Urgente Viganò: “La iglesia de Bergoglio es la sierva de la Nueva Religión Pandemista”

"Espero que el desarrollo cada vez más rápido de los acontecimientos y la evidencia del golpe de Estado en curso dejen claro que es deber de todos oponerse con valor y determinación a la instauración del Nuevo Orden Mundial. Pero repito: que nadie se haga la ilusión de que la cuestión se limita a una lucha por la libertad. Si debemos combatir, nuestra batalla debe ser por el regreso de Cristo Rey y de María Reina, en obediencia a la Ley de Dios"

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Queridos hermanos de Adoración y Liberación: A continuación podéis leer el texto de una entrevista que el arzobispo Carlo Maria Viganò concedió a OANN TV. ¡Santa lectura! ¡Compartid este enlace! Vicente Montesinos.

 

 

Entrevista al arzobispo Carlo Maria Viganò, por Christina Bobb para OANN TV

 

 

 

 

 

Muchas personas están comenzando a ver los peligros de la toma de posesión global, pero tienen diferentes concepciones religiosas. ¿Cómo pueden personas de diferentes creencias unirse para apoyar la libertad, aunque no estén de acuerdo?

 

Es una pregunta compleja, a la que probablemente un obispo modernista respondería de esta manera: “¿Dónde está el problema? Todos somos hijos de Dios, independientemente de cómo lo llame cada creyente”.

Pero ésta no es una respuesta católica, y mucho menos la que debería dar un obispo, es decir, un sucesor de los Apóstoles. Los católicos saben, por la Sagrada Escritura y la Tradición, que se está librando una batalla de época, con dos bandos: el de Dios y el de Satanás.

Saben también que la victoria pertenece a Dios y a la Inmaculada, la Mujer coronada de estrellas del Apocalipsis, que aplastará la cabeza de la antigua Serpiente. Frente a un verdadero golpe de Estado mundial, en el que una élite esclaviza del Diablo impone su propia agenda, todo católico sabe reconocer la matriz infernal de lo que ocurre bajo el pretexto de la emergencia pandémica: reconoce la ideología de la muerte, el odio a la vida, la aversión a lo sagrado, la complacencia por el caos y la violencia. Quienes no son católicos -o siguen a los prelados y al propio Bergoglio adaptándose a la narrativa de la pandemia y de las vacunas- ciertamente tienen más dificultades para entender el significado de estos acontecimientos, y no pueden comprender cómo el hombre puede querer la muerte de sus semejantes; cómo es posible que la autoridad civil -y religiosa- se haya dejado corromper y comprar traicionando a su propio pueblo; cómo los médicos pueden matar a los pacientes sin tratarlos, o suministrándoles tratamientos inadecuados, o recomendando un suero experimental que en condiciones normales nunca habría sido aprobado; cómo los magistrados no intervienen para detener la dictadura que se está instaurando en todas partes, en medio de la violación más escandalosa de los derechos fundamentales.

Como dije en mi mensaje a los ciudadanos de Suiza, no es la libertad lo que debemos pedir hoy, o mejor dicho: esa libertad que debemos reivindicar no es ni la licencia ni la arbitrariedad para hacer lo que queramos, sino -según la definición de León XIII en la Encíclica Libertas præstantissimum– la libertad de actuar dentro de los límites del Bien que hoy se impide.

¿Es libertad matar a un hijo en el vientre materno? ¿Es libertad reconocer derechos al vicio y al pecado, y burlarse o condenar la virtud y las buenas acciones? ¿Es libertad reclamar el poder que sólo Dios tiene, para decidir cuándo vivir y cuándo morir? ¿Es libertad reclamar el matrimonio entre personas del mismo sexo, de adoptar niños, de comprarlos a madres pagadas como madres de cría por “subrogación”? ¿Es libertad utilizar a los pobres y desheredados del mundo para destruir el tejido social de Occidente o para abaratar el costo de la mano de obra, cuando es precisamente el Occidente apóstata y anticristiano el que causa la pobreza y explota los recursos de los países subdesarrollados?

