Vicente Montesinos

 

 

A la vez que celebramos con gozo el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo en Belén; y con Él renovamos el compromiso de servirle y adorarle de por vida; puesto que una cosa no debe quitar la otra, le seguimos rogando; a los pies de su humilde cuna, trono del mundo; por su Iglesia. La única. La Santa, Católica y Apostólica.

Y ello porque el gozo del Nacimiento de Cristo no anula nuestro entendimiento, al contrario, sino que lo agudiza más, al ver la necesidad de que tan gran Señor tenga buenos siervos; y cuanto nos estamos alejando de ese objetivo y misión.

Porque  a nadie con dos dedos de discernimiento doctrinal, teológico y moral se le escapa que la crisis de nuestra amada Iglesia no tiene precedentes (y mira que las hemos pasado de todos los colores). Y ello sencillamente porque es muy difícil, sino imposible, hallar en la historia pontificado más desastroso que el de Francisco.

 

Porque  a nadie con dos dedos de discernimiento doctrinal, teológico y moral se le escapa que la crisis de nuestra amada Iglesia no tiene precedentes (y mira que las hemos pasado de todos los colores). Y ello sencillamente porque es muy difícil, sino imposible, hallar en la historia pontificado más desastroso que el de Francisco.

 

Y ahora, más que nunca, es cuando no podemos abandonar a Nuestra Santa Madre Iglesia, a pesar de las humanas y comprensibles tentaciones… ¡No! ¡Es la de Cristo, que hoy ha vuelto a nacer en cada uno de nuestro corazones; y busca ese remanente fiel que la sostenga!

Los soldados de Cristo Rey no tenemos esa posibilidad. No existe. Hemos de dar la cara, pues somos muy pocos los dispuestos. Hemos de salir al frente, pues hay muchos en la retaguardia. Hemos de perseverar en la lucha, porque ya muchos se rindieron, y lo que es peor; muchos otros se pasaron a las filas enemigas.

Hoy celebramos el Nacimiento de Cristo. Pero Cristo ha de volver. Y, cuando vuelva… ¿encontrará fe aunque sólo sea en un pequeño resto fiel?

¿Adelgazar más aún ese resto, aunque ello supusiera por fin descansar humanamente y  liberarnos de críticas, incomprensiones, juicios, rechazo y desprecio? ¡No! ¡Jamás!

La pregunta es personal. Yo ya me la he hecho. Y les invito a hacérsela, mis muy queridos hermanos: ¿estamos, cada uno de nosotros, dispuestos a aceptar el desafío de mantener la verdadera fe a pesar de las circunstancias?

De todo esto se nos avisó. Ahora falta asumir que el momento ha llegado, y resistir. Porque el Diablo y sus secuaces siempre intentaron acabar con la Iglesia de Cristo, y siempre de forma infructuosa. Pero el momento que tenía que llegar era distinto: dejar a la Iglesia de pie, pero infiltrarse en ella misma, como ya predijo San Pío X. Y el momento llegó, hermanos.

Todo es mucho más sutil. Y mucho más peligroso. ¿No lo ven? ¿Quieren ejemplos?

La Amoris Laetitia: ¿Acaso Francisco ha negado de forma oficial e inequívoca algún dogma? No. Por eso nunca responderá a las dubia. Porque no aclara nada. Ni la herejía que con total legitimidad se le sospecha (por ser finos).

Si vamos al origen de todo: la misa católica: ¿Cuantas veces se ha prohibido en la historia? Muchas. Pero esta vez se la ha “reformado”. Y aunque la nueva misa sea una novedad catastrófica; Cristo está presente, con lo cual el logro es aún mayor. ¿Acaso se conformaría Satán con desairar a simple pan y simple vino?

Y todo culmina, elevado a la enésima potencia,  en Francisco. Algunos dicen que no es el Papa… ¿Quieren que les diga algo? ¡Ojalá fuera verdad! Se entiende perfectamente ante la magnitud de los escándalos que muchos quieran declarar vacante la sede de Pedro. No digamos ya ante las dudas en su elección. Pero… ¿se conformaría con eso Satanás? ¿O preferiría infiltrarse en lo más alto? Dicho de otra forma… ¿Se quedaría satisfecho el diablo con una ramera impostora erigida en lugar de la Esposa sin mancha de Cristo?

 

Y todo culmina, elevado a la enésima potencia,  en Francisco. Algunos dicen que no es el Papa… ¿Quieren que les diga algo? ¡Ojalá fuera verdad!

 

Decir que Francisco es el Papa no es defender sus despropósitos. ¡Todo lo contrario! Es sufrir con esa verdad, cuando nos gustaría poder decir simplemente que ha perdido su condición de pontífice. Y no por ahora. Eso es lo malo.

Y todo ello viéndonos nosotros mismos afectados por la confusión diabólica; los enfrentamientos; las divisiones; el caos.

Por ello; insisto: no abandonen el Resto Fiel. Hemos de resistir a los planes modernistas e intentar socavarlos. ¡Es nuestro deber! Siempre desde dentro de la Santa Madre Iglesia Católica; como remanente firme; y sin permitir que deslegitimen nuestra resistencia.

No nos dejemos engañar y sigamos luchando en las trincheras. Esto antes o después acabará. Y… ¿vamos a abandonar a nuestra amada Iglesia en sus peores momentos? ¡No!

Roguemos por el Papa Francisco. Aunque no me atreva a decir por sus intenciones.

 

 

 

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