La anestesia de Don Ghio sobre el Papa Ratzinger: no juzgar, obedecer, callar y ser buenos.Por Andrea Cionci

De acuerdo. Es una época de decepciones y lo aceptamos. Pasará. Después de Monseñor Gaenswein (que, sin embargo, tiene sus razones) se derrumba  también Don Giorgio Ghio, en un artículo anónimo en el blog de Aldo Maria Valli.

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Por Andrea Cionci

Para Adoración y Liberación

Traducción autorizada Maria Luisa Perez Gherlone

 

Don Giorgio Ghio interviene sobre la renuncia del Papa Ratzinger y acaba tropezando con una serie de confesiones embarazosas

De acuerdo. Es una época de decepciones y lo aceptamos. Pasará. Después de Monseñor Gaenswein (que, sin embargo, tiene sus razones) se derrumba  también Don Giorgio Ghio, en un artículo anónimo en el blog de Aldo Maria Valli.

Un buen sacerdote, con recientes posiciones valientes y que, en cambio, hoy se ahoga en una serie de especulaciones contradictorias inspiradas en aquel antiguo y desastroso principio clerical manzoniano de “calmar, truncar, truncar, calmar” actualizado con concreciones bergoglianas: sólo falta el llamamiento contra el “charlatanería”.

En relación con nuestra campaña de investigación sobre el Código Ratzinger, escribe: “Declarar sede vacante sin tener autoridad para ello es algo tan ridículo que no existe un término apropiado; al menos, yo no he encontrado ninguno”

 

Don Ghio admite el distorsiones de la renuncia de Ratzinger

 

¿Así que si un periodista denunciara un golpe de Estado en Honduras sería ridículo porque no tendría autoridad? Hemos denunciado secularmente un golpe de estado atroz y milenario contra el sucesor de San Pedro. (Por cierto, ¿el lema de los cristianos no sería “renunciar, anunciar y DENUNCIAR”)?

Hemos demostrado más allá de toda evidencia, en dos años y medio de investigación, que Benedicto fue el único Papa. Al haber fallecido, el 31 de diciembre la sede está vacante, por las mismas y obvias normas de la Iglesia. Por lo tanto, el punto clave no es declarar la sede vacante, consecuencia obvia, sino ver si Benedicto siguió siendo o no el único Papa hasta su muerte.

Surrealista como el mismo P. Ghio admita  cándidamente la serie de distorsiones anormales, ciclópeas, en uno de esos actos que, en cambio, deberían ser absolutamente sólidas y por encima de toda sospecha como  la abdicación porque, como dicta el conocido principio de la canonística: “papa dubius, papa nullus”.

 “Hay ciertamente anomalías en la renuncia de Benedicto XVI -escribe el padre Ghio-, anunciada el 11 de febrero de 2013; anomalías tan significativas que, en la propia conciencia, se pueden albergar legítimas dudas. Sin embargo, no nos corresponde a ninguno de nosotros resolver la cuestión en el plano jurídico. Ciertamente, podemos señalar el hecho de que, en su declaración del 11 de febrero de 2013, Benedicto XVI habló de renuncia al ministerio y no al oficio, es decir  al cargo.

 

Renuncia al cargo, no al ministerio

 

Ahora bien, el objeto de la renuncia es el oficio, el munus, no el ministerio, que es el ejercicio; por lo que ya hay una anomalía importante en el uso del término, que no es el que se debería haber utilizado. También hay que señalar que no hay ningún acto de renuncia. La renuncia a un cargo es un acto jurídico que debe hacerse por escrito y firmarse. Ahora bien, en el caso de Benedicto XVI, este acto no existe: sólo existe la declaración de la intención de renunciar. Además, están todas las demás anomalías que conocemos bien, es decir, la conservación del nombre, el hábito, el escudo de armas, así como la costumbre de impartir bendiciones apostólicas (algo que sólo puede hacer el Papa reinante), etc.”.

