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Adoración y Liberación

Por Vicente Montesinos

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SEMBLANZAS

Pronto será demasiado tarde para decirle cuánto lo amamos…

Vicente Montesinos

 

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El mundo lo va a extrañar; y pronto será demasiado tarde para decirle cuánto lo amamos.

Un mundo que no leyó sus libros, ni sus encíclicas, ni su preciosa teología, ni sus profundas y bellas homilías…

Todo buen católico lo recordará como aquel hombre que fue Papa, y que con una valentía realmente varonil decidió apartarse por amor a la Iglesia…

Vas a morir tranquilo, amado Santo Padre.

Sin homenajes pomposos;  sin un cuerpo revestido con bellos ornamentos exhibido en San Pedro.

Sin miles de fieles llorándote y esperando a que la luz de tu cuarto se apague.

Vas a morir un día en silencio, en la soledad de tu retiro, con tu pequeña compañía espiritual.

¡Que gran lección de humildad!

Morirás como viviste; aún siendo Papa.

Morirás como lo expresara San Juan María Vianney: “Ved al Padre: vestido como un Rey, pero humilde como un campesino”

Morirás en silencio… ¡pero habrá fiesta en la Patria Celestial!

Siempre gracias. Siempre.

Siempre gracias. ¡Santidad!

 

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¡Glorioso San Francisco de Sales!

Vicente Montesinos

Celebramos hoy la festividad de este gigante de la fe, al que quien les escribe tiene una especial devoción.

Conocido es que este gran santo fue obispo de Ginebra. Tiene el título de Doctor de la Iglesia, es titular y patrono de la Familia Salesiana y también patrono de los escritores y periodistas. Pero más relevante es si cabe lo que menos se conoce del llamado “dulce obispo” o “dulce doctor”.

Incansable predicador, apologeta, y conquistador de almas para Dios, con una extrema dulzura, que tuvo que trabajar y corregir día día durante su vida desde siempre, ya que se cuenta que de joven gastaba genio fuerte.

No se lo pensaba dos veces en escribir hojas, que el mismo colocaba por debajo de las puertas, para atraer almas a Dios; lo que le valió el título de patrón de los periodistas.

Sus obras, de una devoción y de teología práctica exquisitas, fueron ya traducidas a múltiples idiomas en su vida; e históricamente han formado parte de la principal biblioteca espiritual de la iglesia católica.

No en vano es un reconocido Doctor de la Iglesia; e imperdible, y libro de cabecera para todos los católicos su “Introducción a la vida devota”.

Quizá alguno no sepa que los salesianos deben su nombre a este gran santo, ya que San Juan Bosco los puso bajo su patronazgo. De hecho los Salesianos se llaman a oficialmente sociedad de San Francisco de Sales.

Gran bien haría a nuestra Iglesia retomar de nuevo las sendas de Santos como él; de igual modo que a la sociedad salesiana retomar de nuevo las sendas del gran San Juan Bosco.

Sigamos rezando por ello.

¡Y porque hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga!

¡Feliz día de la Virgen de Guadalupe! 

Vicente Montesinos

El martes 12 de diciembre de 1531, la Virgen de Guadalupe se le apareció por cuarta ocasión al indígena Juan Diego. El hecho sucedió muy de mañana cuando el nativo de Cuautitlán salió en busca de ayuda para su tío enfermo. 

La Patrona de México se encontró con el humilde indito junto al Pocito donde le dijo que su tío ya se encontraba sano. Así pues, le pidió que subiera a la cumbre del cerro del Tepeyac donde encontraría unas rosas, en una época y en un lugar donde no florecían, las cuales podría reunir y llevar ante el señor obispo como una prueba de sus milagrosos encuentros en los que solicitaba la construcción de un templo en las cercanías del lugar.

