El libro del obispo Gänswein a favor de Bergoglio y en contra del Códice Ratzinger: lo que no cuadra. Por Andrea Cionci

"El libro del obispo Gaenswein resulta ser totalmente contrario a las expectativas y marca un giro brusco en la dirección legitimista de Bergoglio y ataca el Código Ratzinger. Pero hay demasiadas cosas que no cuadran".

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Por Andrea Cionci

Para Adoración y Liberación

Traducción autorizada Maria Luisa Perez Gherlone

 

11 de enero de 2023

 

El libro del arzobispo Gänswein “Nada más que la verdad” resultó ser completamente diferente a las expectativas: pocas críticas a Francisco, bastante insignificantes a pesar de ser retratadas por el mainstream  (probablemente a propósito) como grandes rebeliones. En cambio, el texto es aplastado decepcionantemente por una narrativa totalmente legitimadora de Bergoglio, incluso con pseudo-absoluciones de Pachamama. Quién sabe lo que el Papa Benedicto habría pensado al respecto.

 

Algunos periódicos hablan, de hecho, de un “deshielo” entre los dos arzobispos (uno de ellos vestido de blanco) tras su conversación de hace dos días, y lo cierto es que todos los amigos de máxima confianza del Papa Benedicto salen del libro con los huesos rotos: Card. Sarah, hecho pasar por una especie de chapucero con delirios de protagonismo, Vittorio Messori, que es desmentido en su relato, pero sobre todo hay un párrafo que ataca duramente la investigación del escritor resumida en el bestseller “Código Ratzinger” (Byoblu 2022). Una ducha de agua fría similar a aquella “teológicamente loco” que se llevó Don Minutella, (Benedetto viviente) pero que ahora marca un cambio radical de paso y queda, por primera vez, muy difícil de explicar según el conocido código con el que hasta ahora siempre hemos encontrado una infalible lectura “B” benedictina oculta tras la lectura “A” bergoglianamente correcta.

 

A pesar de la lluvia de tomates podridos que llegarán de nuestros enemigos, lo cual no nos perturba lo más mínimo, porque todo el asunto concierne al Santo Padre Benedicto (y no a su secretario), a la lógica, al derecho canónico, al latín, al italiano y al alemán. Para ser definida, la cuestión de la Declaratio tendrá que ser discutida públicamente por una comisión mixta de canonistas y lingüistas, entre vaticanos e independientes, sin duda no aclarada por el arzobispo Gänswein en solitario, por importante que sea su papel de testigo.

 

Estos, de hecho, por lo que sabemos, podría haberse visto amenazado, o alimentar intereses personales, haber cambiado de bando o adoptar una línea diferente de la prevista por el Papa Benedicto. ¿Quién lo sabe?

 

Estarán de acuerdo en que si se sospechara que la reina Isabel ha sido forzada a una abdicación, que ella misma invalidó en defensa propia por el usurpador, seguramente el pueblo británico no confiaría únicamente en las explicaciones de su secretario, sino en una comisión de investigación. Y hasta que no lo haya, en el Vaticano, seguiremos investigando. Quizá, quién sabe, después de la de Emanuela Orlandi, dentro de 40-60 años abran también una sobre el Papa Benedicto: tengan esperanzas.

 

El centenar de implacables mensajes del papa emérito impedido en el Código Ratzinger nos han corroborado suficientemente y, aunque se descubriera por aquellos considerados hasta hoy unívocos, una lectura “A” bergoglianamente correcta, ello no haría sino aumentar la brillantez de Benedicto XVI, ya que seguiría siendo imposible refutar la omnipresente lectura “B” sede-impedicionista.

 

Por ejemplo: el propio Mons. Gänswein admite que había algunos errores latinos en la Declaratio, señalados en la prensa, por varios filólogos e incluso por el Card. Ravasi, en los periódicos. Así, cuando Benedicto declara absurdamente, en 2016, que escribió la Declaratio precisamente en latín “para no cometer errores”, por un lado puede haber sido una distracción senil, por otro puede referirse perfectamente a que sólo en latín existe la dicotomía munus/ministerium, lo que le habría permitido no cometer el error histórico de abdicar renunciando al ministerio-ministerium y no al ministerio-munus.

