URGENTE. El obispo Andreas Laun se une a la declaración de los obispos kazajos (7)

Vicente Montesinos

 

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El Obispo Andreas Laun

 

El obispo emérito Andreas Laun, ex Obispo Auxiliar de Salzburgo, se ha unido a  la declaración de los tres obispos de Kazajstán que profesan las verdades inmutables sobre el matrimonio sacramental y se oponen a Amoris Laetitia y su tergiversación de la doctrina bimilenaria de la Iglesia. Otro fundamental y gozoso apoyo público a esta declaración de lealtad a la enseñanza de Cristo sobre el matrimonio.  

El obispo Laun ya firmó en su día la corrección filial de miles de consagrados y laicos preocupados por la infidelidad a las inmutables enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio.

Por otra parte defendió igualmente a los 4 Cardenales de la Dubia; dejando clara su postura contraria a Amoris Laetitia.

Con la firma de Andreas Laun son ya 7 los valientes Obispos y Cardenales firmantes; que siguen dando esperanza al atribulado pueblo de Dios, confuso por la errática Amoris Laetitia.

Les actualizamos esta gozosa lista, y encomendamos a estos valientes pastores y a todos los laicos que les apoyan a sus oraciones.

Laus Deo!

 

  1. Obispo Athanasius Schneider (auxiliar de Astana, Kazajistán)
  2. Arzobispo Tomash Peta (Metropolitano de Astana, Kazajistán)
  3. Arzobispo Jan Pawel Lenga (Karaganda, Kazajistán)
  4. Arzobispo Carlo María Viganó (ex nuncio en EE.UU)
  5. Arzobispo Emérito Luigi Negri (Ferrara-Comacchio)
  6. Cardenal Janis Pujats (Arzobispo Metropolitano de Riga)
  7. Obispo Andreas Laun (ex-Obispo Auxiliar de Salzburgo)

 

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