Moderaditos… ¡Muy bueno!

El ‘moderadito’ odia al hombre que se compromete y empeña su prestigio en defender una posición, porque sabe que su actitud gallarda deja en evidencia su cobardía. Si, además, el comprometido es hombre de verbo fácil y escritura lozana que se derrama con franqueza incontenible e incluso con cierta falta de pudor, el odio del ‘moderadito’ alcanzará cúspides diabólicas; y empeñará sus fuerzas en desprestigiar al hombre comprometido, acusándolo de charlatanería, de radicalismo, de intemperancia, de cualquier vicio real o inventado que lo haga aparecer ante los ojos del mundo como un orate

 

 

Vicente Montesinos

 

 

 

 

Hace un tiempo Juan Manuel De Prada escribía este artículo, que nunca me cansé de re-leer. Y no soy uno de esos seguidores fervientes del autor. He leído algunas cosas de él, me parecen bien fundamentadas, valientes y sesudas, y ya está. No es que sea para mí Viganó, Sarah o Scheneider.

Pero he de reconocer que este artículo convierte a cualquiera en seguidor de este tipo. Y a medida que los hechos en nuestra Iglesia y en nuestra civilización se precipitan hacia el final; veo más necesario estar prevenido contra los “moderaditos”. Me parece un artículo excelente.

Al fin y al cabo a los “moderaditos” los sufrimos los remanentes cada día, cada hora, cada segundo…

Por eso, finalmente, y aunque no suelo reproducir artículos de otros, más que nada, porque creo que estamos para crear cosas nuevas, y no para decir día sí y día también: “estupendo este”, “mal este”, “genial artículo este”, “sembrado este otro”, etc…; me he decidido a compartirles esta joya que podría haber escrito yo sin problemas. No por su magistral forma de escribir, de la que estoy lejos, sino porque comparto el fondo al CIENTO POR CIENTO.

Así que, aunque sólo sea porque quizá UN SÓLO LECTOR nuevo accede a él con ayuda de esta mi humilde difusión; con todos ustedes… ¡Juan Manuel de Prada y su genial… “Moderaditos”!

¡Brillante!

 

 

Moderaditos
Juan Manuel De Prada

Prefiero al hombre que eleva la voz para decir sin ambages lo que piensa, aunque lo que piensa sea erróneo, que al hombre que oculta o disfraza lo que piensa. Porque el primero es plenamente humano, aunque insista en el error (o precisamente por ello mismo), mientras que el ‘moderadito’, bajo su pérfida apariencia de neutralidad amable, es un ser pérfido.

Y es que el rasgo más característico del ‘moderadito’ es su gustosa permanencia en el redil de las ideas recibidas, que repite como un lorito, a la espera de la ración de cañamones que premie su conformidad.

El ‘moderadito’ nunca tiene iniciativa, siempre adopta los usos del mundo, siempre asume las modas de la época, siempre corea o imita (con virtuosismo de ventrílocuo) las voces del momento. Todo lo que sea salirse de las pautas establecidas le parece exageración y desafuero; todo lo que sea expresarse con entusiasmo, con ardor, con crudeza, con vehemencia, le provoca disgusto, aversión, escándalo. El ‘moderadito’, aunque en su fuero interno no profesa sinceramente ningún principio, puede disimular de puertas afuera que los profesa; pero con la condición de que sean principios hueros, meras declaraciones retóricas, principios que no se apliquen o se puedan aplicar aguadamente.

Y, por supuesto, si alguien expresa esos mismos principios con un tono encendido y pretende aplicarlos sin reservas, se le antojará un energúmeno; y preferirá al que proclama los principios contrarios, siempre que lo haga con corrección, con morigeración, con fría y educada tibieza. Por supuesto, al ‘moderadito’ las afirmaciones o negaciones netas le provocan horror, porque lo obligan a tomar partido; prefiere las opiniones que picotean de todos los cestos, las expresiones brumosas, el sincretismo ambiguo, la borrosidad huera, la perogrullada, el mamoneo, el matiz. ¡Cómo le gustan al ‘moderadito’ los matices! Se moja las bragas matizando, el tío; y si, además de matizar, puede ‘consensuar’, entonces ya es que se corre de gusto. Nada gusta tanto al ‘moderadito’ como ceder una porción de lo que piensa (pues todo lo que piensa carece de valor) a cambio de tomar una porción de la opinión contraria; pues sabe que en este sopicaldo mental su babosería e inanidad pasan inadvertidas.

