LA PALABRA DE DIOS DEL DOMINGO: XIX DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Donnet

 

 

 

 

 

 

XIX DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

II clase, verde

Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad

 

 

PROEMIO LITÚRGICO

Todos los hombres están llamados a entrar en el reino de los cielos y a nadie se excluye a priori del festín nupcial en que Dios celebrará  las bodas de su Hijo con la humanidad rescatada por su Pasión.

Es una gran felicidad para el cristiano la de poder encontrar en la Eucaristía una anticipación, al mismo tiempo que una prenda, de este banquete celestial. Se ha revestido del hombre nuevo, del que habla san Pablo, creado según Dios en justicia y santidad verdaderas. Puede, pues, sentarse a la mesa del festín.

La parábola de los invitados termina con una sentencia que se aplica a todo el conjunto del relato. Todos los llamados a formar parte del pueblo de Dios no han de salvarse por necesidad.

 

 

INTERPRETACIÓN DE LOS TEXTOS DE LA MISA SEGÚN LAS LECCIONES DE MAITINES.* En torno de este Domingo suele leerse en Maitines el libro de Ester. Estudiemos brevemente esta figura, como venimos haciéndolo con otras del Antiguo Testamento. La situación de Israel, desterrado en Persia, llegó a ser sumamente precaria reinando en Susa el rey Asuero, y sólo la oración y la penitencia de la reina Ester y de Mardoqueo su tío fueron capaces de deshacer la tormenta y horrenda carnicería que el feroz y envidioso Amán, mayordomo del rey, tenía urdidas contra los hebreos deportados. Así sucedió que la horca para ellos dispuesta sirvió de suplicio a Amán, pudiendo cantar una vez más Israel las misericordias de Dios con los suyos.

El ayuno de tres días observado por Ester es paralelo al de la Témporas, que por estos mismos dias observan todos los buenos hijos de la Iglesia, desterrada en tierra ajena, y cuyos enemigos no son menos feroces y menos despiadados que los del antiguo pueblo de Dios.

Todo esto era figura del futuro, de lo que había de suceder con su Iglesia, sobre todo en el fin de los tiempos, en que arreciará furiosa la persecución. Amán, o sea, el Antecristo, con todos sus esbirros guerrearán sin tregua contra la Iglesia, contra Ester y Mardoqueo; pero en castigo de sus maldades, serán arrojados con ignominia del banquete de las bodas eternas a las tiniebla del exterior, en medio de la noche oscura y fria que no tendrá fin (Ev.); siendo la causa de esa reprobación el no entrar con el vestido nupcial, por no haberse revestido de ese hombre nuevo creado a la imagen de Dios y engalanado con justicia y santidad verdaderas (Ep.). Así tratará Dios a cuantos entren en la sala del festín sin ir revestidos con la túnica de la caridad (S. Agustín), de la gracia santificante, por la cual pertenecemos al alma de la Iglesia, ya que, por la fe, aun muerta, pertenecemos al cuerpo místico de Cristo.

El medio eficaz de evitar ese bochorno y expulsión eterna del cielo nos lo indica la Epístola. Es renunciar a la mentira y a la falsedad y tener caridad, de manera que, jamás se nos ponga el sol guardando rencor en el corazón.

Pidamos al Señor que, como Ester y Mardoqueo, estemos siempre pegados a sus divinos mandamientos (Posc. y Com.); y así no tendremos que temer las terribles sanciones del día postrero, ni siquiera los escarmientos ejemplares que sufren muchos malos en el mundo, los engreídos como Amán, y los judíos que, por no haber recibido a Cristo, fueron remplazados por los paganos en las promesas hechas a Abrahán y sus descendientes; y los que persistan en su infidelidad serán también arrojados del banquete de las bodas eternas a las tinieblas exteriores donde no habrá sino llanto y crujir de dientes (Ev.). (1)

 

* No todos los años coincide al depender de la fecha variable de la Pascua.

 

 

 

TEXTOS DE LA MISA

INTROITO Sal 36, 39-40, 2877,1.

SALUS PÓPULI ego sum, dicit Dóminus: de quacúmque tribulatióne clamáverint ad me, exáudiam eos: et ero illórum Dóminus in perpétuum. V/. Atténdite, pópule meus, legem meam: inclináte aurem vestram in verba oris mei. V/. Glória Patri. YO SOY LA SALVACIÓN del pueblo, dice el Señor; Yo les oiré cuando clamen a mí en sus tribulaciones; y seré su Dios eternamente. V/.  Pueblo mío, guarda mi ley; inclinad vuestra oído a las palabras de mi boca. V/. Gloria al Padre.

 

 

COLECTA

OMNÍPOTENS et miséricors Deus, univérsa nobis adversántia propitiátus exclúde: ut mente et córpore páriter expedíti, quæ tua sunt, líberis méntibus exsequámur. Per Dominum nostrum Iesum Christum. DIOS omnipotente y misericordioso, aparta benignamente de nosotros todo lo que sea nocivo; para que, estando libres en el alma y en el cuerpo, cumplamos fácilmente tu voluntad. Por  Nuestro Señor Jesucristo.

