Vicente Montesinos

 

 

Pasan los meses… Pasan los años… Y aquel pontificado que empezaba con unos entonces llamados “nuevos gestos” o “nuevos aires”; sigue, día a día, desmontando, cual andamio tras las obras, el depósito de la fe que Su Santidad debe custodiar más que nadie; y ordenar que se custodie, por habernos llegado desde Jesucristo hasta nuestros días, sin parón; y por formar el cuerpo que partiendo de Dios mismo, y las Sagradas Escrituras, se ha fundido a fuego lento de Espíritu Santo en el taller de la Santa Madre Iglesia durante 2000 años, vía Magisterio, Tradición y Sana Doctrina. Todo esto, en el pontificado de la Misericorditis, la Pachamama y los progremodernlights suena a chino (con perdón).

Los pocos que se atreven a preguntarse qué pasa (no digamos cuantos menos cuantos a responder) se atribulan cuestionándose: ¿Cómo es posible esto de la comunión de los divorciados? ¿Todo esto de la Amoris Laetitia? ¿Y esto de la celebración dela herejía luterana? ¿Y el arrinconamiento a los sanos y tradicionales católicos? ¿Pero como va a poder ser esto de la defenestración de los buenos servidores de Cristo? ¿Y el encumbramiento a los puestos de responsabilidad de todo tipo de LGTB’s, abortistas y demás lindezas…? ¿Ó lo de las madres conejas que tienen muchos hijos? ¿O la profanación de Iglesias para todo tipo de barbaridades? ¿O aquello de que todos van al cielo? ¿Y lo del buen rollo con los dictadores ateos de izquierdas? ¿Y el tremendo ecumenismo falso y mal entendido? ¿Y el silencio ante los preparativos en Irlanda para legalizar el matrimonio gay? ¿O el silencio cuando la Corte Suprema de Estados Unidos tomó el caso del matrimonio gay? ¿Y…? ¿Y…? ¿Y…? No acabaríamos.

¿Y en esta interminable lista solo pesados como Adoración y Liberación protestan? Estarán equivocados, porque… ¿Los cardenales que dicen? ¿Los obispos? ¿Los sacerdotes? ¿Las legiones de católicos adormecidos…? ¿Pero… como es posible que…?

Muchas preguntas. Muchas.

La respuesta a estas preguntas es que el actual pontificado y la gran mayoría de estructuras humanas que forman la Iglesia han decidido que el Espíritu que gobierne la misma no sea el Santo; sino el de los tiempos. Sí. El Espíritu de lo políticamente correcto.

 

La respuesta a estas preguntas es que el actual pontificado y la gran mayoría de estructuras humanas que forman la Iglesia han decidido que el Espíritu que gobierne la misma no sea el Santo; sino el de los tiempos. Sí. El Espíritu de lo políticamente correcto.

 

¿Y esto que es? Muy sencillo: las políticas mayoritarias mandan sobre las afirmaciones sanas y atemporales de la religión y la moralidad. La consecuencia: la regla no es la ordenada por Cristo; sino la de evitar cualquier ofensa, y ya no digamos, confrontación directa, con los poderes que sean. Y el resultado: un desmantelamiento práctico de la Iglesia militante.

Un desmantelamiento que empieza con el desastroso “abrirse al mundo” del Vaticano II (que fue dejarse gobernar por el  mundo); y que con los intentos de enderezamiento de San Juan Pablo II y de Benedicto XVI, y a pesar de todo su esfuerzo, es de nuevo llevado a la máxima expresión por Bergoglio, quién, ha llevado el pontificado de lo políticamente correcto a un nivel “top”, consiguiendo elogios constantes de gran parte del “mundo”, y la creación de un grave peligro para la Iglesia de Cristo sin precedentes en su historia.

Un papado pues que calla y no se enfrenta a los poderes del mundo sobre los males más aberrantes y anticristianos de nuestra época, y que ha dimitido (jerarquía incluida) de defender los principales bienes, la doctrina sana y la moral recta.

Un papado de lo políticamente correcto que ha hecho a la Iglesia retirarse de la batalla, tantas veces decisiva en la historia, contra el mal.

Y con el General en retirada; los altos cargos militares se han acuartelado detrás de él; y hasta los suboficiales hibernan en los barracones… Sólo unos cuantos soldados rasos mantienen la llama de Cristo y de su Evangelio, que nunca se apagará; ni siquiera cuando estos soldados (y todo se verá) sean juzgados mundanamente por traición. Aunque ellos tienen claro (se lo digo con conocimiento de causa) que el juicio que más temen es el del cielo; y que allí, esperan y confían obtener un buen veredicto, frente a los verdaderos traidores. Los que están llevando a la Iglesia y al mundo occidental hacia el abismo de la depravación, la apostasía, la herejía y la confusión.

 

Y con el General en retirada; los altos cargos militares se han acuartelado detrás de él; y hasta los suboficiales hibernan en los barracones… Sólo unos cuantos soldados rasos mantienen la llama de Cristo y de su Evangelio, que nunca se apagará; ni siquiera cuando estos soldados, y todo se verá, sean juzgados mundanamente por traición.

 

 

Dios mío, contigo seguiremos luchando; mientras tengamos vida y tu fuerza.

Porque aunque el General nos entregue, es el Rey mismo el que batalla.

¡Viva Cristo Rey!

Anuncios