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Adoración y Liberación

Por Vicente Montesinos

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Modernismo

Francisco y Gutiérrez se encuentran: de la marginación a los católicos de siempre, y el agasajo a la “Teología de la Liberación”

 

Vicente Montesinos

 

 

 

 

El pasado domingo 21 de enero Bergoglio se reunió en Perú con Gustavo Gutiérrez.

Gustavo Gutiérrez Merino (Lima, 8 de junio de 1928) es un filósofo y teólogo peruano, ordenado sacerdote en 1959 y dominico desde 1998, y es uno de los principales representantes de la corriente teológica denominada teología latinoamericana de la liberación. De hecho, es considerado por muchos como el verdadero padre de esta herética ideología.

Gustavo Gutiérrez fue invitado a la Nunciatura Apostólica para encontrarse con el Santo Padre.

No hay que olvidar el enorme daño que ha hecho a la Iglesia esta relectura marxista del Evangelio; que hoy parece que se ve con aprecio desde Roma. Con esto aunamos ya todos los males posibles: relativismo, progremodernismo, filo-marxismo, teología de la liberación, populismo, falsa misericordia, y desprecio por la sana doctrina, la tradición y el magisterio bimilenario.

 

Porque no hay que olvidar que la perniciosa teología de la liberación parte de unos errores inadmisibles:

 

  • Una interpretación de la Biblia “releyéndola desde los pobres” para sacar de ahí una praxis inspirada en el materialismo histórico debido a Marx, que niega la prioridad del ser sobre el hacer y por tanto de la verdad y del bien de la acción humana. Este principio es totalmente falso y no es demostrado ni demostrable.

 

  • Una justificación de la lucha de clases, que no solo es un error porque es contraria a la caridad, sino que está equivocada porque se le concibe como el motor ineludible y necesario de la historia, negando la libertad de la persona y su capacidad para dirigir dicha historia contando con la providencia Divina.

 

  • Un continuo negar y distorsionar verdades fundamentales como son Cristo, la Iglesia, los Sacramentos, etc., que en la práctica ha conducido a someter a la Iglesia a una dirección política determinada, no solo ajena a su misión sobrenatural, sino comprometiéndola en una situación humana deplorable, ya que en el socialismo la persona no cuenta ni se le reconoce su dignidad de hijo de Dios y su destino eterno.

 

Pues ahí Francisco besándose con ella. Resucitándola. Dándole alas.

Mientras tanto no es que no reciba a los Cardenales de la Dubia (mientras siguen pereciendo), o a los fieles Obispos Kazajos; sino que no se digna ni a girarles una respuesta.

Dios nos asista.

Y porque hasta el cielo no paramos, que Dios les bendiga.

 

Reacciones a la “Carta abierta a mis amigos sacerdotes”… (1 de 3)

Vicente Montesinos

 

 

La Carta abierta a mis amigos sacerdotes (y algún que otro Monseñor…) que publiqué hace escasos días en adoracionyliberacion.com y en el Blog de adoracionyliberacion en Infovaticana; ha tenido, para bien o para mal, cientos de reacciones (y no exagero). De hecho casi a duras penas puedo, aunque lo intento, responder a todas (comentarios en los blogs, whatsapps, correos electrónicos, manifestaciones en las redes sociales de Adoración y Liberación o mía personal, etc…). Esto evidentemente no es por mérito mío; que ni lo tengo ni lo deseo; sino por la candente actualidad de la terrible situación que vivimos, y que algunos nos empeñamos en seguir denunciando.

Más o menos se repite la tendencia: unos cuantos sacerdotes dándome su apoyo y ánimos (aunque bastantes más que en otras ocasiones); un mayor número guardando sepulcral silencio (como siempre) ; y luego las habituales (pero más numerosas y furibundas, al parecer, por la repercusión de la carta) reprimendas, amonestaciones y amenazas (como siempre, sin debate doctrinal alguno ni argumento más allá de que no coopero a la unidad, que hay que estar con el Papa haga lo que haga, etc…)

Esto por lo que al clero se refiere. No obstante me esperanza la clara y valiente reacción de algunos consagrados (más de uno de relevante “importancia”), quienes, aunque no vean ustedes ahora con nombre y apellidos; sí que se han puesto en contacto conmigo identificándose con todos su datos y dando la cara. Identidad, que por supuesto, yo siempre guardaré en secreto, mientras ellos no la descubran. Faltaría más. El límite de exposición lo pone cada uno y es algo personal. Aunque a mi me gustara que todos salieran a la luz.

Pero digo que me esperanza porque aunque sea muy poco a poco hasta la “clerecía”, como bien decía Paco Pepe, va abriendo los ojos a la desastrosa situación actual, porque ya quien no lo ve es porque no quiere (recuerdo que el Vaticano después de publicar mi carta acaba de condecorar por sus impagables servicios a la Iglesia a una de las reinas del abortismo europeo; y si antes de esto, ninguno de los consagrados pudo unir a sus amenazas argumento alguno para discutirme, después de esto, debieran sentir una enorme vergüenza los que quieren seguir vendiendo que los católicos debemos callar ante todo).

Si esperanzas me dan estos tímidos pasos de algunos clérigos, más esperanzas me da el saber que Cristo nunca va a abandonar a su Iglesia. Y que quizá, con la Gracia de Dios, el esfuerzo valiente de tanto laico atribulado, y la fuerza que nos da el espíritu Santo para seguir desde la Iglesia Católica amándola y trabajando por ella; la purificación no esté tan lejos. Y digo esto porque especial alegría me ha dado la reacción de muchos (pero muchos) seminaristas de España (más que sus mayores) que se han puesto en contacto conmigo para manifestarme su apoyo y total adhesión. Evidentemente dicen no poder salir a la palestra hasta ser ordenados (lo cual yo no sólo entiendo, sino que agradezco, y así se lo aconsejo, ya que, necesitamos estos pastores, que sólo falta que ellos no lleguen, y dejemos a Nuestra Santa Madre Iglesia en manos de la “Mafia de San Galo” o de los “Padres Ángel” o “Monseñores Agrelos”). Pero a mí se me han identificado con nombres, apellidos y DNI. Y con una claridad, fidelidad doctrinal al Magisterio bimilenario y a la Cátedra de Pedro, y sumisión absoluta al mandato de Cristo, que ya quisiéramos para muchos de los actuales ordenados. Esto, además, es un mérito enorme teniendo en cuenta lo que hoy se enseña en muchos seminarios, y el ambiente relativista (cuando no absolutamente light y progremodernista) del que en los otrora gloriosos Seminarios se les imbuye.

¡Que gozo he recibido leyendo a algunos de ellos! ¡Rezad por ellos, hermanos! ¡Los necesitamos!

Y por último… ¿Qué decir de los laicos? ¡Cuantos valientes, a centenas, se han puesto en contacto conmigo por todos los medios! ¡Cuanta claridad doctrinal y fidelidad al Magisterio Bimilenario, las Sagradas Escrituras, la Tradición y la sana doctrina! ¡Cuanta decepción con la jerarquía eclesial actual y oraciones y mortificaciones y trabajos para revertir la situación! ¡Cuantas barbaridades las que tienen que soportar y callar! ¡Y cuanta valentía! ¡Y digo esto porque son decenas los que me piden que ponga a la firma mi carta porque la quieren suscribir con nombres, apellidos y cargos eclesiales! ¡Muchos!

