Argentina: Campo de Exterminio Prenatal. Y los obispos se callan la boca. Por José Arturo Quarracino

El aborto procurado bajo cualquier aspecto que se lo considere, carente de la más mínima piedad.

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Por José Arturo Quarracino

Para Adoración y Liberación

 

En enero de este año publicamos un artículo titulado El aborto es el derecho de las bestias trogloditas[1], en el que denunciamos que la Argentina, después de 15 años de lucha heroica contra las multinacionales de la muerte para impedir que implementaran su plan genocida de legalizar el aborto en el país, se incorporó al siniestro club de los países que han legalizado la pena de muerte, cumpliendo con las imposiciones anticonceptivas y antinatalistas del Poder plutocrático globalista y depredador impulsado por la familia Rockefeller y sus socios oligarcas.

Afirmamos en el artículo citado que ese plan criminal fue implementado en forma paulatina durante las ultimas cinco décadas, instaurando de hecho en el mundo el triste fenómeno del invierno demográfico, es decir, el envejecimiento poblacional en la mayoría de los países del mundo.

Afirmamos también que este plan criminal y su implementación es en realidad un proyecto corporativo privado convertido en problema de Estado, que a través de instituciones internacionales -ONU, OMS, etc.- y de organizaciones no-gubernamentales, propias y ajenas, impulsó la legalización del aborto en la mayor parte de los países del mundo, con la complicidad de las organizaciones no-gubernamentales locales, hasta lograr su reconocimiento “legal”. Y subrayamos el hecho que, además de ser un proyecto privado, la legalización del aborto se basa en UN DERECHO QUE NO EXISTE COMO TAL, ni en la tradición jurídica universal ni en Naciones Unidas, inventado por John Davison Rockfeller III, un plutócrata y oligarca ultra capitalista: “The abortion is a woman’s right to determine her own fertility” [El aborto es el derecho de la mujer a determinar su propia fecundidad][2].
En realidad, instituir el aborto como “derecho” no es otra cosa que legalizar la pena de muerte como tal, contra un grupo humano especifico e identificable -los seres humanos por nacer-, cuyos miembros son, sin excepción alguna, totalmente inocentes -no han cometido ningún delito- y se encuentran en una situación de indefensión total: el seno materno en el que han nacido y que los cobija en los primeros tiempos de su existencia se convierte en el campo de ejecución de la aplicación de la pena máxima.

Como se puede apreciar, no hay una sola pizca de justicia en el aborto procurado, sino, por el contrario, la vulneración de todo principio moral, jurídico y legal: se asesina a un inocente sin ninguna justificación, salvo la del ejercicio de la fuerza bruta superior, en un acto sumario, sin proceso judicial y sin abogado que defienda al inocente que se ejecuta. Y tampoco hay una sola pizca de humanidad en quienes procuran el aborto a piacere, a voluntad, porque si: desde el profesional de la salud que se convierte en un verdugo infame, hasta los progenitores o las “gestoras” que deciden hacer matar a su propio hijo.

A toda esta barbarie se agrega otra más, cruel e inhumana: los restos de los fetos abortados son arrojados a la basura o incinerados, o en el “mejor” de los casos se los comercializa, para que sean componente de productos alimenticios, bebidas, cremas de belleza o vacunas, En este ultimo caso, no se sabe por qué las vacunas en general -incluidos los sueros génicos experimentales- necesitan como un componente restos cadavéricos de personas asesinadas.

En síntesis: el aborto procurado bajo cualquier aspecto que se lo considere, carente de la más mínima piedad. Es barbarie troglodita en estado puro, en pleno siglo XXI, comprobado por los números que citamos continuación:

A) A nivel planetario, en los últimos años, desde el 2015 hasta el 2021 se han ejecutado 73 millones de abortos por año (512 millones de personas abortadas en 7 años), según ha publicado el Alan Guttmacher Institute[3], junto con la Federación Internacional Planificada de Estados Unidos una de las principales promotoras e impulsoras del aborto en Estados Unidos. Una verdadera masacre, un genocidio espantoso como jamás conoció la historia universal. En el contexto de un Orden Mundial con un desarrollo científico, económico y tecnológico impresionante, pero sustentado en un océano de sangre de niños inocentes. Un mundo infernal, ya que en promedio se asesinan anualmente:
— 200.000 niños por día, es decir,
— 8.333 por hora, equivalente a
— 139 por minuto

