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Adoración y Liberación

Por Vicente Montesinos

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Buenismo

¡Feliz, integrador, misericordioso, viscoso, moderno, guay, enrollado e inclusivo 2018!

Vicente Montesinos

 

 

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Todos somos hijos de Dios… ¡Qué maravilla!

Especialmente son hijos de Dios los que menos creen en Él. Los que no le tienen Fe. Los que le rechazan.

¡Decir que los que tienen fe agradan a Dios es discriminatorio, es excluyente, además de ser políticamente incorrecto! Como bien dice mi hermano Juan; “no está a la altura de los vientos del Sistema”

 

¡Decir que los que tienen fe agradan a Dios es discriminatorio, es excluyente, además de ser políticamente incorrecto! Como bien dice mi hermano Juan; “no está a la altura de los vientos del Sistema”

 

¿Piensas que los que creen en Dios le placen? ¡Perdiste el Tren del Sistema!

Hazte un favor: escucha y lee a Bergoglio. Empápate del Magisterio de la ONU; y renuévate, por favor.

¡Es el Nuevo Orden Mundial!

 

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En este nuevo año ya tienes una tarea: ¡recíclate, que te quedas atrás! ¡No te pase como a mí!

Yo entre tanto; fanático y carca-tradicional, seguiré leyendo aquello de: “el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del Evangelio de la Gloria de Cristo, que es la imagen de Dios” (II Cor. 4,4)

Pero tú; no hagas como yo, hombre. ¡Aprovecha el viento nuevo! ¡Tú que puedes!

Y así, si Dios (con perdón) quiere, dentro de un año, podré escribirte de nuevo y decirte:¡Colega, veo que ya te graduaste y dejaste de ser un rígido y fanático de la Iglesia Católica! ¡Noto que pasaste del fanatismo al diálogo de la buena onda y los puentes del acompañamiento!

¡Felicidades, pues ya eres todo un progremodernista bergogliano¡ Y entonces ,de ahora en adelante… ¿Quién soy yo para juzgarte?

¡Feliz, integrador, misericordioso, viscoso, moderno, guay, enrollado e inclusivo 2018!

Los diez mandamientos de la Ley de Bergoglio

Vicente Montesinos

 

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Ya hace tres años que el Papa Francisco en una entrevista publicada por una revista argentina hablaba de “Los 10 consejos del Papa Francisco para la Felicidad y la Paz”. Aquello fue uno de los escándalos que a muchos nos hicieron abrir definitivamente los ojos sobre la locura de este pontificado. La gran mayoría se lo tomó como las frases “guays y molonas de este papa tan molón”, que parecía Paulo Coelho repartiendo lecciones de autoayuda.

Todas las lecciones que quisieramos, menos nombrar a Dios. Los diez mandamientos de un Papa donde Dios no aparece.

Hasta entonces creíamos, y unos pocos locos aún lo seguimos creyendo; que la Felicidad y la Paz la dan seguir la voluntad de Dios Todopoderoso, estar unidos a Él y a la Virgen María; y buscar la salvación de nuestra alma y la de los demás, dentro del plan maravilloso que Dios tiene para cada uno de nosotros, y que nos vino a mostrar por medio de su Hijo encarnado, presente desde entonces, ahora y siempre en el Santísimo Sacramento del Altar. Pero no era así.

Vuelvo a sacar esto a la luz porque, de la lectura de este texto (en opinión personal, e imagino que pronto criticada, repulsivo, si se me permite, cuando habla de como tenemos que alcanzar la paz los cristianos) , muchos creyeron ver algo inofensivo.

 

Vuelvo a sacar esto a la luz porque, de la lectura de este texto (en opinión personal, e imagino que pronto criticada, repulsivo, si se me permite, cuando habla de como tenemos que alcanzar la paz los cristianos) , muchos creyeron ver algo inofensivo.

 

Pero tres años después, todo se entiende… Los mandamientos de la “misericorditis”, lo banal, lo asquerosamente bañado en corrección política, el relativismo más soez, el buenismo, y la venta al mundo de nuestros valores bimilenarios encarnados en la Sana Doctrina; fueron mucho más que eso…

Fueron “Los Diez mandamientos de la Ley de Bergoglio”; capaz de sustituir a los de la Ley de Dios. Fueron un programa de Pontificado… Que desde luego, se ha desarrollado, sin tapujos.

Por si alguien tiene la suerte de no recordarlos; voy a refrescárselo en este momento; y así siento la alegría de seguir contribuyendo, con estas pequeñas (o no tan pequeñas) mortificaciones, a la salvación de muchas almas.