A todos ellos les he pedido, de momento, frenar esa iniciativa. Y no por nada; ya que me parece muy loable (aunque el Papa haya hecho caso omiso a los Cardenales de la Dubia y a la Correctio Filialis de miles de consagrados y seglares).  Sino porque no quiero que en nada de esto parezca que mi intención es la de acaparar ningún tipo de protagonismo; y por tanto, no se trata tanto de suscribir la carta de Vicente Montesinos, como de seguir suscribiendo, defendiendo, testimoniando y dando día a día la cara por la reversión de esta terrible situación de confusión, división y caos moral a la que el pontificado de Francisco y sus jerarquías adláteres nos ha llevado. No obstante les doy infinitas gracias. ¡Muchas! Y no descarto que, si las cosas no cambian, debamos tomar más iniciativas. A lo mejor, quien sabe, junto a nuestra oración, sacrificios, denuncia, testimonios escritos y difusiones personales, se acerca el momento de tener que hacer algo más.

En definitiva este es un poco a groso modo el balance de las reacciones a la Carta. Para esta primera entrada es suficiente.

Me reservo por no cansarles, para la segunda, algunas respuesta laicas que me han dejado especialmente confirmado en esta lucha.

Y para la tercera, la carta de un seminarista de España; como representación de muchos otros que se han puesto en contacto conmigo, que les aseguro hará caer la cara de vergüenza a más de un miembro de la “clerecía”. ¿O cómo se decía?

Y porque hasta el cielo no paramos… ¡Que Dios les bendiga!

(… continuará)

 

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Si quieres contactar conmigo puedes hacerlo en adoracionyliberacion@gmail.com

 

Carta abierta a mis amigos sacerdotes (y a algún que otro monseñor)

Vicente Montesinos

 

 

 

Mis muy queridos y reverendos amigos.

Mis respetados y obedecidos monseñores.

Durante los últimos tiempos me he visto compelido a tratar en mi portal, (adoracionyliberaciom.com), y posteriormente también en mi blog en Infovaticana (https://infovaticana.com/blogs/adoracion-y-liberacion) sobre dolorosos y espinosos temas, que, como ya les he repetido en numerosas ocasiones, a modo de lo que pareciera una justificación que ya me he cansado de dar, siempre escribo en conciencia, y ante el Santísimo Sacramento; y convencido del deber de hacerlo, humildemente, pero con la paz y seguridad de estar trabajando por el Reino de Cristo, la Santa Madre Iglesia y la Verdad.

No hace falta que me alargue mucho en todos esos temas en esta ocasión. Ya saben que he alzado la voz, siempre con respeto y amor filial, sobre muchas cosas: las confusiones creadas por Francisco a bordo de los aviones (no cabrían en este artículo, pero valga como ejemplo el tratamiento de conejas a las madres católicas fieles que abiertas a la vida han recibido amorosamente de Dios los hijos que éste les ha mandado); el tremendo error y herejía que está suponiendo el falso ecumenismo, con ensalzamiento del mayor hereje de la historia como fue Lutero como “testigo fiel del Evangelio“; la confusión creada por el Vaticano con los nuevos valores en alza como el ecologismo radical, el tratamiento confuso del tema de la natalidad, etc…; el progremodernismo que ha copado todas y cada una de las instituciones que dependen de Roma; el relativismo en el tratamiento de la mayoría de los asuntos de moral personal, familiar y social; el encumbramiento a los puestos de responsabilidad en la Iglesia de personajes de toda calaña y afiliación a los lobbys pro LGTB, abortista, populista, marxista, etc…; la persecución y ostracismo de los pocos seglares, sacerdotes, obispos y cardenales que se han atrevido a alzar la voz contra la flagrante persecución de los que vienen en llamar “católicos tradicionales, carcas o fanáticos”, y que yo llamo simplemente católicos; es decir, fieles de conciencia recta y amantes de nuestra sana doctrina y tradición; el acoso y derribo a la institución familiar y a su sagrada unión a la vida sacramental, que con globos sonda se fue preparando hasta la promulgación del gravísimo error que es Amoris Laetitia y en especial del capítulo en cuestión que aborda los temas más delicados, y de ese 303, que es lo más grave que se ha escrito oficialmente en la Iglesia desde hace muchos siglos; el apoyo como magisterio pontifical a esa terrible declaración argentina; el inicio ya, consolidado el tema del matrimonio y la comunión de los llamados “divorciados y vueltos a casar” de la nueva campaña en favor del uso de los anticonceptivos, lanzada ya desde la Academia Pontificia de la Vida, etc, etc, etc, etc… (no acabaría, y no quiero que dejen de leer este artículo hasta el final, por lo que corto esta terrible lista)

Mis Estimados Padres y Excelencias Reverendísimas: saben también muchos de ustedes que, queriendo ser siempre transparente y sin doblez, todo lo he publicado con mi nombre; todo se lo he remitido además en innumerables ocasiones a todos los que tengo el gusto de conocer  de forma personal; y siempre manifestando mi sumisión a la Verdad de Cristo, a las Sagradas Escrituras, al Magisterio Bimilenario y a la Sagrada Doctrina. También saben que siempre invitándoles a que me saquen del error doctrinal en el que haya podido caer en todas y cada una de las ocasiones.

Jamás; y digo jamás, han podido ninguno de ustedes corregirme una coma de lo manifestado.

Sí que han podido unos pocos, manifestarme su apoyo, de forma discreta.

Y una gran mayoría callar, y no responderme ni con un “hola”, “gracias”, “saludos”, o “mi bendición”, no sé… Algo.

Aparte de esta gran mayoría, no han faltado tampoco quienes entre ustedes me han recriminado, me han amonestado, me han retirado su afabilidad, e incluso me han amenazado e impelido a retirar diversos y variados artículos.

Pero eso sí: sin nunca dar razones de su fe, doctrina y enseñanza ni indicarme ni un sólo aspecto en que me haya equivocado.

Yo soy únicamente un  umile lavoratore nella vigna del Signore“; y ustedes grandes teólogos, biblistas, doctores,  etc… (sus títulos tampoco caben en este artículo). Luego doy por seguro y sentado que ustedes saben mucho más que yo. Por lo que si no me han corregido; puede ser por dos cosas: o porque ignoran absolutamente lo que transmito, y ni se molestan en rebatirlo; a pesar de que les puedo asegurar que, de una manera o de otra, recoge la inquietud de miles y miles de almas católicas sanas y devotas que están atribuladas por la deriva actual de la Iglesia (esto sería malo); o por que saben que tengo razón, y quieren seguir viviendo en la cruel mentira que está llevando a gran parte de la Iglesia a mirar hacia otro lado, con el consiguiente peligro por sus almas, y todas las que a ustedes hemos sido encomendadas (esto sería aún peor)

Es por ello que he decidido que ya no voy a remitir ningún artículo a nivel personal a ninguno de los reverendos padres y monseñores a los que se los he venido remitiendo; ya que si han optado por preferir su paz personal a la dolorosa verdad que vive Nuestra Santa Madre Iglesia (y digo, en ese caso, que no lo sé…), no voy a ser yo quién les “presione” más con mis escritos para cambiar de parecer; y en otro caso, si a alguno de ustedes les interesa seguir leyéndome, ya saben donde escribo y pueden encontrarme (de hecho me consta que muchos de ustedes lo hacen, y sin manifestarme a mí nada, se re-envían unos a otros los artículos para “avisarse” del peligro que supone este católico, pecador, pero amante profundo de Cristo y de su única Iglesia; al que antes trataban con cariño, y ahora con frialdad, cuando no desprecio)

Así pues, esta va a ser la útima comunicación que reciban a nivel personal y en privado todos y cada uno de los consagrados a los que tengo acceso (que son, gracias a Dios y a ustedes mismos, muchos); y descansen, que por mi parte, no recibirán perturbación alguna más.