Hacia el medio día, Juan Diego fue recibido por el obispo Zumárraga, quien presenció cómo del ayate de Juan Diego, caían varias rosas de Castilla, al mismo tiempo que de la manta se revelaba la imagen de la Virgen de Guadalupe.
Hoy su imagen tiene ya 486 años; y la patrona de México, de Filipinas y de toda America es venerada con gran devoción. 

¡Virgen de Guadalupe; en estos graves momentos; ruega por tu Iglesia y por nosotros! 

De Juan Claudio Sanahuja; y la necesidad de más hombres así…

Vicente Montesinos

 

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El Padre Juan Claudio Sanahuja; fallecido en diciembre de 2016 a los 69 años. 

 

Dice mi hermano Arturo que tenemos un ejemplo de otro gran profeta de los últimos tiempos, que no se cansó de denunciar la reingeniería social y las mentiras de la ONU: Juan Claudio Sanahuja. No se equivoca.

Yo no quiero dejar de hacerle mi pequeño homenaje a Monseñor Sanahuja (​por su empeño, en 2011, Benedicto XVI le otorgó el título de Capellán de Su Santidad) fallecido el pasado diciembre. Porque es necesario, en estos tiempos revueltos, que no olvidemos el legado de estos hombres de Iglesia, que, literalmente, y si se me permite la expresión, se partieron la cara por ella.

Este cura argentino (querido hermano Juan; de Argentina llegaban cosas muy buenas…) llegó a ser, desde su sencillez, consultor del Vaticano, sin buscarlo, y sobre todo, especialista en lo que podríamos llamar la “ideología” de las Naciones Unidas. Además fue un incansable defensor, desde la sana doctrina, de la vida humana y la familia; sobre las que se nos pide apostatar, justamente para entrar en ese “orden”, que el padre Sanahuja ya preveía, y denunciaba.

Su libro; visionario, audaz, clarividente, y adelantado a su tiempo, llamado  “Poder Global y Religión Universal”; explica a las mil maravillas lo que se nos venía encima y tantos temíamos, y como Sanahuja bien sabía, ya está aquí: el intento de crear un Gobierno Mundial y una nueva religión universal (que no es la cristiana, se lo aseguro, aunque desde dentro de nosotros mismos parece que a veces trabajemos en ello).

Ordenado sacerdote en 1972; pertenecía al clero de la Prelatura del Opus Dei; y fue profesor del Studium Generale de la Prelatura del Opus Dei en Argentina; además, entre otras cosas, de asesor del Vaticano con Juan Pablo II y Benedicto XVI.

 

Ordenado sacerdote en 1972; pertenecía al clero de la Prelatura del Opus Dei; y fue profesor del Studium Generale de la Prelatura del Opus Dei en Argentina; además, entre otras cosas, de asesor del Vaticano con Juan Pablo II y Benedicto XVI.

 

Fue un ejemplo claro para todos los que pensamos que se puede ceder, pero hasta donde empieza la traición a Cristo.

Padre Juan Claudio. ¡Cuanta falta nos hacen hombres como usted! Desde la Gloria Eterna, desde donde contempla esos pasos terribles hacia el Nuevo Orden Mundial; ayúdenos, con su intercesión, a los que queremos luchar contra ello; y poco sabemos, a no cesar en la batalla.

E interceda mucho por los pastores que no luchan contra los proyectos malévolos de la ONU, omitiendo su deber de denunciarlos. Para que dejen de confundir a la Iglesia que prometieron defender y santificar.

Porque como bien señalaba Arturo… “de Dios nadie se burla”. (Gal.6,7)

 

 

 

 

 

 

San Pío de Pietrelcina. “Un crucificado sin cruz”. 23 de septiembre. Semblanza y oracion. 

Celebramos hoy, 23 de septiembre, la memoria de este gran santo de nuestro tiempo. 

“En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor”, repetía. 

En el seguimiento y la imitación de Cristo Crucificado fue tan generoso que hubiera podido decir «con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gal 2, 19).
Derramó sin parar los tesoros de la gracia que Dios le había concedido con especial generosidad a través de su ministerio, sirviendo a los hombres y mujeres que se acercaban a él, cada vez más numerosos, y engendrado una inmensa multitud de hijos e hijas espirituales.