Los católicos, y sobre todo los laicos, tenemos la oportunidad de hacer comprender a quienes no tienen la gracia de la verdadera Fe y de la plena comunión con la Iglesia de Cristo, que todo lo que sucede -precisamente por su naturaleza evidentemente anticristiana- forma parte de esas “últimas cosas” – τα ἔσχατα– de las que habla la Sagrada Escritura, de la batalla de los hijos de la Luz contra los hijos de las tinieblas. Y en ese punto los que son honestos, los que son buenos y quieren el Bien -los que el Evangelio llama “hombres de buena voluntad”- comprenderán que sólo hay una Religión considerada enemiga de la élite: la Religión Católica Apostólica Romana; y que ya no es posible permanecer neutral, o creer que se puede salir adelante sin elegir de qué lado se está.

La Gracia de Dios tocará sus corazones, y con los ojos del alma comprenderán que sólo hay un bando al que pueden pertenecer, y sólo la Cruz de Cristo bajo la cual podrán combatir al enemigo común. Y esta elección de bandos será bendecida y recompensada por Dios.

 

 

¿Qué rol juega la religión en (1) el golpe, (2) la solución, o (3) en ambos?

 

Esta es también una pregunta muy compleja. En primer lugar, hay que distinguir entre “religión” en sentido general y “religión” en el sentido de “religión católica”. Ciertamente, el Covid ha adoptado connotaciones religiosas para conseguir una mayor aceptación entre la población. He aquí, pues, los sumos sacerdotes de la pandemia, los predicadores de las vacunas, las conversiones de los infieles, las excomuniones para los nuevos herejes, la hoguera social para los no-vaxers, la salvación que da el haberse inoculado el suero génico.

Pero sabemos muy bien que Satanás es el mono de Dios, y también con el Covid ha demostrado inequívocamente que se puso de su lado. En segundo lugar, si hablamos de la Iglesia católica, hay que recordar que la Jerarquía sufre una especie de trastorno bipolar desde hace sesenta años: por un lado tenemos la doctrina, la moral, la liturgia, la disciplina que desde hace dos mil años es lo que precisamente hace católica a la Iglesia; por otro lado tenemos a Bergoglio y a los obispos modernistas que predican otra doctrina y otra moral, que celebran otra liturgia, que utilizan su autoridad no para custodiar la Fe y proteger el rebaño del Señor, sino para sembrar el error, la herejía, el cisma.

Los fieles también son conscientes de esta división, y en su mayoría no quieren ni han querido nunca que la Iglesia se convierta primero en una especie de secta protestante, y después en una ONG filantrópica o, peor aún, en la sierva del Nuevo Orden Mundial. Por la gracia de Dios, todavía hay muchos sacerdotes y algunos obispos que siguen siendo católicos, que creen plenamente en lo que Nuestro Señor nos ha enseñado, que celebran la Misa tradicional. Y que -casualmente- también son conscientes de la dictadura sanitaria, del plan del Gran Reinicio, de los proyectos del Nuevo Orden Mundial. Y así como hay un Estado profundo en el Estado, también hay una Iglesia profunda en la Iglesia. La iglesia profunda ha hecho suya la ideología globalista, tal vez con la esperanza de poder formar parte de esa Religión de la Humanidad que la masonería quisiera instaurar. Una religión humana, o más bien satánica, en la que se permiten los ídolos y los demonios, pero de la que está vetado Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y único Salvador.

Por eso la Iglesia bergogliana es ecuménica, inclusiva, resistente, ecológica. Por eso propaga las vacunas y siembra el pánico por la pandemia. Por eso calla frente a las violaciones de los derechos humanos, a la profanación de las iglesias, a la secularización de las naciones, a la anulación de la identidad católica y de las tradiciones cristianas de la sociedad. El Estado profundo quiere destruir la soberanía nacional, la economía, las empresas, la justicia, la educación, la salud y todo el tejido social: con ello, los gobernantes traicionan a su pueblo y mantienen el poder mediante la instauración de una dictadura. Del mismo modo, la Iglesia profunda quiere destruir la Iglesia de Cristo, dejándola como una cáscara humanitaria, pero privándola de su alma, es decir, de su Señor y Dios. En ambos casos podemos reconocer la obra del Diablo, quien odia a Dios como Creador de todas las perfecciones del mundo y al mismo tiempo como Redentor y Salvador de la humanidad mediante el Sacrificio de su Hijo divino en la Cruz.

