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Adoración y Liberación

Por Vicente Montesinos

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Modernismo

¡Otra gorda se prepara en Roma para el 23 de junio!

Vicente Montesinos

 

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Un grupo de teólogos, filósofos, historiadores y eruditos de diversas ramas se reunirán en Roma el próximo 23 de junio en una conferencia prevista para explorar las raíces de la crisis que estamos viviendo en la Iglesia.

El simposio se titula  “Viejo y Nuevo Modernismo: las raíces de la crisis de la Iglesia”, y está siendo organizado por los promotores de la “Corrección Filial” de 2017, firmada por 250 clérigos y eruditos laicos de prestigiosas instituciones académicas de todo el mundo.

Según los organizadores de este nuevo paso en la lucha por vencer el actual estado de confusión reinante en nuestra Iglesia, el rechazo de los errores que han penetrado en el Cuerpo místico de Cristo y el regreso, con la ayuda de Dios, a la verdad católica creída y vivida, son las condiciones necesarias para el renacimiento de la esposa de Cristo.

El principal impulsor de la conferencia es el profesor Roberto de Mattei, un historiador italiano que preside la Fundación Lepanto y que ha sido profesor en diversas universidades y se ha desempeñado como vicepresidente del Consejo Nacional de Investigación, la institución científica líder en Italia. De Mattei fue uno de los principales promotores de la Correctio filialis presentado al Papa Francisco en 2017.

Según de Mattei, el objetivo de la conferencia es contribuir a una mejor comprensión de la naturaleza de la crisis en la Iglesia y, sobre la base de este análisis, identificar los recursos más eficaces para superarla. Como afirma el erudito, “el pontificado del Papa Francisco ha sacado a la luz esta crisis de una manera dramática. Pero el proceso de la autodemolición de la Iglesia ya había sido denunciado por Pablo VI en 1968, después de la oposición a Humanae Vitae. Hoy los herederos de esa oposición ocupan los puestos más altos en la Iglesia. Los autores de Correctio filialis identificaron en ese documento una serie de errores y herejías propagadas por el Papa Francisco. Pero ninguno de los autores, creo, piensa que el Papa Francisco sea el único responsable de la situación de confusión doctrinal y pastoral en la que la Iglesia está inmersa hoy. Imaginemos que el Papa Francisco, por la razón que sea, abandone la escena de la noche a la mañana y se elija un nuevo Pontífice. ¿Volvería todo en orden? No claro que no. La crisis tiene una dimensión sincrónica, que se extiende por todo el cuerpo de la Iglesia, de arriba a abajo, incluidas conferencias episcopales enteras. Pero también tiene una dimensión diacrónica, lo que lo convierte en un proceso a lo largo del tiempo. El Papa Francisco es el producto histórico de este proceso”

El término modernismo fue acuñado por San Pío X para definir todo un conjunto de errores teológicos, filosóficos y exegéticos que surgieron durante el pontificado de su predecesor León XIII. En 1907, Pío X condenó el modernismo con la encíclica Pascendi y el decreto Lamentabili. Después de esta condena y las medidas disciplinarias que siguieron, el modernismo pareció desaparecer, pero resurgió en la década de 1930 y penetró en todas las esferas de la Iglesia, especialmente después de la muerte de Pío XII, y con el apoyo pastoral del Vaticano II y los abusos consiguientes en su aplicación.

Según de Mattei, en este caso, “los oradores abordarán las raíces epistemológicas, teológicas y filosóficas de la crisis religiosa de nuestro tiempo. Hablaremos sobre modernismo, nouvelle théologie, el Concilio Vaticano II y sus consecuencias y, por supuesto, el pontificado del Papa Francisco“.

Como el mismo historiador ha afirmado, “el simposio internacional también presentará una interesante oportunidad para discutir la hipótesis teológica y canónica de un Papa herético. Pero está claro que es imposible agotar problemas tan vastos y complejos en un día. Por lo tanto, nos limitaremos a ofrecer algunas ideas, con la esperanza de que otros estudiosos las estudien más profundamente y, sobre todo, que los obispos y cardenales las tengan en cuenta.

En definitiva, una importante llamada más a no permanecer en silencio, sino a dar testimonio de la fe de la Iglesia y denunciar los errores que se le oponen, así como identificar a los responsables de ellos.

Y es que con este tipo de iniciativas, puede que no se salve la Iglesia, pero sin el compromiso militante de cada individuo, de acuerdo con su propio rol y capacidades, la intervención de la Gracia Divina, que es el único medio para resolver la situación, no ocurrirá.

Vemos con gozo como hay esperanza; porque los blogs, los portales, las conferencias, las denuncias, los llamamientos, las iniciativas… todo… está contribuyendo al resurgimiento, aunque parezca que aún en pocos, de un clima de fidelidad renovada a la Iglesia y de firme oposición al proceso de autodisolución que la está atacando. Ello es, como bien han entendido los organizadores de esta nueva iniciativa, una expresión de la vitalidad del Cuerpo Místico de Cristo, y alimenta nuestra esperanza sobrenatural en un futuro renacimiento de la Iglesia.

A seguir… Y a luchar… Duc in altum! ¡Porque hasta el cielo no paramos!

 

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FIRMA INVITADA: Aborto, esclavitud de la mujer y humanicidio.

Nota del Director: Por su absoluta maestría, acierto e indispensabilidad, me veo impelido a recomendarles vivamente la lectura del siguiente artículo publicado por el Padre Christian Viña en Adoración y Liberación. Dios les bendiga.   Vicente Montesinos

 

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+ Padre Christian VIÑA

El Día Internacional de la Mujer, y el así llamado Paro de mujeres, de este 8 de marzo, encuentra a nuestra colonizada Argentina sumida en una salvaje campaña pro aborto; impulsada por el gobierno (“sin principios de orden moral y natural”, como bien lo describiera nuestro Arzobispo de La Plata, Mons. Héctor Aguer) y sus supuestos opositores. Unos y otros, rejuntados en esta transversalidad funesta de la democracia liberal, se empecinan en debatir lo que, de por sí, está fuera de todo debate: lo sagrado de toda vida humana.

