Vicente Montesinos

 

 

 

Al finalizar este día de San Esteban, damos gracias a Dios por su Magnanimidad.

Las puertas del Cielo se han abierto para Esteban, el primero de los mártires; y por ello ha recibido ya la corona del triunfo.

No es casualidad que la Santa y Sabia Iglesia bimilenaria nos proponga apenas hemos celebrado el nacimiento del Niño Dios; la fiesta del primero que dio su vida por ese Niño que acaba de nacer.

La Cruz está siempre muy cerca de Jesús y de los suyos. Y ya el Señor nos previno: Si el mundo os odia, sabed que antes me ha odiado a mí.

Desde el mismo inicio de la Iglesia se ha cumplido esta profecía. Y en estos tiempos cruciales no va a ser menos.

Adoremos a Cristo, para liberar al pueblo de Dios del engaño.

Y para que el Resto Fiel, dispuesto a esperar a Jesús con la fe verdadera viva; si es preciso hasta acabar como Esteban; siga creciendo.

 

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