En consecuencia, respondiendo a su pregunta: la Iglesia bergogliana ciertamente jugó un rol decisivo en la planificación de este golpe de Estado, al aprobar y enseñar culpablemente errores teológicos y filosóficos como base sobre la que pudieron proliferar la psico pandemia, el ecologismo neomalthusiano, el Gran Reseteo y la Agenda2030, junto con la teoría de género, la aprobación del movimiento LGBT y los llamados “matrimonios” homosexuales. Desde el Concilio Vaticano II hasta hoy esta Iglesia profunda ha conseguido hacer digerir a los fieles una nueva religión, haciéndoles creer que siguen siendo católicos. La Iglesia profunda también juega también un rol en el desarrollo del golpe de Estado global, porque aceptó y ratificó la narrativa de la pandemia, cerró durante meses las iglesias y prohibió los servicios, promulgó una Nota equívoca sabiendo que sería interpretada como la autorización de la Iglesia a las vacunas.

Bergoglio ha llegado a decir que el suero génico es un deber moral, de hecho, un acto de caridad, y ha llegado a imponerlo a los empleados del Vaticano. Pero la Iglesia profunda no será parte de la solución, habiendo sido parte del problema. Serán los buenos pastores, los raros prelados no vendidos al sistema, y los sacerdotes y religiosos que están en contacto diario con la realidad y ven los daños físicos, psicológicos, morales y espirituales causados por esta conspiración criminal, funcional para el control total de los ciudadanos y el exterminio de una parte de ellos.

Será la Iglesia católica, cuando haga resonar con fuerza la voz de Cristo, la que abra los ojos de la humanidad y le haga comprender que la única forma de salir de este círculo infernal es que los hombres vuelvan a Dios, respeten su santa Ley, practiquen la virtud y abandonen el pecado. Cuando todos juntos de rodillas pidamos a Dios que se apiade de nosotros, pecadores, sólo entonces intervendrá y vencerá a sus enemigos. Entre ellos estarán los que hoy están perfectamente alineados con la agenda globalista.

 

 

¿Cómo cree que serán los próximos 12 meses si (1) la gente se defiende y lucha por la libertad, o (2) si la gente no se defiende ni lucha por la libertad?

Obviamente, no puedo hacer ninguna predicción, aunque espero que el desarrollo cada vez más rápido de los acontecimientos y la evidencia del golpe de Estado en curso dejen claro que es deber de todos oponerse con valor y determinación a la instauración del Nuevo Orden Mundial. Pero repito: que nadie se haga la ilusión de que la cuestión se limita a una lucha por la libertad. Si debemos combatir, nuestra batalla debe ser por el regreso de Cristo Rey y de María Reina, en obediencia a la Ley de Dios.

Ya hemos abusado demasiado de la libertad, convirtiéndola en un fetiche que legitimaba las peores aberraciones: ahora es el momento de elegir entre ser “no ya siervos, sino amigos” de Nuestro Señor o esclavos de Satanás. La idea de una Alianza Antiglobalista, que uniría y daría un programa de acción a todos los que no están dispuestos a someterse a la dictadura sanitaria o ecológica, podría representar una oportunidad: se podrían indicar principios generales válidos para todas las realidades locales, que luego cada movimiento compartiría, adaptándolos a las situaciones específicas. Espero que haya dirigentes políticos, intelectuales, representantes de las instituciones, de la magistratura, de las fuerzas armadas, médicos, periodistas, profesores y personas comunes que quieran hacer suyo mi Llamamiento y convertirse en sus promotores. También porque, como ya he declarado, desde el momento que el ataque es global la oposición debe ser también global.

Pero si dejamos que esto ocurra, si nos encerramos en nuestras pequeñas realidades, fingiendo que no vemos la amenaza que se cierne sobre todos nosotros, si seguimos pecando y ofendiendo al Señor, nos haremos cómplices de los conspiradores y los traidores, y ciertamente no mereceremos la misericordia de Dios, ni saldremos de este infierno en la tierra. Piénsenlo bien: ésta puede ser la última oportunidad.

