ABERASTURI: Constitución dogmática Lumen gentium, n. 15: un disparatón. I

 

 

 

 

Jose Luis Aberasturi

 

La constitución dogmática sobre la Iglesia, “Lumen gentium”, es el documento fundamental del CV II, tanto por su contenido como por su finalidad; la prueba -y no solo de orden material- fue que llenó toda la duración del Concilio, y nunca acalló los duros enfrentamientos que suscitó entre los Padres conciliares. En principio, pretendía retomar, para desarrollar y completar, la doctrina que sobre la Iglesia comenzó a formular el CV I, bruscamente interrumpido en 1869.

Pero claramente era -así lo pretendió, y consiguió- lo que la Iglesia se decía a sí misma, en ese tiempo y de cara al futuro -lo anterior de la Iglesia Católica estaba “superado” para el ala progre-, respecto a su papel y lugar ante el mundo y los hombres, como los interlocutores más válidos y cualificados que podía y debía tener.

Fue el tema “estrella” del CV II, no en vano iba a lo mollar de la Iglesia aunque con una “nueva” y sorprendente connotación: admitir al hombre y, en él y con él al mundo [las sociedades] como interlocutores no sólo válidos sino puestos al mismo nivel: de tú a tú: un auténtico “diálogo”.

Una “innovación” -el “diálogo” como divisa de la Iglesia Católica para dentro y fuera de Ella misma- que no venía de Jesucristo, por la sencilla razón de que no envió a sus Apóstoles, ni a la propia Iglesia, a “dialogar” sino a PREDICAR: Id por todo el mundo, y predicad el Evangelio… Más luego lo que viniese: bautizar, perdonar los pecados –o retenerlos-, etc. Lo del “diálogo” creo que no aparece ni una sola vez en toda la Sagrada Escritura: lo digo a ojo; pero me da que van por ahí las cosas. Y siendo tan “fundamental” que marca un antes y un después de la vida de la Iglesia -sus casi dos mil años: desde su nacimiento hasta el CV II-, no se comprende bien cómo ha podido pasársele al Espíritu Santo tamaño “mandato” que, según la progrez eclesial, tiene la “rara” virtud –vamos, tan “rara” que no la tiene- de acabar con todos los problemas habidos y por haber. Y así le ha ido, a la Iglesia y a todos nosotros.

Pero también fue el tema que resultó totalmente “estrellado” de principio a fin y desde el primer día, pues necesitó, ni más ni menos, que seis sucesivas redacciones, seis -de 1962 a 1964-, que no solo llenaron toda la duración del Concilio, sino que casi consiguió “coparlo”; y, de hecho, acabó con un fin “forzado” por Pablo VI, pues, a pesar de que cada una de ellas -las seis- pretendieron ser siempre redacciones “finales”, nunca acababan de serlo, y tenían que volver a retomarse pues no habían quedado cerradas, en absoluto.

 

 

 

 

 

 

¿Por qué tanto “revuelo” y tanta discusión que, además de que no acababa de llegar a ningún sitio doctrinalmente, tampoco acababa de calmar a los Padres del Concilio? Todo esto hay que apuntárselo al ala “radical” de los mismos -la prepotente y combativa progrez eclesial- que, en la persona del card. Suenes -que ahí sigue en sus trece, aún a costa de haber ayudado a cargarse gran parte de la Iglesia Católica en Bélgica- como cabeza visible y de más alto nivel, promovió el cambio radical del tono y de la orientación del documento, a discutir del 4 al 7 de diciembre de 1962, y que la Comisión coordinadora primero, y el Concilio después, aceptará con la intención de acallar los fuertes contrastes del debate que suscitó y nunca apaciguó.

Era ya la segunda redacción, presentada a debate por la Comisión preparatoria y por la Comisión teológica, y aprobada con retoques por la Comisión central, en las sesiones de mayo y junio de ese mismo año.