 

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No todo está sujeto a la fugaz e, incluso, antihumana dictadura de circunstanciales mayorías, o de consensos surgidos de masas manipuladas, que se resisten a la razón. El primerísimo derecho a la vida, sin el cual no son posibles los otros derechos humanos –tan reivindicados por la izquierda, hoy más que nunca al servicio del imperialismo demográfico-, jamás podrá depender del antojo, los caprichos y hasta las modas, elevados a dioses intocables, por parlamentos y gobiernos rehenes del Nuevo desOrden Mundial. Curiosa contradicción de quienes se empecinan por definir a los animales como personas no humanas, y les niegan su condición de personas a los humanos…

Eliminada la barrera de la protección de los más débiles e indefensos de la sociedad todo será posible. En una caravana salvaje se sucederán –como ya lo estamos viendo en la Europa agonizante, donde mueren más personas de las que nacen-, otras formas de infanticidio y eutanasia indiscriminados, para niños, jóvenes, adultos y ancianos. Una sociedad que elimina a los más pobres y vulnerables, lisa y llanamente, renunció al sentido y al bien común, ha decretado su propio exterminio; y tiene, por cierto, los días contados… Humillante es comprobar que todo eso se disfraza de absoluta libertad para decidir. Quienes no piensan jamás podrán elegir libremente…

En el colmo del cinismo, los agitadores de la anticultura de la muerte, exhiben cifras exageradas sobre las muertes de las mujeres que abortan. Ocultando, claro está, que en todo aborto, muere una mujer o un varón por nacer; y a veces, también, sus madres. Y apelan, como no podía ser de otra manera, a las mujeres pobres y sus abortos clandestinos.

Quienes como nosotros, los sacerdotes, vivimos entre muchas mujeres pobres sabemos perfectamente que entre ellas es muchísimo menor el número de abortos. Los que menos tienen suelen ser los más cuidadosos de las vidas más frágiles; porque, entre otras cosas, saben por propia experiencia, que para muchos ellos mismos son descartables… ¡Dios llora junto a las mujeres que han abortado; y que nunca encontrarán humano consuelo! Bien sabemos los curas cuánta oración, cuánto amor y cuánta paciencia son necesarios para ayudarlas a sanar esa herida; que, sin el auxilio de la gracia, jamás cerrará del todo…  Por lo demás, legal (según  el derecho positivo) o ilegal, el aborto es y será siempre criminal e ilegal, según la ley natural.

Defender toda vida humana no es algo de católicos fundamentalistas… (¡Gloria a Dios, de cualquier modo, que los católicos seamos valientes y primerísimos soldados de esa causa…!). Defender toda vida humana es algo propio de la naturaleza humana, de su instinto de supervivencia, del sentido común y, claro está, de la razón.

El feminismo totalitario, de clarísimas raíces marxistas, en maridaje con el ultracapitalismo, es ni más ni menos que un hembrismo brutal; enemigo acérrimo de la mujer y el varón. Basta con leer sus consignas: “muerte al macho”, “basta de heteropatriarcado”, “abortá al macho”, y otras sentencias por el estilo, para concluir que lo que se busca es la destrucción de la especie humana. Hoy mujeres y varones somos víctimas de la peor esclavitud: la de aquellos que se creen absolutamente libres, sin darse cuenta de las cadenas y grilletes que los postran…

¡Qué bien nos vendría ese nuevo feminismo, del que habló proféticamente San Juan Pablo II! ¡Cuánto añoramos mujeres que no vean sus hogares como cárceles, ni a sus cuerpos como mera materia absolutamente disponible, ni a los niños como enemigos, a los cuales eliminar!

Felizmente, entre los más jóvenes, los llamados millennials, crece ostensiblemente el número de los provida y profamilia. Quizás por ser ellos mismos las víctimas más estragadas del modernismo, el hippismo, el así llamado Mayo francés, y de todas las lacras que los siguieron… Adolescentes y jóvenes huérfanos con padres vivos; que sufren al ver a sus propios padres reducidos a verdaderas piltrafas… Y que, prácticamente, no han tenido quien les hablara de la pureza, la castidad y la virginidad hasta el matrimonio; como fundamentos de una auténtica educación sexual integral.

Felizmente, incluso entre los más adultos que no se resisten a pensar, crecen los militantes de la vida, el matrimonio y el orden natural. Seguramente porque no quieren que los Soros, los Rockefeller, los Gates, los Zuckerberg, y otros de sus castas, financien con sus dineros esta reingeniería social; que hace a la luz del día, y con el éxtasis de las masas manipuladas, lo que los nazis y los comunistas hicieron en la oscuridad de los campos de concentración…

Felizmente, entre quienes sufren la pérdida de menores y mayores, nietos y abuelos, se va alzando un creciente ejército de  valientes, dispuestos a decirles ¡basta! a los amos del planeta. Son los que aunque no tengan visibilidad –como se dice ahora a las imposiciones mediáticas-, no están dispuestos a dejarse matar por los financistas del mundialismo sin Dios; y, por lo tanto, sin hombre.

Felizmente, en nuestra Hispanoamérica, en buena parte de Estados Unidos, en África, en Asia e, incluso, en Europa, particularmente la oriental, con los países del Grupo de Visegrado, se van multiplicando las voces, los movimientos y las luchas en favor de los niños por nacer. Y en contra del humanicidio abortista, que mata en el mundo, por año, alrededor de sesenta millones de seres humanos; y, en tan solo una década, muchas más personas que todas las guerras juntas de toda la humanidad, de todos los tiempos…    

Que cada uno tome, entonces, su puesto de combate en esta batalla por la vida; que no es ni optativa ni secundaria. Y que, al hacerlo, cierre por un momento sus ojos y evoque a la madre que lo tuvo, y a la abuela que lo cuidó; que, con su maravilloso e irremplazable instinto maternal, guardaron de varones y mujeres con la sola recompensa del deber cumplido. Ellas, por supuesto, no harán ninguna huelga de mujeres. Y seguirán apostando por la vida, el matrimonio y la familia; pese a sufrir los más crueles ataques, el desprecio, y hasta la apostasía estruendosa…

 

La Plata, martes 6 de marzo de 2018

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Francisco y Gutiérrez se encuentran: de la marginación a los católicos de siempre, y el agasajo a la “Teología de la Liberación”

 

Vicente Montesinos

 

 

 

 

El pasado domingo 21 de enero Bergoglio se reunió en Perú con Gustavo Gutiérrez.

Gustavo Gutiérrez Merino (Lima, 8 de junio de 1928) es un filósofo y teólogo peruano, ordenado sacerdote en 1959 y dominico desde 1998, y es uno de los principales representantes de la corriente teológica denominada teología latinoamericana de la liberación. De hecho, es considerado por muchos como el verdadero padre de esta herética ideología.

Gustavo Gutiérrez fue invitado a la Nunciatura Apostólica para encontrarse con el Santo Padre.

No hay que olvidar el enorme daño que ha hecho a la Iglesia esta relectura marxista del Evangelio; que hoy parece que se ve con aprecio desde Roma. Con esto aunamos ya todos los males posibles: relativismo, progremodernismo, filo-marxismo, teología de la liberación, populismo, falsa misericordia, y desprecio por la sana doctrina, la tradición y el magisterio bimilenario.

 

Porque no hay que olvidar que la perniciosa teología de la liberación parte de unos errores inadmisibles:

 

  • Una interpretación de la Biblia “releyéndola desde los pobres” para sacar de ahí una praxis inspirada en el materialismo histórico debido a Marx, que niega la prioridad del ser sobre el hacer y por tanto de la verdad y del bien de la acción humana. Este principio es totalmente falso y no es demostrado ni demostrable.