 

 

 

 

 


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2 comentarios
  1. Anónimo says

    Que bueno que Dios haya suscitado personas cómo Monseñor Bigano que haya tomado las banderas de la verdadera Relación de Nuestro Señor Jesucristo. Y que haya permitido que surgiera un canal cómo este para difundir la verdad de Dios uno y Trino y de María nuestra Reina y Madre Santísima. Que DIOS los bendiga. Yo me uno a ustedes en la oración. SOY.DIACONO EN PROCESO DE ORDENAVION.

  2. H. R. Pacios says

    1º Los católicos somos de Jesucristo Nuestro Señor, Dios verdadero, no de Apolo, ni de Cefás, ni de Pablo, ni de Francisco, ni de Benedicto XVI, ni de san Juan Pablo II, ni los Juanes, Pablos, Benedictos, Leones, etc. El católico es de Jesucristo.

    2º La Santa Iglesia Católica Apostólica es la Iglesia de Jesucristo Nuestro Señor, no la de Francisco, Benedicto XVI, san Juan Pablo II, Pablo VI, etc. Es la Iglesia de Jesucristo, la única, la verdadera y la imperecedera, de la que es piedra fundacional Cefás, es decir, San Pedro. Las demás “iglesias” no son tales, sino sectas.

    3º Si se emplea el término “religión” (léase y medítese el Nuevo Testamento al respecto) para referirse a la IDOLATRÍA, ya se está introduciendo confusión en los fieles. Los judíos, los musulmanes, los budistas, los hinduístas, los sintoístas, los confucianistas, los anglicanos, los ortodoxos, los protestantes y demás seguidores de falsos profetas y de sectas, son IDÓLATRAS, y como tales herejes y blasfemos hasta que no se conviertan de corazón a Dios Nuestro Señor. Ellos no practican religión alguna, solo culto al ÍDOLO. Y si usan el Santísimo Nombre de Dios es para cometer uno de los mayores pecados, la instrumentalización de Dios para sus intereses mundanos y políticos o económicos.

    4º El católico NO es idólatra, sino que solo adora en exclusiva a Dios, que es Padre Creador, Hijo Jesucristo, Salvador y Redentor del mundo y Espíritu Santo Paráclito. El católico no tiene más adoración que la que rinde a Dios Nuestro Señor Todopoderoso. El católico vive por y para Jesucristo Nuestro Señor. Va en pos de Él y lucha denodadamente por tomar su cruz, seguirle y negarse a sí mismo. Esto no ocurre en ningún idólatra.

    5º Jesucristo Nuestro Señor es Rey de reyes y Señor de señores. Es el Fiel y el Veraz. Es Nuestro Amadísimo Dios Infinitamente Bondadoso, Misericordioso y Justo. Es Infinitamente sabio. Su Santísima Madre, la Virgen María, Bienaventurada entre todas las Mujeres, la Inmaculada Concepción, es también Reina de Cielos y Tierra.

    6º Jesucristo vino al mundo como uno de los más humildes entre los humildes, sirvió a la Salvación de toda la humanidad y murió en la cruz por nuestros pecados. Es decir, sirvió a la humanidad con el más alto tributo con el que se la puede servir: su Salvación eterna. No formó parte de los zelotes, no formó parte de los herodianos, no formó parte de los saduceos, no formó parte de los samaritanos, no formó parte de los gentiles, no formó parte de los escribas y fariseos, ni fue parte de los romanos. No ejerció poder político o terrenal alguno, no tuvo riquezas, ni prerrogativas algunas, no admitió ser instrumentalizado por los políticos de la época, que querían ceñirle la corona de Rey de Israel. Su Misión fue liberar a los suyos de la peor clase de esclavitud, la del pecado. Vino al mundo y los suyos no le recibieron. Y hoy es rechazado por la inmensa mayoría. No cabe ultraje, sacrilegio o indiferencia mayor y mayor causa justa de durísima penitencia y castigo por su Justísima Cólera de Dios Todopoderoso.