En enero de 1963 empieza la constitución a recibir su tercera forma. Y en la segunda etapa conciliar, en ese mismo año, el texto vuelve a ser discutido, vivamente, desde el 30 de septiembre al 31 de octubre. De nuevo, sin acuerdo.

En julio de 1964 se envía a los Padres conciliares la cuarta redacción, que termina de discutirse en septiembre. En octubre, y a la vista de los pobres resultados conseguidos, fruto de la gran tensión interna -y externa: y no solo por la prensa, que también- que mantienen los debates, se rehace en su quinta forma. Se vota en noviembre.

Finalmente, la misma Secretaría general del Concilio tiene que salir al paso para calmar los espíritus, con tres muy graves, inauditas, asombrosas y específicas notificaciones. Una, dando seguridades de que se había observado fielmente el reglamento del Concilio: tema más que discutible, porque a mitad de partido se habían cambiado las reglas; otra, precisando el valor teológico de la constitución sobre la Iglesia: aquí es donde incidiremos con un (anti)ejemplo de libro, y nada a favor por cierto; la tercera, comunicando la “Nota explicativa previa” que, de orden superior -ni más ni menos que del Papa- se añadirá al documento.

Estas tres notificaciones confirman tres connotaciones importantísimas a tener muy en cuenta. Una: en más de dos años, no se habían podido poner de acuerdo en el aula conciliar; lo cual no tuvo nada de extraño pues era casi metafísicamente imposible la conciliación: como el aceite y el agua no se pueden mezclar por mucho que uno se empeñe. Dos: lo “impuesto de orden superior” del “se acabó, y hasta aquí hemos llegado” del abrupto final: Pablo VI no tuvo más remedio, para acallar las voces que no callaban -porque no podían; unos, los de la progrez, porque no conseguían todo lo que querían; otros, los que veían las contradicciones internas del documento y su ruptura con la Tradición y el Magisterio, tanto lejano como cercanísimo, por deber de conciencia-, que promulgar, el 21 de noviembre de 1964, la “Nota explicativa previa”; de ahí que, quienes han pretendido presentar las votaciones finales como un triunfo del “diálogo conciliar” y de la “comunión conciliar”, lo hacen con un brindis al sol. Y tres: la constitución dogmática -bien se puede afirmar- fue el triunfo de la progrez eclesial, de la que formaba parte desde el primer día el muy influyente card. Montini, luego, Pablo VI, que continuó y clausuró el CV II.

Y vamos al punto n. 15, que transcribo a propósito enteramente para saber de qué estamos hablando: “La Iglesia se reconoce unida por muchas razones con quienes, estando bautizados, se honran con el nombre de cristianos, pero no profesan la Fe en su totalidad o no guardan la unidad de comunión bajo el sucesor de Pedro. Pues hay muchos que honran la Sagrada Escritura como norma de Fe y vida, muestran un sincero celo religioso, creen en amor en Dios Padre todopoderoso y en Cristo, Hijo de Dios Salvador; están sellados con el Bautismo, por el que se unen a Cristo, y además aceptan y reciben otras Sacramentos en sus propias iglesias o comunidades eclesiásticas. Muchos de entre ellos poseen el episcopado, celebran la sagrada Eucaristía y fomentan la piedad hacia la Virgen, Madre de Dios. Añádase a esto a comunión de oraciones y otros beneficios espirituales, e incluso cierta verdadera unión en el Espíritu Santo, ya que Él ejerce en ellos su virtud santificadora con los dones y gracias y a algunos de entre ellos los fortaleció hasta la efusión de la sangre. De esta forma, el Espíritu suscita en todos los discípulos de Cristo el deseo y la actividad para que todos estén pacíficamente unidos, del modo determinado por Cristo, en una grey y bajo un único Pastor. Para conseguir esto, la Iglesia madre no cesa de orar, esperar y trabajar, y exhorta a sus hijos a la purificación y renovación, a fin de que la señal de Cristo resplandezca con más claridad sobre la faz de la Iglesia”.