 

  • Una justificación de la lucha de clases, que no solo es un error porque es contraria a la caridad, sino que está equivocada porque se le concibe como el motor ineludible y necesario de la historia, negando la libertad de la persona y su capacidad para dirigir dicha historia contando con la providencia Divina.

 

  • Un continuo negar y distorsionar verdades fundamentales como son Cristo, la Iglesia, los Sacramentos, etc., que en la práctica ha conducido a someter a la Iglesia a una dirección política determinada, no solo ajena a su misión sobrenatural, sino comprometiéndola en una situación humana deplorable, ya que en el socialismo la persona no cuenta ni se le reconoce su dignidad de hijo de Dios y su destino eterno.

 

Pues ahí Francisco besándose con ella. Resucitándola. Dándole alas.

Mientras tanto no es que no reciba a los Cardenales de la Dubia (mientras siguen pereciendo), o a los fieles Obispos Kazajos; sino que no se digna ni a girarles una respuesta.

Dios nos asista.

Y porque hasta el cielo no paramos, que Dios les bendiga.

 

Reacciones a la “Carta abierta a mis amigos sacerdotes”… (1 de 3)

Vicente Montesinos

 

 

La Carta abierta a mis amigos sacerdotes (y algún que otro Monseñor…) que publiqué hace escasos días en adoracionyliberacion.com y en el Blog de adoracionyliberacion en Infovaticana; ha tenido, para bien o para mal, cientos de reacciones (y no exagero). De hecho casi a duras penas puedo, aunque lo intento, responder a todas (comentarios en los blogs, whatsapps, correos electrónicos, manifestaciones en las redes sociales de Adoración y Liberación o mía personal, etc…). Esto evidentemente no es por mérito mío; que ni lo tengo ni lo deseo; sino por la candente actualidad de la terrible situación que vivimos, y que algunos nos empeñamos en seguir denunciando.

Más o menos se repite la tendencia: unos cuantos sacerdotes dándome su apoyo y ánimos (aunque bastantes más que en otras ocasiones); un mayor número guardando sepulcral silencio (como siempre) ; y luego las habituales (pero más numerosas y furibundas, al parecer, por la repercusión de la carta) reprimendas, amonestaciones y amenazas (como siempre, sin debate doctrinal alguno ni argumento más allá de que no coopero a la unidad, que hay que estar con el Papa haga lo que haga, etc…)

Esto por lo que al clero se refiere. No obstante me esperanza la clara y valiente reacción de algunos consagrados (más de uno de relevante “importancia”), quienes, aunque no vean ustedes ahora con nombre y apellidos; sí que se han puesto en contacto conmigo identificándose con todos su datos y dando la cara. Identidad, que por supuesto, yo siempre guardaré en secreto, mientras ellos no la descubran. Faltaría más. El límite de exposición lo pone cada uno y es algo personal. Aunque a mi me gustara que todos salieran a la luz.

Pero digo que me esperanza porque aunque sea muy poco a poco hasta la “clerecía”, como bien decía Paco Pepe, va abriendo los ojos a la desastrosa situación actual, porque ya quien no lo ve es porque no quiere (recuerdo que el Vaticano después de publicar mi carta acaba de condecorar por sus impagables servicios a la Iglesia a una de las reinas del abortismo europeo; y si antes de esto, ninguno de los consagrados pudo unir a sus amenazas argumento alguno para discutirme, después de esto, debieran sentir una enorme vergüenza los que quieren seguir vendiendo que los católicos debemos callar ante todo).

Si esperanzas me dan estos tímidos pasos de algunos clérigos, más esperanzas me da el saber que Cristo nunca va a abandonar a su Iglesia. Y que quizá, con la Gracia de Dios, el esfuerzo valiente de tanto laico atribulado, y la fuerza que nos da el espíritu Santo para seguir desde la Iglesia Católica amándola y trabajando por ella; la purificación no esté tan lejos. Y digo esto porque especial alegría me ha dado la reacción de muchos (pero muchos) seminaristas de España (más que sus mayores) que se han puesto en contacto conmigo para manifestarme su apoyo y total adhesión. Evidentemente dicen no poder salir a la palestra hasta ser ordenados (lo cual yo no sólo entiendo, sino que agradezco, y así se lo aconsejo, ya que, necesitamos estos pastores, que sólo falta que ellos no lleguen, y dejemos a Nuestra Santa Madre Iglesia en manos de la “Mafia de San Galo” o de los “Padres Ángel” o “Monseñores Agrelos”). Pero a mí se me han identificado con nombres, apellidos y DNI. Y con una claridad, fidelidad doctrinal al Magisterio bimilenario y a la Cátedra de Pedro, y sumisión absoluta al mandato de Cristo, que ya quisiéramos para muchos de los actuales ordenados. Esto, además, es un mérito enorme teniendo en cuenta lo que hoy se enseña en muchos seminarios, y el ambiente relativista (cuando no absolutamente light y progremodernista) del que en los otrora gloriosos Seminarios se les imbuye.

¡Que gozo he recibido leyendo a algunos de ellos! ¡Rezad por ellos, hermanos! ¡Los necesitamos!

Y por último… ¿Qué decir de los laicos? ¡Cuantos valientes, a centenas, se han puesto en contacto conmigo por todos los medios! ¡Cuanta claridad doctrinal y fidelidad al Magisterio Bimilenario, las Sagradas Escrituras, la Tradición y la sana doctrina! ¡Cuanta decepción con la jerarquía eclesial actual y oraciones y mortificaciones y trabajos para revertir la situación! ¡Cuantas barbaridades las que tienen que soportar y callar! ¡Y cuanta valentía! ¡Y digo esto porque son decenas los que me piden que ponga a la firma mi carta porque la quieren suscribir con nombres, apellidos y cargos eclesiales! ¡Muchos!

A todos ellos les he pedido, de momento, frenar esa iniciativa. Y no por nada; ya que me parece muy loable (aunque el Papa haya hecho caso omiso a los Cardenales de la Dubia y a la Correctio Filialis de miles de consagrados y seglares).  Sino porque no quiero que en nada de esto parezca que mi intención es la de acaparar ningún tipo de protagonismo; y por tanto, no se trata tanto de suscribir la carta de Vicente Montesinos, como de seguir suscribiendo, defendiendo, testimoniando y dando día a día la cara por la reversión de esta terrible situación de confusión, división y caos moral a la que el pontificado de Francisco y sus jerarquías adláteres nos ha llevado. No obstante les doy infinitas gracias. ¡Muchas! Y no descarto que, si las cosas no cambian, debamos tomar más iniciativas. A lo mejor, quien sabe, junto a nuestra oración, sacrificios, denuncia, testimonios escritos y difusiones personales, se acerca el momento de tener que hacer algo más.

En definitiva este es un poco a groso modo el balance de las reacciones a la Carta. Para esta primera entrada es suficiente.

