Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con Él. Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?». Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».
Frente a quienes no creen, frente a los duros de corazón, tomemos la postura humilde de Pedro de hoy: ¿a quien vamos a ir, Señor, si tú tienes palabras de vida eterna?

San Agustín lo dice: «No dejan huella en el alma las buenas costumbres, sino los buenos amores (…). Esto es en verdad el amor: obedecer y creer a quien se ama».

Atendiendo a la palabra de Dios del día de hoy, debiéramos preguntarnos donde tenemos puesto nuestro amor. Cuál es nuestra fe y nuestra obediencia en lo que el Señor nos enseña por medio de la Iglesia . En definitiva, con que sencillez, docilidad y confianza vivo las cosas de Dios.
Vicente Montesinos

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