Esto, dicho y escrito así, es inadmisible porque, simplemente, no se compadece con la verdad: no es admisible ni en el mero plano intelectual. Tampoco en el doctrinal-teológico, ni en el eclesial.

Pero vamos a intentar explicarlo para el próximo artículo, pues ya me he alargado bastante.

 

 

 

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22 respuestas

  1. Quiere decir que hay cismáticos, pero no tanto, que hay herejes, pero no son tan malos ni peligrosos, que estamos unidos, pero según, cómo y en qué.
    Y que la verdad no importa tanto, mientras podamos reunirnos y dialogar sobre cosas dogmáticas, que son las que nos separan.
    Implica un nuevo mandamiento/precepto: amarás la unidad por sobre todas las cosas.

  2. Perdón: dialogar sobre cosas NO dogmáticas.

  3. Allí estuvo con otros conocidos por todos el Beato Álvaro del Portillo. Que pensaba el venerado don Álvaro?

  4. La Lumen Gentium digna de haber sido puesta en el Index Librorum Prohibitorum.

  5. Que el documento columna vertebral de ese concilio tenga que leerse a la luz de la nota previa explicativa,ya es una cagada antológica,que está clamando entre lineas que todo lo que sigue es un pastiche.
    En cuanto a lo de don Álvaro,varias precisiones.
    1.San Josemaria,por la razón más sobrenatural que daba en estos casos,»no me da la gana»,se negó a participar en la tenida.Las razones protocolarias que se adujeron,no convencen a nadie.
    2.Don Álvaro,y no sé si algún otro socio de la Obra, sí participó.Y creo que lo pasó (pasaron)fatal.Llegaba(n) a Villa Tevere con un cabreo monumental,in crescendo.Oi que,alguna vez,despojandose de los jarapales conciliares,se calzaba(n) ropa deportiva y se ponía(n)a hacer deporte,sin duda para liberar la adrenalina acumulada al no haber roto las narices a algún que otro padre conciliar.
    3.Ni que decir el disgusto que se llevó san Josemaria al rechazarse un documento propio para la Santísima Virgen,incluyendo lo tocante a Ella dentro de la Lumen Gentium.

  6. Tristisima memoria la de Leo Suenens.Y como Dios castiga sin palo ni piedra,cuando hace unos años la justicia belga inició pesquisas sobre trapos sucios de la iglesia en aquel pais,llegaron a abrir su tumba buscando pruebas. Qué buscaban?Ya me gustaría saberlo,asi como si encontraron algo…

  7. De acuerdo P. Jose Luis Aberasturi Martinez, el Cardenal Ratzinger dijo claramente que los documentos del Concilio Vaticano II, y especialmente su pieza central, Gaudium et Spes (la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo moderno) tenían la intención de «corregir» lo que él llamó la parcialidad de la postura anti-modernista adoptada por la Iglesia bajo el Papa Beato Pío IX y el Papa San Pío X, los pontifices cuyos Syllabus y encíclicas advirtieron contra los peligros de la herejía del Modernismo. Esta fue una admisión notablemente sincera.

    Estas son las palabras del Cardenal Ratzinger:

    «Si se desea emitir un diagnóstico global sobre este texto [de Gaudium et Spes] , podría decirse que significa (junto con los textos sobre la libertad religiosa y sobre las religiones mundiales) una revisión del Syllabus de Pío IX, una especie de Antisyllabus.» TEORÍA DE LOS PRINCIPIOS TEOLÓGICOS pg. 457

    Lo que tal vez roza incómodamente la conciencia es el hecho de que el Cardenal Ratzinger estaba sugiriendo que el objetivo principal del Concilio Vaticano II era establecer un Antisyllabus, un documento CONTRARIO a las enseñanzas consistentes y uniformes de seis de los Papas predecesores que siempre expresaron una «relación» de OPOSICION entre la Iglesia y el mundo «modernista» (posterior a 1789), declaraciones con las cuales la gran mayoría de los participantes en el Concilio Vaticano II aparentemente no estaban de acuerdo.

