Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó.

Señor, hazme crecer en la fe, para que pueda mirar las cosas que suceden a la luz de tu Palabra y pueda encontrar el sentido profundo de las cosas. Dame un corazón dócil como el de Juan para descubrirte resucitado en mi vida.