«El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado».
Señor, que estas consideraciones qué haces en tu Evangelio, dejándonos claro que los preceptos secundarios o ceremoniales deben de ceder ante los más importantes, me ayuden a vivificar todas mis obras con el amor que has puesto en mi corazón, precisamente para que te podamos amar a Ti. 

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