“Este es uno de esos hombres extraordinarios que Dios envía a la tierra de vez en cuando para la conversión de los hombres”, dijo al Papa Benedicto XV un Obispo de Uruguay luego de visitar al Padre Pío.

Con esas palabras, el Prelado supo dar a la figura del fraile capuchino toda su dimensión: es la visita que Dios hace a la Humanidad en determinadas épocas, para indicarle el camino a la salvación. 

Con su inmensa popularidad y sus asombrosos dones sobrenaturales, San Pío de Pietrelcina fue, por encima de todo, un alma crucificada, ofrecida como víctima voluntaria por el mundo, sumida en un permanente coloquio con el Señor. 

De esas íntimas profundidades emerge la fuerza con la cual llegó a identificarse por entero con Cristo. Los estigmas de la Pasión son el sello exterior de esa unión mística entre el Creador y su criatura.

Os dejo una oración al Padre Pío, y pidámosle incesantemente intercesión por la Iglesia y el mundo, en estos cruciales momentos

                                               Vicente Montesinos

                                 ORACION 


Bienaventurado P. Pio, testigo de fe y de amor. Admiramos tu vida como fraile Capuchino, como sacerdote y como testigo fiel de Cristo. El dolor marcó tu vida y te llamamos “Un crucificado sin Cruz”.

El amor te llevó a preocuparte por los enfermos, a atraer a los pecadores, a vivir profundamente el misterio de la Eucaristía y del perdón.

Fuiste un poderoso intercesor ante Dios en tu vida, y sigues ahora en el cielo haciendo bien e intercediendo por nosotros.

Queremos contar con tu ayuda. Ruega por nosotros.
Lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Oración a San Tarsicio. 14 de agosto. Semblanza y oración. 


Mártir de la Eucaristía, siglo III. Primer mártir niño de la Eucaristía, patrón de los Adoradores niños de todo el mundo, y de los monaguillos y de los niños que toman la primera comunión. San Tarsicio, ruega por todos los adoradores, especialmente los más jóvenes. 



Martirologio Romano. “En Roma, en la Vía Apia, el martirio de San Tarsicio, acólito. Los paganos le encontraron cuando transportaba el sacramento del Cuerpo y Sangre de Cristo y le preguntaron que llevaba. Tarsicio, no quería arrojar las perlas a los puercos y se negó a responder; los paganos le apedrearon y apalearon hasta que exhaló el último suspiro, pero no pudieron encontrar el sacramento de Cristo ni en sus manos, ni en sus vestidos. Los cristianos recogieron el cuerpo del mártir y le dieron honrosa sepultura en el cementerio de Calixto”. 

En un poema, el Papa San Dámaso (siglo IV) cuenta que Tarsicio prefirió una muerte violenta en manos de una turba, antes que “entregar el Cuerpo del Señor”. Lo compara con San Esteban, que murió apedreado por su testimonio de Cristo. 
Según la tradición al joven Tarsicio se le confió llevar la comunión a algunos cristianos que estaban prisioneros, durante la persecución de Valeriano. 
El santo fue sepultado en el cementerio de San Calixto. No se ha identificado su sepultura. La iglesia de San Silvestre in Capite dice tener su reliquia.
Su fiesta se celebra el 14 de Agosto.

Oración 

San Tarcisio: mártir de la Eucaristía, pídele a Dios que todos y en todas partes demostremos un inmenso amor y un infinito respeto al Santísimo Sacramento donde está nuestro amigo Jesús, con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad

¡Hoy celebramos al Santo Cura de Ars!

 

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Ante el cuerpo del Santo, en Ars (Foto: Adoración y Liberación)

 

Hoy, 4 de agosto, celebramos la memoria de San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars; que desde la humildad y el servicio; llegó desde un confesionario en un pequeñísimo pueblo de Francia, a conquistar los corazones de medio mundo; hasta el punto de que hoy es Patrono de todos los Sacerdotes de la Tierra.

