En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada».

 

Este

 

Jesucristo nos promete convertir las tristezas en alegrías en nuestro camino. Nuestra alegría nadie nos la podrá quitar. Como nos dice san Josemaría: «Quiero que estés siempre contento, porque la alegría es parte integrante de tu camino. —Pide esa misma alegría sobrenatural para todos».

Gocemonos en el Señor. Alguien nos vela y salva.

Y que en el inicio del Decenario al Espíritu Santo, sepamos abrirle nuestro corazón de forma permanente.

 

Vicente Montesinos

 

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