    7º Jesucristo enseñó a sus discípulos que en el mundo hay trigo (hijos de Dios) y cizaña (hijos de las tinieblas o hijos de satanás), que el trigo va al granero (Cielo), pero que la cizaña irá al fuego (infierno). Todo lo que contradiga la Palabra de Dios es hereje y blasfemo, pronuncie quien la pronuncie. Ahora bien, no corresponde a nadie, salvo a Dios mismo, mandar a sus ángeles a segar. Instrumentalizar la Palabra de Dios en beneficio de una idea política o interés económico, material o de fama, tendrá su castigo en el lago de fuego y azufre que no se apaga. El Nuevo Testamento es claro al respecto. Muchos son los que tratarán de usurpar el Santísimo Nombre de Dios. Lutero fue uno de ellos, entre muchísimos.

    8º Los católicos NO están exentos de pecar gravemente, de caer. Y si San Pedro negó a Jesucristo tres veces, si sus apóstoles huyeron cuando Jesucristo fue prendido, si San Pablo persiguió a los primeros cristianos, ¿alguien puede, en honor a su fidelidad verdadera a Jesucristo, sentirse los suficientemente santo y justo como para acusar a cualquier miembro (del más significativo al menos) de la Iglesia de Dios, la católica, por cualquier pecado, blasfemia o herejía? ¿No será que Dios quiere que distingamos entre PECADO y PECADOR (todos sin excepción), limitándonos a la corrección fraterna (pública incluso)?

    9º Es el mismo Jesucristo Nuestro Señor el que nos enseña que “conoceréis la Verdad. Y la Verdad os hará libres”. Cualquier otro concepto de LIBERTAD que sea ajeno a la VERDAD, no deja de ser un ídolo, y, por tanto, falso y conducente a la perdición eterna. Y no hay más VERDAD que la que contienen los Evangelios, el Nuevo Testamento y las Sagradas Escrituras. Los santos y santas fueron y son depositarios de la revelación de la VERDAD, por eso no cabe concebir mayor libertad que la de los santos y santas, que lo son no por mérito propio, sino por haber aceptado humildemente la GRACIA santificante de Dios.

    10º Los atentados contra la libertad, contra Dios mismo y su Santísima Madre y Madre nuestra y contra todo lo bueno y santo son actualmente mucho mayores de lo que han sido en cualquier periodo histórico anterior, señal del rechazo cada vez mayor de la población a Dios y a la insensatez creciente y generalizada. No obstante, esos atentados que cita Mons. Viganó no son nuevos en su inmensa mayoría (aborto, eutanasia, genocidio, ridiculización de la virtud y la castidad, promoción de la perversión y la degeneración, etc.), y olvida otros muchos de modo muy sospechoso: drogas, divorcio, pornografía, etc. En cuanto a los mundanos criterios que utiliza de explotación de recursos y reducción de costes “usando” a los pobres (como si éstos tuviesen muchas más alternativas), bien haría dejar de ser arzobispo para formar parte de la campaña de Donald Trump, metiéndose en política o bien ceñirse a lo que Dios mismo manda de predicar el Evangelio a toda criatura, y no servir a dos señores. Si es arzobispo, como Francisco es papa nombrado por mayoría de dos tercios de cardenales (no se olvide esto), debe ser de Dios, si es político, servirá a satanás, padre de la mentira y homicida desde el principio. Pero no a ambos. Si Francisco o Bergoglio defiende el marxismo y Mons. Viganó a Donald Trump, bien harían en dedicarse a la política, pues hacerlo como consagrados es como el marido que promete amor de por vida a su mujer y no para de asistir a burdeles. En cuestión de vocación, uno ha de tener bien claras sus atribuciones, especialmente cuando ya no somos críos o jovenzuelos.

