El malentendido de Radaelli sobre Benedicto XVI: demasiada filosofía y poco código Ratzinger.

Mucho razonamiento y poca observación conducen al error

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Por Andrea Cionci

Para Adoración y Liberación

 

Traducción autorizada María Luisa Perez Gherlone

21 Enero 2023

“Mucho razonamiento y poca observación conducen al error”. Se puede resumir con esta conocida frase de Alex Carrel el trágico y colosal malentendido de los teóricos del “error sustancial”.

El último producto de esta “escuela” es un pesado volumen del prof. Enrico Maria Radaelli,  filósofo culto e inconformista con el que hemos compartido cordialmente un trozo del camino, si se nos permite decirlo, pero de cuyas afirmaciones debemos ahora, por desgracia, distanciarnos radicalmente.

En lo que Radaelli tiene toda la razón es en que Benedicto XVI siguió siendo el Papa, porque su Declaratio no fue ciertamente una abdicación canónicamente válida. El profesor confirma que Ratzinger nunca renunció al munus, al “ser” papa, sino sólo al ejercicio del poder, el ministerium, para “hacer” el papa, ejercicio que depende del munus y nunca podría ser sinónimo de él. Sin embargo, como hemos visto, la Declaratio no era una abdicación, una Renuntiatio, sino más bien otra cosa.

Extrañamente, el vaticanista Aldo Maria Valli, que hasta ahora rechazaba esta realidad dando espacio a don Silvio Barbaglia, legitimador de Bergoglio, se ha convertido ahora en el principal patrocinador de Radaelli, que afirma que el único papa fue Benedicto. ¿Mah? ¿Nos tocará  también nuestro turno?

Yendo al grano, el viejo malentendido con el que tropieza Radaelli es que considera que esta abdicación no es válida y que el “monstruo jurídico del papado emérito” es el resultado de un error sustancial, una concepción equivocada del papado de Ratzinger debido a su pasado modernista en la época del Concilio (posición de la que pronto se enmendó a sí mismo, según los ensayos de Stefano Fontana  y Roberto Paura  .

 

 

A partir de esta idea fija, el profesor ha construido un libro basado casi únicamente en principios filosóficos, prescindiendo totalmente del análisis “empírico” de las super elocuentes, GRITONAS y sutiles declaraciones de Benedicto XVI en los últimos nueve años. Así, el autor intenta demostrar que, como Ratzinger nunca se había desprendido del todo de su modernismo juvenil, no comprendió del todo el papel del Papa y, por tanto, hizo una chapuza, creando un monstruo legal, un papado dual y una división inadecuada del munus – ministerium en papado activo y papado pasivo.

Lo repetimos por 80ª vez: NUNCA HA HABIDO DOS PAPELES VÁLIDOS, HA HABIDO UN PAPA LEGÍTIMO, EN SEDE IMPEDIDA, Y UN ILEGAL, USURPADOR Y ANTI-PAPA.

Retomemos el famoso discurso del ministerio ampliado del arzobispo Gaenswein en 2016, también citado (a medias) en el reciente y surrealista discurso de Andrea Riccardi :

 

“Como en tiempos de Pedro, la Iglesia sigue teniendo hoy un solo Papa legítimo. Y sin embargo, desde hace tres años, vivimos con dos sucesores de Pedro vivientes”.

¿Qué significa eso? Sólo hay un Papa legítimo… pero hay dos Papas. ¿Cómo es posible? Obviamente que HAY UN PAPA LEGÍTIMO Y UN PAPA ILEGÍTIMO.

Y continúa el secretario: “No hay, pues, dos papas, sino de hecho un ministerio ampliado con un miembro activo y otro contemplativo.

