Ante las contrariedades de la vida: 

Lo primero, dominar el mal humor.
Después, no abatirse.
Aceptar la contrariedad tal como se presenta.
Levantar el corazón a Dios, y pedirle ayuda.

Saber que toda clase de sufrimiento, unido a la pasión de Cristo, redime al mundo. Y esto es consolador.
Además, el que sabe sufrir con amor de Dios, sufre mucho menos, porque siempre será verdad que, las espinas pinchan cuando se pisan, no cuando se besan.

Renunciar a lo que no es posible, es hacer de la necesidad virtud.
Finalmente, intentemos sacar algo positivo de la contrariedad.

Señor Jesús, junto a ti, como un niño, quiero estar.

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