  8. Cuando Juan XXIII convoca el VII,su declaración de intenciones no fue cambiar nada de la Doctrina y Magisterio,sino decir en un lenguaje más comprensible para la gente de hoy las Verdades de siempre.Si ya había otras intenciones ocultas,llamemoslas «B»,lo desconozco.Lo cierto es que de lo que él y sus colaboradores prepararon,no quedó nada,tras la celebérrima y sorpresiva intervención en la asamblea de Lercaro,que produjo un totum revolutum que condujo donde condujo.
    Bien.Quiero hacer una reflexión sobre las intenciones programáticas confesadas por el papa Roncalli,echando mano de una anécdota.
    Cuando hace unos años,uno de mis sobrinos se vio obligado por su profesor de literatura a leer La Celestina,me quedé atónito al saber que le estaba costando un potosí,y que incluso me decía que le resultaba insufrible.De entrada,no logré comprender cómo un muchacho con unos gustos y sensibilidades tan parejos a los míos,podía tener sobre ese libro una valoración tan negativa y distanciada de la mía.Algo había muy diferente entre los textos que ambos habíamos leído.Y caí en la cuenta de la diferencia,cuando me dijo que lo estaba leyendo en el castellano original en que se escribió.Me vino a la mente lo arduo que se me hizo leer otra pieza maestra de nuestra literatura,en su texto original:EL conde Lucanor.Sencillamente insufrible,cuando la versión que yo leí en mi adolescencia,en castellano actualizado,me resultó deliciosa.
    Sí.La Verdad es Eterna,diga lo que diga el mamarracho presidente de los obispos alemanes.Pero el lenguaje en que se expresa,envejece,se enrancia.Misión de una teología inteligente y sana es expresar en cada época,Lo Mismo,con palabras hodiernas.Si tal cosa hubiera hecho el VII,habría sido estupendo.Pero no lo hizo:Se metió,sibilinamente,pero hasta el fondo,contra la Esencia del Catolicismo,poniendo las bases para amaestrar a éste para que pudiera formar parte de la pseudoreligión soñada por el NOM.Don Giussiani habla de «la pretensión cristiana»,pretensión que ser resume en sostener que Cristo es el único Camino,la única Verdad,la única Vida,la única Esperanza,la única Salvación.Tal pretensión encabrita al mundo,pero es lo irrenunciable que tenemos que ofrecer los cristianos.»No tengo oro,ni plata…»,dijo Pedro,»pero en el Nombre de Jesús de Nazareth»…El Señor no es un rabí más,no es un santón más,no es un sabio más,no es un líder más…¡Es el Señor del Cielo y de la tierra,el Increado,nuestro dueño…!
    ¡Nos importa un pimiento el pomposo sacrosanto concilio ecuméncico Vaticano II si,finalmente,no ha servido y no está sirviendo para proclamar a los hombres de hoy ese miniCredo encapsulado en el acróstico ICTIS(pez),que nuestros hermanos de los primeros siglos supieron acuñar:JESU-CRISTO,HIJO DE DIOS,SALVADOR.