 

EPÍSTOLA Ef 4, 23-28

LÉCTIO EPÍSTOLÆ BEÁTI PAULI APÓSTOLI AD EPHESIOS.

Fratres: Renovámini spíritu mentis vestræ, et indúite novum hóminem, qui secúndum Deum creátus est in justítia et sanctitáte veritátis. Propter quod deponéntes mendácium, loquímini veritátem unusquísque cum proximo suo: quóniam sumus ínvicem membra. Irascímini et nolíte peccáre: sol non óccidat super iracúndiam vestram. Nolíte locum dare diábolo: qui furabátur, iam non furétur; magis autem labóret, operándo mánibus suis, quod bonum est, ut hábeat unde tríbuat necessi-tátem patiénti.

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS.

Hermanos: Dejad que el Espíritu renueve vuestra mente, y vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas. Por lo tanto, desnudaos de la mentira, decíos mutuamente la verdad, porque pertenecemos al mismo cuerpo. Si os enojáis, no pequéis; que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro enojo. No dejéis lugar al diablo. El ladrón, que no robe más; al contrario, que trabaje dura y honradamente con sus propias manos, hasta poder compartir con el necesitado.

 

GRADUAL Sal 140, 2

DIRIGÁTUR orátio mea, sicut incénsum in conspéctu tuo, Dómine. V/. Elevátio mánuum meárum sacrifícium vespertínum. SUBA mi oración, Señor, como incienso, en tu presencia. V/. El alzar de mis manos, como ofrenda de la tarde.

 

ALELUYA Sal 104, 1

ALLELÚIA, ALLELÚIA. V/. Confitémini Dómino, et invocáte nomen ejus: annuntiát inter gentes ópera ejus. Allelúia. ALELUYA, ALELUYA. V/. Dad gracias al Señor, invocad su nombre, dad a conocer sus hazañas a los pueblos. Aleluya.

 

EVANGELIO Mt 22, 1-14

SEQUÉNTIA SANCTI EVANGÉLII SECÚNDUM MATTHǼUM.

In illo témpore: Loquebátur Jesus princípibus sacerdótum et pharisǽis in parábolis, dicens: «Simile factum est regnum cælórum hómini regi qui fecit núptias filio suo. Et misit servos suos vocáre invitátos ad núptias et nolébant veníre. Iterum misit álios servos dicens: ‘Dicite invitátis: Ecce prándium meum parávi, tauri mei et altília occisa sunt, et ómnia paráta: veníte ad núptias.’ Illi autem negléxerunt: et abiérunt álius in villam suam, álius vero ad negotiatiónem suam: réliqui vero tenuérunt servos eius et contuméliia afféctos occidérunt. Rex autem cum audísset, irátus est et missis exercítibus suis pérdidit homicídas illos, et civitátem illórum succéndit. Tunc ait servis suis: Núptiæ quidem parátæ sunt, sed qui invitáti erant non fuerunt digni. Ite ergo ad éxitus viárum et quoscúmque invenéritis vocáte ad núptias.’ Et egréssi servi eius in vias, congregavérunt omnes, quos invenérunt, malos et bonos: et implétæ sunt núptiæ discumbéntium. Intrávit autem rex, ut vidéret discumbéntes, et vidit ibi hóminem non vestítum veste nuptiáli. Et ait illi: ‘Amíce, quómodo huc intrásti non habens vestem nuptiálem?’ At ille obmútuit. Tunc dixit rex minístris: «Ligátis mánibus et pedibus eius, et míttite eum in ténebras exterióres: ibi erit fletus et stridor déntium. Multi enim sunt vocáti, pauci vero elécti.'».

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

En aquel tiempo, hablaba Jesús en parábolas a los jefes de los sacerdotes y a los fariseos diciendo: El Reino de los Cielos se parece a cierto rey que celebraba las bodas de su hijo. Mandó a sus criados para que llamasen a los convidados a la boda y ellos no querían venir. De nuevo envió otros criados encargándoles: Decid a los convidados: mi banquete está preparado; he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda. Pero los convidados, sin hacer caso, se fueron: uno a su tierra, otro a sus negocios, y los demás, echando mano de los criados, los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera y, enviando sus tropas, acabó con aquellos asesinos y puso fuego a su ciudad. Luego dijo a sus criados: La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id, pues, a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda. Salieron los criados a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando entró el rey a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de ceremonia, y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de ceremonia? Él enmudeció. Entonces el rey dijo a los sirvientes: Atado de pies y manos arrojadlo fuera a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Se dice Credo.

OFERTORIO Sal 137, 7

SI AMBULÁVERO in médio tribulatiónis, vivificábis me, Dómine: et super iram inimicórum meórum exténdes manum tuam, et salvum me fáciet déxtera tua. SI ME HALLASE, Señor, en medio de muchas tribulaciones, tú me darás vida; y extenderás tu mano sobre mis enemigos y tu poder me salvará.