El ‘moderadito’ odia al hombre que se compromete y empeña su prestigio en defender una posición, porque sabe que su actitud gallarda deja en evidencia su cobardía. Si, además, el comprometido es hombre de verbo fácil y escritura lozana que se derrama con franqueza incontenible e incluso con cierta falta de pudor, el odio del ‘moderadito’ alcanzará cúspides diabólicas; y empeñará sus fuerzas en desprestigiar al hombre comprometido, acusándolo de charlatanería, de radicalismo, de intemperancia, de cualquier vicio real o inventado que lo haga aparecer ante los ojos del mundo como un orate. El ‘moderadito’ odia al hombre comprometido como el eunuco odia al hombre viril; y no vacilará en conseguir su condena al ostracismo (pero siempre de forma indolora, que para eso es ‘moderadito’).

El ‘moderadito’ considera que en toda opinión hay algo bueno y algo malo y que todo pensamiento que se expresa sin ambages es expresión de ciega soberbia. Naturalmente, todo esto son artimañas alevosas para convencernos de que su tibieza y cobardía son prudencia, tolerancia, sentido común. El ‘moderadito’ defiende los hábitos adquiridos, las inercias prejuiciosas, las convenciones establecidas y, en fin, todo lo que envuelve a las personas y a los pueblos en las telarañas de la pereza mental, de la repetición fofa, del estereotipo; en cambio, odia las tradiciones auténticas, que trata de convertir en costumbres maquinales y carentes de significado (y así, por ejemplo, el ‘moderadito’ puede llegar a participar en una procesión de Semana Santa y hasta del Corpus tan campante, con la misma aséptica complacencia con la que puede también participar en un desfile de carrozas del Orgullo Gay).

El ‘moderadito’ nunca se enfurece, nunca se exalta, siempre nada a favor de la corriente. Odia al pecador arrepentido, cuyos errores pretéritos gusta mucho de airear; porque para pecar y para arrepentirse hace falta dominar y ser dominado por las pasiones, y el ‘moderadito’, que es de sangre fría como las culebras, ha reprimido todas sus pasiones.

Al ‘moderadito’ le repugnan los hombres atormentados, porque con sus imperfecciones y recaídas muestran una aspiración doliente al ideal; y el ‘moderadito’ quiere que su ramplonería y neutralidad se conviertan en tabla rasa que nivele la grandeza y la miseria humanas. Porque el ‘moderadito’ es un hombre sin grandeza y sin miseria, es un hombre que no se indigna, que no se asombra, que no rabia, que no se humilla ni se arrepiente.

El ‘moderadito’ carece de orgullo para erguirse y de humildad para arrodillarse; porque, al fin, es un despojo humano, un hijo del demonio, un reptil al que conviene pisar cuando nos lo tropezamos en el camino, antes de que nos muerda con su veneno.

 

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12 respuestas

  1. Enorme de Prada. Me atacó injustamente en un programa de televisión, pero reconozco su valía. Un artículo grandísimo.

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  2. Yo no sé si el que describe es “moderadito” (que es más bien cobarde).
    Alguien que pasa de una procesión en honor al la Virgen y va con el mismo a una de los sodomitas, es uno que está en “su salsa” en el mundo, no es cristiano y suelen sacar las garras cuando se les ataca su estilo de vida.

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  3. LA MISERICORDITIS TAN MOSERADITA

    La misericorditis es muy moderadita; modera todos los pasajes bíblicos y, en especial, evangélicos que molesten al pensamiento único y al islam religión de paz. Así, nunca hablará del pecado original ni de la expulsión de nuestros primeros padres del paraíso. ¿ Un Dios que expulsa y no integra ?

    Tampoco hablará de los mandamientos como mandamientos sino como diálogo, pues Dios no manda, dialoga. Lo de mandar queda reservado a Bergoglio. ” Yo soy el papa y no tengo que dar cuenta a nadie de mis decisiones “. También se salta el episodio de Sodoma y Gomorra, pues Dios y la ira son incompatibles y la homosexualidad es una mera variante de la sexualidad humana, tan rica de matices, si hay entrega, sobre todo anal.

    El infierno no existe o, si existe, sólo van los católicos, esos seres tan rígidos que no saben dialogar ni leer los signos de los tiempos ni captar las sorpresas del espíritu. El juicio universal y particular han quedado derogados, sólo existe el abrazo divino, especialmente a los ateos, cuanto más ateos mejor, si son buenas personas, que lo son, no como los católicos, que no paran de juzgar.