 

Por si alguien tiene la suerte de no recordarlos; voy a refrescárselo en este momento; y así siento la alegría de seguir contribuyendo, con estas pequeñas (o no tan pequeñas) mortificaciones, a la salvación de muchas almas

 

Pero como no quiero ser en exceso cruel; les pongo solo el titular, y les ahorro el desarrollo de cada uno; que da para escribir 10 novelas sobre la insulsez y la superficialidad de lo que han pasado a ser los mandamientos de “nuestra ley”.

Ahí van:

 

1) Vive y deja vivir
2) Darse a los demás
3) Ser humilde
4) Juega con tus hijos
5) Compartir los domingos en familia
6) Ayudar a los jóvenes
7) Cuidar la naturaleza
8) Olvidarse rápido de lo negativo
9) Respetar al que piensa distinto
10)Buscar siempre la paz

 

Ale. Ya lo han recordado. El decálogo de Bergoglio.

Y me pregunto yo; inquieto de mí:

“¿Decálogo de Bergoglio? ¿Y es que a Bergoglio no le gustan los 10 Mandamientos de la Ley de Dios, que ha tenido que dictar los suyos propios?

 

“¿Decálogo de Bergoglio? ¿Y es que a Bergoglio no le gustan los 10 Mandamientos de la Ley de Dios, que ha tenido que dictar los suyos propios?

 

¿Qué tienen que ver estas sinfustadas con la Ley del Señor? ¿Acaso ser humilde o jugar con los hijos o compartir tiempo con la familia y cuidar la naturaleza no entra dentro de las obligaciones de cualquier buen cristiano?

¿Ya está? ¿Este el el tope máximo?

¿Dónde se nombra a Dios en los 10 mandamientos? ¿Ya no hay que amar a Dios sobre todas las cosas?

¿Desde cuando “vive y deja vivir” es una conducta católica? ¿No tenemos que implicarnos más allá en la salvación de las almas?

¿Buscar la paz a toda costa, no? ¿Aún a la de traicionar a Dios y su doctrina, Bergoglio?

¿Respetar todo lo distinto, aunque eso no respete a Nuestro Señor Jesucristo y su santa Pasión?

Y la naturaleza… Sí… Claro… La naturaleza… Que alejar almas del infierno no importa un pepino… Pero salvar el Delfín del río Irrawaddy, que es un curioso habitante de aguas dulces del sur y sureste de Asia, que muere porque asciende el nivel de salinidad en las aguas, es más que trascendental…

Si siguiera desarrollando en cada “tip” de Francisco las barbaridades que se esconden al querer pontificar desde ellos como si fueran los mandamientos que nos darán la Paz y la Felicidad (conceptos ya vaciados de su sentido cristiano; y no digamos ya, del componente de cruz y corredención que es nuestro camino de salvación) les aburriría. No. Les agobiaría. No. Les mataría de dolor y melancolía.

Y la verdad, no hace falta que desarrolle mucho más: el desarrollo lo han visto todos ustedes: es el propio pontificado de Francisco.

 

¿Don Antonio, qué le ocurre?

Vicente Montesinos

 

 

 

 

Es mi Obispo. Lo he defendido muchas veces.  ¡Muchas! Siempre he dicho que era uno de los pocos que sostenían con valentía la doctrina; pese al Pontificado de Bergoglio; y sin arredrarse. Y que con él como pastor me sentía cómodo.

De hecho, no es secreto que Don Antonio Cañizares, hombre de gran valía intelectual, era una de las manos derechas de Su Santidad el Papa Benedicto XVI; y que al llegar Bergoglio al papado, hubo de salir de Roma; concediéndosele un retiro que fuera poco traumático para él, en este caso, en su Valencia; como Cardenal Arzobispo; entre tanto ascendían a quien realmente les interesaba, a Carlos Osoro, amigo de Francisco, de Valencia a Madrid.

Don Antonio, al que tuve la ocasión de conocer ya hace muchos años,  cuando él era Cardenal Primado en Toledo y un servidor Presidente Nacional de los Jóvenes de la Adoración Nocturna; a raíz de un encuentro que organizamos en Ocaña para jóvenes adoradores; desde entonces, antes y siempre se mantuvo firme en la defensa de la vida, la Eucaristía, la Adoración, la sana doctrina, la lucha contra la ideología de género, etc, etc, etc…

Sin embargo, y para mi pesar, lleva un tiempo irreconocible.