 

Así pues, esta va a ser la útima comunicación que reciban a nivel personal y en privado todos y cada uno de los consagrados a los que tengo acceso (que son, gracias a Dios y a ustedes mismos, muchos); y descansen, que por mi parte, no recibirán perturbación alguna más.

 

Ya saben donde estoy, y que sigo a su servicio y al de la Santa Madre Iglesia; como he hecho desde que tengo uso de razón, y como espero hacer hasta el día que me muera.

Y aprovechando el canal de difusión que suponen estos medios digitales que Dios nos ha concedido para contribuir a evangelizar (no a hacer proselitismo, como dice nuestro Papa; sino a predicar el Evangelio y convertir a todos los pueblos y naciones, que es al fin y al cabo el mandato divino) hago extensiva esta carta a todos los sacerdotes que no conozco, y a todos los fieles laicos; ya que miles, de unos y otros, sé que me siguen, por la gracia de Dios; y muchos (más de los que piensan) de unos y otros, se dirigen a mí mostrando, a Dios gracias, su fidelidad a la sana doctrina y su regocijo porque, algunos pocos, no temamos ser su voz y  arriesgar honor, vida y hacienda, en esta causa; ya tan urgente, de salvar, sea como fuere, almas; dados los tiempos que nos ha tocado vivir.

Ahora, antes de despedirme de ustedes, quiero hacerles unas pequeñas matizaciones finales, en relación a los graves temas que nos acechan; y muy especialmente a Amoris Laetitia, ya que, como todo lo demás, ustedes manifiestan que no existe (aunque esté poco a poco socavando nuestros cimientos y destruyendo nuestra Iglesia), me limitaré a lo que está escrito, publicado, autentificado y pontificado, para que no se coja ninguno de ustedes al infantil argumento de que todo esto son imaginaciones.

Verán:

No puedo compartir de ninguna de las maneras la forma de tratar que tienen muchos de ustedes la grave confusión que sufre la Iglesia motivada por el Pontificado de Francisco, a la que, y con caridad, amor y desde dentro de la Iglesia, algunos laicos nos sentimos obligados a contribuir a aclarar.

Con dolor, y humildemente, muchos de nosotros vemos que en la Iglesia las cosas se están enfocando mal; y están sirviendo (se lo digo con conocimiento de causa) para apartar muchas almas; sin atraer a otras, lo que pareciera ser el objetivo de estas “aperturas doctrinales”, que están actuando en clara contradicción con el Magisterio bimilenario, la Tradición, las Sagradas Escrituras y la Sana Doctrina.

 

Con dolor, y humildemente, muchos de nosotros vemos que en la Iglesia las cosas se están enfocando mal; y están sirviendo (se lo digo con conocimiento de causa) para apartar muchas almas; sin atraer a otras, lo que pareciera ser el objetivo de estas “aperturas doctrinales”, que están actuando en clara contradicción con el Magisterio bimilenario, la Tradición, las Sagradas Escrituras y la Sana Doctrina.

 

Padres; tras la publicación de Amoris Laetitia, han sido muchos los obispos, así como las Conferencias Episcopales, que han publicado directrices “pastorales” que conciernen a los llamados “divorciados que se han vuelto a casar”.

Saben ustedes mejor que yo que para los católicos no hay tal divorcio; porque el vínculo sacramental válido de un matrimonio ratificado y consumado es indisoluble; y que para un católico hay un solo matrimonio válido cuando el cónyuge sigue vivo. Por ello hablar de  “divorciado y vuelto a casar” es un engaño en toda regla. De ahí, y puesto que se utiliza esta falaz expresión con tal alegría y profusión, que nos veamos obligados a entrecomillarla e iniciarla por la palabra “llamados”.

Dichas directrices a las que hacía mención, prevén, en última instancia, la admisión de “los divorciados que se han vuelto a casar” a la Sagrada Comunión, sin la exigencia de la condición indispensable y establecida de manera divina de no violar el sagrado vínculo del matrimonio a través de una relación sexual con una persona que no es el cónyuge legítimo.

Todo este largo y doloroso proceso ha alcanzado el momento más álgido cuando Francisco ha dado orden de que se publique en las Acta Apostolicae Sedis su propia carta de aprobación de las directrices de los obispos de Buenos Aires. Y no sólo eso, sino que de seguido vino la declaración por la que esta aprobación pontificia pertenecería al “Magisterio auténtico de la Iglesia”.

¿Qué ustedes no saben todo esto? ¿Cómo pueden o no saberlo, o no denunciarlo? ¿Qué les dicen a las personas que acuden a sus confesionarios confusas con esta cuestión?

Estas directrices, aprobadas por el Papa, contradicen de pleno la Revelación divina que desaprueba por completo el divorcio, así como la enseñanza y la práctica sacramental del Magisterio ordinario y universal infalible de la Iglesia. Y no me lo pueden negar.

 

Estas directrices, aprobadas por el Papa, contradicen de pleno la Revelación divina que desaprueba por completo el divorcio, así como la enseñanza y la práctica sacramental del Magisterio ordinario y universal infalible de la Iglesia. Y no me lo pueden negar. 

 

Por lo tanto, este humilde servidor, y les aseguro que junto a él muchos más, y de una forma cada vez más clara; se siente en conciencia obligado a no callar y a volver de nuevo a corroborar su adhesión a la inmutable doctrina y práctica de la Santa Madre Iglesia Católica sobre la indisolubilidad del matrimonio sacramental.

Pero es que acaso, mis queridos padres, ¿la Iglesia nos pertenece? ¿Pertenece siquiera al Papa? ¿O somos, y especialmente el Papa es, guardianes, y él el primer guardián, de un depósito de fe de 2000 años que nos ha sido confiado y sobre cuyo cuidado responderemos cada uno de nosotros, según su responsabilidad, el día del juicio? ¿O es que ya tampoco se puede hablar de juicio? Que por cierto, otra de las cosas que me hubiera gustado comentar es el destierro de la enseñanza de los novísimos, y el que en esta época del ensalzamiento de la falsa misericordia (que ya muchos llaman “misericorditis”) no se hable a los católicos del pecado, del juicio, del purgatorio, del cielo, del infierno y de tantos otros aspectos que han llevado a que la conciencia del mal sea cada vez más laxa y relativa, a que todo se deje en manos de la “conciencia personal”, y por tanto, a empujar cada vez a más almas, por su ignorancia, y la responsabilidad de todos, hacia el abismo del averno.

La Iglesia, padres, es de Cristo Todopoderoso; y por Él hemos de luchar (y yo lo voy a seguir, desde su seno, haciendo) para reparar este daño. ¡Aún hay tiempo! ¡Únanse por favor a nuestras súplicas, nuestro humilde testimonio, nuestra sana denuncia, nuestras peticiones, oraciones y sacrificios, para que de una forma u otra nuestro Santo Padre ponga fin a esta confusión! ¿Porqué no pedirle que de una vez responda a la filial y humilde dubia presentada por los Cardenales que, van falleciendo, sin ni siquiera ser escuchados, recibidos o contestados? ¿Porque no pedirle aclare a los miles de sacerdotes y laicos que firmaron la correctio filialis tanta confusión que debe repararse para que no siga sufriendo la Esposa de Cristo? ¿Qué miedo tienen ustedes? ¿Perder? ?¿El que? Yo soy un pobre pecador y hace tiempo que dejé de temer perder nada, si podía perder mi alma. La prueba es esta carta que les remito y publico abiertamente. ¿Acaso no son ustedes mejores que yo? ¿Entonces porque no aparcan el miedo? ?¿No corrigió San Pablo a San Pedro de forma caritativa, y este lo aceptó de forma humilde?