Me reservo por no cansarles, para la segunda, algunas respuesta laicas que me han dejado especialmente confirmado en esta lucha.

Y para la tercera, la carta de un seminarista de España; como representación de muchos otros que se han puesto en contacto conmigo, que les aseguro hará caer la cara de vergüenza a más de un miembro de la “clerecía”. ¿O cómo se decía?

Y porque hasta el cielo no paramos… ¡Que Dios les bendiga!

(… continuará)

 

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Carta abierta a mis amigos sacerdotes (y a algún que otro monseñor)

Vicente Montesinos

 

 

 

Mis muy queridos y reverendos amigos.

Mis respetados y obedecidos monseñores.

Durante los últimos tiempos me he visto compelido a tratar en mi portal, (adoracionyliberaciom.com), y posteriormente también en mi blog en Infovaticana (https://infovaticana.com/blogs/adoracion-y-liberacion) sobre dolorosos y espinosos temas, que, como ya les he repetido en numerosas ocasiones, a modo de lo que pareciera una justificación que ya me he cansado de dar, siempre escribo en conciencia, y ante el Santísimo Sacramento; y convencido del deber de hacerlo, humildemente, pero con la paz y seguridad de estar trabajando por el Reino de Cristo, la Santa Madre Iglesia y la Verdad.

No hace falta que me alargue mucho en todos esos temas en esta ocasión. Ya saben que he alzado la voz, siempre con respeto y amor filial, sobre muchas cosas: las confusiones creadas por Francisco a bordo de los aviones (no cabrían en este artículo, pero valga como ejemplo el tratamiento de conejas a las madres católicas fieles que abiertas a la vida han recibido amorosamente de Dios los hijos que éste les ha mandado); el tremendo error y herejía que está suponiendo el falso ecumenismo, con ensalzamiento del mayor hereje de la historia como fue Lutero como “testigo fiel del Evangelio“; la confusión creada por el Vaticano con los nuevos valores en alza como el ecologismo radical, el tratamiento confuso del tema de la natalidad, etc…; el progremodernismo que ha copado todas y cada una de las instituciones que dependen de Roma; el relativismo en el tratamiento de la mayoría de los asuntos de moral personal, familiar y social; el encumbramiento a los puestos de responsabilidad en la Iglesia de personajes de toda calaña y afiliación a los lobbys pro LGTB, abortista, populista, marxista, etc…; la persecución y ostracismo de los pocos seglares, sacerdotes, obispos y cardenales que se han atrevido a alzar la voz contra la flagrante persecución de los que vienen en llamar “católicos tradicionales, carcas o fanáticos”, y que yo llamo simplemente católicos; es decir, fieles de conciencia recta y amantes de nuestra sana doctrina y tradición; el acoso y derribo a la institución familiar y a su sagrada unión a la vida sacramental, que con globos sonda se fue preparando hasta la promulgación del gravísimo error que es Amoris Laetitia y en especial del capítulo en cuestión que aborda los temas más delicados, y de ese 303, que es lo más grave que se ha escrito oficialmente en la Iglesia desde hace muchos siglos; el apoyo como magisterio pontifical a esa terrible declaración argentina; el inicio ya, consolidado el tema del matrimonio y la comunión de los llamados “divorciados y vueltos a casar” de la nueva campaña en favor del uso de los anticonceptivos, lanzada ya desde la Academia Pontificia de la Vida, etc, etc, etc, etc… (no acabaría, y no quiero que dejen de leer este artículo hasta el final, por lo que corto esta terrible lista)

Mis Estimados Padres y Excelencias Reverendísimas: saben también muchos de ustedes que, queriendo ser siempre transparente y sin doblez, todo lo he publicado con mi nombre; todo se lo he remitido además en innumerables ocasiones a todos los que tengo el gusto de conocer  de forma personal; y siempre manifestando mi sumisión a la Verdad de Cristo, a las Sagradas Escrituras, al Magisterio Bimilenario y a la Sagrada Doctrina. También saben que siempre invitándoles a que me saquen del error doctrinal en el que haya podido caer en todas y cada una de las ocasiones.

Jamás; y digo jamás, han podido ninguno de ustedes corregirme una coma de lo manifestado.

Sí que han podido unos pocos, manifestarme su apoyo, de forma discreta.

Y una gran mayoría callar, y no responderme ni con un “hola”, “gracias”, “saludos”, o “mi bendición”, no sé… Algo.

Aparte de esta gran mayoría, no han faltado tampoco quienes entre ustedes me han recriminado, me han amonestado, me han retirado su afabilidad, e incluso me han amenazado e impelido a retirar diversos y variados artículos.

Pero eso sí: sin nunca dar razones de su fe, doctrina y enseñanza ni indicarme ni un sólo aspecto en que me haya equivocado.

Yo soy únicamente un  umile lavoratore nella vigna del Signore“; y ustedes grandes teólogos, biblistas, doctores,  etc… (sus títulos tampoco caben en este artículo). Luego doy por seguro y sentado que ustedes saben mucho más que yo. Por lo que si no me han corregido; puede ser por dos cosas: o porque ignoran absolutamente lo que transmito, y ni se molestan en rebatirlo; a pesar de que les puedo asegurar que, de una manera o de otra, recoge la inquietud de miles y miles de almas católicas sanas y devotas que están atribuladas por la deriva actual de la Iglesia (esto sería malo); o por que saben que tengo razón, y quieren seguir viviendo en la cruel mentira que está llevando a gran parte de la Iglesia a mirar hacia otro lado, con el consiguiente peligro por sus almas, y todas las que a ustedes hemos sido encomendadas (esto sería aún peor)

Es por ello que he decidido que ya no voy a remitir ningún artículo a nivel personal a ninguno de los reverendos padres y monseñores a los que se los he venido remitiendo; ya que si han optado por preferir su paz personal a la dolorosa verdad que vive Nuestra Santa Madre Iglesia (y digo, en ese caso, que no lo sé…), no voy a ser yo quién les “presione” más con mis escritos para cambiar de parecer; y en otro caso, si a alguno de ustedes les interesa seguir leyéndome, ya saben donde escribo y pueden encontrarme (de hecho me consta que muchos de ustedes lo hacen, y sin manifestarme a mí nada, se re-envían unos a otros los artículos para “avisarse” del peligro que supone este católico, pecador, pero amante profundo de Cristo y de su única Iglesia; al que antes trataban con cariño, y ahora con frialdad, cuando no desprecio)

Así pues, esta va a ser la útima comunicación que reciban a nivel personal y en privado todos y cada uno de los consagrados a los que tengo acceso (que son, gracias a Dios y a ustedes mismos, muchos); y descansen, que por mi parte, no recibirán perturbación alguna más.

 

Así pues, esta va a ser la útima comunicación que reciban a nivel personal y en privado todos y cada uno de los consagrados a los que tengo acceso (que son, gracias a Dios y a ustedes mismos, muchos); y descansen, que por mi parte, no recibirán perturbación alguna más.