Hace unas semanas escribí un artículo, que les enlazo; que titulé “Cardenal Cañizares, tu quoque…‘”; a raíz de las celebraciones en torno al quinto centenario de la reforma de Lutero. Para pasmarse.

Y ahora nos sale, en la siguiente información, que también les enlazo; machacando la línea que últimamente ha tomado: la de dar mayor gloria a Bergoglio, y unirse a las alabanzas al actual Papa.

Que si “quien quiera ver el alma de Francisco debe de leer su último libro”…

Que si “le agradezco al Santo Padre esta reflexión suya, todo un regalo de Dios…”

Que si quién lea este libro se encontrará con el alma verdadera, lo más genuino de este Papa nuestro, verdadero regalo de Dios a la Iglesia en este comienzo de tercer milenio”.

Que si… “cuando uno lee este libro reza el Padrenuestro de verdad…”

Que si… “me he leído el libro del Papa en una noche…”

Que si le pide al Papa… “siga regalándonos cosas tan bellas, hondas, vivas, y sencillas como este libro”.

Don Antonio… ¿Qué le ocurre? Usted y yo sabemos que no necesita de este libro, ni que se lo ha leído ávido y emocionado en una noche, más que nada porque su formación teológica y doctrinal y la de Francisco no tienen ni comparación.

 

Don Antonio… ¿Qué le ocurre? Usted y yo sabemos que no necesita de este libro, ni que se lo ha leído ávido y emocionado en una noche, más que nada porque su formación teológica y doctrinal y la de Francisco no tienen ni comparación.

 

Usted y yo sabemos lo que piensa realmente de Francisco.

Usted y yo sabemos que a estas alturas de la batalla, ya nada tiene que perder.

Con usted he intentado tratar varias veces estos asuntos, a ver si podía darnos un poco de luz a tantos católicos confusos de nuestra querida Archidiócesis, pero es imposible. Los actos en que se me convoca son sólo para besarle su sagrada púrpura. Y las cartas que le remito nunca obtienen respuesta.

Así que solo me queda rezar por usted, pero de todo corazón; y pedir a Dios por caridad que usted no complete también el giro a la senda de la misericorditis, lo políticamente correcto y el buenismo imperante.

¡Usted no, Eminencia!

Con devoción filial.

Estamos en guerra…

Vicente Montesinos

 

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A cada uno de nosotros se nos ofrecen dos caminos: el del Mundo y el de Dios.

Este doble ofrecimiento desemboca en la imagen del conflicto que el Mundo y el Demonio oponen a Dios Todopoderoso.

Luego insisto, un día más: la opción es personal; y estamos en guerra. Una guerra sin cuartel entre el bien y el mal; donde no hay término medio.

 

Luego insisto, un día más: la opción es personal; y estamos en guerra. Una guerra sin cuartel entre el bien y el mal; donde no hay término medio.

 

Esto no me lo invento yo; y nos lo advirtió Nuestro Señor Jesucristo: “quién no está conmigo, está contra mí…; quién no recoge, desparrama…“. Sí, uno de esos pasajes más claros y trascendentales del Evangelio; sombreado, ocultado y licuado por el buenismo, el modernismo, la corrección política y la progresía que nos desgobiernan: las armas de Satanás.

Todos experimentamos una guerra interior constante entre el verdadero camino de Dios y el camino del Mundo. Más aún cuando nos ha tocado vivir una etapa en la que hasta desde dentro se nos ofrece “Mundo”. De ahí no solo la necesidad de optar, sino también la de resistir.

Cada uno de nosotros hemos de estar atentos a los puntos débiles que nos atenazan, y a los obstáculos que nosotros mismos ponemos a la acción de Dios. A la verdadera acción de Dios. A lo que Dios quiere para cada uno de nosotros y para su Iglesia, de la que formamos parte.

Examinemonos pues, cada uno de nosotros, y sigamos, en tiempos de confusión, el guión que nunca falla: Jesucristo, Eucaristía y María; Sagradas Escrituras, Magisterio bimilenario, Tradición y Sana Doctrina.