Sí; Dios ha permitido todo esto. Él sabrá porqué. Está claro que  “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rm 5, 20), y que Dios ha permitido esta extraordinaria confusión moral y doctrinal para que, después de la crisis, la verdad brille aún más y la Iglesia sea espiritualmente más hermosa, sobre todo en los matrimonios, las familias y los papas. Pero… ¿No requiere eso de nuestro esfuerzo y de nuestro sacrificio, además de nuestra oración?

Actualmente el Magisterio papal en muchos aspectos, pero especialmente en temas de moral sexual, familiar y matrimonial, está eclipsado. Luego nuestro deber es asistir al Papa en su deber magisterial de profesar de forma pública las verdades inmutables del Magisterio universal. Y si ustedes no quieren hacerlo, muchos lo vamos a hacer. A lo mejor, quién sabe, es la hora de los laicos.

¿Es que en 5 años vamos a cambiar lo que todos los papas y todos los obispos de todos los tiempos han enseñado sobre la doctrina y la práctica sacramental del matrimonio?

“Prima sedes a nemine iudicatur” (como bien recordaba recientemente Monseñor Schneider), luego, cuando le recordamos respetuosamente al papa la verdad y disciplina inmutable de la Iglesia; no estamos juzgando la primera cátedra de la Iglesia, sino comportándonos como hijos amantes del papa. Hacia el que nuestra actitud, por cierto, no lo olviden, ha de ser filial, pero no servil. El servilismo sólo a Cristo; porque lo que no podemos es dejar de seguir profesando la fe inmutable. ¿O acaso ya no recuerdan que San Pablo ordenó que si alguien, fuera incluso uno de ellos o los propios ángeles, les presentara un Evangelio distinto, fuera anatema?

Hemos de rezar aún más por el papa; y hemos de testimoniar con valentía la verdad, sin miedo a lo que los hombres puedan pensar sobre ello. Y finalmente, sólo Dios puede intervenir y lo hará, sin duda alguna. A ver donde nos encuentra a cada uno. Yo en mi caso me someto a su sumarísimo juicio.

No caigamos en la actual papolatría ramplona. El Papa no crea la verdad, ni la fe ni la disciplina. “No está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado” (Concilio Vaticano II, Dei Verbum, n. 10).

Y por ello no debemos abandonar el estudio (todos, incluidos los laicos) del inmutable Catecismo. Y por ello debemos seguir profundizando en los grandes documentos doctrinales de la Iglesia; que deben mantenernos formados para ayudar a nuestra Iglesia a estar formada en la verdadera doctrina.

Como recientemente nos recordaban los obispos kazajos que han sido valientes dirigiéndose a al pueblo de Dios con caridad, con el posterior apoyo de otros obispos y cardenales, como Pujals, Negri, Viganó o Laun; no podemos dejar de estudiar y aplicar documentos tan relevantes y tan en continuidad con el derecho divino y el Magisterio bimilenario como los decretos del Concilio de Trento sobre los sacramentos; las encíclicas Pascendi, de Pío X; Casti Connubii, de Pío XI; Humani Generis, de Pío XII; Humanae Vitae, de Pablo VI; el Credo del Pueblo de Dios, de Pablo VI; la encíclica Veritatis Splendor, de Juan Pablo II y su exhortación apostólica Familiaris Consortio; etc… Porque, acaso… ¿estos documentos reflejan una opinión personal y momentánea de un papa o un sínodo pastoral? Evidentemente no. Su fidelidad y continuidad dejan claro que reflejan y reproducen el Magisterio infalible ordinario y universal de la Iglesia.

El Papa, conforme fija la Pastor Aeternus, en su capítulo 4, no ha de enseñar una nueva doctrina, sino que se pide a los pontífices que, “con la ayuda del Espíritu Santo, custodien religiosamente y expongan fielmente la revelación o depósito de la fe transmitida por los apóstoles

Además, y retomando al arriba mencionado Obispo Scheneider, el papa no puede ser el centro de la vida diaria de fe de los fieles católicos. El centro debe ser Cristo. De lo contrario, nos convertimos en víctimas de un “papacentrismo” insano, de una especie de “papalatría”, una actitud que es ajena a la tradición de los Apóstoles, de los Padres de la Iglesia y de la gran tradición de la Esposa de Cristo. El llamado “ultramontanismo” de los siglos XIX y XX ha alcanzado la cima en nuestros días y ha creado un “papacentrismo” y una “papalatría” insanos. Es indiscutible.

La verdadera actitud que hay que tener respecto al papa según la tradición católica es de una sana moderación, inteligente, lógica, con sentido común, con espíritu de fe y, desde luego, con una devoción sincera. Sin embargo, todas estas características tienen que estar en una síntesis equilibrada.

Creo que ya hay bastante por hoy, aunque podría seguir extendiéndome de forma casi incesante, como incesante es la doctrina de Cristo.

Ya saben quien soy, donde estoy y lo que pienso; por si en todas mis publicaciones anteriores no les había quedado meridianamente claro.

Les ruego, con todo el cariño,  por favor,  que mediten, siquiera una vez, ante el Santísimo, esta humilde aportación; y que luego hagan lo que tengan que hacer.

Yo quiero quedarme tranquilo sabiendo que por mi parte no ha quedado en exponerles lo que pienso tan relevante para el bien de las almas; esperando no lo tomen como falta de humildad, sino como caridad y celo apostólico. Y también asegurándome una vez más y para siempre de que saben cómo pienso y de, como muchos de ustedes afirman en desafortunada expresión, “que pie cojeo”. Con muchos de ustedes participio o tengo que ver en tareas de Nuestra Iglesia que les conciernen; y para mí, ante todo, está la autenticidad, la sinceridad y la coherencia. Sin dobleces. Sin políticas. Sin oportunismos. Sin circunloquios. Yendo de cara. Como me enseñó Cristo, muchas veces por medio de usteeds, y siempre por medio de su Santa Madre Iglesia, por cuya defensa dejo la comodidad y la mediocridad del anonimato, el silencio y la complacencia para salir a esta “periferia”.

Para mí lo más triste seria que se quedaran en la negativa de entrada a valorar siquiera lo que aquí les expongo; y en la crítica a mi persona, o el contubernio entre ustedes sobre lo que aquí escribo. Si simplemente lo disciernen, con el mismo cariño que yo lo escribo y se lo envío, me doy por más que satisfecho. A Dios gracias. 

Y, quién se  niega a condenarse mirando para otro lado; acaba esta carta manifestando una vez más su fidelidad absoluta a Jesucristo y a su Santa Madre Iglesia, una, cátolica y apostólica; a la que sirve torpemente y quiere servir hasta el final; y su cariño y devoción filial hacia sus obispos y sacerdotes.

Y porque hasta el cielo no paramos, que Dios les bendiga.

 

Y AHORA A POR LA HUMANAE VITAE: Un miembro de la Academia Pontificia de la Vida defiende que las parejas puedan usar anticonceptivos.

Vicente Montesinos

 

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P. Maurizio Chiodi ofrece una charla titulada “Relectura de Humanae Vitae a la luz de Amoris Laetitia”, el 14 de diciembre de 2017 en la Pontificia Universidad Gregoriana, Roma.