    • Yves Congar O.P.
      neomodernismo extremista

      Fue uno de los artífices intelectuales del Concilio Vaticano II
      Nació en 1904 en Francia. Ordenado sacerdote en 1930, manifestó tendencias ecumenistas, y en 1937, después de haberse comprometido prácticamente en la “renovación” litúrgica, escribió su primer libro: Chrétiens désunis [Cristianos desunidos]. Comenzó a enseñar en 1945, en Le Saulchoir. Roma le prohibió, en 1948, que participara en la Semana Ecuménica de Amsterdam; después L’Osservatore Romano atacó su Chrétiens désunis, obra que criticaba la estructura jerárquica y piramidal de la Iglesia. En 1950 la encíclica Humani Generis le aludió al condenar su “imprudente irenismo”. Fue apartado de la docencia en 1954. Juan XXIII lo nombró consultor de la Comisión Preparatoria del Concilio, donde se ocupó del documento sobre la Iglesia Lumen Gentium , así como de la Gaudium et Spes (relaciones con el mundo moderno), de la Dei Verbum (revelación divina), de la Dignitatis Humanae (libertad religiosa), de la Nostra Aetate (relaciones con el judaísmo y las demás religiones acristianas) y de la Unitatis Redintegratio (ecumenismo). Pablo VI dijo de él que era el teólogo que más había trabajado en la elaboración de los textos del Vaticano II. Juan Pablo II le creó Cardenal. Murió en 1995.
      http://cartaalobispo.blogspot.com/2013/09/los-peritos-del-concilio.html

  9. TODO ESTO Y MÁS, MUCHO MÁS, BERGOGLIO LO CONSIENTE, LO PROPICIA, LO PROMUEVE Y LO PREMIA. ¿ ME EQUIVOCO ?

    Comencemos hoy con un obispo, monseñor Raúl Martín, de la diócesis de Santa Rosa, en Argentina, que está tratando de obligar a los feligreses de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa a que no reciban la Comunión en la lengua y en las rodillas, sino que estén de pie y en sus manos.

    De hecho, en Internet hay un video que muestra a Monseñor Martin mientras, dirigido a los fieles, de una manera muy tierna y misericordiosa y subrayando su «autoridad» episcopal, sostiene que él, como obispo, puede decretar «normas litúrgicas» a las que debemos » obedecer «.

    No sólo eso. Monseñor Martin (quien fue obispo auxiliar del cardenal Bergoglio en Buenos Aires y luego fue nombrado por Francisco como obispo de Santa Rosa en septiembre de 2013) se niega brutalmente a dar la comunión a los niños arrodillados que se encuentran frente a él.

    No parece inútil recordar que la declaración de Inaestimabile donum del 3 de abril de 1980 dice: «La Iglesia siempre ha requerido respeto y reverencia por los fieles de la Eucaristía, cuando la reciben. En cuanto a la manera de acercarse a la Comunión, los fieles pueden recibirla tanto de rodillas como de pies, según las normas establecidas por la Conferencia Episcopal «.

    Según Monseñor Martín, los fieles reciben la Comunión de rodillas y en la lengua «rompen la unidad con el pueblo de Dios peregrino en la Pampa». Evidentemente la duda de que en realidad él, con su autoritarismo injustificado, para romper la unidad, ni siquiera la toca. Y, por lo tanto, definitivamente merecemos la calificación del hombre correcto en el lugar correcto. Sobre todo porque el mismo Monseñor Martin, con el mismo espíritu misericordioso y siempre en nombre de la unidad que no debe romperse, también ha sacado de la diócesis un sacerdote, Don Luis Murri, acusándolo de ser conservador y tradicionalista.

    Bueno, aquí estamos en el segundo hombre adecuado en el lugar correcto, que es otro obispo argentino, en este caso al servicio de la Santa Sede. De hecho, es de Monseñor Gustavo Zanchetta, quien después de su repentina renuncia, en julio de 2017, de la dirección de la diócesis de Orano, en el norte de Argentina, fue llamado al Vaticano, donde el Papa creó para él el nuevo rol de inspector de La oficina de administración financiera de la Santa Sede.

    Si no es así, Monseñor Zanchetta está ahora bajo investigación preliminar después de que algunos sacerdotes lo hayan acusado de abuso sexual y otras faltas de conducta.