 

Como pueden ver, para impugnar el Código Ratzinger no basta con afirmar la plausibilidad de una lectura “A” bergogliana y económica, también porque ésta, en la mayoría de los casos, ya había sido estudiada anfibológicamente por el Santo Padre: hay que refutar, más bien, la omnipresente y admirable lectura “B” benedictina, como venimos repitiendo desde hace meses.

 

Hay que añadir que nuestra investigación está exenta de intereses de cualquier tipo. El escritor no tiene cargos eclesiásticos que defender o conquistar, no es secretario de papas vivos o difuntos, ni se arriesga a sanciones canónicas, envenenamientos o Mordkomplott (al menos esperamos que no); ha producido 400 artículos en dos años, gratuitamente, a la luz del puro pensamiento lógico especulativo, y nunca fue desmentido por Benedicto XVI, a quien el libro (con derechos mínimos suscritos por el autor) fue enviado en julio. Por lo tanto  lo realizado hasta ahora se haya llevado a cabo en una línea de desinterés material, honestidad intelectual y reflexión lúcida basada en incoherencias, silencios y ambigüedades objetivas y flagrantes del Vaticano que nunca han sido aclaradas. Ahora que el Papa Ratzinger ha muerto, con el libro de su secretario parece que pasamos más bien de un Código Ratzinger a una Línea Gänswein sin precedentes.

 

Y en efecto, nos preguntamos: ¿por qué, estando vivo Benedicto XVI, su secretario dejó que el abajo firmante siguiera escribiendo durante dos años y medio? Si la investigación sólo giraba en torno a una increíble serie de malentendidos, ¿no habría sido adecuado detenerla con una aclaración definitiva para proteger a los fieles y evitar así un “escándalo” para el legítimo pontífice, Francisco?

 

La carta falsificada al P. Minutella  fue desmentida rotundamente a las pocas horas, mientras que una investigación exhaustiva y notoria, “gravemente calumniosa y escandalosa” para la Iglesia, pudo continuar sin ser perturbada durante dos años y medio. Cuando el Papa Benedicto respondió al abajo firmante en 2021 a través del arzobispo Gänswein, ambos podrían/deberían haber aprovechado la oportunidad para aclararlo todo definitivamente, o al menos advertir al escritor que no continuara. Pero no lo hicieron.

 

Durante nueve años, eruditos de todo el mundo se han estado matando unos a otros a causa de la Magna Quaestio; ha habido sacerdotes perseguidos, excomulgados y expulsados… Sin embargo, todo lo que habría hecho falta para apaciguar al mundo católico habría sido grabar en un teléfono móvil una declaración inequívoca y definitiva de 30 segundos de Benedicto XVI. Ahora, en cambio, justo después de la muerte del Papa, se desata el legitimismo de Monseñor Gänswein sobre Bergoglio…”. Mmm… da que pensar.

 

Volviendo al párrafo “UNA SECUENCIA DE INFUNDADOS INDICIOS” contra el Código Ratzinger, éste reúne una serie de argumentos, incluso los más superficiales que se oyen por ahí, como la banal y agotadora yuxtaposición al “Código Da Vinci”, o el hecho de que Benedicto, para redactar la Declaratio de forma “elegante” (¡!), haya utilizado indiferentemente munus y ministerium como sinónimos (creando así una controversia atroz que ha durado nueve años?). El latín de la Declaratio es ordinario,  además de estar lleno de imperfecciones y algunos errores. Cualquier cosa menos elegante. El volumen jurídico de Estefanía Acosta de marzo de 2021 ilustra cómo ministerium nunca puede ser sinónimo de munus y que su renuncia no conlleva abdicación: una tesis compartida por muchos estudiosos, como el canonista Violi, el Prof. Enrico Maria Radaelli, el jurista Prof. Antonio Sànchez y todos los teóricos del error sustancial americano. Además, Gänswein no responde al absurdo de una abdicación con un aplazamiento de 17 días: como si un Papa, una vez elegido, aceptara el cargo, pero no antes de mes y medio. La elección y la abdicación son “actos puros” que se aplican simultáneamente.