 

La persecución a quienes hemos denunciado la exaltación de la reforma protestante, el constante modernismo y relativismo de este pontificado, y aspectos tan graves como la destrucción doctrinal bimilenaria en tan sólo 5 años por medio, entre otras, de Amoris Laetita, arrecia.

No quieren ver, o quieren que no veamos; pero la verdad es que este Pontificado de la “misericorditis” no se lo está poniendo fácil. Porque, pisoteada la santa doctrina sobre el Matrimonio y la Eucaristía en la Iglesia, ahora van a por la Humanae Vitae; para seguir con esta guerra sin cuartel contra los valores familiares, morales y sociales tradicionales; en la que sólo falta por saber para cuándo los sacerdotes, obispos y laicos de bien van a abrir los ojos.

Y esperando ya que disparen al mensajero; en vez de asumir de una vez por todas la Verdad, para poder ponerse a trabajar en dar soluciones para Nuestra Santa Madre Iglesia, que pasa, sin duda, por uno de los peores momentos de su Historia; vamos con la última:

El Padre Maurizo Chiodi, nombrado por el Papa Francisco como miembro de la Academia Pontificia de la Vida (sí, de la vida, que ironía…); es quién se ha encargado de abrir la veda, y manifestar públicamente, y con luz y taquígrafos, que ahora ya, y bajo “ciertas circunstancias”, se “requiere el uso de anticonceptivos”.

 

El Padre Maurizo Chiodi, nombrado por el Papa Francisco como miembro de la Academia Pontificia de la Vida (sí, de la vida, que ironía…); es quién se ha encargado de abrir la veda, y manifestar públicamente, y con luz y taquígrafos, que ahora ya, y bajo “ciertas circunstancias”, se “requiere el uso de anticonceptivos”.

 

Me váis a permitir que os tutee, por la familiaridad que nos está propocionando esta tribulación constante, y además, me váis a permitir que os diga: ¡Toma ya!

En la conferencia “Una nueva lectura de la Humanae Vitae (1968) a la luz de Amoris Laetita (2016)” (ya me diréis que podíamos esperar con esos focos) que tuvo lugar en la Pontificia Universidad Gregoriana hace escasas fechas, el Padre Chiodi habló de la necesidad de tener una “nueva y más amplia visión” de la encíclica de Pablo VI, ya que ahora son “tiempos de cambio” y “más complicados”. ¿Se puede hacer mayor homenaje a un relativismo falaz y ramplón?

El teólogo nombrado por el Papa para la Academia de la Vida, afirma que “en situaciones donde los métodos naturales son imposibles o inviables, se deben encontrar otras formas de responsabilidad“.

Chiodi afirmó también sin pudor que las normas morales “tienen una cualidad simbólica y universal porque apuntan al bien que presentan, pero también apuntan a la conciencia que guardan y que instruyen“. Ahora, queridos hermanos, la norma moral es simbólica.

El padre afirmó también que quería repensar la “antropología del matrimonio” desde la perspectiva de las diferencias de género y la “fertilidad responsable”. Y que nos tenemos que preguntar si los métodos naturales pueden y deben ser la única forma de paternidad responsable.

Insistió en la idea de que en situaciones donde los métodos naturales son imposibles o no ejecutables, se deben encontrar otras formas de responsabilidad; y en que “la tecnología, en ciertas circunstancias, puede posibilitar la protección de la responsabilidad de un acto sexual, incluso si se toma la decisión de no tener un niño. ¿Algo más que añadir?

 

Insistió en la idea de que en situaciones donde los métodos naturales son imposibles o no ejecutables, se deben encontrar otras formas de responsabilidad; y en que “la tecnología, en ciertas circunstancias, puede posibilitar la protección de la responsabilidad de un acto sexual, incluso si se toma la decisión de no tener un niño. ¿Algo más que añadir?

 

Así empezó el Vaticano a lanzar globos sonda hace unos años para abonar el terreno hacia la Amoris Laetitia. Hoy la barbaridad que supone el 303 de la misma; y prácticamente todo su capítulo, está consumada. La doctrina sobre el matrimonio y la comunión aniquilada.

Pues ya tenemos el siguiente capítulo abierto; el de la contracepción. El camino se ha iniciado, y otro de los ascendidos a nuevos puestos por Francisco, el padre Chiodi, ha sido el encargado de romper el hielo. Preparaos para otra nueva encíclica que se “cargue” la Humanae Vitae y toda la tradición anterior, el magisterio y la sana doctrina.

Y ahora, los que me presionan para que calle, miren hacia otro lado; y no se preocupen. Como mucho de mandar nuevas amonestaciones a este humilde plumilla. Y si quieren; de paso, de contarme que van a decir en los confesionarios cuando vayan jóvenes a preguntarles sobre el uso de los anticonceptivos. Yo entre tanto seguiré, con perdón, defendiendo a la Santa Madre Iglesia Católica; aunque tenga, en su caso, que defenderla de su propio Pontífice.

“Hasta el cielo no paramos”, otra gran noticia, y esperando a la reserva espiritual de Occidente…

Vicente Montesinos

 

 

 

 

Ayer mismo sacábamos a la luz la estupenda noticia de la profesión de fe sobre el sacramento del matrimonio de los tres obispos kazajos; un verdadero impulso a la lucha por el restablecimiento de la sana doctrina y la continuidad magisterial bimilenaria en el seno de nuestra, hoy, atribulada Iglesia Católica.

 

Enlace al artículo de ayer: URGENTE: TRES OBISPOS CONTRA AMORIS LAETITIA

 

En este mismo artículo les decía que  “Su claridad meridiana y atrevimiento va a “hacer pupa” en el Bergoglismo recalcitrante. Y si no al tiempo…”.  Y les apuntaba que quizá, siguiendo con el humilde trabajo y oración de tantos hermanos, 2018 fuera el año de la extensión gozosa de la reconquista de la Sana Doctrina y fidelidad a Nuestro Señor.

Alguno me tachó de utópico ayer. Prefiero seguir soñando, luchando, rezando, y con el mazo dando.

Creo que el Resto Fiel de católicos, principalmente laicos, que estamos humildemente dando la cara contra la barbaridad que es Amoris Laetitia y muchos otros aspectos del Pontificado de Francisco, desde dentro de la Iglesia, desde la caridad, y sin temor a ser “misericordiados” (y de hecho siéndolo); hemos de seguir con decisión, recta conciencia y sin miedo, por la fidelidad a Cristo y a su Santa Madre Iglesia; y sometiéndonos a Dios Todopoderoso, que nos juzgará. Y que de esta forma se pueden conseguir muchas cosas. ¡Claro que sí! ¿Sino, como? ¡Rezando! ¡Y actuando! ¡Indisociablemente!

Y algunos dirán hoy que es otra casualidad, pero la cuestión es que de nuevo volvemos a gozar con otra gran noticia, a Dios gracias; y es que dos arzobispos italianos (Carlo María Viganó, que fuera Nuncio en EEUU, y Luigi Negri, arzobispo emérito de Ferrara)  firman la profesión de fe sobre el sacramento del matrimonio de los obispos kazajos de la que ayer les hablábamos.

 

 

Y algunos dirán hoy que es otra casualidad, pero la cuestión es que de nuevo volvemos a gozar con otra gran noticia, a Dios gracias; y es que dos arzobispos italianos (Carlo María Viganó, que fuera Nuncio en EEUU, y Luigi Negri, arzobispo emérito de Ferrara)  firman la profesión de fe sobre el sacramento del matrimonio de los obispos kazajos de la que ayer les hablábamos.