Y cuidado con los falsos profetas…

 

 

Aunque el General nos entregue; es el Rey mismo el que batalla…

Vicente Montesinos

 

 

Pasan los meses… Pasan los años… Y aquel pontificado que empezaba con unos entonces llamados “nuevos gestos” o “nuevos aires”; sigue, día a día, desmontando, cual andamio tras las obras, el depósito de la fe que Su Santidad debe custodiar más que nadie; y ordenar que se custodie, por habernos llegado desde Jesucristo hasta nuestros días, sin parón; y por formar el cuerpo que partiendo de Dios mismo, y las Sagradas Escrituras, se ha fundido a fuego lento de Espíritu Santo en el taller de la Santa Madre Iglesia durante 2000 años, vía Magisterio, Tradición y Sana Doctrina. Todo esto, en el pontificado de la Misericorditis, la Pachamama y los progremodernlights suena a chino (con perdón).

Los pocos que se atreven a preguntarse qué pasa (no digamos cuantos menos cuantos a responder) se atribulan cuestionándose: ¿Cómo es posible esto de la comunión de los divorciados? ¿Todo esto de la Amoris Laetitia? ¿Y esto de la celebración dela herejía luterana? ¿Y el arrinconamiento a los sanos y tradicionales católicos? ¿Pero como va a poder ser esto de la defenestración de los buenos servidores de Cristo? ¿Y el encumbramiento a los puestos de responsabilidad de todo tipo de LGTB’s, abortistas y demás lindezas…? ¿Ó lo de las madres conejas que tienen muchos hijos? ¿O la profanación de Iglesias para todo tipo de barbaridades? ¿O aquello de que todos van al cielo? ¿Y lo del buen rollo con los dictadores ateos de izquierdas? ¿Y el tremendo ecumenismo falso y mal entendido? ¿Y el silencio ante los preparativos en Irlanda para legalizar el matrimonio gay? ¿O el silencio cuando la Corte Suprema de Estados Unidos tomó el caso del matrimonio gay? ¿Y…? ¿Y…? ¿Y…? No acabaríamos.

¿Y en esta interminable lista solo pesados como Adoración y Liberación protestan? Estarán equivocados, porque… ¿Los cardenales que dicen? ¿Los obispos? ¿Los sacerdotes? ¿Las legiones de católicos adormecidos…? ¿Pero… como es posible que…?

Muchas preguntas. Muchas.

La respuesta a estas preguntas es que el actual pontificado y la gran mayoría de estructuras humanas que forman la Iglesia han decidido que el Espíritu que gobierne la misma no sea el Santo; sino el de los tiempos. Sí. El Espíritu de lo políticamente correcto.

 

La respuesta a estas preguntas es que el actual pontificado y la gran mayoría de estructuras humanas que forman la Iglesia han decidido que el Espíritu que gobierne la misma no sea el Santo; sino el de los tiempos. Sí. El Espíritu de lo políticamente correcto.

 

¿Y esto que es? Muy sencillo: las políticas mayoritarias mandan sobre las afirmaciones sanas y atemporales de la religión y la moralidad. La consecuencia: la regla no es la ordenada por Cristo; sino la de evitar cualquier ofensa, y ya no digamos, confrontación directa, con los poderes que sean. Y el resultado: un desmantelamiento práctico de la Iglesia militante.

Un desmantelamiento que empieza con el desastroso “abrirse al mundo” del Vaticano II (que fue dejarse gobernar por el  mundo); y que con los intentos de enderezamiento de San Juan Pablo II y de Benedicto XVI, y a pesar de todo su esfuerzo, es de nuevo llevado a la máxima expresión por Bergoglio, quién, ha llevado el pontificado de lo políticamente correcto a un nivel “top”, consiguiendo elogios constantes de gran parte del “mundo”, y la creación de un grave peligro para la Iglesia de Cristo sin precedentes en su historia.

Un papado pues que calla y no se enfrenta a los poderes del mundo sobre los males más aberrantes y anticristianos de nuestra época, y que ha dimitido (jerarquía incluida) de defender los principales bienes, la doctrina sana y la moral recta.

Un papado de lo políticamente correcto que ha hecho a la Iglesia retirarse de la batalla, tantas veces decisiva en la historia, contra el mal.

Y con el General en retirada; los altos cargos militares se han acuartelado detrás de él; y hasta los suboficiales hibernan en los barracones… Sólo unos cuantos soldados rasos mantienen la llama de Cristo y de su Evangelio, que nunca se apagará; ni siquiera cuando estos soldados (y todo se verá) sean juzgados mundanamente por traición. Aunque ellos tienen claro (se lo digo con conocimiento de causa) que el juicio que más temen es el del cielo; y que allí, esperan y confían obtener un buen veredicto, frente a los verdaderos traidores. Los que están llevando a la Iglesia y al mundo occidental hacia el abismo de la depravación, la apostasía, la herejía y la confusión.

