Luego de un largo sufrimiento, Juan Pablo II fallece el 2 de abril de 2005 a las 21.37 hora de Roma, y en su semblante se refleja la serenidad.
Su cuerpo fue colocado en la Sala Clementina, donde recibió un homenaje de la Curia.

“El Papa de todos se fue y nos dejó inmersos en la tristeza”, decían miles de feligreses congregados en el lugar, quienes, a la vez rompieron en aplausos que se prolongaron por varios minutos.
Juan Pablo II dejó un mensaje escrito con motivo del Regina Coeli, la plegaria mariana que sustituía al Angelus, el que fue leído por el arzobispo Leonardo Sandri en la primera misa después de su muerte.
Parte del mensaje enfatizaba en la necesidad que tiene el mundo de comprender y de acoger la Divina Misericordia de Dios.
El 30 de abril de 2011  féretro de Juan Pablo II fue trasladado de su sepultura en las grutas del Vaticano a la tumba de San Pedro, para posteriormente pasar a la Basílica de San Pedro, donde sería beatificado por el papa Benedicto XVI.
Posteriormente, sería canonizado por el Papa Francisco.
En este domingo, recemos incesantemente pidiendo la protección, el amparo, la ayuda y la intercesión de este gran santo De la Iglesia y del mundo. El santo de la familia, el santo de los jóvenes, el santo de la vida actual, el santo del Rosario, el santo de todo el planeta, el santo de María,el santo de las masas y de cada uno, el santo de la misericordia, el santo de la eucaristía. El grande de Dios.

Con toda la Iglesia decimos:
¡Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo dónanos tu bendición!

Bendice a la Iglesia, que tú has amado, servido, y guiado, animándola a caminar con coraje por los senderos del mundo para llevar a Jesús a todos y a todos a Jesús.

Bendice a los jóvenes, que han sido tu gran pasión. Concédeles volver a soñar, volver a mirar hacia lo alto para encontrar la luz, que ilumina los caminos de la vida en la tierra.

Bendice las familias, ¡bendice cada familia!

Tú advertiste el asalto de Satanás contra esta preciosa e indispensable chispita de Cielo, que Dios encendió sobre la tierra. San Juan Pablo, con tu oración protege las familias y cada vida que brota en la familia.
Ruega por el mundo entero, todavía marcado por tensiones, guerras e injusticias. Tú te opusiste a la guerra invocando el diálogo y sembrando el amor: ruega por nosotros, para que seamos incansables sembradores de paz.

Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo, donde te vemos junto a María, haz descender sobre todos nosotros la bendición de Dios. Amén.

VICENTE MONTESINOS

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