 

 

Aquí tienen enlace a la noticia:

 

Enlace a la noticia sobre los dos Arzobispos italianos que se suman a los tres Obispos Kazajos

 

Después de todo. ¿Puede o no ser el 2018 el año en el que empecemos a ver los frutos de nuestra oración y esfuerzo?

La revolución llega a Italia; y no tiene visos de parar. Seamos optimistas. Es necesario que tantos y tantos obispos y cardenales que deben, necesariamente, pensar como nosotros (que para eso están más preparados y formados, y son sucesores de los apóstoles por cuya sucesión y fidelidad luchamos), se atrevan por fin a dar el paso que ya han dado Schneider, Peta, Langa, Viganó y Negri.

La misericorditis actual, que envuelve las gravísimas herejías que denunciamos, ahoga las distintas realidades de nuestra Iglesia, y con ellas a sus cabezas, pastores, prelados y príncipes. Y ello ha de acabar.

El hecho de que estos valientes obispos corrijan con su sana doctrina a la errónea es un motivo para dar profundas gracias a Dios, tener esperanza y seguir luchando.

Nos jugamos mucho. Nos jugamos todo. Porque recuerden… ¡Hasta el cielo no paramos!

 

P.D: Por cierto; mis queridos obispos españoles… ¿Para cuando el primero en sumarse a la lista? Recuerden que una vez fuimos la Reserva Espiritual de Occidente…

 

 

 

¡Feliz, integrador, misericordioso, viscoso, moderno, guay, enrollado e inclusivo 2018!

Vicente Montesinos

 

 

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Todos somos hijos de Dios… ¡Qué maravilla!

Especialmente son hijos de Dios los que menos creen en Él. Los que no le tienen Fe. Los que le rechazan.

¡Decir que los que tienen fe agradan a Dios es discriminatorio, es excluyente, además de ser políticamente incorrecto! Como bien dice mi hermano Juan; “no está a la altura de los vientos del Sistema”

 

¡Decir que los que tienen fe agradan a Dios es discriminatorio, es excluyente, además de ser políticamente incorrecto! Como bien dice mi hermano Juan; “no está a la altura de los vientos del Sistema”

 

¿Piensas que los que creen en Dios le placen? ¡Perdiste el Tren del Sistema!

Hazte un favor: escucha y lee a Bergoglio. Empápate del Magisterio de la ONU; y renuévate, por favor.

¡Es el Nuevo Orden Mundial!

 

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En este nuevo año ya tienes una tarea: ¡recíclate, que te quedas atrás! ¡No te pase como a mí!

Yo entre tanto; fanático y carca-tradicional, seguiré leyendo aquello de: “el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del Evangelio de la Gloria de Cristo, que es la imagen de Dios” (II Cor. 4,4)

Pero tú; no hagas como yo, hombre. ¡Aprovecha el viento nuevo! ¡Tú que puedes!

Y así, si Dios (con perdón) quiere, dentro de un año, podré escribirte de nuevo y decirte:¡Colega, veo que ya te graduaste y dejaste de ser un rígido y fanático de la Iglesia Católica! ¡Noto que pasaste del fanatismo al diálogo de la buena onda y los puentes del acompañamiento!

¡Felicidades, pues ya eres todo un progremodernista bergogliano¡ Y entonces ,de ahora en adelante… ¿Quién soy yo para juzgarte?

¡Feliz, integrador, misericordioso, viscoso, moderno, guay, enrollado e inclusivo 2018!

Estamos en guerra…

Vicente Montesinos

 

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A cada uno de nosotros se nos ofrecen dos caminos: el del Mundo y el de Dios.

Este doble ofrecimiento desemboca en la imagen del conflicto que el Mundo y el Demonio oponen a Dios Todopoderoso.

Luego insisto, un día más: la opción es personal; y estamos en guerra. Una guerra sin cuartel entre el bien y el mal; donde no hay término medio.

 

Luego insisto, un día más: la opción es personal; y estamos en guerra. Una guerra sin cuartel entre el bien y el mal; donde no hay término medio.

 

Esto no me lo invento yo; y nos lo advirtió Nuestro Señor Jesucristo: “quién no está conmigo, está contra mí…; quién no recoge, desparrama…“. Sí, uno de esos pasajes más claros y trascendentales del Evangelio; sombreado, ocultado y licuado por el buenismo, el modernismo, la corrección política y la progresía que nos desgobiernan: las armas de Satanás.

Todos experimentamos una guerra interior constante entre el verdadero camino de Dios y el camino del Mundo. Más aún cuando nos ha tocado vivir una etapa en la que hasta desde dentro se nos ofrece “Mundo”. De ahí no solo la necesidad de optar, sino también la de resistir.

Cada uno de nosotros hemos de estar atentos a los puntos débiles que nos atenazan, y a los obstáculos que nosotros mismos ponemos a la acción de Dios. A la verdadera acción de Dios. A lo que Dios quiere para cada uno de nosotros y para su Iglesia, de la que formamos parte.

Examinemonos pues, cada uno de nosotros, y sigamos, en tiempos de confusión, el guión que nunca falla: Jesucristo, Eucaristía y María; Sagradas Escrituras, Magisterio bimilenario, Tradición y Sana Doctrina.

Y cuidado con los falsos profetas…

 

 

Roguemos por el Papa Francisco. Aunque no me atreva a decir por sus intenciones.

Vicente Montesinos

 

 

A la vez que celebramos con gozo el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo en Belén; y con Él renovamos el compromiso de servirle y adorarle de por vida; puesto que una cosa no debe quitar la otra, le seguimos rogando; a los pies de su humilde cuna, trono del mundo; por su Iglesia. La única. La Santa, Católica y Apostólica.

Y ello porque el gozo del Nacimiento de Cristo no anula nuestro entendimiento, al contrario, sino que lo agudiza más, al ver la necesidad de que tan gran Señor tenga buenos siervos; y cuanto nos estamos alejando de ese objetivo y misión.

Porque  a nadie con dos dedos de discernimiento doctrinal, teológico y moral se le escapa que la crisis de nuestra amada Iglesia no tiene precedentes (y mira que las hemos pasado de todos los colores). Y ello sencillamente porque es muy difícil, sino imposible, hallar en la historia pontificado más desastroso que el de Francisco.

 

Porque  a nadie con dos dedos de discernimiento doctrinal, teológico y moral se le escapa que la crisis de nuestra amada Iglesia no tiene precedentes (y mira que las hemos pasado de todos los colores). Y ello sencillamente porque es muy difícil, sino imposible, hallar en la historia pontificado más desastroso que el de Francisco.

 

Y ahora, más que nunca, es cuando no podemos abandonar a Nuestra Santa Madre Iglesia, a pesar de las humanas y comprensibles tentaciones… ¡No! ¡Es la de Cristo, que hoy ha vuelto a nacer en cada uno de nuestro corazones; y busca ese remanente fiel que la sostenga!

Los soldados de Cristo Rey no tenemos esa posibilidad. No existe. Hemos de dar la cara, pues somos muy pocos los dispuestos. Hemos de salir al frente, pues hay muchos en la retaguardia. Hemos de perseverar en la lucha, porque ya muchos se rindieron, y lo que es peor; muchos otros se pasaron a las filas enemigas.

Hoy celebramos el Nacimiento de Cristo. Pero Cristo ha de volver. Y, cuando vuelva… ¿encontrará fe aunque sólo sea en un pequeño resto fiel?

¿Adelgazar más aún ese resto, aunque ello supusiera por fin descansar humanamente y  liberarnos de críticas, incomprensiones, juicios, rechazo y desprecio? ¡No! ¡Jamás!

