¿TE COMPROMETES CON EMAÚS O QUIERES SEGUIR SIENDO UN MUERTO?(11). Por Alex Holgado.

Una visión crítica de los retiros de impacto de Emaús (XI)

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Álex Holgado

Adoración y Liberación

 

 Retiros Emaús (8)
Retiros Emaús

 

En el capítulo precedente empezamos a analizar la dinámica psicoherética de la pared, una actividad contenida en el manual de Emaús que ya vimos que se basa en la pseudoterapia del psicodrama de Jacob Levy Moreno y que da el golpe de efecto al retirista para lograr su quiebre y catarsis.

Teníamos al retirista, totalmente entregado, con los ojos vendados (o firmemente comprometido a mantenerlos cerrados), que había sido conducido por un servidor, frente a una pared, distanciado de ella lo justo para poder tocarla con las manos.

Le mandarán hacerlo, pero antes debe cumplir con un requisito aparentemente banal y, sin embargo, simbólicamente esencial: el manual dicta que permanezca al inicio “con los brazos pegados al cuerpo”.

¿Qué representa esta enigmática posición?

Desde antiguo, los hombros, el brazo y las manos representan el poder de hacer, obrar y operar. Es decir que, cuando ordenamos a alguien mantener los brazos pegados al cuerpo, le estamos comunicando de algún modo que está bajo nuestra autoridad. La posición de firmes en el ejército obliga al soldado a mantener los brazos rectos y pegados al cuerpo. Es la posición de recibir órdenes. Indica sometimiento. Y más todavía combinado con la privación del sentido principal, que es el de la vista.

El caminante o neófito entonces se encuentra absolutamente entregado y expuesto a la voluntad de los responsables de Emaús.

Solo en ese momento se lee el texto del manual, un texto cuajado de simbolismos que enlazan con los conceptos mistéricos y esotéricos antiguos que explicamos en el capítulo anterior. Al neófito se le invita a tocar la pared, a palparla, a notar su dureza y frialdad, que de inmediato se vincula con la dureza con que a veces o a menudo trata a sus seres queridos o a los demás:

Tú te has convertido en la pared (…) La pared no ama a nadie (…) La pared no se arriesga a sentir emociones (…) A la pared no le importa cómo se siente tu mujer (o marido), o tus hijos, o tus amigos o algún ser querido. No le importa qué los hace felices o qué los hace llorar”. La retahíla de reproches debe derrumbar cualquier mínima resistencia que albergue el corazón del neófito, que permanece ciego, indefenso, sometido y humillado, sin réplica posible.

“¡Guau, qué importante eres tú!”, remacha sarcástico el lector.

A continuación, cuando está más hundido, quizás llorando a mares, se le insta a revisar sus actitudes y a demoler y traspasar esa pared, donde está el amor y el mismísimo Jesucristo esperándole. Es decir, a este lado, aislado, está el neófito (lo negativo y terrenal), y al otro lado del muro se encuentra la salvación (lo positivo y trascendente).

Asistimos pues a una perfecta asimilación del esoterismo pagano del muro que separa dos realidades antagónicas y que es preciso cruzar mediante la puerta que se abre con el conocimiento y la iluminación que, en este caso, aporta Emaús.

Ya denunciamos en el anterior capítulo el fuerte impacto emocional, psicológico y hasta físico de esta dinámica. Tanto es así que el manual advierte sobre posibles desvanecimientos e insta a los líderes a “detectar problemas físicos que pueden ser importantes” en los neófitos para prevenir consecuencias graves.

En el manual de mujeres consultado se citan las siguientes contraindicaciones para que se les aplique esta pseudoterapia de la pared: “edad, enfermedad, embarazo”. Y en las instrucciones a los servidores se les especifica que tengan en cuenta en su papel de apoyo que la jornada que culmina con la pared “es una tarde dura”.

En las inscripciones se solicita que los caminantes hagan constar cuestiones básicas de salud, como alergias o intolerancias alimentarias, pero ¿puede estar segura la organización que les entregarán todos sus datos, que son absolutamente confidenciales? Los participantes no saben que van a ser sometidos a psicoterapias de fuerte estrés…

No quisiera uno estar en el papel del responsable del retiro. Pero cada cual sabrá lo que hace.

Pero hay más referentes muy reveladores en la dinámica de la pared. Y es que, por ejemplo, la puesta en escena es común con el rito de ingreso a las sociedades o fratrías mistéricas, como la masonería.

