2022: El año del diablo (Por Ángel Ortega)

Y, por fin, diez años después, llegamos al 2022, el nuevo año, cargado de satanismo y dolor, como cien años antes hizo lo propio el recién estrenado régimen soviético, presentándose al mundo como precursor de quien se presentará, posiblemente, este nuevo año, el mismísimo anticristo.

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Por Ángel Ortega

 

El 30 de diciembre de 2022 se cumplirán 100 años del nacimiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), uno de los mayores desastres históricos del mundo. Peor que en una guerra, el comunismo (antes socialismo) mató a millones de inocentes criaturas, muchísimos cristianos indefensos, vulneró de la primera a la ultima ley de derechos humanos, se convirtió con el paso del tiempo en el mayor terror político y social del globo y engañó a la izquierda revolucionaria igual que ya venía haciendo el capitalismo con la derecha conservadora.

 Como ahora, por aquel entonces, el poder global supo encandilar a la plebe con fantásticas promesas de prosperidad.

 Cinco años antes ya habían engañado al mundo con otra pandemia, la gripe española, que ni era española ni fue la causante de tanta muerte.

 Diez años antes, en 1912, había que inventar algo potente (aparte del piloto automático en Aviación, tan importante ahora cuando los pilotos vacunados tienen posibilidades de morir en el aire a consecuencia de las mortales vacunas), y se botó el Titanic, para hundirlo con todos los pasajeros que llevaba y que no agradaban al poder masónico; después, la ya nombrada gripe, en 1917, para tapar las apariciones de la Virgen en Fátima aquel mismo año, un mes y pico después del Milagro del Sol y, como colofón a tanto derroche neuronal, la peor dictadura inventada por el hombre perverso y que luego se trasladaría a muchos otros lugares del mundo.

Cien años después, la Historia se repite. En 2012, se nos muestra que todo está por terminar, todo está por hundirse, como el Titanic, los mayas lo dejaron en herencia, su calendario terminaba aquel año y muchos lo vivieron como el que se va a morir irremediable y fulminantemente y lo sabe. Corramos, decían, y vivamos a todo tren que esto se acaba. También lo decía, de otra manera, la horrorosa película del mismo nombre que el año.

 Cinco años después, en 2017, comenzó “oficialmente” el Covid-19, tal y como muestra un documento del Banco Mundial en el que se ve claramente la compra de Tests para la detección del mismo y, por tanto, el comienzo real del negociazo que les ha supuesto para sus ya saturados bolsillos, esta nueva pandemia. Ni que decir tiene que las vacunas ya estaban registradas y terminadas mucho antes de aparecer la enfermedad pero su mil millonaria fabricación exigía su tiempo.

Y, por fin, diez años después, llegamos al 2022, el nuevo año, cargado de satanismo y dolor, como cien años antes hizo lo propio el recién estrenado régimen soviético, presentándose al mundo como precursor de quien se presentará, posiblemente, este nuevo año, el mismísimo anticristo.

 Para colmo, el año es el de las tres veces dos, que son seis, y, así, esos tres doses se convierten en seises, para obtener el número de la bestia, el 666, seguramente porque, en ese 2022, la vacuna lanzará al mundo, igual que el falso profeta Bergoglio hará con su jefe, el anticristo, su propia marca, un chip, un nanoloquesea, una espiga cizañosa, una cepa omega, o, simplemente, un tatuaje imborrable y perenne. Quién sabe, pero lo saben.

 Sí, amigas y amigos, este indeseable año sacrílego tendrá su gratificante oposición el día que, estemos donde estemos, despiertos o dormidos, escuchemos gritos y sollozos en cabezas erguidas mirando una cruz en el cielo, la Gran Cruz de nuestro Señor.

 Me da que va a ser muy pronto, antes de la presentación al mundo del anticristo, por supuesto.

 A partir de ese milagroso día tendremos exactamente una semana para preparar la más importante de las entrevistas que hayamos tenido jamás, y seremos nosotros mismos, nuestra pecadora presencia, la que vaya rellenando el currículum que tendremos allí que presentar, y nada menos que a nuestro Salvador Jesucristo.

 Llenos de confianza en los perfectos y maravillosos designios de Dios, todavía hay tiempo de preparar el encuentro, de ofrecerse a Él en cuerpo y alma, de ver la Cruz y la luz en las llagas del Resucitado, el único que tiene la llave de nuestra salvación.

 

 

 

 


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