El problema descrito, por tanto, no es una mera queja por la pérdida de poder adquisitivo de los médicos, porque cada cual en su sector también lo ha experimentado con esta provocada crisis, sino que apunta a la desaparición de la confianza e independencia que resultan esenciales para el desarrollo de esta actividad. Es un cambio de paradigma en la concepción del ser humano como una máquina que necesita una puesta a punto técnica, el apaño de un material que ya no es un cuerpo humano. Usted no será tratado por un médico sino por los protocolos emanados del Big-Data y la Inteligencia Artificial, porque usted no está llamado a ser humano sino “transhumano”. El tan cacareado progreso ha traducido la atención sanitaria en un acto técnico y mercantil, donde a los seres humanos se les mira como mercancía de la que se puede sacar mayor o menor rentabilidad. El sistema sanitario que conocíamos agoniza, sí, ante la mirada indiferente o cobarde de los Colegios de Médicos y demás autoridades que desconocen el valor de la vida humana.