 

Ya saben donde estoy, y que sigo a su servicio y al de la Santa Madre Iglesia; como he hecho desde que tengo uso de razón, y como espero hacer hasta el día que me muera.

Y aprovechando el canal de difusión que suponen estos medios digitales que Dios nos ha concedido para contribuir a evangelizar (no a hacer proselitismo, como dice nuestro Papa; sino a predicar el Evangelio y convertir a todos los pueblos y naciones, que es al fin y al cabo el mandato divino) hago extensiva esta carta a todos los sacerdotes que no conozco, y a todos los fieles laicos; ya que miles, de unos y otros, sé que me siguen, por la gracia de Dios; y muchos (más de los que piensan) de unos y otros, se dirigen a mí mostrando, a Dios gracias, su fidelidad a la sana doctrina y su regocijo porque, algunos pocos, no temamos ser su voz y  arriesgar honor, vida y hacienda, en esta causa; ya tan urgente, de salvar, sea como fuere, almas; dados los tiempos que nos ha tocado vivir.

Ahora, antes de despedirme de ustedes, quiero hacerles unas pequeñas matizaciones finales, en relación a los graves temas que nos acechan; y muy especialmente a Amoris Laetitia, ya que, como todo lo demás, ustedes manifiestan que no existe (aunque esté poco a poco socavando nuestros cimientos y destruyendo nuestra Iglesia), me limitaré a lo que está escrito, publicado, autentificado y pontificado, para que no se coja ninguno de ustedes al infantil argumento de que todo esto son imaginaciones.

Verán:

No puedo compartir de ninguna de las maneras la forma de tratar que tienen muchos de ustedes la grave confusión que sufre la Iglesia motivada por el Pontificado de Francisco, a la que, y con caridad, amor y desde dentro de la Iglesia, algunos laicos nos sentimos obligados a contribuir a aclarar.

Con dolor, y humildemente, muchos de nosotros vemos que en la Iglesia las cosas se están enfocando mal; y están sirviendo (se lo digo con conocimiento de causa) para apartar muchas almas; sin atraer a otras, lo que pareciera ser el objetivo de estas “aperturas doctrinales”, que están actuando en clara contradicción con el Magisterio bimilenario, la Tradición, las Sagradas Escrituras y la Sana Doctrina.

 

Con dolor, y humildemente, muchos de nosotros vemos que en la Iglesia las cosas se están enfocando mal; y están sirviendo (se lo digo con conocimiento de causa) para apartar muchas almas; sin atraer a otras, lo que pareciera ser el objetivo de estas “aperturas doctrinales”, que están actuando en clara contradicción con el Magisterio bimilenario, la Tradición, las Sagradas Escrituras y la Sana Doctrina.

 

Padres; tras la publicación de Amoris Laetitia, han sido muchos los obispos, así como las Conferencias Episcopales, que han publicado directrices “pastorales” que conciernen a los llamados “divorciados que se han vuelto a casar”.

Saben ustedes mejor que yo que para los católicos no hay tal divorcio; porque el vínculo sacramental válido de un matrimonio ratificado y consumado es indisoluble; y que para un católico hay un solo matrimonio válido cuando el cónyuge sigue vivo. Por ello hablar de  “divorciado y vuelto a casar” es un engaño en toda regla. De ahí, y puesto que se utiliza esta falaz expresión con tal alegría y profusión, que nos veamos obligados a entrecomillarla e iniciarla por la palabra “llamados”.

Dichas directrices a las que hacía mención, prevén, en última instancia, la admisión de “los divorciados que se han vuelto a casar” a la Sagrada Comunión, sin la exigencia de la condición indispensable y establecida de manera divina de no violar el sagrado vínculo del matrimonio a través de una relación sexual con una persona que no es el cónyuge legítimo.

Todo este largo y doloroso proceso ha alcanzado el momento más álgido cuando Francisco ha dado orden de que se publique en las Acta Apostolicae Sedis su propia carta de aprobación de las directrices de los obispos de Buenos Aires. Y no sólo eso, sino que de seguido vino la declaración por la que esta aprobación pontificia pertenecería al “Magisterio auténtico de la Iglesia”.

¿Qué ustedes no saben todo esto? ¿Cómo pueden o no saberlo, o no denunciarlo? ¿Qué les dicen a las personas que acuden a sus confesionarios confusas con esta cuestión?

Estas directrices, aprobadas por el Papa, contradicen de pleno la Revelación divina que desaprueba por completo el divorcio, así como la enseñanza y la práctica sacramental del Magisterio ordinario y universal infalible de la Iglesia. Y no me lo pueden negar.

 

Estas directrices, aprobadas por el Papa, contradicen de pleno la Revelación divina que desaprueba por completo el divorcio, así como la enseñanza y la práctica sacramental del Magisterio ordinario y universal infalible de la Iglesia. Y no me lo pueden negar. 

 

Por lo tanto, este humilde servidor, y les aseguro que junto a él muchos más, y de una forma cada vez más clara; se siente en conciencia obligado a no callar y a volver de nuevo a corroborar su adhesión a la inmutable doctrina y práctica de la Santa Madre Iglesia Católica sobre la indisolubilidad del matrimonio sacramental.

Pero es que acaso, mis queridos padres, ¿la Iglesia nos pertenece? ¿Pertenece siquiera al Papa? ¿O somos, y especialmente el Papa es, guardianes, y él el primer guardián, de un depósito de fe de 2000 años que nos ha sido confiado y sobre cuyo cuidado responderemos cada uno de nosotros, según su responsabilidad, el día del juicio? ¿O es que ya tampoco se puede hablar de juicio? Que por cierto, otra de las cosas que me hubiera gustado comentar es el destierro de la enseñanza de los novísimos, y el que en esta época del ensalzamiento de la falsa misericordia (que ya muchos llaman “misericorditis”) no se hable a los católicos del pecado, del juicio, del purgatorio, del cielo, del infierno y de tantos otros aspectos que han llevado a que la conciencia del mal sea cada vez más laxa y relativa, a que todo se deje en manos de la “conciencia personal”, y por tanto, a empujar cada vez a más almas, por su ignorancia, y la responsabilidad de todos, hacia el abismo del averno.

La Iglesia, padres, es de Cristo Todopoderoso; y por Él hemos de luchar (y yo lo voy a seguir, desde su seno, haciendo) para reparar este daño. ¡Aún hay tiempo! ¡Únanse por favor a nuestras súplicas, nuestro humilde testimonio, nuestra sana denuncia, nuestras peticiones, oraciones y sacrificios, para que de una forma u otra nuestro Santo Padre ponga fin a esta confusión! ¿Porqué no pedirle que de una vez responda a la filial y humilde dubia presentada por los Cardenales que, van falleciendo, sin ni siquiera ser escuchados, recibidos o contestados? ¿Porque no pedirle aclare a los miles de sacerdotes y laicos que firmaron la correctio filialis tanta confusión que debe repararse para que no siga sufriendo la Esposa de Cristo? ¿Qué miedo tienen ustedes? ¿Perder? ?¿El que? Yo soy un pobre pecador y hace tiempo que dejé de temer perder nada, si podía perder mi alma. La prueba es esta carta que les remito y publico abiertamente. ¿Acaso no son ustedes mejores que yo? ¿Entonces porque no aparcan el miedo? ?¿No corrigió San Pablo a San Pedro de forma caritativa, y este lo aceptó de forma humilde?