 

El arzobispo Gänswein se define, en sintonía con los enemigos una  cum, nuestras interpretaciones como “lecturas anómalas”. ¿Podemos considerar anormal el obvio asombro de que Benedicto, durante nueve años como “emérito” continuara hasta febrero de 2022 impartiendo su bendición apostólica por escrito, una prerrogativa exclusiva del papa reinante? Esto también maravilló a Card. Brandmueller. ¿Puede considerarse una lectura anormal constatar que Benedicto escribió que “ningún papa ha renunciado en los últimos mil años”, con cuatro papas abdicantes, y encontrar una explicación impeditiva coherente en relación con la Reforma gregoriana?  ¿O podemos considerarnos mitómanos cuando el Papa Ratzinger, después de dos años de describirlo en la sede impedida, manda decir en Lumsa: “Si no creéis, la respuesta está en el Libro de Jeremías”, donde aparece la frase “YO SOY IMPEDIDO”

 

Hay también, en el libro, una declaración desconcertante y contradictoria del arzobispo Gänswein, al margen de posibles interpretaciones anfibológicas: “Y luego (Benedicto) ha celebrado siempre la Santa Misa, entre semana, en italiano y los domingos en latín, utilizando el Misal Romano de Pablo VI y pronunciando obviamente la plegaria eucarística con la mención explícita de la comunión con el Papa reinante, Francisco, como pueden atestiguar todos los que han concelebrado con él”.

 

¿Estamos seguros ?

 

El pasado mes de octubre, un sacerdote bergogliano llamó  al obispo Gänswein y le preguntó con quién celebraba  el Papa Ratzinger. La respuesta, tan obvia y directa como la anterior, debería haber sido: “Benedicto siempre ha celebrado en comunión con el Papa Francisco”. Pero no, respondió el arzobispo Gänswein: “El Papa Benedicto nunca ha mencionado ningún otro nombre en el Canon de la Misa. Nunca se ha mencionado a sí mismo en el Canon”. Como se ve, es una construcción muy laboriosa para no decir lo más sencillo, pero le permite contemplar perfectamente que Benedicto siempre había celebrado “en comunión conmigo mismo, indigno servidor”, con la fórmula litúrgica propia del verdadero papa. De hecho, en ese caso, como leen, no habría mencionado ni su nombre ni el de nadie.

 

“Cualquier cosa que digas puede ser citada en tu contra”, ironizó el arzobispo Gänswein: y entonces el arzobispo bien podría prescindir de respuestas tan sublimemente anfibológicas y asegurar, ya entonces y claramente, que Benedicto celebraba en comunión con Francisco.

 

La cuestión sobre la plegaria eucarística se cerró, además, cuando el secretario desmintió la falsa carta enviada al P. Minutella – en la que se afirmaba expresamente que Benedicto celebraba en comunión con Francisco Gänswein declaró: “La carta es una falsificación y una mentira. Puras noticias falsas”. Así pues, si la lógica elemental y el lenguaje nos asisten, la falsedad y las fake news puras se referían al contenido. Así que no era cierto que Benedicto celebrara en comunión con Francisco, por lo tanto celebraba “en comunión consigo mismo un indigno servidor”.  ¿Entienden?

 

Hoy, sin embargo, el arzobispo Gänswein afirma lo contrario en su libro.  Perdonen, pero aquí no es Cionci quien hace lecturas anómalas, es otro quien debería mantener una línea más clara y coherente.  

 

La legítima sospecha es que, tras la muerte de Benedicto, Monseñor Gänswein haya abandonado el proyecto del papa Ratzinger, a realizar tal vez con un destape contenido en uno de esos papeles privados ahora destinados al fuego, para adherirse a una estrategia unicum-Viganiana que nos dará otro antipapa con el próximo cónclave espurio, incluyendo a los 83 cardenales inválidos de nominación bergogliana.