El postulante a la masonería también lleva los ojos vendados pues va a ser conducido a la luz, obedece las instrucciones de una ritualización o dramática perfectamente estructurada, la ceremonia tiene lugar siempre cuando el sol ya se ha puesto, es radicalmente experiencial, se le prepara y predispone para tomar decisiones que cambiarán su modo de vida y, atención a esto, se le mantiene largo tiempo junto a una pared en una determinada postura que indica sumisión y obediencia.

Pero no terminan aquí las coincidencias.

Al candidato masón se le traslada, siempre con los ojos tapados, a una habitación –el Cuarto de Reflexión- donde se le invita a hacer una revisión de vida y a analizar la forma en que se conduce para pulirla y poder llegar a ser un hombre nuevo. Luego se le retira la venda y se le permite ver las paredes del cubículo, que deben estar pintadas de negro e incluir pinturas alegóricas del dolor, la codicia, el amor, la venganza, el perdón… Las máscaras junguianas.

A continuación se le conduce al templo, donde tienen lugar las tenidas, pero antes de entrar, antes de cruzar la puerta, deberá haber adquirido el suficiente autoconocimiento para reconocer en el equilibrio de los contrarios su norma y así poder iniciar una nueva vida en compromiso con la institución.

Un compromiso este que, se le recuerda, no es obligatorio, sino que ha adquirido él en pleno uso de su libertad. Lo mismo le dicen al caminante de Emaús: “Solo hay un poder que puede bloquear la capacidad de Cristo de tocarte el alma. Ese poder se llama libertad. Tú tienes la capacidad de decirle que no a la llamada de Dios”.

Resulta obvio, no obstante, que se presenta como una formalidad, un legalismo que es menester cumplir y que aparece como una gota de sensatez que permite, en un hipotético debate, blanquear la marea de trampas. Porque, en semejante tesitura –íbamos a escribir ratonera-, es muy difícil que el interpelado se niegue a hacer cualquier cosa que se le indique. Y por si acaso, de inmediato se le cita y explica la resurrección de Lázaro, diciéndole al neófito que, en ese momento, “tú eres Lázaro y yaces sin vida en una tumba”…

Con los ojos vendados, de pie ante una pared, expuesto ante todos, en un entorno desconocido, sin referencias temporales, con el ánimo tronchado por ser insensible como esa pared, muerto como Lázaro… ¿quién no va a creer y hacer lo que le digan esas personas tan amables que le han acompañado y agasajado durante más de 24 horas? Sin duda, ellos tienen la respuesta, la clave para salir de tan angustiosa situación.

Jesús está aquí al otro lado de la pared –continúa el líder de Emaús-, esperando por ti, esperando a que tú tomes la decisión y actúes. Salta a sus brazos reconciliadores, ¡no tengas miedo! ¡No esperes más! Él quiere y puede perdonarnos por cualquier cosa que hemos hecho. Este es el momento para que hagas un compromiso”.

Y se insiste, hablando en nombre de Dios: “Las palabras que os he dicho no son mías, son del Señor y vienen del Señor, son una invitación a que digáis ‘sí, Señor’”, a tu muerte “el Señor te recordará esta noche y este mismo instante”.

Y el 99 por ciento de los interpelados, claro, baja los brazos, los pega a sus costados y da un paso atrás. Y, tal y como le aseguran, su vida ya “nunca será igual”. Y es conducido hacia uno de los sacerdotes.

¿Puede alguien negar el tremendo acto de manipulación mental que se acaba de producir? La presión sobre el neófito para que acuda a confesarse y se incorpore al universo de Emaús es tan evidente que únicamente el control de las conciencias que se sigue ejerciendo en este movimiento a posteriori puede disculpar a quienes han colaborado.

El chantaje emocional es propio de una secta, pues rechazar la invitación de quienes esperan una respuesta positiva implica crear una situación violenta, imposible de asumir por quien le han hecho sentirse deleznable, maltratador de sus seres más queridos, un muerto en vida.

Y menos cuando, justo antes de la dinámica, le han impartido una charla-testimonio sobre la confianza para que baje todas sus defensas y confíe en estas maravillosas personas que le van a abrir los ojos: El objetivo de la charla, indica literalmente el manual, es “llevar a los caminantes a querer confiar (predisponerse) en los servidores”.

La confianza que se induce es forzada, no se confiere una auténtica libertad para decidir, sino que la respuesta ya está inducida en la proposición. No hay otra vía.