Detalle: el munus es la investidura que se confiere al neo papa por disposición divina (Universi Dominici Gregis Art. 53) y a él se vincula la asistencia del Espíritu Santo, también en la enseñanza ordinaria del Magisterio, no sólo en los pronunciamientos definitivos. (Art. 892 del CCC). Sin munus, no hay Espíritu Santo. Así que si Benedicto retuvo el munus, nunca perteneció a Francisco, ni ahora le ha pasado por herencia. Y a un sacerdote quizá debería preocuparse en que el jefe de la Iglesia no cuente con asistencia divina.

Sin embargo, el Padre. Giorgio ha olvidado el aplazamiento sin precedentes de la medida al 28 de febrero. Si celebrara un matrimonio y el novio dijera durante la ceremonia: “Acepto tomar a Lucía como esposa, pero para que el matrimonio comience el 24 de agosto, dentro de 15 días”, ¿sería un matrimonio válido para don Giorgio?

Aquí el padre tiende la típica cortina bergogliana de amianto y plomo de “no juzgar”.

“Ciertamente, no nos corresponde a nosotros juzgar las intenciones del Papa Benedicto, por el simple hecho de que no las conocemos ni podemos conocerlas: sólo Dios las conoce; el interesado, a estas alturas, ya no puede explicarnos lo que pretendía hacer. Es inútil esforzarse por encontrar una solución a este enigma, que sigue siendo un enigma”.

 

No es un enigma

 

Será un enigma para Usted. Los canonistas han vertido ríos de tinta sobre la cuestión canónica y el propio Papa Benedicto nos ha gritado a los cuatro vientos, compatible con su condición de Papa en una sede totalmente impedida, cuáles eran sus intenciones: qué hizo y por qué, hasta el punto de declarar, en unos centenares de frases elocuentes, que “la respuesta está en el Libro de Jeremías”, donde está escrito -como es el caso- en letras de cajón “Yo soy  impedido”.

Esperemos que Don Ghio no nos diga que se trata de una coincidencia, ya que en la Biblia esta frase sólo aparece en Jeremías.

 

¿P. Ghio no ha leído el Código Ratzinger?

 

Al padre también le enviaron el Código Ratzinger, pero quizá no lo ha leído. Así pues, la cuestión no es un enigma en absoluto, es muy sencilla y en cualquier juicio provincial medio se despejaría de inmediato. Cualquier contrato quedaría invalidado por mucho, mucho menos que las incertidumbres canónicas contenidas en la Declaratio si se interpretara como abdicación.

A continuación, el P. Ghio recupera un gran clásico, sobre el que también escribimos en el Código Ratzinger: el falso concepto de obediencia:

“Pongamos, pues, nuestras almas en paz de una vez por todas: actualmente hay un Papa reinante; puede gustar o no, pero es así: quien, en este momento, gobierna la Iglesia católica es el Papa Francisco. Con todas las dudas que uno pueda tener en conciencia, sin embargo en el foro externo hay que obedecer en las cosas lícitas; en las cosas que repugnan a la conciencia, estamos autorizados a conservar una sana libertad de espíritu, que no debe, sin embargo, llevarnos a una abierta desobediencia, ya que el rechazo de la obediencia al Romano Pontífice, en el Código de Derecho Canónico, se define como cisma”.

El P. Giorgio aún no ha captado el punto central de la cuestión: que la obediencia se debe al Papa CANÓNICAMENTE ELEGIDO -como juró San Francisco- y no a un obispo cualquiera que se cismatizó. Así que uno puede estar tranquilo después de que una comisión canónica pública de investigación haya arrojado luz sobre los detalles. Si millones de fieles tienen dudas sobre si Francisco es canónicamente el verdadero Papa, la Iglesia tiene el sacrosanto deber de resolver la cuestión en modo definitivo.

Además, si alguien dudara de que el P. Ghio haya sido debidamente ordenado sacerdote, con libros, investigaciones, etc., ¿no publicaría inmediatamente el padre los documentos de su ordenación para no escandalizar a sus ovejas y tranquilizarlas? En cambio, Francisco se cuida, y esto debería levantar una alerta roja, aparte de las invitaciones a “no juzgar”.

Que se aclare la legitimidad de Bergoglio es lo primero que un párroco debería pedir a sus superiores, más que invitar a la obediencia a quien podría ser el Flautista de Hamelín y que, según el propio sacerdote, parece tener muchas características.