    11º Ciertamente es lamentable exigir la inoculación a los católicos, pero no menos defender no a Dios como es debido a su propia vocación consagrada, sino a un político que ha resultado ser pro vacunas (aunque ahora sus idólatras lo oculten sospechosamente, ¡vaya servicio a la Verdad!), el tal Donald Trump. Esto confirma que los falsos católicos solo quieren instrumentalizar la Palabra de Dios, los Santos Evangelios, en beneficio propio, de su ideología política o sus intereses materialistas, económicos y financieros, sin el más mínimo temor de Dios Todopoderoso que les puede aniquilar al primer soplo. Son falsos católicos y ateos que no creen en Dios por mucho que tengan voz en medios supuestamente católicos y por mucho que traten de honrarle solo con los labios, como hacían los fariseos en tiempos del Señor.
    Francisco viene, por así decirlo, “metiendo la pata” de modo cada vez más peligroso para los fieles, desde que fue nombrado Papa allá por 2013 por una inmensa mayoría de cardenales (no se olvide que para llegar a papa, primero hay que ser sacerdote, luego obispo, luego cardenal y luego ser elegido por dos tercios del colegio cardenalicio, que no se autonombra papa uno así porque se encapricha de repente). Simpatiza con el anticristo marxista, con la democracia, con los políticos, anima a los fieles a cometer pecado mortal participando en política (profesión de mentiroso, manipulador, estafador, hipócrita, fariseo, criminal, ladrón, etc. El político es la imagen de la bestia, sin más), con causas mundanas y peligrosas en extremo (los de la secta ecológica del calentamiento global que quiere exterminar a 7000 millones de personas porque según ellos contaminan mucho y los promotores de la leyenda negra antiespañola, por ejemplo). Es un papa que ha menospreciado a la Santísima Virgen María, merecedora de todas las letanías del Santo Rosario y del cariño incondicional y devoción de TODOS, para lágrimas de dolor de no pocos de nosotros ante la desastrosa situación de la Iglesia hoy día. Es un papa, Francisco, aquí llamado Bergoglio, que ha menospreciado a santos como Santa Teresa de Jesús. Y la penúltima pifia es ejercer chantaje espiritual a los fieles con la inoculación (me niego a llamar a eso “vacuna”, porque no cura de nada y, si acaso, ha agravado la situación multiplicando las muertes) calificando de “acto de amor” el inocularse, como si lo que China, la ONU, la OMS, el WEF, el Foro Davos, la Unión Europea, los gobiernos, los magnates empresariales, financieros y económicos y demás poderosos de la tierra, han hecho, hubiese sido un “acto de amor” a toda la población del mundo permitiendo y provocando esta peste a diferencia de lo que hicieron hace pocos años con el ébola, que la atajaron al vuelo. Claro, es más fácil oprimir y DESCARTAR al humilde que los poderosos de este mundo, que no habíamos comprendido eso de la “cultura del DESCARTE”, del descarte de los que somos antes fusilados en Paracuellos que inoculados con lo que cada vez parece más la marca de la bestia satánica del capítulo 13 del Apocalipsis (digo que se parece cada vez más, no que realmente lo sea. Y ojalá no lo sea, por nuestros seres queridos que han caído en el engaño). Así que lo de inclusividad no se ve por ningún lado, más bien del descarte.

    12º Será DIOS y nadie más el que nos salve del infierno en el que este mundo se ha convertido, y no, como sostiene el mundano conservador Mons. Viganó, políticos como Trump, intelectuales, como los “científicos” de las vacunas, militares, magistrados, médicos, etc., todos fracasados sin paliativos y cada vez más vendidos como Judas Iscariote. Ya nos advirtió la Santísima Virgen María de que los buenos serían suprimidos y el propio Jesucristo que “si aquellos días no se abreviasen, no se salvaría NADIE”. Poner la confianza en políticos, intelectuales, militares, magistrados, médicos, etc. es la muestra más palpable de falta total de fe y amor a Jesucristo, es prueba palpable de mundanismo de un arzobispo al servicio de Donald Trump y sus intereses, de politización / instrumentalización de los Santos Evangelios en favor de un poder político y económico que hoy ha sido desplazado por otro, señal de honrar a Dios solo con los labios, pero estar alejado de Él de modo irremisible, conduciendo a las almas a la perdición eterna, igual que hacen los marxistas, masones y herejes y blasfemos.

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