    Las crónicas argentinas nos dicen que la partida apresurada de Zanchetta da Oran el 29 de julio de 2017 fue cubierta en un misterio. No celebró una misa de despedida, no saludó a los fieles y dio una declaración lacónica en la que se refirió a un «problema de salud». Luego, de hecho, desapareció (excepto para reaparecer, con buena salud, en Madrid, en la ceremonia de apertura del Año Académico de la Universidad Eclesiástica de San Damaso), hasta el 19 de diciembre de 2017, cuando el Vaticano anunció que había sido nombrado inspector de ‘Apsa, el organismo que gestiona los vastos activos inmobiliarios y financieros del Vaticano.

    De acuerdo con el periódico de la provincia de Salta, El Tribune , Zanchetta tres sacerdotes acusados de abuso de poder, el abuso sexual y el abuso económico dentro del seminario. El actual obispo de Orán, en Salta, está recogiendo pruebas y el testimonio y lo remitirá al Vaticano. Si las alegaciones se consideran creíbles, el caso será remitido a la Comisión Especial de los obispos.

    Las hipótesis sobre la partida singular de Zanchetta de la diócesis de Orán son numerosas. Algunos medios han hablado de «crisis depresiva» e incluso de «presión» por parte de los narcos. Lo que es seguro es que dejó las finanzas de su diócesis en un estado desastroso, como lo había hecho anteriormente en Quilmes, donde había sido vicario y donde, al hacer una oferta para un obispo, se había opuesto a la búsqueda de su automóvil. De la policía, en busca de drogas. Así que la calificación del hombre correcto en el lugar correcto no quita a nadie.

    Y ahora, después de este caso manual, aquí estamos, en un crescendo wagneriano, incluso para un cardenal, o su reverencia eminente, el cardenal Reinhard Marx de Mónaco, que ha regresado para pedir un «cambio en la tradición eclesiástica», en particular sobre El celibato de los sacerdotes.

    A la luz del «fracaso» sobre la crisis de abuso sexual en el clero, la Iglesia debe cambiar la tradición «en respuesta al cambio de los tiempos modernos», dijo Marx en la homilía de la misa del primer día del año en la catedral de Mónaco.

    «Creo que es hora de comprometernos profundamente para abrir el camino de la Iglesia a la renovación y la reforma», dijo Marx. «La evolución en la sociedad y las necesidades históricas han dejado en claro las tareas y la urgente necesidad de renovación».

    A juicio del cardenal, presidente de la conferencia episcopal alemana, las medidas para tratar el abuso sexual nunca serán suficientes a menos que se logre una adaptación de las enseñanzas de la Iglesia. «Estoy seguro de que el gran impulso para la renovación del Concilio Vaticano II no se ha llevado a cabo y se ha comprendido en profundidad». Debemos continuar trabajando en esto. Se necesitan más adaptaciones de las enseñanzas de la Iglesia. La verdad no es definitiva, podemos reconocerla más profundamente en el camino compartido de la Iglesia «.

    ¿Adaptaciones a la enseñanza? ¿No es la verdad definitiva?

    Que decir Su eminencia, el cardenal Marx, no solo es el hombre adecuado en el lugar correcto, sino que también tiene el apellido correcto.