Recuperamos en el día de hoy, por su enorme interés, las palabras dadas por Su Santidad el Papa Benedicto XVI, en la Audiencia General del día de la fiesta del Santo en Castelgandolfo, en el año 2009. No tienen desperdicio. Dios os bendiga y San Juan María os proteja. ¡Y felicidades a todos los sacerdotes!

 

Vicente Montesinos

 

 

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En Ars (Foto: Adoración y Liberación)

 

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

Palacio pontificio de Castelgandolfo
Miércoles 5 de agosto de 2009

San Juan María Vianney, cura de Ars

Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis de hoy quiero recorrer de nuevo la vida del santo cura de Ars subrayando algunos de sus rasgos, que pueden servir de ejemplo también para los sacerdotes de nuestra época, ciertamente diferente de aquella en la que él vivió, pero en varios aspectos marcada por los mismos desafíos humanos y espirituales fundamentales. Precisamente ayer se cumplieron 150 años de su nacimiento para el cielo: a las dos de la mañana del 4 de agosto de 1859 san Juan Bautista María Vianney, terminado el curso de su existencia terrena, fue al encuentro del Padre celestial para recibir en herencia el reino preparado desde la creación del mundo para los que siguen fielmente sus enseñanzas (cf. Mt 25, 34). ¡Qué gran fiesta debió de haber en el paraíso al llegar un pastor tan celoso! ¡Qué acogida debe de haberle reservado la multitud de los hijos reconciliados con el Padre gracias a su obra de párroco y confesor! He querido tomar este aniversario como punto de partida para la convocatoria del Año sacerdotal que, como es sabido, tiene por tema: “Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote”. De la santidad depende la credibilidad del testimonio y, en definitiva, la eficacia misma de la misión de todo sacerdote.

Juan María Vianney nació en la pequeña aldea de Dardilly el 8 de mayo de 1786, en el seno de una familia campesina, pobre en bienes materiales, pero rica en humanidad y fe. Bautizado, de acuerdo con una buena costumbre de esa época, el mismo día de su nacimiento, consagró los años de su niñez y de su adolescencia a trabajar en el campo y a apacentar animales, hasta el punto de que, a los diecisiete años, aún era analfabeto. No obstante, se sabía de memoria las oraciones que le había enseñado su piadosa madre y se alimentaba del sentido religioso que se respiraba en su casa.

Los biógrafos refieren que, desde los primeros años de su juventud, trató de conformarse a la voluntad de Dios incluso en las ocupaciones más humildes. Albergaba en su corazón el deseo de ser sacerdote, pero no le resultó fácil realizarlo. Llegó a la ordenación presbiteral después de no pocas vicisitudes e incomprensiones, gracias a la ayuda de prudentes sacerdotes, que no se detuvieron a considerar sus límites humanos, sino que supieron mirar más allá, intuyendo el horizonte de santidad que se perfilaba en aquel joven realmente singular. Así, el 23 de junio de 1815, fue ordenado diácono y, el 13 de agosto siguiente, sacerdote. Por fin, a la edad de 29 años, después de numerosas incertidumbres, no pocos fracasos y muchas lágrimas, pudo subir al altar del Señor y realizar el sueño de su vida.

