Adoración y Liberación – Vicente Montesinos

20 de octubre de 2017

 

Llegaba ayer a mis manos una entrevista al Dominico Británico Thimoty Radcliffe; uno de esos sacerdotes que se hacen mundialmente famosos, no por su vida de piedad y fidelidad a la sana doctrina; sino por su seguimiento, o al menos verbalización, de estrambóticas y esperpénticas ideas.

 

Timothy-Radcliffe
Padre Thimothy Radcliffe. O.P

 

No viene al caso reproducir la mencionada entrevista, hecha por un periódico italiano; entre otras cosas para no escandalizar más a los fieles hermanos, bastante azotados ya por la lluvia, casi chaparrón, de heréticas manifestaciones de consagrados.

Pero me hacía reflexionar la mencionada entrevista sobre la facilidad con la que en los últimos 4 ó 5 años van “saliendo del armario” (en el sentido figurado, y a veces hasta literal) todo un ejército de pastores que, más que confirmar en la fe, ayudan, pareciera que con entusiasmado denuedo; a la más absoluta confusión.

 

Pero me hacía reflexionar la mencionada entrevista sobre la facilidad con la que en los últimos 4 ó 5 años van “saliendo del armario” (en el sentido figurado, y a veces hasta literal) todo un ejército de pastores que, más que confirmar en la fe, ayudan, pareciera que con entusiasmado denuedo; a la más absoluta confusión.

 

Y es que es una colección de ideas que aterrorizan (no temo utilizar esta contundente palabra) a los católicos fieles a las Sagradas Escrituras, el Magisterio bimilenario de nuestra Santa Madre Iglesia; y la tradición.

Si ir más lejos, del Padre Radcliffe, como ejemplo de esta tendencia, podemos recordar cuando habló sobre el absolutismo y “la tiranía de la tradición  de la Iglesia en la exclusión de la creatividad“; enlazando estos calificativos con el matrimonio, el divorcio y la comunión, y afirmando que “la Iglesia había excluido a algunos feligreses para siempre antes de que un Papa decidiera cambiar la disciplina para que las personas excluidas pudieran volver a la Comunión“.

Bueno… al menos reconoce Radcliffe que es un Papa por su cuenta y riesgo el que cambia la disciplina eclesial; más como el dueño absoluto del depósito de la Fe, que como encargado de su cuidado. Concluyó en aquella ocasión el audaz Padre con que devolver la comunión a los divorciados vueltos a casar es “escuchar la voz del Señor cuando se hace eco en nuestro corazón“.

En otra ocasión manifestó públicamente que pensaba que las mujeres deberían encargarse de predicar en la Eucaristía. No seré yo quien niegue la brillante capacidad de las mujeres para hablar, explicar y enseñar. Faltaría más. Pero… ¿no es misión de los sacerdotes y diáconos la predicación en la Santa Eucaristía? Entonces… ¿porque este empeño en acabar con todo? Bueno, su justificación en este caso es que para “perder el miedo a las mujeres” (no se a que se refería) debemos dejarles predicar a ellas, y acabar con “el absolutismo de los hombres en la Iglesia” (¿Pensaría en alguno en concreto?)

En fin; perlas de este calibre, entre otra gran colección; y el nombramiento que le regaló el Papa Francisco como consultor del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz; como premio a estos méritos, y al poco de manifestar que “el sexo homosexual puede expresar el don de sí mismo de Cristo”.

 

En fin; perlas de este calibre, entre otra gran colección; y el nombramiento que le regaló el Papa Francisco como consultor del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz; como premio a estos méritos, y al poco de manifestar que “el sexo homosexual puede expresar el don de sí mismo de Cristo”.

 

Por ello volvía hoy a atribularme, y rezo al Señor por ello; la siguiente reflexión: ¿qué ha pasado en los últimos años? ¿Porqué hay que ser contrario a la sana doctrina de la Familia, o de la Eucaristía; o pro LGTB, y demás herejías, para ser de la confianza de la más alta jerarquía? Son sólo preguntas de un humilde católico, seglar, y padre de familia.

Preguntas que nadie me responde… El Señor será quien lo haga, cuando lo crea oportuno; en su infinita misericordia… Le pido su ayuda a diario y rezo por Su (nuestra) Santa Madre Iglesia.

Dios les bendiga.

 

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