Sí; Dios ha permitido todo esto. Él sabrá porqué. Está claro que  “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rm 5, 20), y que Dios ha permitido esta extraordinaria confusión moral y doctrinal para que, después de la crisis, la verdad brille aún más y la Iglesia sea espiritualmente más hermosa, sobre todo en los matrimonios, las familias y los papas. Pero… ¿No requiere eso de nuestro esfuerzo y de nuestro sacrificio, además de nuestra oración?

Actualmente el Magisterio papal en muchos aspectos, pero especialmente en temas de moral sexual, familiar y matrimonial, está eclipsado. Luego nuestro deber es asistir al Papa en su deber magisterial de profesar de forma pública las verdades inmutables del Magisterio universal. Y si ustedes no quieren hacerlo, muchos lo vamos a hacer. A lo mejor, quién sabe, es la hora de los laicos.

¿Es que en 5 años vamos a cambiar lo que todos los papas y todos los obispos de todos los tiempos han enseñado sobre la doctrina y la práctica sacramental del matrimonio?

“Prima sedes a nemine iudicatur” (como bien recordaba recientemente Monseñor Schneider), luego, cuando le recordamos respetuosamente al papa la verdad y disciplina inmutable de la Iglesia; no estamos juzgando la primera cátedra de la Iglesia, sino comportándonos como hijos amantes del papa. Hacia el que nuestra actitud, por cierto, no lo olviden, ha de ser filial, pero no servil. El servilismo sólo a Cristo; porque lo que no podemos es dejar de seguir profesando la fe inmutable. ¿O acaso ya no recuerdan que San Pablo ordenó que si alguien, fuera incluso uno de ellos o los propios ángeles, les presentara un Evangelio distinto, fuera anatema?

Hemos de rezar aún más por el papa; y hemos de testimoniar con valentía la verdad, sin miedo a lo que los hombres puedan pensar sobre ello. Y finalmente, sólo Dios puede intervenir y lo hará, sin duda alguna. A ver donde nos encuentra a cada uno. Yo en mi caso me someto a su sumarísimo juicio.

No caigamos en la actual papolatría ramplona. El Papa no crea la verdad, ni la fe ni la disciplina. “No está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado” (Concilio Vaticano II, Dei Verbum, n. 10).

Y por ello no debemos abandonar el estudio (todos, incluidos los laicos) del inmutable Catecismo. Y por ello debemos seguir profundizando en los grandes documentos doctrinales de la Iglesia; que deben mantenernos formados para ayudar a nuestra Iglesia a estar formada en la verdadera doctrina.

Como recientemente nos recordaban los obispos kazajos que han sido valientes dirigiéndose a al pueblo de Dios con caridad, con el posterior apoyo de otros obispos y cardenales, como Pujals, Negri, Viganó o Laun; no podemos dejar de estudiar y aplicar documentos tan relevantes y tan en continuidad con el derecho divino y el Magisterio bimilenario como los decretos del Concilio de Trento sobre los sacramentos; las encíclicas Pascendi, de Pío X; Casti Connubii, de Pío XI; Humani Generis, de Pío XII; Humanae Vitae, de Pablo VI; el Credo del Pueblo de Dios, de Pablo VI; la encíclica Veritatis Splendor, de Juan Pablo II y su exhortación apostólica Familiaris Consortio; etc… Porque, acaso… ¿estos documentos reflejan una opinión personal y momentánea de un papa o un sínodo pastoral? Evidentemente no. Su fidelidad y continuidad dejan claro que reflejan y reproducen el Magisterio infalible ordinario y universal de la Iglesia.

El Papa, conforme fija la Pastor Aeternus, en su capítulo 4, no ha de enseñar una nueva doctrina, sino que se pide a los pontífices que, “con la ayuda del Espíritu Santo, custodien religiosamente y expongan fielmente la revelación o depósito de la fe transmitida por los apóstoles

Además, y retomando al arriba mencionado Obispo Scheneider, el papa no puede ser el centro de la vida diaria de fe de los fieles católicos. El centro debe ser Cristo. De lo contrario, nos convertimos en víctimas de un “papacentrismo” insano, de una especie de “papalatría”, una actitud que es ajena a la tradición de los Apóstoles, de los Padres de la Iglesia y de la gran tradición de la Esposa de Cristo. El llamado “ultramontanismo” de los siglos XIX y XX ha alcanzado la cima en nuestros días y ha creado un “papacentrismo” y una “papalatría” insanos. Es indiscutible.

La verdadera actitud que hay que tener respecto al papa según la tradición católica es de una sana moderación, inteligente, lógica, con sentido común, con espíritu de fe y, desde luego, con una devoción sincera. Sin embargo, todas estas características tienen que estar en una síntesis equilibrada.

Creo que ya hay bastante por hoy, aunque podría seguir extendiéndome de forma casi incesante, como incesante es la doctrina de Cristo.

Ya saben quien soy, donde estoy y lo que pienso; por si en todas mis publicaciones anteriores no les había quedado meridianamente claro.

Les ruego, con todo el cariño,  por favor,  que mediten, siquiera una vez, ante el Santísimo, esta humilde aportación; y que luego hagan lo que tengan que hacer.

Yo quiero quedarme tranquilo sabiendo que por mi parte no ha quedado en exponerles lo que pienso tan relevante para el bien de las almas; esperando no lo tomen como falta de humildad, sino como caridad y celo apostólico. Y también asegurándome una vez más y para siempre de que saben cómo pienso y de, como muchos de ustedes afirman en desafortunada expresión, “que pie cojeo”. Con muchos de ustedes participio o tengo que ver en tareas de Nuestra Iglesia que les conciernen; y para mí, ante todo, está la autenticidad, la sinceridad y la coherencia. Sin dobleces. Sin políticas. Sin oportunismos. Sin circunloquios. Yendo de cara. Como me enseñó Cristo, muchas veces por medio de usteeds, y siempre por medio de su Santa Madre Iglesia, por cuya defensa dejo la comodidad y la mediocridad del anonimato, el silencio y la complacencia para salir a esta “periferia”.

Para mí lo más triste seria que se quedaran en la negativa de entrada a valorar siquiera lo que aquí les expongo; y en la crítica a mi persona, o el contubernio entre ustedes sobre lo que aquí escribo. Si simplemente lo disciernen, con el mismo cariño que yo lo escribo y se lo envío, me doy por más que satisfecho. A Dios gracias. 