 

SECRETA

HÆC MÚNERA, quǽsumus, Dómine, quæ óculis tuæ majestátis offérimus, salutária nobis esse concéde. Per Dóminum nostrum Jesum Christum. HAZ, SEÑOR, que estos dones que te hemos ofrecido ante la mirada de tu presencia, nos alcancen la salvación. Por Nuestro Señor Jesucristo.

 

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

VERE DIGNUM et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Qui cum unigénito Fílio tuo, et Spíritu Sancto, unus es Deus, unus es Dóminus: non in uníus singularitáte persónæ, sed in uníus Trinitáte substántiæ. Quod enim de tua gloria, revelánte te, crédimus, hoc de Fílio tuo, hoc de Spíritu Sancto, sine differéntia discretiónis sentimus. Ut in confessióne veræ sempiternáeque Deitátis, et in persónis propríetas, et in esséntia únitas, et in majestáte adorétur æquálitas. Quam laudant Angeli atque Archángeli, Chérubim quoque ac Séraphim: qui non cessant clamáre quotídie, una voce dicéntes: EN VERDAD es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la Trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confesando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz:

 

COMUNIÓN Sal 118, 4-5

TU MANDÁSTI mandáta tua custodíri nimis: útinam dirigántur viæ meæ, ad custodiéndas justificatiónes tuas. TÚ ORDENAS, Señor, que guardemos cuidadosamente tus mandatos. ¡Ojalá enderece yo mis caminos guardando tus  preceptos!

 

POSCOMUNIÓN

TUA NOS, Dómine, medicinális operátio, et a nostris perversitátibus cleménter expédiat, et tuis semper fáciat inhærére mandátis Per Dominum nostrum Jesum Christum. TU ACCIÓN medicinal, Señor, nos libre benignamente de nuestras maldades y haga que siempre estemos adheridos a tus mandatos. Por Nuestro Señor Jesucristo.

 

 

COMENTARIO

Como habitualmente, reproducimos el comentario del Padre Castellani; luego compilamos a los Santos Padres sobre este Evangelio, y al final haremos un comentario nuestro sobre temas del Evangelio que consideramos actuales. Este comentario también puede escucharse en nuestro video de Youtube (2)

 

 