 

Sin embargo,  si nuestra confianza en el arzobispo Gänswein hoy, por primera vez, lamentablemente flaquea, nuestra confianza en el Papa Benedicto no. Seguimos convencidos de que este asunto tendrá, tarde o temprano, un cierre claro, definitivo y purificador, con o sin el arzobispo Gänswein.

 

La Segunda Lectura del Apóstol San Pedro, elegida por Benedicto y citada durante el funeral del Santo Padre, nos advierte: “…es necesario que ahora, por algún tiempo, estéis afligidos por diversas pruebas, para que vuestra fe, puesta a prueba… vuelva a ser vuestra alabanza, gloria y honor cuando Jesucristo se manifiestará”..

 

Santidad: ni siquiera estamos afligidos por esta “prueba”. Agua fresca. Consideramos el libro del obispo Gänswein  contradictorio e incoherente con los hechos y documentos reales. Pensamos que tal movimiento puede responder, desgraciadamente, a un giro diplomático-funcionalista hacia el mundo-único, con el apoyo a un cónclave-inciucio dramático que sancione el fin de la Iglesia canónica visible.  

 

El futuro nos lo dirá. Por ahora somos optimistas y estamos firmemente convencidos de que tenemos razón, porque nuestra referencia es el Papa Benedicto. Entonces, si quieren creer que el escritor estaba equivocado, que nuestra investigación se basa en una “tormenta perfecta” de cientos de increíbles y perfectas coincidencias entre documentos, derecho canónico, declaraciones, gestos públicos, símbolos, teología, historia de la iglesia, reinos proféticos, si quieren convencerse de que Bergoglio es un papa de verdad a pesar del Pachamamas los ritos negrománticos con los piel rojas y las bendiciones a parejas homosexuales, el “Código Ratzinger” sólo puede seguir siendo un monumento laico, casi prometeico, a la búsqueda de la verdad, frente a una Iglesia, evidentemente devastada sin remedio por el Concilio, que durante nueve años ha negado al pueblo la Summa charitas, es decir, la verdad, la aclaración sobre cuestiones básicas. Una Iglesia amateur, despistada e    insensible que, de no haber sido usurpada/impedida (de lo que estamos seguros), habría preferido culpablemente el silencio desdeñoso, la ambigüedad, la contradicción, el escándalo y la persecución de sacerdotes inocentes en lugar de aclarar obedientemente una situación fomentada por mil inquietudes inaceptables.

 

Como los eclesiásticos no respondían a las preguntas extra legislativas, tuvimos que dar las respuestas nosotros mismos, a la luz de la Lógica, con la participación heroica de tantas personas de buena voluntad, que querían saber quién era el Papa, sin incertidumbre. Y el sistema que hemos reconstruido es perfectamente, admirablemente coherente, en cada detalle, como lo era la mente de ese santo Papa Benedicto XVI. Y la última desviación repentina de su secretario, que -por ahora- no somos capaces de precisar, nos intriga, pero no nos mueve ni un milímetro.

 

Por lo tanto, seguiremos adelante como trenes en las presentaciones del “Código Ratzinger” por toda Italia, (el día 13 en Siena) instando a la gente a razonar, a hacerse preguntas sobre hechos, documentos y razonamientos objetivos, ofreciendo también los extractos de este extrañísimo libro del arzobispo Gänswein como una contribución necesaria e indispensable. Atrás queda la época de una Iglesia que, como en los “Promessi Sposi”, dice “Adormecer, truncar, padre muy reverendo: truncar, adormecer”, que barre el polvo debajo de la alfombra, descaradamente incoherente con sus propias normas internas y con el mensaje que pretende transmitir.

 

Y a los una cum que ahora, jubilosos, ilusos ante un próximo cónclave considerado válido por las declaraciones de Gänswein, nos tirarán huevos, recordemosles que “si no es Zuppi, es pan mojado”. Difícilmente con 83 falsos cardenales bergoglianos será elegido un cardenal católico. Seguiría siendo otro turbo-modernista quien diera el golpe de gracia a lo poco que queda de la Iglesia.

 

Y cuando comulguen con la hostia de la harina de saltamontes, se recordarán estas palabras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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