El santo cura de Ars manifestó siempre una altísima consideración del don recibido. Afirmaba: “¡Oh, qué cosa tan grande es el sacerdocio! No se comprenderá bien más que en el cielo… Si se entendiera en la tierra, se moriría, no de susto, sino de amor” (Abbé Monnin, Esprit du Curé d’Ars, p. 113). Además, de niño había confiado a su madre: “Si fuera sacerdote, querría conquistar muchas almas” (Abbé Monnin, Procès de l’ordinaire, p. 1064). Y así sucedió. En el servicio pastoral, tan sencillo como extraordinariamente fecundo, este anónimo párroco de una aldea perdida del sur de Francia logró identificarse tanto con su ministerio que se convirtió, también de un modo visible y reconocible universalmente, en alter Christus, imagen del buen Pastor que, a diferencia del mercenario, da la vida por sus ovejas (cf. Jn 10, 11). A ejemplo del buen Pastor, dio su vida en los decenios de su servicio sacerdotal. Su existencia fue una catequesis viviente, que cobraba una eficacia muy particular cuando la gente lo veía celebrar la misa, detenerse en adoración ante el sagrario o pasar muchas horas en el confesonario.

El centro de toda su vida era, por consiguiente, la Eucaristía, que celebraba y adoraba con devoción y respeto. Otra característica fundamental de esta extraordinaria figura sacerdotal era el ministerio asiduo de las confesiones. En la práctica del sacramento de la Penitencia reconocía el cumplimiento lógico y natural del apostolado sacerdotal, en obediencia al mandato de Cristo: “A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Jn 20, 23).

Así pues, san Juan María Vianney se distinguió como óptimo e incansable confesor y maestro espiritual. Pasando, “con un solo movimiento interior, del altar al confesonario”, donde transcurría gran parte de la jornada, intentó por todos los medios, en la predicación y con consejos persuasivos, que sus feligreses redescubriesen el significado y la belleza de la Penitencia sacramental, mostrándola como una íntima exigencia de la Presencia eucarística (cf. Carta a los sacerdotes para el Año sacerdotal).

Los métodos pastorales de san Juan María Vianney podrían parecer poco adecuados en las actuales condiciones sociales y culturales. De hecho, ¿cómo podría imitarlo un sacerdote hoy, en un mundo tan cambiado? Es verdad que los tiempos cambian y que muchos carismas son típicos de la persona y, por tanto, irrepetibles; sin embargo, hay un estilo de vida y un anhelo de fondo que todos estamos llamados a cultivar. Mirándolo bien, lo que hizo santo al cura de Ars fue su humilde fidelidad a la misión a la que Dios lo había llamado; fue su constante abandono, lleno de confianza, en manos de la divina Providencia.

Logró tocar el corazón de la gente no gracias a sus dotes humanas, ni basándose exclusivamente en un esfuerzo de voluntad, por loable que fuera; conquistó las almas, incluso las más refractarias, comunicándoles lo que vivía íntimamente, es decir, su amistad con Cristo. Estaba “enamorado” de Cristo, y el verdadero secreto de su éxito pastoral fue el amor que sentía por el Misterio eucarístico anunciado, celebrado y vivido, que se transformó en amor por la grey de Cristo, los cristianos, y por todas las personas que buscan a Dios.

Su testimonio nos recuerda, queridos hermanos y hermanas, que para todo bautizado, y con mayor razón para el sacerdote, la Eucaristía “no es simplemente un acontecimiento con dos protagonistas, un diálogo entre Dios y yo. La Comunión eucarística tiende a una transformación total de la propia vida. Con fuerza abre de par en par todo el yo del hombre y crea un nuevo nosotros” (Joseph Ratzinger, La Comunione nella Chiesa, p. 80).

Así pues, lejos de reducir la figura de san Juan María Vianney a un ejemplo, aunque sea admirable, de la espiritualidad católica del siglo XIX, es necesario, al contrario, percibir la fuerza profética, de suma actualidad, que distingue su personalidad humana y sacerdotal. En la Francia posrevolucionaria que experimentaba una especie de “dictadura del racionalismo” orientada a borrar la presencia misma de los sacerdotes y de la Iglesia en la sociedad, él vivió primero -en los años de su juventud- una heroica clandestinidad recorriendo kilómetros durante la noche para participar en la santa misa. Luego, ya como sacerdote, se caracterizó por una singular y fecunda creatividad pastoral, capaz de mostrar que el racionalismo, entonces dominante, en realidad no podía satisfacer las auténticas necesidades del hombre y, por lo tanto, en definitiva no se podía vivir.