COMENTARIO DEL PADRE CASTELLANI

DOMINGO DECIMONOVENO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS [Mt 22, 1-14] Mt 22, 1-14 El evangelio de hoy repite la parábola del Convite que hemos visto el Domingo segundo después de Pentecostés; en otra forma, tal como está en Mateo. Hemos visto ya someramente las diferencias: el tema es el mismo. El Reino de los Cielos es parecido a un convite de bodas; todos son convidados, pero muchos pierden el convite por su culpa. Es un convite peligroso; porque la otra alternativa, la del que no entra, no es quedarse sin una comilona más o menos. La otra alternativa es la muerte. El objeto de los dos libritos de Mateo y de Lucas es diferente: Mateo escribió para los judíos, Lucas para los paganos. La parábola del Banquete en Mateo es más dura y casi feroz; y su amenaza se extiende no solamente a los que declinan las fiestas nupciales del Rey por amor de sus propias fiestas, sino al que entró sin la vestidura nupcial. El incendio de una ciudad y una masacre, castigo de los sacrílegos homicidas, ilumina el banquete como una antorcha siniestra. Cuando Mateo trasladó al papel esta parábola del Maestro, había oído ya la paladina profecía del incendio y la ruina de Jerusalén; y en cierto modo la veía desarrollarse ante sus ojos, habiendo sido testigo no solamente de la crucifixión del Maestro, sino también de las insensatas tentativas de los Fariseos, los Sicarios y los Zelotes de levantar al inerme pueblo palestino contra el enorme poder del Imperio: tentativas fatídicas que comenzaron poco después de la muerte de Cristo. Esa situación está reflejada en la parábola. Si la parábola parece feroz, es porque refleja fielmente una situación feroz. Los oyentes de Lucas estaban en situación distinta: los gentiles habían entrado en cantidad a la primitiva Iglesia; Pablo de quien Lucas era el meturgemán, o recitador, se había volcado hacia ellos dejando a un lado a los judíos y esto era motivo de asombro y aun de escándalo para los fieles circuncisos; o sea, provenientes de la Sinagoga. El acento en la parábola de Lucas está puesto sobre este hecho: “los primeros Invitados no fueron dignos; entonces el Señor del Banquete llamó a otros… cualesquiera que fuesen”. El señor del Banquete no es ya un Rey –porque los reyezuelos orientales les resultaban un poco ridículos a los romanos–sino un Gran señor un patricio como los Julios o los Flavios, una especie de Lord Inglés. El castigo no aparece tan atroz: “en verdad os digo que ninguno de los primeros invitados gustará mi banquete”; pero en el fondo es el mismo: puesto que el Banquete es la vida eterna. ¿Modificó Lucas la parábola de Cristo al gusto romano? Algunos críticos lo sostienen: creemos que no se ha de admitir. Cristo debe de haber tratado sus temas de diferentes maneras según los auditorios, conforme es uso de los recitadores de estilo oral. Esos científicos (como Tillmann y Perk), suponen falsamente que Lucas usó para la composición de su libro de fuentes escritas, como notas o fragmentos de evangelios preexistentes, que se habrían perdido. Pero no es ésa la costumbre de los medios de estilo oral: la trasmisión de la materia se efectúa por la prodigiosa memoria de los recitadores y de su arte deliberado y metódico de retener y repetir. La actual investigación científica (De Foucauld, Jousse, Dhorme) tiende a robustecer de más en más esta tesis, que es hoy una certeza científica. Los Evangelios no se tomaron libertades con los relatos retenidas y repetidos que trasladaron al papel: no son libros compuestos al uso actual; son transcripciones, como sería hoy día un procés verbal. Es incluso probable que las actuales palabras de nuestros Evangelios en griego sean las “ipsissima verba” de Cristo, traducidas por él mismo: es decir, es probable que Cristo haya predicado o en arameo o bien en griego, según los auditorios. La Palestina era entonces un país bilingüe, como Irlanda actual; y hasta los campesinos sabían – un poco al menos– la koiné o griego vulgar, que era desde los Antíocos la lengua oficial del reino griego fundado por Alejandro, al cual perteneció la Judea. Jesucristo con Pilato habló, evidentemente, en griego. Lucas quizás no conoció personalmente a Cristo aunque algunos sostienen que sí, que fue uno de los dos “discípulos de Emmaús”; pero en cualquier caso él “investigó con diligencia” –dice él– de quienes lo habían conocido y oído, muchos de los cuales eran recitadores natos. Lo mismo había hecho su maestro San Pablo antes de él, cuya catequesis Lucas se dio por misión transcribir fielmente al papel, a pedido de los fieles de la gentilidad. No es de creer que San Pablo se haya permitido transformar literalmente las palabras del Maestro, que creía inspiradas: cosa prohibidísima entre los recitadores de estilo oral. De cualquier modo, la parábola en la forma mateica es la más segura es un relato más largo y literariamente más rico, mucho más oriental y hebreo que el sucinto perfil de Lucas, el médico griego educado en Roma. La parábola de Mateo es fuertemente coloreada, amenazante y trágica. Esta puesta antes de la última ida a Jerusalén, en la misión de Perea, cuando ya el furor de los fariseos se mostraba en guerra abierta, y Jesús sabía que era rechazado por su pueblo; antes de las tres “parábolas de la misericordia”; porque Dios amenaza siempre con la intención de perdonar. Es un rey que celebra las bodas de su hijo: símbolo de la unión de la Segunda Persona con la naturaleza humana, o sea la Encarnación. El rey envía sus farautes (los Profetas) a llamar a los invitados; y ellos rehúsan venir. Envía otros mensajeros, con un mensaje más apremiante y cariñoso; pero ellos los desprecian y se van “a sus negocios”; y algunos “agarran a los heraldos regios, los maltratan y aun los matan”: increíble atrevimiento y verdadero sacrilegio. Entonces el Rey envía sus ejércitos que se apoderan de la ciudad y le prenden fuego; y a los homicidas pasan a cuchillo. Después el Rey da orden de traer a “cualquiera que sea”; y se llena la sala del convite con la gente de la calle y de los caminos, “buenos y malos . Jesús estaba en la Perea, comarca gentil; y la alusión al rechazo de su pueblo, y a su predicación a los gentiles malos, es patente. No basta entrar, hay que tener la vestidura nupcial: la túnica blanca, la corona de palma o de olivo, y las sandalias y los pies limpios. Había allí uno que no los tenía; lo cual no parece extraño, si los habían buscado, por las encrucijadas de los caminos”, y algunos los habían traído medio por la fuerza, como dice Lucas: “Compelle intrare” (“oblíguenlos a entrar”). El castigo de esta falta, insignificante en apariencia, es peor: el Rey se da por ofendido personalmente, pues él está allí ahora y no solamente sus heraldos y farautes: atado de pies y manos lo hace echar a la helada de la noche “y allí serán los alaridos y el rechinar de dientes” Este final horroroso nos descubre que la “vestidura nupcial” significa la gracia santificante. Jesucristo indica muchas veces el infierno con las palabras la oscuridad de allá afuera”; y eso es el infierno efectivamente: estar fuera de Dios y por tanto en helada oscuridad. El pecado a los ojos de Dios es diferente que a los ojos de los hombres; para los hombres el pecado no parece cosa muy importante, e incluso a veces los pecados son “los negocios”, como en el caso de los prestamistas, cuyo negocio es la usura; los politiqueros, cuyo negocio es la mentira; y los periodistas adulones, cuyo negocio es la prostitución de la palabra humana; pero es una ofensa directa para Dios, creador y vengador del orden, comendador y legislador de lo Justo, Limpieza Infinita. Por eso en la parábola hay esa desproporción y desmesura entre los castigos y sus motivos. Es como si Cristo dijera: “Ojo, que los hombres ven de una manera y Dios de otra.” Los santos dicen que si viéramos con los ojos del cuerpo un alma en pecado, no podríamos vivir; no la vemos, pero para eso tenemos los ojos de la fe. “Yo sé de una persona –escribe Santa Teresa– a quien quiso Nuestro Señor mostrar cómo quedaba un alma cuando pecaba mortalmente. Dice aquella persona [ella misma] que le parece si lo entendiesen no sería posible ninguno pecar… Y así le dio mucha gana que todos lo entendieran; y así os lo dé a vosotras, hijas, de rogar mucho a Dios por los que están en ese estado, todos hechos una oscuridad; y así son sus obras… Oí una vez a un hombre espiritual que él no se espantaba de cosas que hiciese uno que está en pecado, sino “de lo que no hacía”. Porque así como de una fuente muy clara lo son todos los arroyitos que salen de ella, como es un alma que está en gracia, que de aquí le viene ser sus obras tan agradables a los ojos de Dios y de los hombres… así el alma que por su culpa se aleja de esta fuente, y se planta en otra de muy negrísima agua y de muy mal olor, todo lo que corre por ella es la misma desventura y suciedad.”(12). Jesucristo aludió siempre al Reino de los Cielos como un Convite de Bodas; no usó la terminología erótica del Cantar de los Cantares de Salomón, ni la descripción de palacios hechos de oro y gemas preciosas de San Juan en el Apokalypsis. Para la gente campesina que lo escuchaba, el banquete nupcial era el gran acontecimiento de la vida, en que se echaba la casa por la ventana. El Rey en su segunda invitación les hace decir a los invitados: “mirad que todo está presto, los pollos están adobados, los becerros cebados están muertos”, sin olvidar los cántaros de vino, que eso va de suyo. Me hace acordar esos banquetes de casamiento de los labriegos italianos que duran siete días –boda y tornaboda– donde en cada comida se sirven siete vinos diferentes. “Meter la olla grande adentro de la chica” le llaman, no sé por qué. Naturalmente que es más que eso, porque “ni ojo vio –dice San Pedro– ni oído oyó, ni en fantasía de hombre puede caber lo que tiene Dios preparado a los que le sirven”. Los impíos modernos dicen que Cristo vino a matar la alegría de la humanidad, “espectro exangüe que aguas las fiestas de la vida”(13). Dicen que Cristo vino a debilitar a los hombres, y Cristo robustece flacos con la esperanza; dicen que Cristo vino a quitar la nobleza pagana (14), y Cristo ennoblece con su invitación incluso a los mendigos; dicen que Cristo vino a disminuir la Vida, y Cristo curó enfermos y resucitó muertos… Dicen que es el enemigo de Dionysos y el adversario mortal de la alegría; y Cristo invita a todos a la alegría indeficiente de un convite regio, que se anticipa en esta vida en esperanza; la cual en esta vida es la madre de la alegría. Porque el malvado cuando goza de sus efímeros placeres, no puede olvidar que son pasajeros; y el justo cuando goza de sus sanas alegrías, sabe que ellas no acabarán jamás. Hay una diferencia…. Hay una gran diferencia; porque un placer pequeño se engrandece 12Las Moradas, capítulo II, in initio. 13Anatole France. 14Nietzsche. cuando esta conectado con la seguridad y la esperanza; y un placer muy grande se aniquila cuando está conectado con el remordimiento, o el temor, o la desesperación.