 

Y con el General en retirada; los altos cargos militares se han acuartelado detrás de él; y hasta los suboficiales hibernan en los barracones… Sólo unos cuantos soldados rasos mantienen la llama de Cristo y de su Evangelio, que nunca se apagará; ni siquiera cuando estos soldados, y todo se verá, sean juzgados mundanamente por traición.

 

 

Dios mío, contigo seguiremos luchando; mientras tengamos vida y tu fuerza.

Porque aunque el General nos entregue, es el Rey mismo el que batalla.

¡Viva Cristo Rey!

“Vais a ir al infierno, porque no se puede juzgar…”

Vicente Montesinos

 

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Juzgar… Juzgar… Los que trabajamos civilmente “juzgando” o “haciendo ejecutar lo juzgado”; estamos acostumbrados a la típica broma del medio-catoliquillo de turno, diciéndote: “vais a ir al infierno, (en el que tampoco creen, por cierto) porque no se puede juzgar”; “no juzguéis y no seréis juzgados”; y demás mal traídas simpleces; que siempre nos tomamos a risa, y ya. Poco más.

Claro; como en muchas otras cosas; la anécdota se ha convertido en causa general; dentro de los “aires” de este “pontificado”; y aprovechándose por los medios de comunicación (y por tanto ya por todos) las palabras mencionadas por Bergoglio al finalizar la jornada mundial de la juventud en Brasil acerca del “juzgar”

Hoy la palabra “juzgar” en nuestros ámbitos ha sido tan mal interpretada que se ha hecho de ella un tabú; y hasta aquellos de los que se suponía un fuerte compromiso católico repiten con simplismo el cansino mantra: “no se debe juzgar nunca a nadie”.

Y eso es falso. No podemos sostener de modo general esa idea dentro de la Iglesia; y no estaría de más formarnos sobre el sentido de “juzgar” en la Biblia, para evitar que siga sucediendo lo que sucede hoy: que nos sigamos lavando las manos en mil situaciones terribles so pretexto de “no juzgar”.

Y es que entre la mala interpretación de la frase de Jesús: “no juzguéis y no seréis juzgados”; la alegría que produce el mal entendimiento de la misma en las almas laxas; y el relativismo imperante y potenciado desde las más altas esferas; se ha caído y se sigue cayendo en esta errónea actitud.

 

Hoy la palabra “juzgar” en nuestros ámbitos ha sido tan mal interpretada que se ha hecho de ella un tabú; y hasta aquellos de los que se suponía un fuerte compromiso católico repiten con simplismo el cansino mantra: “no se debe juzgar nunca a nadie”. 

 

Aprendamos pues a juzgar al estilo de Cristo; como él quiere, e incluso exige.

Para ello tengamos en cuenta en primer lugar que en el Antiguo Testamento juzgar es “shapat”; que tiene el sentido de guiar, liberar, reinar o discernir. Es pues “juzgar”, como se atestigua desde múltiples pasajes y en este contexto, algo tan bueno, que el rey más sabio pidió sabiduría para poder juzgar y así poder “discernir el bien del mal”.

Nótese entre otras Dt. 16, 18-20 (“Establecerás jueces y escribas para tus tribus en cada una de las ciudades que Yahveh te da; ellos juzgarán al pueblo con juicios justos”) y Lev 19,15 (“…que juzgarás con justicia a tu prójimo”.)

Juzgar es algo bueno, habitual y correcto, pues, siempre que se haga de manera justa. Ahí está el quid de la cuestión.

 

Pero podemos seguir con el Nuevo Testamento. No se crean. En él para juzgar se usa “krinete” y “anakrinetai”, provenientes del griego. La primera usada en “no juzguen para no ser juzgados”, y la segunda sin embargo como “discernir” o “juzgar para separar” (1 Corintios 2,14 o 1 Tesalonicenses 5,21) Pero es que hasta “krinete” es usada por si mismo de forma negativa y positiva. Lo que ocurre que al ser traducida al español la palabra juzgar tiene un significado diferente, al venir del latín “iudicare”, que significa “veredicto”; como ya nos explicara brillantemente el apologeta católico Martín Zavala. De forma que podamos entender, como dicho autor nos manifestaba, la existencia de los diversos sentidos de la palabra juzgar en la Biblia; que nos alejan de entender únicamente “juzgar” como malo; basándose en la frase de Nuestro Señor, que se refería a un aspecto concreto, contextual y etimológico muy específico de juzgar; y que hay que comprender en la globalidad de toda la Palabra de Dios.