Queridos hermanos y hermanas, a los 150 años de la muerte del santo cura de Ars, los desafíos de la sociedad actual no son menos arduos; al contrario, tal vez resultan todavía más complejos. Si entonces existía la “dictadura del racionalismo”, en la época actual reina en muchos ambientes una especie de “dictadura del relativismo”. Ambas parecen respuestas inadecuadas a la justa exigencia del hombre de usar plenamente su propia razón como elemento distintivo y constitutivo de la propia identidad. El racionalismo fue inadecuado porque no tuvo en cuenta las limitaciones humanas y pretendió poner la sola razón como medida de todas las cosas, transformándola en una diosa; el relativismo contemporáneo mortifica la razón, porque de hecho llega a afirmar que el ser humano no puede conocer nada con certeza más allá del campo científico positivo. Sin embargo, hoy, como entonces, el hombre “que mendiga significado y realización” busca continuamente respuestas exhaustivas a los interrogantes de fondo que no deja de plantearse.

Tenían muy presente esta “sed de verdad”, que arde en el corazón de todo hombre, los padres del concilio ecuménico Vaticano ii cuando afirmaron que corresponde a los sacerdotes, “como educadores en la fe”, formar “una auténtica comunidad cristiana” capaz de preparar “a todos los hombres el camino hacia Cristo” y ejercer “una auténtica maternidad” respecto a ellos, indicando o allanando a los no creyentes “el camino hacia Cristo y su Iglesia”, y siendo para los fieles “estímulo, alimento y fortaleza para el combate espiritual” (cf.Presbyterorum ordinis, 6).

La enseñanza que al respecto sigue transmitiéndonos el santo cura de Ars es que en la raíz de ese compromiso pastoral el sacerdote debe poner una íntima unión personal con Cristo, que es preciso cultivar y acrecentar día tras día. Sólo enamorado de Cristo, el sacerdote podrá enseñar a todos esta unión, esta amistad íntima con el divino Maestro; podrá tocar el corazón de las personas y abrirlo al amor misericordioso del Señor. Sólo así, por tanto, podrá infundir entusiasmo y vitalidad espiritual a las comunidades que el Señor le confía.

Oremos para que, por intercesión de san Juan María Vianney, Dios conceda a su Iglesia el don de santos sacerdotes, y para que aumente en los fieles el deseo de sostener y colaborar con su ministerio. Encomendemos esta intención a María, a la que precisamente hoy invocamos como Virgen de las Nieves.

 

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Cama donde murió San Juan María en Ars (Foto: Adoración y Liberación) 

17 de mayo: hoy celebramos a San Pascual Baylón, patrón mundial de los adoradores y las asociaciones eucarísticas. 


San Pascual Bailón fue un fraile franciscano que amó tanto y dedicó tantas horas de su vida al Santísimo Sacramento del Altar, que fue declarado Patrono de los Congresos Eucarísticos y Asociaciones Eucarísticas, y de la Adoración Nocturna,  por León XIII el 28 de noviembre de 1897.
Aunque este santo apenas sabía leer y escribir, era capaz de expresarse con gran elocuencia sobre la presencia de Jesús en la Eucaristía. Tenía el don de ciencia infusa, es decir, poseía un vasto conocimiento teológico sin estudio alguno, lo que sorprendió a sus maestros que solían realizarle preguntas complejas.
Pascual Bailón nació en Torrehermosa en el reino de Aragón (España) el 24 de mayo de 1540. El día de su nacimiento coincidió con la fiesta de Pentecostés, llamada en España “la Pascua del Espíritu Santo”, y por tal motivo recibió de nombre Pascual.