Y, quién se  niega a condenarse mirando para otro lado; acaba esta carta manifestando una vez más su fidelidad absoluta a Jesucristo y a su Santa Madre Iglesia, una, cátolica y apostólica; a la que sirve torpemente y quiere servir hasta el final; y su cariño y devoción filial hacia sus obispos y sacerdotes.

Y porque hasta el cielo no paramos, que Dios les bendiga.

 

Y AHORA A POR LA HUMANAE VITAE: Un miembro de la Academia Pontificia de la Vida defiende que las parejas puedan usar anticonceptivos.

Vicente Montesinos

 

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P. Maurizio Chiodi ofrece una charla titulada “Relectura de Humanae Vitae a la luz de Amoris Laetitia”, el 14 de diciembre de 2017 en la Pontificia Universidad Gregoriana, Roma.

 

La persecución a quienes hemos denunciado la exaltación de la reforma protestante, el constante modernismo y relativismo de este pontificado, y aspectos tan graves como la destrucción doctrinal bimilenaria en tan sólo 5 años por medio, entre otras, de Amoris Laetita, arrecia.

No quieren ver, o quieren que no veamos; pero la verdad es que este Pontificado de la “misericorditis” no se lo está poniendo fácil. Porque, pisoteada la santa doctrina sobre el Matrimonio y la Eucaristía en la Iglesia, ahora van a por la Humanae Vitae; para seguir con esta guerra sin cuartel contra los valores familiares, morales y sociales tradicionales; en la que sólo falta por saber para cuándo los sacerdotes, obispos y laicos de bien van a abrir los ojos.

Y esperando ya que disparen al mensajero; en vez de asumir de una vez por todas la Verdad, para poder ponerse a trabajar en dar soluciones para Nuestra Santa Madre Iglesia, que pasa, sin duda, por uno de los peores momentos de su Historia; vamos con la última:

El Padre Maurizo Chiodi, nombrado por el Papa Francisco como miembro de la Academia Pontificia de la Vida (sí, de la vida, que ironía…); es quién se ha encargado de abrir la veda, y manifestar públicamente, y con luz y taquígrafos, que ahora ya, y bajo “ciertas circunstancias”, se “requiere el uso de anticonceptivos”.

 

El Padre Maurizo Chiodi, nombrado por el Papa Francisco como miembro de la Academia Pontificia de la Vida (sí, de la vida, que ironía…); es quién se ha encargado de abrir la veda, y manifestar públicamente, y con luz y taquígrafos, que ahora ya, y bajo “ciertas circunstancias”, se “requiere el uso de anticonceptivos”.

 

Me váis a permitir que os tutee, por la familiaridad que nos está propocionando esta tribulación constante, y además, me váis a permitir que os diga: ¡Toma ya!

En la conferencia “Una nueva lectura de la Humanae Vitae (1968) a la luz de Amoris Laetita (2016)” (ya me diréis que podíamos esperar con esos focos) que tuvo lugar en la Pontificia Universidad Gregoriana hace escasas fechas, el Padre Chiodi habló de la necesidad de tener una “nueva y más amplia visión” de la encíclica de Pablo VI, ya que ahora son “tiempos de cambio” y “más complicados”. ¿Se puede hacer mayor homenaje a un relativismo falaz y ramplón?

El teólogo nombrado por el Papa para la Academia de la Vida, afirma que “en situaciones donde los métodos naturales son imposibles o inviables, se deben encontrar otras formas de responsabilidad“.

Chiodi afirmó también sin pudor que las normas morales “tienen una cualidad simbólica y universal porque apuntan al bien que presentan, pero también apuntan a la conciencia que guardan y que instruyen“. Ahora, queridos hermanos, la norma moral es simbólica.

El padre afirmó también que quería repensar la “antropología del matrimonio” desde la perspectiva de las diferencias de género y la “fertilidad responsable”. Y que nos tenemos que preguntar si los métodos naturales pueden y deben ser la única forma de paternidad responsable.

Insistió en la idea de que en situaciones donde los métodos naturales son imposibles o no ejecutables, se deben encontrar otras formas de responsabilidad; y en que “la tecnología, en ciertas circunstancias, puede posibilitar la protección de la responsabilidad de un acto sexual, incluso si se toma la decisión de no tener un niño. ¿Algo más que añadir?

 

Insistió en la idea de que en situaciones donde los métodos naturales son imposibles o no ejecutables, se deben encontrar otras formas de responsabilidad; y en que “la tecnología, en ciertas circunstancias, puede posibilitar la protección de la responsabilidad de un acto sexual, incluso si se toma la decisión de no tener un niño. ¿Algo más que añadir?

 

Así empezó el Vaticano a lanzar globos sonda hace unos años para abonar el terreno hacia la Amoris Laetitia. Hoy la barbaridad que supone el 303 de la misma; y prácticamente todo su capítulo, está consumada. La doctrina sobre el matrimonio y la comunión aniquilada.

Pues ya tenemos el siguiente capítulo abierto; el de la contracepción. El camino se ha iniciado, y otro de los ascendidos a nuevos puestos por Francisco, el padre Chiodi, ha sido el encargado de romper el hielo. Preparaos para otra nueva encíclica que se “cargue” la Humanae Vitae y toda la tradición anterior, el magisterio y la sana doctrina.

Y ahora, los que me presionan para que calle, miren hacia otro lado; y no se preocupen. Como mucho de mandar nuevas amonestaciones a este humilde plumilla. Y si quieren; de paso, de contarme que van a decir en los confesionarios cuando vayan jóvenes a preguntarles sobre el uso de los anticonceptivos. Yo entre tanto seguiré, con perdón, defendiendo a la Santa Madre Iglesia Católica; aunque tenga, en su caso, que defenderla de su propio Pontífice.

“Hasta el cielo no paramos”, otra gran noticia, y esperando a la reserva espiritual de Occidente…

Vicente Montesinos

 

 

 

 

Ayer mismo sacábamos a la luz la estupenda noticia de la profesión de fe sobre el sacramento del matrimonio de los tres obispos kazajos; un verdadero impulso a la lucha por el restablecimiento de la sana doctrina y la continuidad magisterial bimilenaria en el seno de nuestra, hoy, atribulada Iglesia Católica.

 

Enlace al artículo de ayer: URGENTE: TRES OBISPOS CONTRA AMORIS LAETITIA

 

En este mismo artículo les decía que  “Su claridad meridiana y atrevimiento va a “hacer pupa” en el Bergoglismo recalcitrante. Y si no al tiempo…”.  Y les apuntaba que quizá, siguiendo con el humilde trabajo y oración de tantos hermanos, 2018 fuera el año de la extensión gozosa de la reconquista de la Sana Doctrina y fidelidad a Nuestro Señor.

