Vicente Montesinos

 

 

 

 

Todos los medios, blogs y bitácoras católicas medianamente decentes (los indecentes hasta esconden la noticia) hablan de como el Washington Post “pide” la renuncia del Papa Francisco.

La verdad es que es curiosísimo.

En primer lugar porque esto no es del todo exacto: ese diario, enemigo de la Iglesia, y valedor de Francisco, no es quien pide su renuncia; sino que es un republicano, colaborador de Donald Trump, el que, en unas líneas de este rotativo, lo hace. El artículo no es un editorial del W.P, sino un “op-ed” (un artículo de opinión firmado por alguien que no es del periódico, y cuya línea el periódico no asume) En este scaso, además, el firmante es lo más opuesto posible a lo que el WP representa.

En segundo lugar, porque es ingenuo pensar que un medio de comunicación del Nuevo Orden Mundial vaya a por el Papa que les está dando oxígeno. No. Ellos no van a por el Papa. Ellos, como todos, van a por la Iglesia Católica de siempre. Con la inestimable ayuda del Papa al que se nos quiere vender que ahora atacan pero que no es objetivo de sus iras. El objetivo de sus iras es el catolicismo, como lo hemos conocido desde hace dos mil años. Y Francisco un ideal colaborador para, finalizada por Resolución de la ONU la Religión Católica, cerrar la puerta de la Basílica de San Pedro al salir.

Y en tercer lugar porque el pasado 13 de agosto Adoración y Liberación  ya publicó un artículo pidiendo, expresamente, desde el titular del mismo, hasta el último punto, a Francisco, que se fuera:

 

PUEDEN LEERLO AQUÍ

 

Y AQUÍ

 

Y hombre, uno no espera tener la misma repercusión mediática que el Washington Post; que tonto no es.

Pero si que esperaría que tantos medios y blogueros católicos no tocaran las palmas con las orejas por una petición de renuncia, que ni es de ese medio, ni lo es por motivos católicos; y sin embargo se adhirieran con artículos y editoriales valientes a nuestra petición, de momento, y hasta las 23.59 del 23 de agosto de 2018, hora peninsular española, hecha en solitario en todo el orbe católico.

En fin… Nos gusta demasiado que la faena nos la hagan los de fuera…

Tanto que ni siquiera prestamos atención a cuando nos la hacen los de dentro.

 

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