Padre Eduardo Montes, pbro.

 

 

 

 

De la publicación francesa CHRISTIANOPHOBIE del lunes 1 de octubre 2018 recogemos algunas noticias que merecen la más amplia difusión por lo dramático de las situaciones a las que aluden y la escasa atención que habitualmente reciben.

En efecto, las corrupciones de eclesiásticos parecen absorber todo el interés mientras la que a continuación traduzco no goza de parecido beneficio.

Estoy en contacto con un periodista extranjero que ha entrevistado a Asia Bibi y que ha encontrado en ella síntomas relativos a la salud mental como pérdida de memoria y confusión. Por mi profesión de enfermera reconozco en ellos señales de demencia. En Pakistán ella no recibe tratamiento alguno y el personal de la prisión la califica simplemente de loca” Noreen Barkat, cristiana paquistanesa, comunicado de la Asociación Británica Cristiana Pakistaní, Comunicado del 24 de septiembre 2018.

El caso de esta católica pakistaní que lleva cumplidos ocho años en el corredor de la muerte es bastante conocido. Quizá no lo sea tanto el “instrumento legal” que justificaría esa situación. Pues ahí le tienen: Quien por medio de palabras, ya sean habladas o escritas, o por medio de la imagen o por cualquier imputación o insinuación directa o indirecta profane el sagrado nombre del Santo Profeta Mahoma (la paz sea con él) será castigado con la muerte o la cadena perpetua y también podrá ser objeto de una multa. Código penal de Pakistán, 259 – C.

Les sugiero que lean con atención ese texto y apreciarán su elasticidad que le permite incluir en la denominación de blasfemia multitud de expresiones que en una circunstancia no dominada por la locura islámica serían simplemente manifestaciones de la verdad más evidente. Blasfemia sería, pues, decir que Mahoma no es sino un falso profeta. Y penado actualmente en países islámicos con la muerte o cadena perpetua. Y no menos riguroso sería el castigo si se le calificara de pedófilo por más que las mismas fuentes islámicas no permitan concluir otra cosa. Tal como se desprende de la declaración de Aisha, su preferida y calificada a menudo como “madre de los creyentes”, en un hadit de Bokhari (58.236) Yo tenía 6 años cuando el profeta se casó conmigo y 9 cuando tuvo relación sexual conmigo. Parece superfluo aclarar que cuando el profeta perpetraba este acto no era precisamente por falta de un bien surtido harén.

Pero sería injusto olvidar que un ciudadano pakistaní, el gobernador del estado de Punjab, afirmó públicamente que había que cambiar esa ley. Fue asesinado por ello. Como lo fue, por la misma afirmación, el ministro de las minorías del mismo país.

¿Qué hacer ante esto? Sugiero que si nuestra Fe puede flaquear por tantos escándalos en nuestra mano está ponernos al corriente de tantos heroísmos –se trata de miles de casos- para reparar ese daño íntimo. Se debería también apoyar económicamente a las asociaciones que ayudan a los cristianos perseguidos. Porque las hay. Y exigir de nuestros pastores que dejen de hacer la apología del islam –es el caso del Papa Francisco, por ejemplo- y asuman la defensa de estos fieles a la que están obligados más que nadie.

Y siempre la Oración por los cristianos perseguidos y la gratitud hacia quienes combatieron durante siglos para alejar de España esta losa aplastante.

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