La indefensión a la que se conduce a los retiristas es asimismo propia de una secta. Todo está medido al milímetro para hacer quebrar a la víctima, que es instado a tomar una decisión sin tiempo para asimilar lo que le han hecho experimentar. “Los caminantes están agotados”, indica el manual con letra destacada en negrita, instando claramente a aprovechar la situación.

En este punto es importante reseñar que los expertos en la terapia del psicodrama advierten que la identificación de las heridas no sanadas no implica su reparación automática, aunque se observen cambios de comportamiento inmediatos, sino que es necesario un tiempo de asimilación y un tratamiento posterior (https://www.revistaclinicacontemporanea.org/art/cc2018a19 ).

Nada de esto, por supuesto, se da en la dinámica de la pared, sino que, sin solución de continuidad, se conduce al impactado a la confesión y, que se sepa, no se le aplica ningún tratamiento posterior.

¿Se puede afirmar que se está respetando la intimidad y la voluntad de los retiristas? ¿Se cumple con las condiciones para una correcta confesión? Parece evidente que no. Una vez más, se mezcla sincréticamente (pseudo)psicología con espiritualidad y se manipula para obtener una respuesta inducida.

Para la validez de un sacramento, en especial el de la Penitencia o Confesión, es condición previa necesaria la disposición del fiel. ¿Y qué se entiende por esto? Básicamente, que acuda libremente y con conocimiento pleno del sacramento que va a recibir.

Repetimos: ¿Está en condiciones mentales adecuadas una persona que lleva encima tres intervenciones de pseudopsicoterapia en 24 horas de aislamiento? ¿Es realmente eficaz el formulismo sobre la libertad que aparece como una cuña entre párrafos y párrafos de persuasión y sectarismo en los que se le hace creer que es un ser cruel con sus familiares y amigos?

Los organizadores deberían plantearse seriamente si es moralmente aceptable imponer un sacramento mediante estrategias y técnicas abusivas de manipulación mental (como el gaslighting o luz de gas) que incluyen actos sacrílegos, paganos y contrarios a la verdad católica y a la dignidad de la persona.

Y esto involucra, por supuesto, a los propios sacerdotes, los que acuden a confesar sabiendo lo que es este retiro y sus métodos de conversión y desde luego el párroco, responsable último de la organización del mismo.

Finalmente, y hablando de ritos contrarios a la fe católica, no podemos concluir este somero análisis de la pared sin detenernos en el lavado de manos.

Este ceremonial se hace tras la confesión, justo antes de la Eucaristía que cierra todo el arco de la dinámica de la pared, y consiste en que los neófitos pasen, uno a uno, guiados por los servidores, a que les laven las manos con agua bendita en una ceremonia pública, es decir, delante de todos, y durante la cual le leerán la siguiente fórmula: “Que esta agua purificada y creada por Dios te dé su amor, paz y perdón”.

¿Qué sentido tiene tan peculiar ritual? ¿Y esa jaculatoria?

Se podría alegar que tiene un sentido cristiano, similar a la ablución a la que procede el sacerdote cuando se purifica antes del ofrecimiento del Santo Sacrificio, con recitado en voz secreta del salmo 50. Sería una bonita interpretación, aunque no se ajustaría a la realidad. Como también lo sería asimilarlo a los usos bendicionales del sacramental del agua bendita. Pero es que no nos cuadran.

No nos cuadra por sintaxis. Si fuese un acto aislado o en otro contexto, quizás aceptaríamos alguna de esas lecturas naif. Pero este lavado de manos, tan inusual por otra parte, tiene un antes y un después, forma parte de un engranaje y expresa lo que expresa en su conjunto. El manual de Emaús no da puntada sin hilo.

Por ello, nos parece más acertada la hipótesis de vincular este acto al netilat iadaim de los judíos. Veamos por qué.

El netilat iadaim es el rito del lavado de las manos que practican los judíos antes de levantarse de la cama por la mañana. Disponen una jarra y una palangana junto a la cama para limpiarse de los vestigios del sueño que se produce con el tumah, es decir, con el vacío espiritual que acontece al dormir y ascender el alma a las esferas superiores, dejando el cuerpo a merced de sus funciones básicas y con ello en estado de impureza.