La pregunta es personal. Yo ya me la he hecho. Y les invito a hacérsela, mis muy queridos hermanos: ¿estamos, cada uno de nosotros, dispuestos a aceptar el desafío de mantener la verdadera fe a pesar de las circunstancias?

De todo esto se nos avisó. Ahora falta asumir que el momento ha llegado, y resistir. Porque el Diablo y sus secuaces siempre intentaron acabar con la Iglesia de Cristo, y siempre de forma infructuosa. Pero el momento que tenía que llegar era distinto: dejar a la Iglesia de pie, pero infiltrarse en ella misma, como ya predijo San Pío X. Y el momento llegó, hermanos.

Todo es mucho más sutil. Y mucho más peligroso. ¿No lo ven? ¿Quieren ejemplos?

La Amoris Laetitia: ¿Acaso Francisco ha negado de forma oficial e inequívoca algún dogma? No. Por eso nunca responderá a las dubia. Porque no aclara nada. Ni la herejía que con total legitimidad se le sospecha (por ser finos).

Si vamos al origen de todo: la misa católica: ¿Cuantas veces se ha prohibido en la historia? Muchas. Pero esta vez se la ha “reformado”. Y aunque la nueva misa sea una novedad catastrófica; Cristo está presente, con lo cual el logro es aún mayor. ¿Acaso se conformaría Satán con desairar a simple pan y simple vino?

Y todo culmina, elevado a la enésima potencia,  en Francisco. Algunos dicen que no es el Papa… ¿Quieren que les diga algo? ¡Ojalá fuera verdad! Se entiende perfectamente ante la magnitud de los escándalos que muchos quieran declarar vacante la sede de Pedro. No digamos ya ante las dudas en su elección. Pero… ¿se conformaría con eso Satanás? ¿O preferiría infiltrarse en lo más alto? Dicho de otra forma… ¿Se quedaría satisfecho el diablo con una ramera impostora erigida en lugar de la Esposa sin mancha de Cristo?

 

Y todo culmina, elevado a la enésima potencia,  en Francisco. Algunos dicen que no es el Papa… ¿Quieren que les diga algo? ¡Ojalá fuera verdad!

 

Decir que Francisco es el Papa no es defender sus despropósitos. ¡Todo lo contrario! Es sufrir con esa verdad, cuando nos gustaría poder decir simplemente que ha perdido su condición de pontífice. Y no por ahora. Eso es lo malo.

Y todo ello viéndonos nosotros mismos afectados por la confusión diabólica; los enfrentamientos; las divisiones; el caos.

Por ello; insisto: no abandonen el Resto Fiel. Hemos de resistir a los planes modernistas e intentar socavarlos. ¡Es nuestro deber! Siempre desde dentro de la Santa Madre Iglesia Católica; como remanente firme; y sin permitir que deslegitimen nuestra resistencia.

No nos dejemos engañar y sigamos luchando en las trincheras. Esto antes o después acabará. Y… ¿vamos a abandonar a nuestra amada Iglesia en sus peores momentos? ¡No!

Roguemos por el Papa Francisco. Aunque no me atreva a decir por sus intenciones.

 

 

 

¿Cómo, cómo, cómo…? Las preguntas se amontonan. Me atribulan. Las rezo. Las medito. Le pido a Dios comprenderle, Santo Padre…

 

Vicente Montesinos

 

“No temo a lo que los hombres puedan hacerme por decir la verdad. Solo temo a lo que Dios me haría si mintiese” (SAN JUAN BOSCO)

 

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S.S el Papa Francisco

 

La verdad es que los católicos nos definimos por nuestra adhesión inquebrantable a la Iglesia, una, santa, y apostólica. Nuestra obediencia a las Sagradas Escrituras, al Magisterio, a la Tradición. Y por supuesto, nuestra unión efectiva al Santo Padre, siempre que hable ex cathedra o establezca dogmas de fe; y afectiva, debiera ser, en todo lo ideológico, práctico, diario, pastoral…

La lástima es que el Papa Francisco ha perdido ya la adhesión afectiva de gran parte de los católicos (todos los fieles al Magisterio Bimilenario) y que lleva camino de perder definitivamente la adhesión incluso efectiva. Con el desastre, peligro y escándalo que ello supone para Nuestra amada Santa Iglesia Católica.

No se puede sentir más dolor como católico que al observar la impronta que este pontificado está imprimiendo a nuestra Iglesia. No se puede sentir más estupefacción al descubrir que no hay ningún Pablo dispuesto a corregir firmemente a Pedro, con los propios instrumentos que la Iglesia posee, y cesar de una vez con esta situación de descontento, confusión, apostasía, destrucción y dejadez.

 

No se puede sentir más estupefacción al descubrir que no hay ningún Pablo dispuesto a corregir firmemente a Pedro, con los propios instrumentos que la Iglesia posee, y cesar de una vez con esta situación de descontento, confusión, apostasía, destrucción y dejadez.

 

Y no se puede sentir más soledad (bueno sí, seguramente la que sentiré después de este artículo) al tratar a diario con tantos obispos, presbíteros, religiosos, diáconos… y observar que nadie está dispuesto a dar la cara por el Resto Fiel. Sí. El resto fiel. Todos esos millones de católicos que asisten perplejos al desmontaje, lento, pero paulatino y efectivo, de toda nuestra sana doctrina.

Santísimo Padre, Su Santidad es Pedro. Pero ello no me exhime de mi deber de denunciar lo que, en conciencia, y desde mi humilde modo de ver, está siendo una actuación pontifical que nos lleva a una pendiente peligrosísima, y a una constante pérdida de almas.

Me decían hoy que no publicara este artículo. Que me metería en problemas. Lo sé. Pero mi principal problema sería rendir cuentas al Altísimo por no cumplir con mi deber. Mi público es Dios. Y mi Madre la Iglesia, y si alguien la va a dañar, la voy a defender con uñas y dientes, le pese a quien le pese; que poco me importa, y me juegue lo que me juegue, que me importa menos aún. Yo quiero poder seguir comulgando a diario con la conciencia tranquila.

El conflicto generado por Amoris Laetitia; presentado en pequeñas dosis; en forma de famosas notas 351, y de su complemento a las mismas en ruedas de prensa de avión, etc… (los juristas hablaríamos de nocturnidad y alevosía); nos ha llevado a episcopados enteros enfrentados por esta violación de la sana doctrina; a diócesis contra diócesis; a parroquias contra parroquias; a sacerdotes contra sacerdotes; a fieles contra fieles; en un enfrentamiento y un juego de la confusión desconocido en la Santa Madre Iglesia desde hace centenares de años.  La alarma invade a la Iglesia. Pero Francisco no hace nada para volver a poner orden. Sigue adelante; sin ni siquiera prestar atención a los cardenales que le presentan sus “dubia” (que van muriendo poco a poco); las correcciones filiales; las dudas de muchos de nosotros sobre cuestiones capitales de la doctrina que vemos en peligro y le pedimos que clarifique, etc.

El tremendo espectáculo dado en torno al 500 aniversario de la mayor herejía de la historia; y el homenaje a ese nefasto personaje llamado Lutero dado por el Papa Francisco; con los continuos pasos hacia la protestantización de la Iglesia llevados a término por este Pontificado; con el silencio, la aquiescencia y la ayuda del Colegio Cardenalicio y de gran parte de los Obispos (el último episodio ha sido el sellito conmemorativo con los dos heresiarcas en el lugar de la Virgen y de San Juan) ; es un tremendo misil en la línea de flotación de la única Iglesia de Cristo; y un insulto a todos los que dieron su vida en defensa de la Iglesia tras el sucio golpe de Lutero y sus secuaces.

