Vicente Montesinos

 

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Han pasado siglos desde la crisis arriana, y sabemos que en aquél momento el papel de los seglares fue determinante. Hoy, tanto tiempo después, y quizá teniendo sobre la mesa la mayor crisis eclesial desde el arrianismo; tras medio siglo de desbandada doctrinal pareciera que el pueblo de Dios, en su gran mayoría, esté desmovilizado. Pareciera que el “sensus fidei” se agota, inexorablemente, dejando vías expeditas a la apostasía.

Pero la fe sigue viva en el corazón de los fieles que se niegan a tragar con el “nuevo paradigma”. El del “Evangelio sin Cruz” que propone en su inmensa mayoría la jerarquía.

¿Muchos? ¿Pocos? No lo sé. Yo voy teniendo la sensación de que este grupo de locos poco a poco va aumentando. Y una cosa les digo: Dios siempre ha “necesitado” de poco y de pocos para derrotar al mal.

Evidentemente quieren callarnos. Cualquiera de los que estáis en esta lucha lo estáis sufriendo igual que yo. Pero no pueden.

Evidentemente quieren impedir que molestemos las conciencias adormecidas por el “evangelio de la puerta ancha”. Pero no pueden. Quizá en otro tiempo fuera fácil… Hoy es imposible. Dios sabe que medios usa para mantener aguerrido a su pueblo fiel.

Nuestra voz sigue sonando, justamente en defensa de lo que nos acusan de conculcar: la UNIDAD. La unidad de la Santa Iglesia Católica y Apostólica, en la Común Unión de Cristo con su pueblo; en el Magisterio bimilenario, las Sagradas Escrituras, la sana doctrina y la tradición.

Hermanos… ¡No perdamos la Fe en la Iglesia de Cristo! ¡En la única! Cuenten lo que cuenten… ¡extra ecclesiam nulla salus! La Iglesia de Cristo, la única, la católica y apostólica; claro; es a la que el demonio odia con todo el corazón. No duda en urdir nuevos planes para acabar con ella. Y si no puede desde fuera, pues desde dentro… Pero el infeliz parece no saber en su soberbia que la batalla la tiene perdida antes de empezar… Que Cristo la venció por nosotros un Jueves Santo en la Institución de la Santa Eucaristía y un triduo pascual con su muerte y resurrección.

Así que adelante hermanos. Santa desvergüenza y lucha. Tengamos el rostro tan duro como la piedra, si falta hiciere, y a soportar lo que venga. Sólo Cristo vence. Y si estamos con Él, somos invencibles. Por su gracia.

Recordemos a San Atanasio. Quedó sólo. Pero venció. Supo defender a la Iglesia contra la marea imperante, la herejía, la apostasía y la jerarquía.

A seguir. Si no quieren ver ni oir, ya llegará el llanto y el rechinar de dientes. De Dios nadie se burla.

Y como hasta el cielo no paramos… ¡Qué Dios os bendiga!

 

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