Alguno me tachó de utópico ayer. Prefiero seguir soñando, luchando, rezando, y con el mazo dando.

Creo que el Resto Fiel de católicos, principalmente laicos, que estamos humildemente dando la cara contra la barbaridad que es Amoris Laetitia y muchos otros aspectos del Pontificado de Francisco, desde dentro de la Iglesia, desde la caridad, y sin temor a ser “misericordiados” (y de hecho siéndolo); hemos de seguir con decisión, recta conciencia y sin miedo, por la fidelidad a Cristo y a su Santa Madre Iglesia; y sometiéndonos a Dios Todopoderoso, que nos juzgará. Y que de esta forma se pueden conseguir muchas cosas. ¡Claro que sí! ¿Sino, como? ¡Rezando! ¡Y actuando! ¡Indisociablemente!

Y algunos dirán hoy que es otra casualidad, pero la cuestión es que de nuevo volvemos a gozar con otra gran noticia, a Dios gracias; y es que dos arzobispos italianos (Carlo María Viganó, que fuera Nuncio en EEUU, y Luigi Negri, arzobispo emérito de Ferrara)  firman la profesión de fe sobre el sacramento del matrimonio de los obispos kazajos de la que ayer les hablábamos.

 

 

Y algunos dirán hoy que es otra casualidad, pero la cuestión es que de nuevo volvemos a gozar con otra gran noticia, a Dios gracias; y es que dos arzobispos italianos (Carlo María Viganó, que fuera Nuncio en EEUU, y Luigi Negri, arzobispo emérito de Ferrara)  firman la profesión de fe sobre el sacramento del matrimonio de los obispos kazajos de la que ayer les hablábamos.

 

 

Aquí tienen enlace a la noticia:

 

Enlace a la noticia sobre los dos Arzobispos italianos que se suman a los tres Obispos Kazajos

 

Después de todo. ¿Puede o no ser el 2018 el año en el que empecemos a ver los frutos de nuestra oración y esfuerzo?

La revolución llega a Italia; y no tiene visos de parar. Seamos optimistas. Es necesario que tantos y tantos obispos y cardenales que deben, necesariamente, pensar como nosotros (que para eso están más preparados y formados, y son sucesores de los apóstoles por cuya sucesión y fidelidad luchamos), se atrevan por fin a dar el paso que ya han dado Schneider, Peta, Langa, Viganó y Negri.

La misericorditis actual, que envuelve las gravísimas herejías que denunciamos, ahoga las distintas realidades de nuestra Iglesia, y con ellas a sus cabezas, pastores, prelados y príncipes. Y ello ha de acabar.

El hecho de que estos valientes obispos corrijan con su sana doctrina a la errónea es un motivo para dar profundas gracias a Dios, tener esperanza y seguir luchando.

Nos jugamos mucho. Nos jugamos todo. Porque recuerden… ¡Hasta el cielo no paramos!

 

P.D: Por cierto; mis queridos obispos españoles… ¿Para cuando el primero en sumarse a la lista? Recuerden que una vez fuimos la Reserva Espiritual de Occidente…

 

 

 

¡Feliz, integrador, misericordioso, viscoso, moderno, guay, enrollado e inclusivo 2018!

Vicente Montesinos

 

 

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Todos somos hijos de Dios… ¡Qué maravilla!

Especialmente son hijos de Dios los que menos creen en Él. Los que no le tienen Fe. Los que le rechazan.

¡Decir que los que tienen fe agradan a Dios es discriminatorio, es excluyente, además de ser políticamente incorrecto! Como bien dice mi hermano Juan; “no está a la altura de los vientos del Sistema”

 

¡Decir que los que tienen fe agradan a Dios es discriminatorio, es excluyente, además de ser políticamente incorrecto! Como bien dice mi hermano Juan; “no está a la altura de los vientos del Sistema”

 

¿Piensas que los que creen en Dios le placen? ¡Perdiste el Tren del Sistema!

Hazte un favor: escucha y lee a Bergoglio. Empápate del Magisterio de la ONU; y renuévate, por favor.

¡Es el Nuevo Orden Mundial!

 

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En este nuevo año ya tienes una tarea: ¡recíclate, que te quedas atrás! ¡No te pase como a mí!

Yo entre tanto; fanático y carca-tradicional, seguiré leyendo aquello de: “el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del Evangelio de la Gloria de Cristo, que es la imagen de Dios” (II Cor. 4,4)

Pero tú; no hagas como yo, hombre. ¡Aprovecha el viento nuevo! ¡Tú que puedes!

Y así, si Dios (con perdón) quiere, dentro de un año, podré escribirte de nuevo y decirte:¡Colega, veo que ya te graduaste y dejaste de ser un rígido y fanático de la Iglesia Católica! ¡Noto que pasaste del fanatismo al diálogo de la buena onda y los puentes del acompañamiento!

¡Felicidades, pues ya eres todo un progremodernista bergogliano¡ Y entonces ,de ahora en adelante… ¿Quién soy yo para juzgarte?

¡Feliz, integrador, misericordioso, viscoso, moderno, guay, enrollado e inclusivo 2018!

Estamos en guerra…

Vicente Montesinos

 

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A cada uno de nosotros se nos ofrecen dos caminos: el del Mundo y el de Dios.

Este doble ofrecimiento desemboca en la imagen del conflicto que el Mundo y el Demonio oponen a Dios Todopoderoso.

Luego insisto, un día más: la opción es personal; y estamos en guerra. Una guerra sin cuartel entre el bien y el mal; donde no hay término medio.

 

Luego insisto, un día más: la opción es personal; y estamos en guerra. Una guerra sin cuartel entre el bien y el mal; donde no hay término medio.

 

Esto no me lo invento yo; y nos lo advirtió Nuestro Señor Jesucristo: “quién no está conmigo, está contra mí…; quién no recoge, desparrama…“. Sí, uno de esos pasajes más claros y trascendentales del Evangelio; sombreado, ocultado y licuado por el buenismo, el modernismo, la corrección política y la progresía que nos desgobiernan: las armas de Satanás.

Todos experimentamos una guerra interior constante entre el verdadero camino de Dios y el camino del Mundo. Más aún cuando nos ha tocado vivir una etapa en la que hasta desde dentro se nos ofrece “Mundo”. De ahí no solo la necesidad de optar, sino también la de resistir.

Cada uno de nosotros hemos de estar atentos a los puntos débiles que nos atenazan, y a los obstáculos que nosotros mismos ponemos a la acción de Dios. A la verdadera acción de Dios. A lo que Dios quiere para cada uno de nosotros y para su Iglesia, de la que formamos parte.

Examinemonos pues, cada uno de nosotros, y sigamos, en tiempos de confusión, el guión que nunca falla: Jesucristo, Eucaristía y María; Sagradas Escrituras, Magisterio bimilenario, Tradición y Sana Doctrina.

Y cuidado con los falsos profetas…

 

 

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