Vicente Montesinos

 

 

 

 

El pasado domingo 21 de enero Bergoglio se reunió en Perú con Gustavo Gutiérrez.

Gustavo Gutiérrez Merino (Lima, 8 de junio de 1928) es un filósofo y teólogo peruano, ordenado sacerdote en 1959 y dominico desde 1998, y es uno de los principales representantes de la corriente teológica denominada teología latinoamericana de la liberación. De hecho, es considerado por muchos como el verdadero padre de esta herética ideología.

Gustavo Gutiérrez fue invitado a la Nunciatura Apostólica para encontrarse con el Santo Padre.

No hay que olvidar el enorme daño que ha hecho a la Iglesia esta relectura marxista del Evangelio; que hoy parece que se ve con aprecio desde Roma. Con esto aunamos ya todos los males posibles: relativismo, progremodernismo, filo-marxismo, teología de la liberación, populismo, falsa misericordia, y desprecio por la sana doctrina, la tradición y el magisterio bimilenario.

 

Porque no hay que olvidar que la perniciosa teología de la liberación parte de unos errores inadmisibles:

 

  • Una interpretación de la Biblia “releyéndola desde los pobres” para sacar de ahí una praxis inspirada en el materialismo histórico debido a Marx, que niega la prioridad del ser sobre el hacer y por tanto de la verdad y del bien de la acción humana. Este principio es totalmente falso y no es demostrado ni demostrable.

 

  • Una justificación de la lucha de clases, que no solo es un error porque es contraria a la caridad, sino que está equivocada porque se le concibe como el motor ineludible y necesario de la historia, negando la libertad de la persona y su capacidad para dirigir dicha historia contando con la providencia Divina.

 

  • Un continuo negar y distorsionar verdades fundamentales como son Cristo, la Iglesia, los Sacramentos, etc., que en la práctica ha conducido a someter a la Iglesia a una dirección política determinada, no solo ajena a su misión sobrenatural, sino comprometiéndola en una situación humana deplorable, ya que en el socialismo la persona no cuenta ni se le reconoce su dignidad de hijo de Dios y su destino eterno.

 

Pues ahí Francisco besándose con ella. Resucitándola. Dándole alas.

Mientras tanto no es que no reciba a los Cardenales de la Dubia (mientras siguen pereciendo), o a los fieles Obispos Kazajos; sino que no se digna ni a girarles una respuesta.

Dios nos asista.

Y porque hasta el cielo no paramos, que Dios les bendiga.

 

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