Sus padres fueron campesinos y él también se dedicó a este oficio desde los 7 hasta los 24 años; edad a la que ingresó al convento de los frailes menores (franciscanos) de Albatera.
Debido a su poca instrucción los franciscanos le asignaron oficios humildes. Fue portero, cocinero, mandadero y barrendero.
Su tiempo libre lo dedicaba a la adoración Eucarística, de rodillas con los brazos en cruz. Por las noches pasaba horas ante el Santísimo Sacramento. Continuaba su adoración tarde en la noche y por la madrugada estaba en la capilla antes que los demás.
Tiempo después fue enviado a París a entregar una carta al general de la orden, y en el trayecto “abiertamente profesó la verdad de la Eucaristía entre los herejes y, por ello, tuvo que pasar por graves pruebas” (Breve apostólico Providentíssimus del Papa León XIII). Entre aquellas pruebas se presentó un atento de asesinato.
Pascual falleció en España el 15 de mayo de 1592, durante el Domingo de Pentecostés, y se sabe que obró muchos milagros después de su muerte.
Fue beatificado el 29 de octubre de 1618 por el Papa Pablo V y canonizado el 16 de octubre de 1690 por el Papa Alejandro VIII.

Su culto floreció sobre todo en su tierra natal y en el sur de Italia y se difundió ampliamente España y América del Sur.
San Pascual, patrón de los adoradores, ruega por nosotros, y haz que florezca cada vez más en nosotros el amor a la Eucaristía.

¡Hoy hace 12 años que San Juan Pablo II pasó a la casa del Padre!


Luego de un largo sufrimiento, Juan Pablo II fallece el 2 de abril de 2005 a las 21.37 hora de Roma, y en su semblante se refleja la serenidad.
Su cuerpo fue colocado en la Sala Clementina, donde recibió un homenaje de la Curia.

“El Papa de todos se fue y nos dejó inmersos en la tristeza”, decían miles de feligreses congregados en el lugar, quienes, a la vez rompieron en aplausos que se prolongaron por varios minutos.
Juan Pablo II dejó un mensaje escrito con motivo del Regina Coeli, la plegaria mariana que sustituía al Angelus, el que fue leído por el arzobispo Leonardo Sandri en la primera misa después de su muerte.
Parte del mensaje enfatizaba en la necesidad que tiene el mundo de comprender y de acoger la Divina Misericordia de Dios.
El 30 de abril de 2011  féretro de Juan Pablo II fue trasladado de su sepultura en las grutas del Vaticano a la tumba de San Pedro, para posteriormente pasar a la Basílica de San Pedro, donde sería beatificado por el papa Benedicto XVI.
Posteriormente, sería canonizado por el Papa Francisco.
En este domingo, recemos incesantemente pidiendo la protección, el amparo, la ayuda y la intercesión de este gran santo De la Iglesia y del mundo. El santo de la familia, el santo de los jóvenes, el santo de la vida actual, el santo del Rosario, el santo de todo el planeta, el santo de María,el santo de las masas y de cada uno, el santo de la misericordia, el santo de la eucaristía. El grande de Dios.

Con toda la Iglesia decimos:
¡Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo dónanos tu bendición!

Bendice a la Iglesia, que tú has amado, servido, y guiado, animándola a caminar con coraje por los senderos del mundo para llevar a Jesús a todos y a todos a Jesús.

Bendice a los jóvenes, que han sido tu gran pasión. Concédeles volver a soñar, volver a mirar hacia lo alto para encontrar la luz, que ilumina los caminos de la vida en la tierra.

Bendice las familias, ¡bendice cada familia!

Tú advertiste el asalto de Satanás contra esta preciosa e indispensable chispita de Cielo, que Dios encendió sobre la tierra. San Juan Pablo, con tu oración protege las familias y cada vida que brota en la familia.
Ruega por el mundo entero, todavía marcado por tensiones, guerras e injusticias. Tú te opusiste a la guerra invocando el diálogo y sembrando el amor: ruega por nosotros, para que seamos incansables sembradores de paz.

Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo, donde te vemos junto a María, haz descender sobre todos nosotros la bendición de Dios. Amén.

VICENTE MONTESINOS

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