Los animales, un regalo de Dios (Por Karin Becker)

Con todo esto, no quiero restar mérito al ser humano. Todo lo contrario. Somos hechos a imagen y semejanza de Dios, y debemos imitar su infinita bondad. Y ¿qué nos dio nuestro Padre como regalo? La hermosa Naturaleza que nos rodea. Cuidarla y respetarla es respetar su obra, su regalo. No con falsos ecologismos, ni pseudo energías sustentables, ni todas esas ideas falsas que nos intentan vender, sino cada uno, en su pequeño rincón, día a día, mimando lo que le rodea

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Por Karin Becker

Corresponsal AyL Paraguay

 

 

En el gran universo de internet, hay una frase que aparece en muchas publicaciones sobre animalitos, y que dice así: “Cuenta una vieja leyenda que cuando un humano acoge y protege a un animal hasta su muerte, un rayo de luz guiará su vida para siempre”. No sé quién es el autor, pero creo que tiene toda la razón.
Quiero contarles que yo nunca había tenido mascotas, hasta hace un año y algo. Cuando era pequeña, sin embargo, en el patio de la casa de mis padres siempre venían gatas a dar a luz, y me gustaba alzar a los gatitos con cariño… Pero nos fueron inculcando que los gatos “contagian enfermedades”, “rompen la basura” y toda una serie de ideas erróneas, pero muy repetidas en la sociedad. Por lo que, tristemente, con esas ideas crecí. Hasta que por fin, en 2021, imitando un poco a algunas amigas que hablaban maravillas de sus gatos, decidí adoptar a dos gatitas.
Yo no sabía absolutamente nada acerca de su cuidado, y poco a poco me fui informando al respecto. No las mimaba, incluso, desconociendo por completo lo cariñosos que pueden llegar a ser estos animalitos. Hasta que, una tarde, se sentaron en mi regazo y ¡empezaron a ronronear! Para mí, esta experiencia era completamente nueva y me llenó de amor. Entendí que ellas me estaban diciendo que se sentían a gusto conmigo, y empezó nuestra relación de amor incondicional.
Lastimosamente, cuando decidí dejar España, por motivos económicos no pude traer a las gatitas conmigo. Lloré muchísimo, lo pasé muy mal, pero, gracias a Dios, ellas quedaron en manos de una familia que no solamente ama a los animales, sino que incluso tiene un hotel de gatos. Esa vez, decidí que nunca más iba a sucederme algo similar. Que ya no cambiaría de país, y si tuviera que hacerlo, haría lo imposible por obtener fondos para llevar a las mascotas que tuviera.
Durante los meses que pasé en Costa Rica adopté a cuatro gatitos, todos hermanos de la misma camada. Fue una cosa un poco loca, porque en principio íbamos a adoptar a los dos machos, pero como no se conseguía una familia para las hembras, me las quedé yo. Fue amor a primera vista con todos, y debo decir que son increíblemente cariñosos y tranquilos. Finalmente, regresé a Paraguay, y gracias a Dios, esta vez sí tuve la posibilidad económica de traerlos a los cuatro. Fueron muchos papeleos, permisos, certificados, etc. que gestionar, pero todo valía la pena para traer a los animalitos costarricenses.
Una vez asentada ya definitivamente en mi país, adopté dos gatitos más, esta vez, uno que vi en Facebook que habían rescatado de la calle, y otro que me encontré una fría noche, con hambre y tembloroso, en los exteriores de un centro comercial.
 
Demás está decir que a los seis gatitos que tengo, los he aprendido a querer, a cuidar de la mejor manera, a darles alimentos que los mantienen sanos, etc. Y cuento todo esto, para explicar que no siempre fui “animalera”, ni muchísimo menos. Así como, muchas veces, pueden pasar años sin que veamos lo que está ante nuestros ojos, como el amor de Dios, así también, yo pasé años sin entender a los que aman a sus mascotas. Los animalitos son seres inocentes, puros. No conocen la maldad, sino únicamente, la supervivencia y el amor. No matan por gusto, no dañan por placer. Son seres de Dios. El ser humano, en cambio, tiene el libre albedrío de elegir hacer el bien o el mal. Y como bien cantaba el gran Roberto Carlos, “Yo quisiera ser civilizado como los animales”.
 
Con todo esto, no quiero restar mérito al ser humano. Todo lo contrario. Somos hechos a imagen y semejanza de Dios, y debemos imitar su infinita bondad. Y ¿qué nos dio nuestro Padre como regalo? La hermosa Naturaleza que nos rodea. Cuidarla y respetarla es respetar su obra, su regalo. No con falsos ecologismos, ni pseudo energías sustentables, ni todas esas ideas falsas que nos intentan vender, sino cada uno, en su pequeño rincón, día a día, mimando lo que le rodea. Recuerdo que mi abuelo, cada mañana, ponía agua y migas de pan en su patio, para que los pajaritos pudieran beber y comer. Y me gusta mucho lo que suele decir Ramón Freire, en sus reflexiones, sobre cuidar nuestro entorno, nuestro pequeño mundo, con orden, limpieza y belleza. Creo que, por más humilde que sea una casa, un hogar, siempre podemos tenerlo aseado, ordenado y en armonía. En ese contexto, cuidar a nuestras mascotas, sin humanizarlas, por supuesto, es un aporte importante en este mundo, cada día más gobernado por las fuerzas del mal. Estamos en guerra, sí, y podemos hacer nuestra parte, protegiendo y cuidando el pequeño rincón que nos tocó habitar, mientras aguardamos la salvación que nos traerá Jesucristo.