Entre otras cosas porque los superiores, a pesar de los absurdos reconocidos por el Padre Ghio, en lugar de responder sobre el fondo, lanzan porrazos a los sacerdotes héroes que piden aclaraciones: suspensiones, excomuniones, reducciones al estado laical.

 

 

El concepto de división

 

Vuelve la mala interpretación del concepto de división:

“Así pues, dado que el artífice de toda división es el diablo, tengamos cuidado de no colaborar con él, aunque sea involuntariamente: no nos dejemos seducir por razones aparentemente buenas, por argumentos aparentemente intachables, que, sin embargo, son completamente ciegos ante enormes defectos que pueden ser detectados incluso por el simple sentido común. Si el resultado es la división; si el resultado es la rebelión; si el resultado es la desobediencia, el origen no puede ser bueno”.

Hasta hace poco, don Ghio mantenía una postura dura frente a las vacunas, dividiendo a los pro-vax de los no-vax: así que él también se habría equivocado creando divisiones, rebeliones, desobediencia en el pensamiento único vacunista. Si lo hizo, evidentemente pensó que estaba protegiendo al rebaño, ¿no?

Mutatis mutandis, ¿todos los santos que lucharon contra los antipapas y los herejes eran instrumentos del diablo porque provocaban “división”? Quizá el propio Jesús se equivocó cuando dijo: ‘No creáis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada. Porque de hecho he venido a separar al hombre de su padre, a la hija de su madre y a la nuera de su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa”. El propio Juicio Final será una gran división, todo en el Evangelio es división, selección, meritocracia, separación del trigo de la cizaña. Incluso los pecadores que son perdonados deben primero arrepentirse para ser aceptados. En el Evangelio no se habla de “inclusión y resistencia”: esta es  una terminología masónica querida por el obispo vestido de blanco.

 

La cuestión no es si Usted está de acuerdo o no

 

Estimado Padre. Giorgio, la cuestión es que aquí el legítimo Vicario de Cristo (el número 2 después de Jesús), el custodio del depositum fidei, fue quitado del medio forzadamente para sustituirlo por un falso papa descarado y poderosamente anticatólico que impulsaba esas vacunas -que a Usted no le gustan- como si fueran la Eucaristía. Afortunadamente, el Papa Benedicto se defendió con una ingeniosa estratagema canónica que hizo cismar al antipapa y hasta nos lo aclaró redundantemente, aunque usted siga resistiéndose a entenderlo.

No se trata de que Usted  esté de acuerdo o no con el panorama descrito, sobre el que de todas formas le invitamos a leer. La cuestión es que usted, reconociendo lo absurdo de la supuesta abdicación de Benedicto, y conociendo la angustia e inquietud generadas por esta mega controversia, tendría el deber de pedir una comisión canónica de investigación sobre el asunto para que la aclaración no viniera de este servidor, sino de la autoridad eclesiástica. La mera sospecha de una situación así debería hacerle tomar las barricadas para exigir la verdad. En vez de calmar, truncar, calmar metiendo el polvo debajo de la alfombra que puede barrer para siempre a la iglesia canónica visible, haciendo que la línea antipapal de Bergoglio continúe.

Don Ghio invita a los católicos a no pedir explicaciones sobre el Papa Ratzinger

Con este incauto artículo, Usted invita a los católicos a la anestesia, al atroz pseudo comando de “obedecíamos a las órdenes”, que ya ni siquiera existe en el ejército: desde hace décadas, el deber de un soldado es negarse a cumplir órdenes a todas luces erróneas y criminales.

Usted está empujando a los católicos a renunciar a pedir aclaraciones legítimas, sacrosantas y necesarias, está complaciendo al alto clero al continuar con una complicidad inadmisible, intolerable, sobre una cuestión sustancial, negando la summa caritas, la verdad, a mil millones de católicos y más.

Ahora bien, si no se siente con fuerzas para pedir públicamente aclaraciones al clero superior, debido a sanciones canónicas, lo entendemos. Pero al menos, por favor, no reme contra quienes han investigado a fondo el asunto y están intentando hacer algo al respecto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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