 

 

NOTAS PROPIAS DE CASTELLANI

11) “Pero Cristo, ungido Pontífice de los futuros Bienes – Para siempre entró en un tabernáculo mejor y perfecto – No hecho de manos de hombres, no de la creación ésta.

12)Las Moradas, capítulo II, in initio.

13)Anatole France.

14)Nietzsche.

(Hasta acá Castellani) (3)

 

 

SANTOS PADRES

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 69,1

Como había dicho el Salvador que se daría la viña a otras gentes que le pagasen sus frutos ( Mt 21,43), ahora dice a qué clase de gentes. Por eso el Evangelista añade: «Y respondiendo Jesús, les dijo», etc.

Glosa

Dice respondiendo, porque contrariaba la intención depravada de los que fraguaban su muerte.

San Agustín, de consensu evangelistarum,

Unicamente San Mateo refiere esta parábola; San Lucas refiere otra semejante, pero no es ésta, como indica el orden mismo.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Aquí se infiere a la Iglesia presente, por medio de las nupcias, pero allí se refiere, por medio de la cena, al convite último y eterno. Porque en éste entran algunos de los que han de salir, pero de aquél no saldrá ya el que una vez haya entrado. Y si alguno cree que esto viene a ser lo mismo, vea que San Lucas pasó en silencio lo que dijo San Mateo refiriéndose a aquel que no había entrado con el vestido nupcial. No obsta que por medio del primero se entienda la cena, por medio del segundo, la comida; porque cuando se almorzaba todos los días a la hora nona entre los antiguos, el almuerzo se llamaba cena.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