B) 1. En Argentina el aborto se legalizó a fines de diciembre de 2020. A partir de ese momento se cuenta con datos oficiales, circunscritos al ámbito de la salud pública, que no incluyen los abortos realizados por obras sociales ni prepagas. Estos números oficiales muestran que en 2021 se mataron 73.487 niños antes de nacer, el 45% de ellos (33.147) en la provincia de Buenos Aires, “gobernada” por el progresismo. En promedio, durante el año citado fueron asesinados en Argentina:
— 6.124 niños por mes, es decir,
— 204 niños por día, o sea
— 9 niños por hora, equivalente a
— 1 niño cada 7 minutos

B. 2. En 2022 se ejecutaron 79.830 abortos, es decir,
— 6.653 niños por mes, es decir,
— 222 niños por día, o sea,
— 9,24 niños por hora, equivalente a
— 1 niño cada 6 minutos, 30 segundos. Esto representa un 8% más respecto al año anterior[4].

C) CONCLUSIONES:
a) Argentina ha dejado de ser un país, ha pasado a ser un campo de exterminio en el que los hospitales públicos se han convertido en el patio de ejecuciones de la pena capital contra los niños antes de nacer. Basado en una ley anticonstitucional, solamente sustentada en la voluntad de la Plutocracia globalista angloamericana que está por encima de toda ley y Constitución.

b) En una actitud cobarde, se ha disfrazado o encubierto el asesinato prenatal con el eufemismo de “interrupción voluntaria del embarazo” (IVE).

c) Salvo una honorable y honrosa excepción -el juez Federal Alfredo Eugenio López, de Mar del Plata- el Poder judicial en masa -jueces y fiscales- ha renunciado a hacer valer el imperio de la Justicia y de protección del Derecho para convertirse en cómplice pasivo del genocidio.

d) Promotores activos de la legalización de esta barbarie han sido tanto los legisladores oficialistas como los de la oposición, unidos para legalizar un crimen, mientras se pelean en otros ámbitos: económico, social, político.

e) Como dijimos en enero de este año, la aplicación de la pena de muerte prenatal en Argentina ya ha configurado un verdadero genocidio, que en 2 años de vigencia “en democracia” ha eliminado y desaparecido a 153.317 seres humanos antes de que nacieran, mientras que la última dictadura militar en Argentina eliminó y desapareció a 8.981 personas[5]. En otras palabras, la “democracia” argentina ha eliminado y desaparecido en dos años 17 veces más personas que el funesto Proceso de 1976-1983, dándole estatus legal y “democrático” a la ideología antinatalista y genocida de John Davison Rockefeller III.

Pero lo que es más que llamativo es que el Episcopado argentino en su conjunto se ha refugiado en un silencio e indiferencia diabólicos, al mismo tiempo que opina y habla sobre temas que si bien son importantes o fundamentales para la vida de la Nación, no forman parte de la competencia propia de los prelados, que en vez de cumplir con el pedido de Jesucristo –“dejen que los niños vengan a mí” (Mt 19, 14)-, los que deben ser “alter Christus” no dicen nada ni hacen nada ante este ataque mortífero contra los preferidos de Dios, indiferentes al asesinato masivo prenatal. Mucha inclusividad homosexual, mucha preocupación por los pueblos “originarios”, mucho diálogo “con amor”, mucho “escuchar y discernir”, pero de defender a los absolutamente desprotegidos nada de nada.

Cada vida humana que viene al mundo es un milagro que Dios regala al mundo, cada vida humana asesinada porque no se la desea recibir es un ataque a la obra divina. Que quienes son o deben ser “servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios” (Primera Carta a los cristianos de Corinto 4, 1) sean cómplices pasivos de tal genocidio diabólico los asemeja a los miembros de la desaparecida Iglesia de Laodicea, que no era “ni fría ni caliente, sino tibia”, merecedora de ser “vomitada por la boca de Dios” (Apocalipsis 3, 15-16).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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