No HAY dos papas: sólo uno ES (voz del verbo ser) el papa, porque sólo uno tiene el munus. Hay un MIEMBRO que HACE  el papa sin serlo (Bergoglio) y otro que ES el papa sin gobernar, Benedicto. Por eso Gaenswein emplea la palabra indistinta “miembro” y utiliza perfectamente los auxiliares. Por eso dice con razón “DI FACTO”, porque sólo de facto puede separarse el ministerium del munus, y esto sucede exactamente en sede impedida. La diferencia entre el papa abdicado y el papa impedido, para aclarar, es que el primero renuncia al munus, y con ello pierde automáticamente el ministerium; el papa impedido, en cambio, conserva el munus, pero pierde el ministerium por fuerza mayor, es decir, por encarcelamiento. De hecho, Benedicto XVI vivió exactamente como un Papa en una sede totalmente impedida, con nombre pontificio, sotana blanca y en el Vaticano.

El Papa Ratzinger indujo, permitió y provocó la sede DELIBERADAMENTE totalmente impedida, precisamente para cismar a sus enemigos de la mafia de San Gallo que querían quitarlo del medio, prueba de ello es que el resultado final de la operación es reconocido por el propio Radaelli: Bergoglio antipapa. Benedicto sólo ha “declarado renunciar”, con aplazamiento, al ministeriumpero nunca ha renunciado legalmente a él, hasta el punto de que después de la hora X, las 20 horas del 2 de febrero, no confirmó nada.

Esta declaración “profética” de futura renuncia fáctica al ministerium hizo pensar a los cardenales -que ni lo corrigieron ni lo detuvieron- que Benedicto estaba abdicando. El 1 de marzo de 2013 se convocó un cónclave –ilegítimo, porque el Papa no estaba muerto ni abdicado – y Ratzinger entró en una sede totalmente impedida, perdiendo el ministerium de facto y no de iure. La previsión de la Declaratio se hace realidad por culpa de otra persona. Así pues, Bergoglio es antipapa, está cismatizado, y todo su pseudo pontificado tendrá que ser anulado. Un plan de defensa absolutamente ingenioso, que estaba preparado desde 1983, con la distinción entre munus y ministerium insertada en el derecho canónico, con la construcción del monasterio Mater Ecclesiae donde el papa se recluiría mansamente en la sede, con la Universi Dominici Gregis cambiando los procedimientos del anillo piscatorio , etc

 

Lo hemos descrito todo en el libro “Código Ratzinger”, que, después de 16 conferencias, sigue presentándose en muchas ciudades italianas por pura iniciativa de los fieles.

La paradoja es que Radaelli “cae” de lleno en la trampa para lobos preparada por Ratzinger. Precisamente haciendo un guiño a estos conceptos modernistas queridos por sus enemigos, Benedicto ha conseguido que digieran la solución de “Papa emérito”, que, de hecho, se escribe con minúscula, en contraposición a Obispo Emérito. Emérito no debe entenderse como el obispo jubilado, sino como el papa “que merece, que tiene derecho” a ser papa, el distinguido, el digno, el papa por excelencia. Y esta calificación descriptiva se debe a que, aunque impedido, el Papa sigue siendo Papa.

Un ejemplo inmediato de esta técnica: al principio de su pontificado, Ratzinger adoptó un inusual escudo de armas, “estampado” no por la tiara papal, sino por una mitra episcopal. Ad usum de sus enemigos modernistas, esto fue explicado por él como una elección de “obispo primus inter pares”, según una inspiración sinodal querida por los modernistas, haciéndoles así felices y burlándose de ellos. Obviamente, la mitra indignó a los tradicionalistas, que veían en ella una alusión al verdadero o supuesto pasado juvenil modernista de Ratzinger. Sólo en 2021 nos habríamos dado cuenta de que, muy consciente de que algún día tendría que desfilarse a la sede impedida y al papado emérito, Benedicto XVI se habría visto obligado a eliminar de su escudo de armas una tiara papal demasiado engorrosa. En cambio, con el low profile de una inofensiva mitra de obispo, consiguió mantener el escudo de armas de su soberanía, rechazar las proposiciones  del cardenal di Montezemolo en el 2017 sobre cambiar su heráldica  y, hoy en día, incluso hacerse enterrar con el escudo intacto de  papa grabado en el ataúd.