La purga de todo Cardenal, Obispo o “cargo” que le lleve la contraria al Papa, o que pregunte, únicamente, por la confusa doctrina actual, no tiene antecedentes en la historia moderna.

El ascenso a importantes lugares de responsabilidad de personajes de, por ser finos, dudosa fidelidad al Magisterio y a la Sana Doctrina (pro-abortistas, miembros o simpatizantes del Lobby LGTB, ecologistas radicales, miembros de otras confesiones…) que dejan día a día estupefactos a millones de católicos.

Las humillaciones a prelados de sana doctrina, como Muller o Sarah, sin ir más lejos, y entre otros; y el aislamiento a quienes, como Monseñor Schneider, sigue siendo fiel a la doctrina de la Iglesia; está siendo inmisericorde, en el llamado, paradójicamente, “pontificado de la misericordia”.

Y es que esta actitud despótica real contrasta con la cara simpática, buenista, progremodernista y light de un papado contradictorio, que más allá de confirmar en la fe, confirma en la constante confusión. Porque hasta los hermanos que estén satisfechos con este Pontificado (únicamente por que “arma lío”) estarán de acuerdo en que la claridad y lucidez brilla por su ausencia.

La lista es larguísima. Aburriría. Y descorazonaría. Más aún.

Santidad: me siento triste, y preocupado. Por la Iglesia; y por usted. Los verdaderos católicos hemos de ayudarle. Queremos ayudarle. Pero sinceramente, tras casi 5 años de intentos, ya no sabemos como hacerlo. Nos limitamos cada vez más a rezar, no sólo por Su Santidad, como siempre, sino por que el Señor envíe luces para salir de esta dificilísima situación.

¿Por donde quiere llevar la liturgia, tan sagrada? ¿Cuales son sus líneas en lo moral, que se apartan peligrosamente de las enseñanzas que la Iglesia nos ha dado; y del depósito de la Fe que hemos recibido, y del que Su Santidad es custodio, y no dueño absoluto?

¿Porqué ese cariño hacia los enemigos de la Iglesia y ese tono despectivo constante con los llamados “tradicionalistas“, a quienes descalifica con evidente falta de caridad, causándonos un indescriptible dolor? A quienes así se dirige, en su gran mayoría, aman la sagrada tradición de la Iglesia y, lejos de obsesionarse con el pasado, como Su Santidad afirma, o ser estrechos de mente, antiguos, o tantas y tantas cosas como ha manifestado; están muy preocupados por el futuro de la Iglesia, sintiéndose responsables de su defensa. Una defensa que pareciera Su Santidad ha declinado.

Santidad… Es que no pararía… ¿Por qué amenaza la unidad de la Iglesia, dando poder a las conferencias episcopales para traducir y crear sus propias liturgias? ¿Qué interés tiene en ello? ¿Porque acabar con los pocos legados que nos van quedando de universalidad y de catolicidad en esta Iglesia en crisis?

Santidad… ¿Porque nos obliga a tragar con un falso ecumenismo; que más que acercar a los hermanos alejados a casa, se muestra indiferente con que los fieles estén o no dentro de la Iglesia?

¿Porqué desobedece a Cristo quien nos manda a evangelizar, diciendo que no le interesa traer fieles a la Iglesia Católica y que eso es proselitismo?

¿Por qué nadie denuncia, si me lo permite Su Santidad, estas, a mi humilde modo de ver, barbaridades; y le ayuda a reflexionar sobre estos clarísimamente erróneos derroteros?

Obispos que defienden la ilegalidad contribuyendo con su ánimo a golpes de Estado en democracias occidentales… Arzobispos que apoyan guías que animan a menores de edad a fornicar, tomar anticonceptivos y abortar… Cardenales que piden renunciar a nuestras creencias más importantes en aras del diálogo…  Etc, etc, etc…. ¿Porqué no dice nada, Santidad; y si alguien le habla de la defensa de la sagrada tradición lo aparta de la vida eclesial?

Santidad; sabemos que usted es infalible sólo cuando, en calidad de Pastor y Maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema y apostólica autoridad, define que una doctrina acerca de la fe o de las costumbres debe ser abrazada por la Iglesia universal. Me gustaría sentir su infalibilidad más allá de ello; pero me es imposible. ¿Qué pecado cometo? ¿Cómo debo tomar las reacciones a este artículo que, mientras escribo, a los pies del Santísimo Sacramento, ya vislumbro?

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Como ha dejado que el modernismo, el paganismo, el relativismo, el buenismo y la corrección política tomen las riendas del Vaticano, y desde allí, las del mundo católico?

¿Cómo ha conseguido, Santidad, decir cosas como que a usted no le interesa convertir a los protestantes, contradiciendo flagrantemente a Cristo; y que multitudes de católicos le aplaudan, desde una papolatría ignorante e insultante? ¿Como ha conseguido que sus hermanos en el Episcopado y casi todos los sacerdotes del mundo callen?

¿Cómo puede decir a las madres de familia que cumplen con amor con el Catecismo y las enseñanzas de la Iglesia que paren como conejas, y que nadie se queje?

¿Cómo, cómo, cómo…? Las preguntas se amontonan. Me atribulan. Las rezo. Las medito. Le pido a Dios comprenderle, Santo Padre. Le pido, más allá de mi fidelidad al Obispo de Roma, sentir ese afecto por su pontificado que sería deseable… Pero no puedo. Mi amor a la Iglesia y mi conciencia me lo impiden.

 

¿Cómo, cómo, cómo…? Las preguntas se amontonan. Me atribulan. Las rezo. Las medito. Le pido a Dios comprenderle, Santo Padre. Le pido, más allá de mi fidelidad al Obispo de Roma, sentir ese afecto por su pontificado que sería deseable… Pero no puedo. Mi amor a la Iglesia y mi conciencia me lo impiden. 

 

Santidad, usted parece haber tomado definitivamente partido por una Iglesia que se mueva con el mundo. Y los católicos requerimos una Iglesia que mueva al mundo.

Su Santidad parece querer que nos acomodemos al modernismo; en lugar de luchar contra él.

Con el debido respeto Santidad; ya no estamos en los años 60. Ya no hay que andar revolucionado ni armando lío. Ya bastante se ha armado. Y de aquellos barros, estos lodos. Lo que necesitamos es volver a nuestras raíces, a nuestra esencia, a nuestra fe; y a pastores que sepan conducirnos hacia el corazón del Evangelio de Cristo, y no fuera de él.

 

Con el debido respeto Santidad; ya no estamos en los años 60. Ya no hay que andar revolucionado ni armando lío. Ya bastante se ha armado. Y de aquellos barros, estos lodos. Lo que necesitamos es volver a nuestras raíces, a nuestra esencia, a nuestra fe; y a pastores que sepan conducirnos hacia el corazón del Evangelio de Cristo, y no fuera de él.

 

Papa Francisco: le imploro que piense sobre lo que humildemente escribo, y vea urgentemente formas de hallar dónde está hoy el rebaño. Porque camina hacia el acantilado . No logrará esto rodeándose con quienes aún viven en los 60.

Así que vuelva, o mejor, vaya, donde siempre hubo de estar; y abrace la sagrada tradición de la Iglesia. 

Porque, y aunque esta frase me cueste, como se dice en mi barrio, “vida, hacienda y corazón”, humildemente le digo, que se está usted equivocando. Y si no es así, peor me lo pone.

Se despide de Su Santidad, su obediente y humilde servidor.

 

 

 

 

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