    https://www.aldomariavalli.it/2019/01/15/uomini-giusti-ai-posti-giusti-7/

  10. RESUMEN DECLARACION DOMINUS IESUS.
    Introducción
    “En el agitado debate contemporáneo sobre la relación entre Cristianismo y otras religiones, no faltan entre los teólogos católicos quienes afirman que las religiones son caminos igualmente válidos de salvación”.
    dada la enorme y rápida difusión de la mentalidad relativista y pluralista, la Congregación para la Doctrina de la Fe interviene ahora con la presente Declaración para volver a proponer y clarificar algunas verdades de fe”.
    “En concreto, la Declaración se articula en seis puntos, que resumen los datos esenciales de la doctrina de la fe católica sobre el significado y el valor salvífico de las otras religiones”.
    I. Plenitud y definitividad de la Revelación de Jesucristo
    “Contra la tesis que sostiene el carácter limitado, incompleto e imperfecto de la revelación de Jesús, (…) la Declaración reafirma la fe católica acerca de la plena y completa revelación en Jesucristo del misterio salvífico de Dios. (…) En consecuencia, no obstante admitir que las otras religiones no raramente reflejan un rayo de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres, se afirma nuevamente que la calificación de libros inspirados se reserva solamente a los libros canónicos del Antiguo y el Nuevo Testamento, que, en cuanto inspirados por el Espíritu Santo, tienen a Dios por Autor y enseñan con firmeza, fidelidad y sin error la verdad sobre Dios y la salvación de la humanidad. La Declaración enseña además que debe ser firmemente retenida la distinción entre fe teologal, que es la acogida de la verdad revelada por Dios Uno y trino, y la creencia en las otras religiones, que es una experiencia religiosa todavía en búsqueda de la verdad absoluta y carente todavía del asentimiento a Dios que se revela.
    II. El Logos encarnado y el Espíritu Santo en la obra de la salvación
    “Contra la tesis de la doble economía salvífica: la del Verbo eterno, que sería universal y por lo tanto válida también fuera de la Iglesia, y aquella del Verbo encarnado, que estaría limitada solamente a los cristianos, la Declaración afirma la unicidad de la economía salvífica del único Verbo encarnado, Jesucristo, Hijo unigénito del Padre. (…) El misterio de Cristo

    tiene en efecto una intrínseca unidad, que se extiende desde la elección eterna de Dios hasta la parusía. (…) Jesús es el mediador y redentor universal. Por esto, es asimismo errónea la hipótesis de una economía salvífica del Espíritu Santo investida de un carácter más universal que la economía del Verbo encarnado, crucificado y resucitado. El Espíritu Santo es de hecho el Espíritu de Cristo resucitado, y su acción no se pone fuera o al lado de la acción de Cristo”.
    III. Unicidad y universalidad del misterio salvífico de Jesucristo
    “En consecuencia, la Declaración reafirma la unicidad y la universalidad salvífica del misterio de Cristo. (…) Ciertamente, la única mediación de Cristo no excluye mediaciones participadas de distintos tipos y orden; estos, sin embargo, obtienen su significado y su valor únicamente de la mediación de Cristo y no pueden entenderse como paralelas o complementarias”.
    IV. Unicidad y unidad de la Iglesia
    “El Señor Jesús continúa su presencia y su obra de salvación en la Iglesia y a través de la Iglesia, que es su cuerpo. (…) Por ello, (…) se debe creer firmemente como verdad de fe católica la unidad de la Iglesia por él fundada. Los fieles están obligados a profesar que existe una continuidad histórica entre la Iglesia fundada por Cristo y la Iglesia Católica. (…) En relación con la ‘existencia de numerosos elementos de santificación y de verdad fuera de su estructura visible’, o en las Iglesias y Comunidades eclesiales que no están todavía en plena comunión con la Iglesia Católica, es necesario afirmar que su eficacia ‘deriva de la misma plenitud de gracia y verdad que fue confiada a la Iglesia católica’. “Las Iglesias que no aceptan la doctrina católica del Primado del Obispo de Roma permanecen unidas a la Iglesia Católica por medio de estrechísimos vínculos, como la sucesión apostólica y la Eucaristía válidamente consagrada. Por eso, también en estas Iglesias está presente y operante la Iglesia de Cristo, si bien falte la plena comunión con la Iglesia católica. Por el contrario, las Comunidades eclesiales que no han conservado el Episcopado válido y la genuina e íntegra sustancia del misterio eucarístico, no son Iglesia en sentido propio; sin embargo, los bautizados en estas Comunidades han sido incorporados por el Bautismo a Cristo y, por lo tanto, están en una cierta comunión, si bien imperfecta, con la Iglesia católica”.