El reino de los cielos es semejante, según quien allí reina, a un hombre rey; y según aquel con quien reina, al hijo del rey; según lo que hay en los estados del rey, es semejante a los siervos y a los convidados a las bodas, entre los que se encuentra también el ejército del rey. Y se añade: «a un hombre rey», para que como hombre hable a los hombres y gobierne a aquellos que no quieren ser gobernados por Dios. Pero entonces el reino de los cielos cesará de ser semejante a un hombre, porque cuando haya concluido el celo, la disputa y las demás pasiones, cesaremos también de andar como hombres, y lo veremos tal y como es; ahora lo vemos, no como es, sino como ha querido hacerse por nosotros.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Dios Padre celebró las bodas a su propio Hijo cuando unió a Este con la humanidad en el vientre de la Virgen. Mas como el casamiento no puede verificarse sino entre dos personas, no debemos pensar que la persona del Salvador consta de dos personas unidas. Decimos que consta y que está formada por las dos naturalezas, pero de ningún modo podemos decir que sea un compuesto de dos personas. Mejor puede decirse que este Padre rey celebró las bodas para su Hijo rey, asociándole la santa Iglesia por medio del misterio de la encarnación: el tálamo de este esposo es el vientre de la Virgen María.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

Cuando suceda la resurrección de los santos recibirá el hombre la verdadera vida (que es Jesucristo), porque Este asumirá en su inmortalidad la mortalidad del hombre. Ahora recibimos al Espíritu Santo como en arras del consorcio eterno, pero después recibiremos al mismo Jesucristo en toda su plenitud.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Por la unión del esposo con la esposa (esto es, de Jesucristo con el alma) debe entenderse la aceptación de la divina palabra; y las buenas obras serán el parto.

San Hilario, in Matthaeum, 22

Se dice con razón que estas bodas ya han sido celebradas por el Padre, porque esta unión de la eternidad, y los desposorios del nuevo cuerpo, se han consumado ya por medio de Jesucristo.

Prosigue: «Y envió sus siervos a llamar a los convidados a las bodas, mas no quisieron venir».

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

Si envió a sus siervos, fue porque ya estaban invitados primeramente. Son invitados, pues, los hombres desde el tiempo de Abraham, a quien ya se prometió la encarnación de Jesucristo.

San Jerónimo

Envió a su siervo; y no cabe duda que éste fue Moisés, por quien se dio la ley a los invitados. Aunque leemos siervos (como se encuentra en muchos ejemplares), debemos entender que se refiere a los profetas; porque invitados por ellos, no quisieron venir. Sigue, pues: «Envió de nuevo otros siervos, diciendo: decid a los convidados». Debe creerse que los siervos que fueron enviados la segunda vez son los profetas más bien que los apóstoles; y así, si antes está escrito el siervo, cuando después de lee los siervos, debe entenderse que estos segundos siervos son los apóstoles.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

A quienes envió cuando les dijo: «No os marchéis por los caminos de los gentiles, sino más bien buscad antes las ovejas perdidas de la casa de Israel» ( Mt 10,5).

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

También puede decirse que los siervos enviados en primer lugar a que llamasen a los invitados a las bodas son los profetas, que invitaban al pueblo por medio de sus profecías, a la alegría por la unión de la Iglesia con Jesucristo. Y los que no quisieron venir habiendo sido invitados primero, son los que no quisieron oír las palabras de los profetas. Además, cuando pasaron éstos, hubo otro período en que abundaron los profetas.

San Hilario, in Matthaeum, 22

Los siervos que fueron enviados primeramente a llamar a los convidados, son los apóstoles. Habían sido enviados para que viniesen los que ya habían sido invitados antes, esto es, el pueblo de Israel, que fue llamado por medio de la ley a la gloria eterna. Era propio de los Apóstoles instar a los que los profetas habían invitado de antemano. Los que fueron enviados después en condición de maestros, son los varones apostólicos que sucedieron a aquéllos.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Y como los que antes habían sido invitados no quisieron venir al convite, se les dice en la segunda invitación: «He aquí que he preparado mi banquete».

San Jerónimo

El banquete preparado, los toros y los animales cebados ya muertos, representan, en sentido metafórico, las riquezas del rey, para que por medio de las cosas materiales se venga en conocimiento de las espirituales. Además, la magnificencia de los dogmas, y la doctrina del Señor, pueden conocerse de una manera evidente en la plenitud de la ley.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

Cuando dijo el Señor a sus apóstoles: «Id y predicad que se acerca el reino de los cielos» ( Mt 10,7), se refirió a lo que dice ahora: «He preparado mi banquete»; esto es, por medio de la ley y de los Profetas he adornado las mesas de las Escrituras. Por esto sigue: «Mis toros», etc.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Los toros representan a los padres del Antiguo Testamento, los cuales, según estaba permitido en la ley, herían con el cuerno de su virtud corporal a sus enemigos. Llamamos a los animales cebados, por Aquel que alimenta desde lo alto; por eso les decimos saciados. Por medio de los animales cebados se figuran los padres del Nuevo Testamento, los cuales, cuando perciben la gracia de la dulce alimentación interna, se elevan de los deseos terrenos a las cosas de lo alto por las alas su contemplación. Dice, pues: «Mis toros y mis animales cebados ya están muertos». Como diciendo: Observad las muertes de los padres que precedieron, y pensad en aplicar los remedios para que conservéis vuestras vidas.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

Y habla de los animales cebados y de los toros, no porque los toros no estuviesen cebados, sino porque no todos habían engordado del mismo modo. Luego, únicamente llama cebados a los profetas que estuvieron llenos del Espíritu Santo; y toros, a los profetas y sacerdotes, como Jeremías y Ezequiel. Así como los toros son los guías del rebaño, así los sacerdotes son los jefes del pueblo.