¿O es que acaso no hizo San Pablo juicios muy duros? (2 Tim 3,8 “Del mismo modo que Janés y Jambrés se opusieron a Moisés, también ellos se oponen a la verdad. Son hombres de mente pervertida, descalificados en cuanto a la fe.”)

¿Y no juzgó San Pedro,  e incluso impuso castigo a Ananías y Sáfira. (Hech 5,1-11)

¿Juan el Bautista no llamó a los fariseos y saduceos “raza de víboras” (Mateo 3,7). Juzgó y duro.

El mismo Jesucristo después de que dijo no juzguen… en Mt 7,5 dice: “Hipócrita, saca primero el tronco que tienes en tu ojo y así verás mejor para sacar la pelusa del ojo de tu hermano”. El problema no es el juzgar, sino juzgar mal con actitudes fariseas u olvidando que todos somos pecadores.

 

Si seguimos con esta barata excusa de “no juzgar”  haciéndonos cómplices de cuanta injustica y pecado nos rodea, abandonando el juicio y el discernimiento, nos alejamos cada vez más de la Palabra de Dios y de lo que se nos exige, y más en estos tiempos

 

No podemos dejar pues de lado que juzgar es un necesario discernimiento cristiano (Heb 5,14, “A los adultos se les da el alimento sólido, pues han adquirido la sensibilidad interior y son capaces de distinguir lo bueno y lo malo”) Y que no se puede distinguir sin haber hecho antes un juicio. Recordemos 1 Tes 5,21 (“Examínenlo todo y quédense con lo bueno“;) y que sólo juzgando y emitiendo juicios somos capaces de distinguir lo malo y rechazarlo para quedarnos con lo bueno.

Luego invito vehementemente a la legión de buenistas que se rasgan las vestiduras modernas diciendo que nunca se debe de juzgar  a que entiendan que ellos mismos ya están haciendo un juicio y se alejan de la palabra de Dios y del sentido común que tanto urge en nuestro tiempo.

Si seguimos con esta barata excusa de “no juzgar”  haciéndonos cómplices de cuanta injustica y pecado nos rodea, abandonando el juicio y el discernimiento, nos alejamos cada vez más de la Palabra de Dios y de lo que se nos exige, y más en estos tiempos.

Si leyéramos más la biblia nos daríamos cuenta de que el juzgar con sano juicio es algo absolutamente bíblico; bueno, y necesidad y urgencia de nuestra época.

Y a los queridos hermanos católicos, desde lo más alto de la Iglesia hasta mí mismo, último de todos, que no deseen que se juzgue a nadie ni a nada; anotarles, por si no lo saben, que son hijos predilectos del relativismo y del individualismo; donde cada uno puede pensar, hacer y decir lo que quiera, y… ¡otra de gambas!
Dios es amor; sí, pero es a su vez un juez justo y misericordioso (Tobías 3,2), sólo que cada vez se nos licúa más su Palabra.

Enseñar marxismo en una universidad soviética…

Vicente Montesinos

 

 

La realidad de muchas de nuestras parroquias, es cada vez más, algo confusa, para quienes quieran mantenerse fieles a la sana doctrina. No podemos engañarnos.

Bajo el paraguas de la “apertura”, la “cercanía”, la “modernidad” y la “inclusión”; y con unos vientos que se han convertido en huracanes en este pontificado, estamos viendo personajes y conductas que, serían , seguramente, de gran valía en ONG’s o asociaciones de voluntarios para la Pachamama… Pero para transmitir el verdadero catecismo de la Iglesia Católica, como que… ya me entienden.

Conozco mucha gente de parroquias; muchos agentes pastorales, muchos catequistas… Son ya muchos años… Y desgraciadamente algunos de ellos son los típicos católicos “buenistas inclusivos”. ¿Qué significa esto? Pues muy sencillo: aquellos para los que todo vale. Ya saben: la homosexualidad no es criticable; el aborto hay que verlo en cada caso y no se puede juzgar en general; la eutanasia es cosa de la conciencia y de la libertad de cada uno; y todas esas cosas…

Conozco muchos chicos jóvenes por mi propia actividad como catequista y evangelizador durante muchos años… Y cuando hablo con ellos sobre si en Catequesis se les habló de cosas como “Jesucristo y sus apóstoles”, “las principales oraciones del cristiano”, “las obras de misericordia”, o los “novísimos”; no saben ni de que les estoy hablando.