Evidentemente, sin descubrir primero la sede impedida y el Código Ratzinger, esta mitra en el escudo habría seguido siendo una elección incomprensible que podría atribuirse a un conato modernista.

El libro de Radaelli, en caso de reconvertirse a la deslumbrante realidad de la sede impedida, podría ser por tanto un valioso recurso para investigar precisamente el llamado “Proto Código Ratzinger”, es decir, aquel sistema por el que el teólogo bávaro logró sobrevivir durante décadas en una caverna de masones dándoles soplos ideológicos del todo aparentes, que al mismo tiempo le permitían poner en marcha su plan de defensa de la Iglesia.

El problema, hasta ahora, es que el autor ha hecho un gran trabajo sin llegar a la realidad práctica de las declaraciones y gestos de Benedicto XVI. Se ha quedado en el empíreo de las altas especulaciones filosóficas ignorando que Ratzinger dijo que “la respuesta se encuentra en el Libro de Jeremías”, donde dice YO SOY IMPEDIDO.

 

 

No captó el perfecto equilibrio de los aparentes elogios a Bergoglio, ni las continuas anfibologías, ni el hecho de que Benedicto declarara que podría ser el último papa de la historia según la profecía de Malaquías, ni la ingeniosa sutileza de la inversión del título de “pontífice sumo”.Í. No resolvió la increíble frase “ningún papa ha renunciado en mil años”, ni le intrigó la respuesta humorística sobre la túnica blanca, ni cuando Ratzinger dijo que escribió la Declaratio en latín para no equivocarse, etc. Sin embargo, al menos un centenar de estos artículos han sido enviados al profesor en los últimos dos años, pero evidentemente han sido ignorados, al igual que la propia traducción de la Declaratio, donde el verbo vacet, traducido como “sede vacía” y no vacante, revoluciona completamente el paradigma.

Pero hay un último dato que desmiente definitivamente el planteamiento de Radaelli: el hecho de que en la Declaratio no sólo está la trampa del munus/ministerium, (que sólo aparentemente parece responder a un planteamiento modernista) sino que está la inaudita, intolerable APLAZAMIENTO de la supuesta renuncia de la que el filósofo parece no hablar. ¿Y qué concepción modernista podría haber llevado a Benedicto XVI a una elección tan extraña, tremendamente invalidante para cualquier abdicación? Tal acto, como la elección, se dice que es “puro” y como una cuestión de derecho divino, debe ser simultáneo, y NUNCA podría ser pospuesto. Sería como celebrar un matrimonio en el que el marido acepta tomar a fulanita como esposa, pero de tal forma que sea válido “a partir del mes siguiente”. Incluso si Benedicto hubiera sido víctima de una concepción errónea del papado y hubiera querido dividirlo por la mitad, ¿qué necesidad había de aplazar el acto, si no era por el plan ilustrado anteriormente, es decir, para que una interpretación de la Declaratio como abdicación fuera completamente inválida?

Al igual que Radaelli no se centró en el motu proprio Normas Nonnullas, del 22 de febrero de 2013: otra mina terrestre (de la que aún no hemos escrito, en realidad) con la que Ratzinger, aprovechando la noticia de que dos cardenales no participarían en el pseudo cónclave, cambia las reglas sobre el calendario para que se convoque demasiado pronto. Y así coloca otros 300 kg de TNT bajo la silla del antipapa usurpador.