San Hilario, in Matthaeum, 22.

Los toros representan la gloria de los mártires que han sido inmolados como víctimas escogidas por haber confesado a Dios; y cebados, los hombres espirituales, porque son alimentados con el pan del cielo, como las aves se alimentan cuando han de volar para alimentar a las demás, haciéndoles partícipes de la abundancia de su comida.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Debe advertirse también, que en la primera invitación nada se habló de toros ni de animales cebados; pero que en la segunda, se dice que los toros y los animales cebados ya están muertos. Porque el Dios omnipotente, cuando no queremos oír su divina palabra, cita ejemplos para que veamos que hay facilidad para poder vencer todo lo que consideramos como imposible, oyendo que otros han pasado por esto.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Y como la comida que estaba preparada es la palabra divina, se entiende que la gran fuerza de esta palabra está representada por medio de los toros. Y lo que éstos tienen de suave y de deleitable, es por lo que se les llama cebados. Si alguno dice que las razones expuestas tienen poca fuerza y que son de poco valor, tienen que admitir la esterilidad de cuanto se lleva dicho: son cebadas, cuando se citan muchos ejemplos para cada una de las proposiciones, en prueba completa del discurso. Cuando alguno predica sobre la castidad, cita por ejemplo la tórtola; pero cuando sobre la misma virtud cita muchas pruebas de las Sagradas Escrituras de modo que deleite y confirme, el alma del que oye queda como cebada.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

Y cuando dice: «Todo está preparado», se entiende que ya está cumplido en las Sagradas Escrituras todo lo necesario para la salvación. El que es ignorante, encuentra allí algo que aprender; el que es orgulloso, encuentra algo que temer; el que trabaja, encuentra allí todo lo ofrecido a aquellos a quienes se invita a trabajar.

Glosa

Todo está ya preparado, esto es, está preparada la entrada en el reino, por medio de la fe en mi encarnación, la que antes estaba cerrada.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

Dice que está preparado todo lo que pertenece al misterio de la pasión del Señor, y de nuestra redención. Por esto dice: «Venid a las bodas», no con los pies, sino con la fe y con las costumbres.

Prosigue: «Mas ellos lo despreciaron». El por qué lo despreciaron lo da a conocer cuando añade: «Y se fueron, unos a sus granjas», etc.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 69,1

Aun cuando parece que los motivos son razonables, aprendemos, sin embargo, que incluso cuando sean necesarias las cosas que nos detienen, conviene siempre dar la preferencia a las espirituales: y a mí me parece que cuando alegaban estas razones, daban a conocer los pretextos de su negligencia.

San Hilario, in Matthaeum, 22.

Los hombres del mundo se ocupan en la ambición de cosas temporales y muchos se dedican a los negocios por la codicia del dinero.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

Cuando hacemos algo con el trabajo de nuestras manos, cuando cultivamos un campo o una viña, o cuando hacemos una obra de madera o de hierro, parece que entonces trabajamos la granja. Y cuando obtenemos otras ganancias, no por el trabajo de nuestras manos, todo esto se llama negocio. ¡Oh mundo miserable, y desgraciados los que le siguen! Muchas veces los trabajos del mundo alejan a los hombres de la vida verdadera.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

El que se propone labrar un terreno, o está dedicado a las cosas del mundo, simula meditar en el misterio de la encarnación, y vivir según su espíritu, y marcha hacia la granja o sea hacia el negocio, rehusando venir a las bodas del rey. A veces (lo que todavía es peor), algunos llamados a la gracia, no sólo la desprecian, sino que también la persiguen: por esto añade: «Y los otros echaron mano de los siervos», etc.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

Por la ocupación de la granja se entiende la gente del pueblo de los judíos, que por su deseo de las cosas del mundo fueron separados de Cristo; por la ocupación de los negocios se entiende a los sacerdotes y los demás ministros del templo a quienes el afán de lucro separó de la fe, aun siendo ellos los encargados del servicio de la ley y del templo. No dijo de éstos que habían obrado maliciosamente, sino que despreciaron; los que crucificaron a Jesucristo por odio o por envidia, fueron los que obraron mal; los que impedidos por los negocios no creyeron, son los que le despreciaron, aun cuando no eran malos. El Señor nada dice acerca de su muerte, porque ya había dicho lo bastante en la parábola anterior, pero da a conocer la muerte de sus discípulos, a quienes mataron los judíos, después que el Señor subió a los cielos, apedreando a Esteban y degollando a Santiago de Alfeo. Por todo lo cual Jerusalén fue destruida por los romanos. Debe advertirse que se habla de la ira de Dios, no en sentido propio, sino en sentido traslativo: se dice que se enfurece cuando castiga. Por lo que se dice aquí: «Y el rey, cuando lo oyó, se irritó».