    V. Iglesia, Reino de Dios y Reino de Cristo
    “La misión de la Iglesia es ‘anunciar el Reino de Cristo y de Dios, y establecerlo en medio de todas las gentes; [la Iglesia] constituye en la tierra el germen y el principio de este Reino’. Por un lado la Iglesia es ‘signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano’. (…) Por otro lado, la Iglesia es el ‘pueblo reunido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo’. (…) Pueden darse distintas explicaciones teológicas sobre estos temas. Sin embargo, no se puede en ningún modo negar o vaciar de significado la íntima conexión que existe entre Cristo, el Reino y la Iglesia”.
    “El Reino de Dios no se identifica, sin embargo, con la realidad visible y social de la Iglesia. En efecto, no se debe excluir ‘la obra de Cristo y del Espíritu Santo fuera de los confines visibles de la Iglesia’. Al considerar las relaciones entre el Reino de Dios, el Reino de Cristo y la Iglesia, se hace necesario evitar acentuaciones unilaterales, como ocurre cuando se habla del Reino de Dios sin mencionar a Cristo, o se privilegia el misterio de la creación callando sobre el misterio de la redención. En tales casos, se aduce que Cristo no puede ser comprendido por quien no posee la fe cristiana, mientras pueblos, culturas y religiones diversas pueden reencontrarse en la única realidad divina, cualquiera sea su nombre”.
    VI. La Iglesia y las religiones en relación con la salvación
    “Ante todo, debe ser firmemente creído que la ‘Iglesia peregrinante es necesaria para la salvación, pues Cristo es el único Mediador y el camino de salvación, presente a nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia’. Esta doctrina no se contrapone a la voluntad salvífica universal de Dios; por lo tanto, ‘es necesario, pues, mantener unidas estas dos verdades, o sea, la posibilidad real de la salvación en Cristo para todos los hombres y la necesidad de la Iglesia en orden a esta misma salvación’. Para aquellos que no son formal y visiblemente miembros de la Iglesia, ‘la salvación de Cristo es accesible en virtud de la gracia que, aun teniendo una misteriosa relación con la Iglesia, no les introduce formalmente en ella, sino que los ilumina de manera adecuada en su situación interior y ambiental. Esta gracia proviene de Cristo; es fruto de su sacrificio y es comunicada por el Espíritu Santo’”.
    “Ciertamente, las diferentes tradiciones religiosas contienen y ofrecen elementos de religiosidad, que forman parte de ‘todo lo que el Espíritu obra en los hombres y en la historia de los pueblos, así como en las culturas y

    religiones’. A ellas, sin embargo, no se les puede atribuir un origen divino ni una eficacia salvífica ‘ex opere operato’, que es propia de los sacramentos cristianos. (…) Con la venida de Jesucristo Salvador, Dios ha establecido la Iglesia para la salvación de todos los hombres. Esta verdad de fe no quita nada al hecho de que la Iglesia considera las religiones del mundo con sincero respeto, pero al mismo tiempo excluye esa mentalidad indiferentista ‘marcada por un relativismo religioso que termina por pensar que una religión es tan buena como otra’”.
    Conclusión
    “Al tratar el tema de la verdadera religión, los Padres del Concilio Vaticano II han afirmado: ‘Creemos que esta única religión verdadera subsiste en la Iglesia católica y apostólica, a la cual el Señor Jesús confió la obligación de difundirla a todos los hombres, diciendo a los Apóstoles: ‘Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado.

    • Verdades a medias, síntesis hegeliana, este escrito del cínico wojtyla fue para darle una vuelta de tuerca y no contradecir el conciliábulo masón vaticano dos.

    • Si claro pero resulta que el subsist in es un término que tomaron de un PASTOR PROTESTANTE y es UNA HEREJÍA MÁS de las tantas de ese conciliábulo.

    • ¿y que hacemos con el DOGMA de la Extra Ecclesia Nula Sallus? ah no claro era una disposicón transitoria….jaja

  11. Y lo de Mons. Martín obispo de Santa Rosa…no es «clericalismo»?

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