Les dijo, pues, Jesús: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo. Y el que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a Él». Al hablar así, muchos creyeron en Él.

Cristo Crucificado —¡Cristo “levantado”!— es el gran signo del amor de Dios a la Humanidad caída. Y en esta semana de pasión ya comenzamos a contemplarlo. Al verle así, alzado ante nuestra mirada pecadora, sabremos que Él es. 

Pretender un Evangelio sin Cruz, contagiado del ambiente mundano que nos impide entender el valor redentor del sufrimiento, significaría que no hemos entendido nada.
Que nuestra mirada a la Cruz, sosegada y contemplativa, sea una pregunta al Crucificado: «¿Quién eres tú?» Él nos contestará que es «el Camino, la Verdad y la Vida». 

Y viviremos ya en esta tierra vida de cielo. 

Anuncios