«Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio». Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. 



Señor Jesús, ayúdame a que mi conversión la pida con la misma fe y confianza con que el leproso se presentó ante Ti, que puesto de rodillas, te dice: ‘Si quieres, puedes limpiarme’

Tú eres el único que puede hacer posible aquello que por nosotros mismos resultaría imposible. 

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