Estimados hermanos. Hoy, segundo domingo de Pascua, celebramos con gozo el domingo de la Divina Misericordia de Nuestro Señor Jesucristo.  

Recordemos que Santa Faustina Kowalska fue la anunciadora de esta tan bella devoción, y que a la santa se le dijo como se debía representar, en esa bella imagen de Cristo misericordioso que todos conocemos, y que con tanto ardor difundió e instituyó en devoción su santidad el Papa San Juan Pablo II.

Fue el mismo Papa Santo el que instituyó esta festividad para los segundos domingos de Pascua, y siguiendo agradecidos a Dios su legado, no he podido evitar que mi cabeza y corazón se fueran hoy a ese punto del diario de Sor Faustina Kowalska en el que Jesús, en su Divina Misericordia, que hoy celebramos, le dice a la santa lo siguiente:


Al sumergirme en la oración, fui trasladada en espíritu a la capilla y vi al Señor Jesús expuesto en la custodia; en lugar de la custodia veía el rostro glorioso del Señor y el Señor me dijo: Lo que tú ves [en] realidad, estas almas lo ven a través de la fe. Oh, qué agradable es para Mi su gran fe. Ves que aparentemente no hay en Mi ninguna traza de vida, no obstante, en realidad ella existe en toda su plenitud y además encerrada en cada Hostia. Pero para que Yo pueda obrar en un alma, el alma debe tener fe. Oh, cuánto Me agrada la fe viva.


¡Que confirmación en este bello mensaje de la Divina Misericordia, de ese pan vivo que nos espera a diario, que nos da la vida, que nos llena, que nos salva, que nos libera y que nos sana! 

¡Cómo quiso e impulsó nuestro querido San Juan Pablo II la devoción a la Divina Misericordia!

¡Que en la Festividad de hoy y siempre nos unamos a nuestra Santísima Madre la Virgen María en la fidelidad diaria y la unión a Jesús Eucaristía!

¡Adorado sea el Santísimo Sacramento del Altar!

                                   VICENTE MONTESINOS

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