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Id por todo el mundo y proclamad la Buena nueva

Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con Él, que estaban tristes y llorosos. Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron. Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea. Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos. Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación».

El Evangelio de hoy, dentro de esta dinámica gozosa de la Resurrección de Cristo, nos invita a redescubrir la Palabra de Dios como una “buena nueva”. A veces podríamos pensar que los que no son cristianos “están más tranquilos que nosotros y hacen lo que quieren”, mientras que nosotros tenemos que cumplir una serie de normas. Sería una visión muy superficial y mundana.

El Evangelio es una buena nueva, una feliz noticia, que nos llena el corazón de alegría y consuelo.

La enseñanza de Jesús es por supuesto exigente, pero no deja de ser la revelación de la ternura de Dios con cada uno de sus hijos, y señala las leyes que llevan a la felicidad. Que sepamos dejarnos transformar por dicho amor.

VICENTE MONTESINOS

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