 

Bajo el paraguas de la “apertura”, la “cercanía”, la “modernidad” y la “inclusión”; y con unos vientos que se han convertido en huracanes en este pontificado, estamos viendo personajes y conductas que, serían , seguramente, de gran valía en ONG’s o asociaciones de voluntarios para la Pachamama… Pero para transmitir el verdadero catecismo de la Iglesia Católica, como que… ya me entienden.

 

En definitiva. Han recibido la formación proviniente de esos batutizados progres, lights, y activistas de la “Iglesia”; que se supone que “trabajan” en la Evangelización; pero únicamente buscando el aplauso y la aceptación del mundo. Sí, del mundo.

¿Y esto como se hace?

Pues cogiendo la Palabra de Dios; y vaciándola de su contenido; mutilándola un poco; y dejándola bien aguada y licuada. Adulterada, vamos.

Si después el sacerdote de turno les apoya; el Obispo calla, y el Papa desbarra; pues mejor que mejor… Mezcla explosiva…

Yo no se que me espera en mi juicio personal ante el Señor Glorioso. Ni cual será mi gloria o mi castigo. No lo sé. Lo que sí se es que estos seres tendrán un castigo acorde a su perenne traición y vileza.

Al fin y al cabo; que ellos enseñen el catecismo es tan absurdo como que yo diese clases de marxismo en alguna universidad soviética… O más…

 

Francisco es Dios…

Vicente Montesinos

 

“No temo a lo que los hombres puedan hacerme por decir la verdad. Solo temo a lo que Dios me haría si mintiese” (SAN JUAN BOSCO)

 

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Hace dos años; una lesbiana transexual (creo; no recuerdo exactamente si el caso se define así) y su novia, eran recibidos en privado por el Santo Padre en el Vaticano; después de haber recibido dos llamadas privadas invitándoles a ir, a gastos pagados, a verle, encontrarse con él, y abrazarle.

Más allá del hecho puntual , que me ha venido hoy a la mente a raíz de alguna noticia parecida; meditaba sobre qué es lo que estamos haciendo mal.

Y es que por más que busco, no encuentro, entre tanta y tanta palabra, una invitación a la conversión. Motivaciones para cambiar de vida. Invitaciones a ello. Peticiones a los fieles para que dejemos los pecados; esos que tanto mal y dolor causan.

 

Y es que por más que busco, no encuentro, entre tanta y tanta palabra, una invitación a la conversión. Motivaciones para cambiar de vida. Invitaciones a ello. Peticiones a los fieles para que dejemos los pecados; esos que tanto mal y dolor causan.

 

Sólo se habla de la Misericordia; y de cómo Dios quiere perdonarnos; sin ni siquiera esfuerzo alguno por nuestra parte…

Y es verdad… ¡claro que Dios nos quiere perdonar!

Pero nunca se completa ya esta idea como la completaba nuestro Señor. Te perdono. Sí, pero… “Vete y no peques más…”. “Tu fe te ha salvado, vete y en adelante no vuelvas a pecar”.

No. No hay segunda parte.

Hay misericordia… sin juicio.

Hay misericordia… sin invitación a la conversión.

Hay misericordia… sin dolor de los pecados.

Hay misericordia… sin propósito de enmienda.

¿Y cual es por tanto nuestro problema hoy? Que sin esta segunda parte, la “misercordia” no es tal. Es complicidad con el pecado. Y así el perdón se torna imposible ¡A pesar de nuestro Dios, que sí, claro, es misericordioso, bondadoso, y solo quiere nuestro bien y salvación!

Pero… ¿Como perdonar a quien no pide perdón?

Misercordia… Sin justicia…

“Misericorditis”. Aguda. No… Pero… crónica ya… Y en esas andamos…

Es otra consecuencia más del buenismo, de lo políticamente correcto y del acoplamiento del mensaje de Cristo al mundo, y no al revés.

Otra dura realidad del momento eclesial que vivimos.

Quizá, y solo quizá,  volviendo al principio del artículo, se entienda porque el Papa dijera a aquella mujer: “Dios quiere a todos sus hijos estén como estén; y tu eres hijo de Dios y la Iglesia te quiere y te acepta como eres

Quizá, y solo quizá, por eso, dicha mujer salió de la audiencia diciendo: “Francisco es Dios…

 

 

Ante la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo… ¡Venga tu Reino!

