Vicente Montesinos

 

“No temo a lo que los hombres puedan hacerme por decir la verdad. Solo temo a lo que Dios me haría si mintiese” (SAN JUAN BOSCO)

 

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Hace dos años; una lesbiana transexual (creo; no recuerdo exactamente si el caso se define así) y su novia, eran recibidos en privado por el Santo Padre en el Vaticano; después de haber recibido dos llamadas privadas invitándoles a ir, a gastos pagados, a verle, encontrarse con él, y abrazarle.

Más allá del hecho puntual , que me ha venido hoy a la mente a raíz de alguna noticia parecida; meditaba sobre qué es lo que estamos haciendo mal.

Y es que por más que busco, no encuentro, entre tanta y tanta palabra, una invitación a la conversión. Motivaciones para cambiar de vida. Invitaciones a ello. Peticiones a los fieles para que dejemos los pecados; esos que tanto mal y dolor causan.

 

Y es que por más que busco, no encuentro, entre tanta y tanta palabra, una invitación a la conversión. Motivaciones para cambiar de vida. Invitaciones a ello. Peticiones a los fieles para que dejemos los pecados; esos que tanto mal y dolor causan.

 

Sólo se habla de la Misericordia; y de cómo Dios quiere perdonarnos; sin ni siquiera esfuerzo alguno por nuestra parte…

Y es verdad… ¡claro que Dios nos quiere perdonar!

Pero nunca se completa ya esta idea como la completaba nuestro Señor. Te perdono. Sí, pero… “Vete y no peques más…”. “Tu fe te ha salvado, vete y en adelante no vuelvas a pecar”.

No. No hay segunda parte.

Hay misericordia… sin juicio.

Hay misericordia… sin invitación a la conversión.

Hay misericordia… sin dolor de los pecados.

Hay misericordia… sin propósito de enmienda.

¿Y cual es por tanto nuestro problema hoy? Que sin esta segunda parte, la “misercordia” no es tal. Es complicidad con el pecado. Y así el perdón se torna imposible ¡A pesar de nuestro Dios, que sí, claro, es misericordioso, bondadoso, y solo quiere nuestro bien y salvación!

Pero… ¿Como perdonar a quien no pide perdón?

Misercordia… Sin justicia…

“Misericorditis”. Aguda. No… Pero… crónica ya… Y en esas andamos…

Es otra consecuencia más del buenismo, de lo políticamente correcto y del acoplamiento del mensaje de Cristo al mundo, y no al revés.

Otra dura realidad del momento eclesial que vivimos.

Quizá, y solo quizá,  volviendo al principio del artículo, se entienda porque el Papa dijera a aquella mujer: “Dios quiere a todos sus hijos estén como estén; y tu eres hijo de Dios y la Iglesia te quiere y te acepta como eres

Quizá, y solo quizá, por eso, dicha mujer salió de la audiencia diciendo: “Francisco es Dios…

 

 

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