Vicente Montesinos

 

 

La Carta abierta a mis amigos sacerdotes (y algún que otro Monseñor…) que publiqué hace escasos días en adoracionyliberacion.com y en el Blog de adoracionyliberacion en Infovaticana; ha tenido, para bien o para mal, cientos de reacciones (y no exagero). De hecho casi a duras penas puedo, aunque lo intento, responder a todas (comentarios en los blogs, whatsapps, correos electrónicos, manifestaciones en las redes sociales de Adoración y Liberación o mía personal, etc…). Esto evidentemente no es por mérito mío; que ni lo tengo ni lo deseo; sino por la candente actualidad de la terrible situación que vivimos, y que algunos nos empeñamos en seguir denunciando.

Más o menos se repite la tendencia: unos cuantos sacerdotes dándome su apoyo y ánimos (aunque bastantes más que en otras ocasiones); un mayor número guardando sepulcral silencio (como siempre) ; y luego las habituales (pero más numerosas y furibundas, al parecer, por la repercusión de la carta) reprimendas, amonestaciones y amenazas (como siempre, sin debate doctrinal alguno ni argumento más allá de que no coopero a la unidad, que hay que estar con el Papa haga lo que haga, etc…)

Esto por lo que al clero se refiere. No obstante me esperanza la clara y valiente reacción de algunos consagrados (más de uno de relevante “importancia”), quienes, aunque no vean ustedes ahora con nombre y apellidos; sí que se han puesto en contacto conmigo identificándose con todos su datos y dando la cara. Identidad, que por supuesto, yo siempre guardaré en secreto, mientras ellos no la descubran. Faltaría más. El límite de exposición lo pone cada uno y es algo personal. Aunque a mi me gustara que todos salieran a la luz.

Pero digo que me esperanza porque aunque sea muy poco a poco hasta la “clerecía”, como bien decía Paco Pepe, va abriendo los ojos a la desastrosa situación actual, porque ya quien no lo ve es porque no quiere (recuerdo que el Vaticano después de publicar mi carta acaba de condecorar por sus impagables servicios a la Iglesia a una de las reinas del abortismo europeo; y si antes de esto, ninguno de los consagrados pudo unir a sus amenazas argumento alguno para discutirme, después de esto, debieran sentir una enorme vergüenza los que quieren seguir vendiendo que los católicos debemos callar ante todo).

Si esperanzas me dan estos tímidos pasos de algunos clérigos, más esperanzas me da el saber que Cristo nunca va a abandonar a su Iglesia. Y que quizá, con la Gracia de Dios, el esfuerzo valiente de tanto laico atribulado, y la fuerza que nos da el espíritu Santo para seguir desde la Iglesia Católica amándola y trabajando por ella; la purificación no esté tan lejos. Y digo esto porque especial alegría me ha dado la reacción de muchos (pero muchos) seminaristas de España (más que sus mayores) que se han puesto en contacto conmigo para manifestarme su apoyo y total adhesión. Evidentemente dicen no poder salir a la palestra hasta ser ordenados (lo cual yo no sólo entiendo, sino que agradezco, y así se lo aconsejo, ya que, necesitamos estos pastores, que sólo falta que ellos no lleguen, y dejemos a Nuestra Santa Madre Iglesia en manos de la “Mafia de San Galo” o de los “Padres Ángel” o “Monseñores Agrelos”). Pero a mí se me han identificado con nombres, apellidos y DNI. Y con una claridad, fidelidad doctrinal al Magisterio bimilenario y a la Cátedra de Pedro, y sumisión absoluta al mandato de Cristo, que ya quisiéramos para muchos de los actuales ordenados. Esto, además, es un mérito enorme teniendo en cuenta lo que hoy se enseña en muchos seminarios, y el ambiente relativista (cuando no absolutamente light y progremodernista) del que en los otrora gloriosos Seminarios se les imbuye.

¡Que gozo he recibido leyendo a algunos de ellos! ¡Rezad por ellos, hermanos! ¡Los necesitamos!

Y por último… ¿Qué decir de los laicos? ¡Cuantos valientes, a centenas, se han puesto en contacto conmigo por todos los medios! ¡Cuanta claridad doctrinal y fidelidad al Magisterio Bimilenario, las Sagradas Escrituras, la Tradición y la sana doctrina! ¡Cuanta decepción con la jerarquía eclesial actual y oraciones y mortificaciones y trabajos para revertir la situación! ¡Cuantas barbaridades las que tienen que soportar y callar! ¡Y cuanta valentía! ¡Y digo esto porque son decenas los que me piden que ponga a la firma mi carta porque la quieren suscribir con nombres, apellidos y cargos eclesiales! ¡Muchos!

A todos ellos les he pedido, de momento, frenar esa iniciativa. Y no por nada; ya que me parece muy loable (aunque el Papa haya hecho caso omiso a los Cardenales de la Dubia y a la Correctio Filialis de miles de consagrados y seglares).  Sino porque no quiero que en nada de esto parezca que mi intención es la de acaparar ningún tipo de protagonismo; y por tanto, no se trata tanto de suscribir la carta de Vicente Montesinos, como de seguir suscribiendo, defendiendo, testimoniando y dando día a día la cara por la reversión de esta terrible situación de confusión, división y caos moral a la que el pontificado de Francisco y sus jerarquías adláteres nos ha llevado. No obstante les doy infinitas gracias. ¡Muchas! Y no descarto que, si las cosas no cambian, debamos tomar más iniciativas. A lo mejor, quien sabe, junto a nuestra oración, sacrificios, denuncia, testimonios escritos y difusiones personales, se acerca el momento de tener que hacer algo más.

En definitiva este es un poco a groso modo el balance de las reacciones a la Carta. Para esta primera entrada es suficiente.

Me reservo por no cansarles, para la segunda, algunas respuesta laicas que me han dejado especialmente confirmado en esta lucha.

Y para la tercera, la carta de un seminarista de España; como representación de muchos otros que se han puesto en contacto conmigo, que les aseguro hará caer la cara de vergüenza a más de un miembro de la “clerecía”. ¿O cómo se decía?

Y porque hasta el cielo no paramos… ¡Que Dios les bendiga!

(… continuará)

 

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Si quieres contactar conmigo puedes hacerlo en adoracionyliberacion@gmail.com

 

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