 

 

 

Con todo esto, no quiero restar mérito al ser humano. Todo lo contrario. Somos hechos a imagen y semejanza de Dios, y debemos imitar su infinita bondad. Y ¿qué nos dio nuestro Padre como regalo? La hermosa Naturaleza que nos rodea. Cuidarla y respetarla es respetar su obra, su regalo. No con falsos ecologismos, ni pseudo energías sustentables, ni todas esas ideas falsas que nos intentan vender, sino cada uno, en su pequeño rincón, día a día, mimando lo que le rodea

 

 
También, si vamos por la calle y vemos que algún animalito necesita agua, o tiene hambre… ¿Qué nos cuesta hacer algo por ellos? ¿No son los pequeños gestos de amor los verdaderamente importantes? De forma anónima, silenciosa, podemos tenderle la mano a un inocente ser vivo.
 
Confieso que más de una vez, tuve el miedo de no tener los recursos para mantener a mis gatitos. Pero, como bien dice la frase que mencioné al principio de este texto, “…cuando un humano acoge y protege a un animal hasta su muerte, un rayo de luz guiará su vida para siempre”. Yo los adopté, y después me consagré a la Virgen María, y les aseguro que, dejando mi economía en sus manos, nuestra Madre siempre me ha ayudado a poder comprarles buena comida y tener un techo para cobijarlos. De manera que ¡no temamos! Desde arriba siempre nos ayudarán.
 
Se acerca el día de San Francisco de Asís, el patrono de los animales, quien, según dicen, llamaba a los animales “mis hermanos pequeños”. Sería un buen momento para parar el ritmo frenético, o el miedo que a veces nos inunda, desconectar por un momento de las noticias que recibimos y… Simplemente, mirar alrededor. Escuchar a los pájaros. Adoptar un animalito, o redoblar los mimos si ya los tenemos. Dejar comida y agua en las calles, por si algún gatito o perro callejero lo necesitara. Ordenar y embellecer nuestro entorno, o escapar a algún sitio y rodearnos de Naturaleza. Esa también es una forma de orar, es también apreciar y agradecer el regalo de Dios.

 

 

 

 

 


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3 comentarios
  1. Luis says

    Que buen artículo, y que necesario. Muchas veces se descuida el valor y el respeto que merecen los animales. Y vivimos en un mundo caído, donde se cometen innumerables injusticias contra ellos. Ciertamente son nuestros hermanos menores, como decía esa gran luminaria que caminó por esta tierra, San Francisco de Asís.
    Hace tiempo que me propuse investigar sobre el alma de los animales, y ante todo, darles lugar en mis oraciones, por las razones antepuestas.
    También creo en la Providencia Divina, que nos ayudará a sostenerlos de la mejor manera, porque también hay momentos en que envuelve el temor de que me vea impedido o limitado de darles una buena calidad de vida.
    En mi caso, aunque desde que tengo uso de razón he convivido con gatos, por ser la gran debilidad de mi madre, hoy día tengo solo uno, y lo alimento de la manera mas natural posible, con carne o pollo hervido, que pico bien pequeño. (la única ventaja que yo veo en los alimentos balanceados es que todo está molido, pero nunca en mi vida los compré).
    Gracias por escribir sobre esto.

  2. exequiel says

    Gracias Karin, una buena reflexión y has dado en los más importante: amar, aceptar y disfrutar de la naturaleza, hermoso regalo de nuestro Padre Celestial. Gracias una vez más

  3. Alberto Ramón Althaus says

    Devolver favores

    Si alguna vez pequé
    por ser cobarde,
    hoy quiero devolverte
    ese favor.

    Los palos que me diste
    no me achican,
    los discursos y el odio
    te los regreso hoy.

    Si alguna vez aguanté
    y hoy te desprecio,
    no quieras apagar
    este fogón.

    Me enseñaste a ser
    un ignorante,
    heriste en mí
    al emprendedor.

    No quiero estudiar
    ya tus relatos,
    los dejo para que
    los comas vos.

    De príncipe
    me convertí en sapo,
    de rey
    en mendigo remendón.

    No quiero tus subsidios
    ni tus cargos,
    devuélveme la plata
    salteador.

    Hoy te achicas
    como conejo,
    si el poncho flaco
    muestra el facón.

    Te escudas
    tras leyes y gobiernos,
    las armas sólo sirven
    al traidor.

    Arrojaste palabras
    en el viento,
    cosecha tempestades
    sembrador.

    Sacaste de lo ajeno
    para propio,
    juntaste con el hambre
    del montón.

    Hoy pides que llueva
    en el desierto,
    y buscas en las heridas
    el perdón.

    Hoy pretendes que el
    pueblo todo calle,
    cuando nunca
    nada te importó.

    El fuego con que
    quemaste los campos
    empieza a crujir
    a tu alrededor.

    Por qué buscas refugio
    en lo extraño,
    aquí se va de frente
    golpeador.

    Ayer arrojaste piedras
    sin vergüenza,
    y te asombran que
    regresen hoy.

    Te envalentonaste,
    hiciste lío,
    ¿y ahora qué?
    ¿buscas compasión?

    Hoy quieres que
    todo quede calmo
    cuando liberaste
    de presos un montón.

    Búscate un cerro
    con que taparte,
    la gente está que arde
    golpeador.

    Debiste pensar antes
    de hacer daño,
    y no salir a decir
    que no pasó.

    Porque dura
    es la cara,
    si de piedra
    es el corazón.

    Si alguna vez pequé
    por ser cobarde,
    hoy quiero devolverte
    ese favor.

    Alberto Ramón Althaus

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