    Jesús murió en la cruz, sí, pues de algo tenía que morir, pero no se sabe ni porqué ni para qué. El derribo de las mesas de los cambistas y la expulsión con un látigo de los mercaderes del templo, eso debió ser alguna interpolación de un católico rígido. ¿ El matrimonio es indisoluble ? Sí, pero sólo para quienes libremente lo aceptan convencidos de su bondad para ambas partes, pues Jesucristo respeta la libertad.

    La confesión no es una sala de torturas y no se requiere especial arrepentimiento ni propósito de la enmienda, palabras que no encajan en el diccionario de la iglesia de la acogida. La comunión no es un premio para los buenos, por lo que se puede acceder con un buen acompañamiento misericordítico o sin él, si la conciencia subjetiva, a redescubrir, no lo impide, que no lo impedirá, pues Dios te ama como eres. Los protestantes irán accediendo en varias tandas; la primera es por derecho consorte. Los musulmanes y budistas quedan en lista de espera, de momento, a la espera de una mayor profundización en el ecumenismo prohibido del proselitismo.

    ¿ Conversión ? ¿ Qué es eso ? ¡ Basta dejarse amar. ¿ Véte y no peques más ? ¡ Nooo ! Véte y sigue pecando, pues eso es la respuesta generosa que Dios te pide en este momento, con estas circunstancias y en esta situación. ¿ Adulterio ? Ese vocablo es innombrable. Es una mera situación irregular acreedora de una buena comunión ¿ Dolor y sufrimiento ? No tienen explicación alguna. Debió ser algún defecto de fabricación del creador.

    ¿ Celibato sacerdotal ? sí pero debidamente sodomítico, a ser posible entre sacerdotes de la misma parroquia que se amen. Los abusos no tienen nada que ver con la homosexualidad clerical, aunque la vinculación sea del 80%, de la que nunca hay que hablar, sino con el clericalismo, que nadie sabe qué es ni en qué consiste, pero todos tan contentos con esta explicación, pues así la mafia sodomítica clerical sigue haciendo de las suyas.

    ¡ Enfin ! Ya se ve que la misericorditis bergogliana modernista es harto moderada, ten moderada que hacen innecesaria la redención, la Iglesia Católica, el sacerdocio y, especialmente, el papado, al que Bergoglio le ha cogido mucho gusto, para redimirnos de nuestros esquemas tan rígidos y acoplarnos a la iglesia de la acogida que se funde en la religión de la hermandad universal.

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  4. En el canon romano empezamos rezando por la Iglesia: ” in primis, quae tibi offérimus pro Ecclésia tua sancta cathólica: quam pacificáre, custodíre, adunáre et régere dignéris toto orbe terrárum: una cum fámulo tuo Papa nostro N. et Antístite nostro N. et ómnibus orthodóxis atque cathólicae et apostólicae fídei cultóribus.” Rezamos por los que fieles a la ortodoxia promueven la fe católica y apostólica. La iglesia tiene una parte visible en este mundo que tendemos a identificar con la totalidad de la Iglesia de Cristo y no es así. En los catecismos clásicos se hablaba de la Iglesia Triunfante, de la Iglesia Purgante y de la Iglesia Peregrina. Lo que vemos es la parte ‘peregrina’, la que está en este mundo de paso. Si perdemos la visión trascendente del mundo y de hombre nos quedamos solo con el cambio climático y cosas por el estilo que están muy lejos de reflejar la realidad. La reducción del ser humano a su existencia terrena lo hace ser una caricatura incompresible de sí mismo y lo mismo sucede con la Iglesia a la que dejamos descabezada y reducida a las peregrinas cosas de los que estamos en camino. Los santos, y de una forma muy especial los mártires, han entendido muy bien la maravillosa realidad del cuerpo místico. Si todo esto lo consideramos cuentos de niños, reducimos la iglesia a no se sabe que raro engendro que no sirve para nada porque ha dejado de ser sal y luz. Lo más sagrado pierde su sentido, como el sacerdocio y la Eucaristía.

    https://infovaticana.com/blogs/specola/nos-cambian-el-padre-nuestro-la-verdadera-iglesia-de-cristo-francisco-vir-catholicus-et-totus-apostolicus/

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  5. El liberalista duda de todo y no cree firmemente en nada.
    Siempre dispuesto a ceder ante posiciones duras….salvo que sean de “ultras” porque a nada tiene más panico que a que le llamen “ultra”.
    Y sólo teme de la “izquierda” que le toque el bolsillo.
    Es de los que dicen: pequen, pero con moderacion.
    Los cobardes no pueden ser heroes, ni santos, ni mártires.

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  6. El “moderadito” es el tibio, al que el Señor vomitará de su boca porque ni es frío ni caliente. Y estamos rodeados de ellos.

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