Ahora bien, lo cierto es que esta teoría del error sustancial es MUY PELIGROSA, puede ser francamente LETAL. Prácticamente, desvirtúa la comprensión del ya de por sí nada fácil “Plan B” de Benedicto, que apenas saca un céntimo de justicia del derecho canónico, pero al mismo tiempo desacredita a uno de los papas más grandes de la historia de la Iglesia. Este es exactamente el discurso que pronunciarán muchos cardenales, (sobre todo los alemanes que temen el cisma como a la peste) una vez que Bergoglio haya salido de escena: “Sí, de acuerdo, Benedicto XVI no había abdicado formalmente como es debido, pero sólo porque siendo modernista no había entendido nada del papado. Sin embargo, a grandes rasgos, la intención era renunciar, por lo que el Papa finalmente siguió siendo Francisco y ahora vamos a un cónclave con los 80 cardenales (falsos) nombrados por Bergoglio”.

Y así, después de Bergoglio, tendréis otro antipapa, sin Espíritu Santo, y la pesadilla volverá a empezar.

El hecho es que incluso para los errorsostanzialistas Benedicto ha seguido siendo el único papa (a pesar de él mismo), pero ningún católico estará nunca dispuesto a lanzarse a las barricadas para defender a un papa muerto, ignorante, modernista y descuidado. En cambio, algunos estarán -quizás- dispuestos a hacer una revolución para salvar a la Iglesia y la línea de sucesión del verdadero Vicario de Cristo SÓLO comprendiendo lo que realmente hizo un papa brillante y santo.

 

 

 

 

 

 

 


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1 comentario
  1. Alberto Ramón Althaus says

    A ver, este es un tema de derecho canónico y de gente que conoce derecho.
    Un abogado le dirá a los articulistas que siendo la renuncia un tema tan importante y que concierne a la Iglesia no existe posibilidad de decir que Benedicto se equivocó porque para revisar ese acto inmediatamente estaba la jerarquía, las universidades como la Gregoriana o la Sociedad Internacional Santo Tomás de Aquino y los especialistas del Vaticano.
    Lo que surge del acto jurídico de Benedicto de fecha 11/02/13 no es una renuncia y eso lo debían saber la jerarquía, las universidades, la Sociedad Internacional Santo Tomás de Aquino y los especialistas del Vaticano.
    Si un papa renuncia lo primero que se hace es revisar la renuncia para ver si la misma cumple con todos los requisitos y para el caso de que no cumpla con todos los requisitos se le informa al papa de las falencias para que las corrija.
    No estamos hablando de un error en latín estamos hablando de cuarenta y ocho errores que la invalidan, de las palabras “declaro”, “commissum”, “ministerio” en vez de “munus” “vacet” que significa está ocupada, de la fecha a futuro que es imposible.
    Eso lo sabían los cardenales y todos los que conocían el derecho canónico y el latín, por lo tanto, siendo un acto de Estado y del Vaticano y de gran importancia no puede sostenerse que el mismo no fue revisado debidamente por vaticanistas y por especialistas para saber si Benedicto había renunciado o no.
    Por lo tanto, toda la jerarquía sabía que Benedicto no había renunciado y que no iba a renuncia y lo que hicieron fue ocultar que no renunció a nada, simular que renunció y poner en su lugar a un administrador infiel que rompe con la sucesión apostólica en la sede de Pedro.
    No hay espacio para hablar de un error de Benedicto porque si hubiera existido un error es obvio que lo hubiera sabido el Vaticano y la jerarquía, lo que existió fue un pedido de ayuda de Benedicto a la jerarquía en fecha 11/02/13 por medio de la declaración inválida de compromiso de renuncia a futuro al ejercicio del gobierno pero no al papado.
    La respuesta de la jerarquía fue darle la espalda a Benedicto y poner en su lugar a Bergoglio. Esa es la única interpretación posible y no existe otra porque sino tenemos que tener por necios e incapaces en materia de derecho canónico y latín a toda la jerarquía y a toda la curia.
    En ese caso sería mejor cerrar la Iglesia por vergüenza de la ignorancia que reinaría en Ella pero en la Iglesia bergogliana y alemana no reina la ignorancia sola sino la maldad.

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