Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?». Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».



A partir de este bello pasaje del Evangelio, reafirmamos que el sentido de la conversión y de la penitencia propias de la Cuaresma es ponernos cara a cara ante Dios, mirar a los ojos del Señor en la Cruz, acudir a manifestarle personalmente nuestros pecados en el sacramento de la Penitencia. 

Y como a la mujer del Evangelio, Jesús nos dirá: «Tampoco yo te condeno… En adelante no peques más» 

Dios perdona, y esto conlleva por nuestra parte una exigencia, un compromiso: 

¡No peques más!

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