Vicente Montesinos

 

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Ha llegado el momento de celebrar la gran fiesta de Cristo Rey; y con ella poner fin al año litúrgico. No viene mal en este momento, pues, recordar aquellas palabras de San Juan Pablo II en las que definía a esta solemnidad como “una síntesis del todo el misterio salvífico”.

La solemnidad de Cristo Rey fue instituida por Su Santidad el Papa Pío XI. Él quiso regalar a la Iglesia la idea inmutable de que Jesucristo es el único soberano; ante aquella sociedad de entreguerras que parecía haber elegido vivir de espaldas a Dios.

¿Cuanta más falta no nos hace pues hoy, en este ya avanzando siglo XXI, volver nuestros ojos a Cristo e hincar la rodilla ante el Soberano, único, inabarcable y total, y a la vez hombre por nuestra redención? ¿Cuanto no habremos retrocedido en un siglo en piedad, devoción, entrega y respeto a los valores que Cristo nos muestra como los que llevan al Padre?

 

¿Cuanta más falta no nos hace pues hoy, en este ya avanzando siglo XXI, volver nuestros ojos a Cristo e hincar la rodilla ante el Soberano, único, inabarcable y total, y a la vez hombre por nuestra redención? ¿Cuanto no habremos retrocedido en un siglo en piedad, devoción, entrega y respeto a los valores que Cristo nos muestra como los que llevan al Padre?

 

Su Santidad Pío XI quiso subrayar la condición de Rey Supremo del orbe de Nuestro Señor Jesucristo. Con ello regaló además una preciosa devoción a la grey católica. Pero no se sacó de la manga esa condición soberana. Es el propio Jesús el que se define como Rey y se tiene por tal. “Yo soy Rey. Tú lo dices” – contestará a Pilato. No dejó de predicar además el Reino de Dios.  Y lo que es más grande, nos dejó claramente con su vida, testimonio, muerte y resurrección un reinado que va mucho más allá del mundo; ya que quiso configurarse como soberano total para cada uno de nosotros, en nuestra relación íntima y personal con Él, a través de la Iglesia Católica, la única, la fundada por Él mismo sobre la espalda de Pedro; y por la que se va a la salvación.

¡Que fiesta más bella y más grande! Me viene ahora a la cabeza como el Jueves Santo Jesús diferencia los dos reinos afirmando: “Los reyes de la tierra dominan sobre las personas”; mientras Él estaba en medio de los apóstoles, sirviendoles, a la vez que gobernaba sus corazones por la fuerza del amor. Bien podemos decir que en nuestra religión “servir es reinar”.

¡Cristo Rey! ¡Es nuestro Rey porque nos ama de manera total! ¡Es el único Rey por el que vale la pena darlo todo! ¡Es el único rey al que sus siervos deben servir imitándole en el servicio! ¡Es el Rey del mundo, de las almas, de los corazones, de las vidas!

Sin olvidar que, como absoluto, a la vez que humilde y misericordioso soberano; un día nos juzgará. ¡Que Rey tan bueno, que nos deja además ganar con nuestros méritos la vida eterna! Vida eterna que también podemos perder, no por su juicio sino por nuestra obstinación; ya que Dios no nos condena… Nos condenamos nosotros… Cuidado con la afirmación tan extendida en nuestros días de que “todos vamos al cielo”. ¿Dónde está dicho? A nuestro Rey se le sigue por su palabra, las Sagradas Escrituras, el Magisterio de su Iglesia bimilenaria y la tradición… No queramos ahora cambiar nosotros, en aras de un buenismo malentendido y de la tan peligrosa corrección política, las normas de Nuestro Rey: claras, poderosas, eternas, inmutables….

¡Cristo Rey! A las puertas de esta tu solemnidad, te pedimos… ¡Venga tu Reino! ¡Hagamos el bien, y extendamos el Reino de Dios! Hagamos el bien entre nosotros, en la casa, en la familia…. ¡Venga tu Reino! ¡El de justicia, el de paz, el de amor! Pero también el de Verdad. Siempre Verdad.

 

¡Cristo Rey! A las puertas de esta tu solemnidad, te pedimos… ¡Venga tu Reino! ¡Hagamos el bien, y extendamos el Reino de Dios! Hagamos el bien entre nosotros, en la casa, en la familia…. ¡Venga tu Reino! ¡El de justicia, el de paz, el de amor! Pero también el de Verdad. Siempre Verdad. 

 

¡Que Cristo reine en nuestra personas, y por nosotros, y nuestro amor, junto a su Gracia, el Reino se irá extendiendo!

Ad Maiorem Dei gloriam!

 

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