¿Qué vincula el lavado de manos del retiro emausiano con el netilat iadaim? Precisamente, ese mencionado retorno del alma al cuerpo con el despertar, pues recordemos que el neófito estaba muerto como Lázaro y, al comprometerse con Emaús, ha resucitado, es decir, el alma ha regresado al cuerpo. Estamos en ese punto de transición. Y hay que limpiar las impurezas de ese anterior estado.

Cuestión aparte de que, por lo visto, la confesión (lo católico) no sería suficiente (premisa constante y razón de ser de Emaús) y por eso es preciso purificar al neófito con rituales ajenos, debemos tener presentes las profundas referencias y alegorías que para Emaús tienen los cuatro elementos primordiales (tierra, aire, agua y fuego) y que analizamos en la tercera entrega de esta serie.

El agua, en la cosmovisión esotérica emausina, se vincula con la vida que alimenta al alma (la rosa) y con la Eucaristía. Justo los dos episodios que enlaza el lavado de las manos: el retorno del alma al cuerpo que estaba muerto y la inmediata celebración de la Eucaristía. Exacto, o mejor dicho en términos esotéricos, armónico.

De manera que la dinámica de la pared marca el antes y el después en la experiencia iniciática del neófito o caminante. Verdaderamente, la pared delimita lo exterior y negativo ajeno a Emaús, lo muerto, con lo interior del movimiento, con la vida emocional con Jesucristo, y los caminantes traspasan esa muralla para experimentar la resurrección.

Y eso justo al final del sábado, en la medianoche del domingo. Por eso el manual indica que la vestimenta de los servidores cambie el domingo y pasen de llevar la camiseta azul a la de color rojo.

¿Un remedo de las vestiduras del sacerdote en los distintos tiempos litúrgicos? Sin duda, pero también, en este festival del sincretismo que es el retiro de Emaús, una muestra de la simbología profunda que tienen los tejidos y su elaboración en las distintas espiritualidades de corte oriental hinduista, como veremos en próximas entregas de la serie, cuando analicemos la dinámica de los mantelitos y las instrucciones para lucir determinadas camisetas en momentos especialmente significativos.

Por el momento, nos detenemos aquí. Si Dios nos lo permite, seguiremos desgranando esta manifestación concentrada de lo más herético que se ha infiltrado en la Iglesia, otrora católica, y que se denomina retiro de Emaús.

 

 

 

Acceso a los  Capítulos anteriores:

 

  • Capítulo 1:

 

¿RETIROS ESPIRITUALES O MERCADOTECNIA DEL ESPÍRITU? Por Alex Holgado.

 

  • Capítulo 2:

 

¿SIMBOLOGÍA ROSACRUZ EN UN APOSTOLADO CATÓLICO? (2). Por Alex Holgado.

 

 

  • Capítulo 3:

 

¿EL TRIUNFO DE LA COSMOVISIÓN PAGANA EN LA NUEVA IGLESIA BERGOGLIANA? (3). Por Alex Holgado.

 

  • Capítulo 4:

¿ACEPTAR UNA MÍSTICA ESOTÉRICA AL GUSTO DE LA MODERNIDAD? (4). Por Alex Holgado.

 

  • Capítulo 5:

 

UN MANUAL CON LOVE BOMBING E INSTRUCCIONES PARA EL CHANTAJE EMOCIONAL (5). Por Alex Holgado.

 

  • Capítulo 6:

 

EL PARQUE TEMÁTICO DE EMAÚS INCLUYE VER Y ABRAZAR A JESUCRISTO (6). Por Alex Holgado.

 

  • Capítulo 7:

LA PSICOHEREJÍA PARROQUIAL QUE TE IMPACTA EL CEREBRO Y SE INSTALA EN TU CORAZÓN (7). Por Alex Holgado.

 

  • Capítulo 8:

¿EMAÚS NOS SANA DEL DESEO DE NO NACER QUE TUVIMOS EN EL ÚTERO MATERNO? (8). Por Alex Holgado.

 

 

  • Capítulo 9:

 

SI TU PADRE NO JUGÓ CONTIGO O CONFUNDISTE TU IDENTIDAD SEXUAL, QUEMA TUS TRAUMAS Y BAILA (9). Por Alex Holgado.

 

 

EL PSICODRAMA DE LA PARED O CUANDO LOS EMAÚSES JUEGAN A SER DIOS (10). Por Alex Holgado.

 

 

 

 

 

 

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1 comentario
  1. Anónimo says

    Hola Alex,
    ¿Cuándo vas a publicar la siguiente entrega?

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