San Jerónimo

Cuando invitaba a las bodas y obraba con clemencia, era llamado hombre; pero ahora, cuando vino a aleccionarse calla la palabra hombre, y únicamente se le llama rey.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Adviertan los que pecan contra el Señor de la ley, de los profetas y de toda la creación, que éste que ahora se llama hombre, y se muestra airado, es el mismo Padre de Jesucristo. Y si conocen que éste es el mismo, se verán obligados a confesar que de El se dicen muchas cosas parecidas a las que tiene la naturaleza pasible de los hombres: no porque El sea pasible, sino porque muchas veces obra a imitación de la naturaleza pasible de los hombres. Y en este mismo concepto debemos tener la ira de Dios, y la penitencia, y todo lo demás que leemos en los profetas.

Prosigue: «Enviando sus ejércitos, acabó con aquellos homicidas» 1, etc.

San Jerónimo

Por estos ejércitos entendemos los ejércitos romanos, capitaneados por Vespasiano y por Tito, los cuales, habiendo destruido los pueblos de Judea, prendieron fuego a la ciudad prevaricadora.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

El ejército romano se considera como el ejército de Dios porque la tierra y cuanto en ella se contiene pertenece a Dios ( Sal 23,1). No hubiesen venido los romanos a Jerusalén, si Dios no los hubiese enviado.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Los ejércitos de los ángeles son los de nuestro Rey. Habiendo, pues, enviado sus ejércitos se dice que acabó con aquellos homicidas porque todo designio se cumple sobre los hombres por medio de los ángeles. Acabó, pues, con aquellos homicidas, porque mató a los que le perseguían; incendió también su ciudad, porque no solamente sus almas sino que también su carne (en la que habían vivido), habían de ser atormentadas con el fuego eterno.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

La ciudad de los impíos es la reunión de los que están en un todo conformes con el modo de pensar de los príncipes de este mundo: el rey incendia y destruye la ciudad, construida de malos edificios.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Pero éste que se ve despreciado de los que convida, no tendrá desiertas las bodas de su hijo: porque alguna vez la palabra de Dios encontrará también en dónde descansar. Por esto añade: «Entonces dijo a sus siervos».

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Esto es, a los apóstoles o a los ángeles que estaban preparados para la vocación de los gentiles: «Las bodas ciertamente están aparejadas».

Remigio

Esto es, todo sacramento acerca de la redención de los hombres, ya está ultimado y concluido. «Mas los que habían sido convidados (esto es, los judíos), no fueron dignos» ( Rom 10,3), porque desconociendo la santidad de Dios, y queriendo dar preferencia a la suya, fueron considerados como indignos de la vida eterna. Por lo tanto, una vez reprobado el pueblo judío, fue llamado el pueblo gentil a estas bodas. Por esto sigue: «Pues id a las salidas de los caminos», etc.

San Jerónimo

El pueblo gentil no estaba en los caminos, sino en las salidas de los caminos.

Remigio

Estos son los errores de los gentiles.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

Son caminos también todos los conocimientos humanos como los de la filosofía, los de la milicia, y otros por el estilo. Dijo, pues: «Id a las salidas de los caminos», para que llamen también a la fe a todos los hombres, cualquiera que sea su condición. Además, así como la castidad es el camino que lleva a Dios, la fornicación es el camino que lleva al demonio; y esto mismo debe decirse de las demás virtudes y de los demás vicios. Manda, por lo tanto que conviden a los hombres de cualquier clase y de cualquier condición para que crean.

San Hilario, in Matthaeum, 22.

También pueden entenderse por el camino, la duración de esta vida, y por lo tanto, se les manda ir a las salidas de los caminos, porque estas gracias a todos se dan.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Según la Sagrada Escritura, se entiende por camino las acciones; las salidas de los caminos son las faltas de las acciones, porque con frecuencia vienen a Dios con facilidad, aquéllos que ninguna satisfacción se conceden en las cosas de la vida.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Yo creo que esta primera invitación a las bodas se dirigía a algunas almas sencillas: en verdad, Dios quiere que vengan al convite divino principalmente aquellos que son prontos para comprender; y como éstos generalmente no quieren venir cuando se les llama, son enviados otros siervos para animarlos, ofreciéndoles que si vienen, disfrutarán del convite preparado por su rey. Y así como en esta vida una es la esposa que se casa, otros los que convidan, y otros los que son convidados a las bodas, así el Señor conoce las diversas clases de las almas, las virtudes y sus fundamentos. Por esta razón unas son consideradas como esposas, otros como siervos que convocan, y otros están en el número de los invitados a las bodas. Pero los que en primer lugar fueron llamados, despreciaron a los primeros que los invitaban (como hombres de poco conocimiento), y se marcharon a cuidar de sus cosas, complaciéndose más en ellas que en lo que el Rey les ofrecía por medio de sus siervos. Pero éstos son menos culpables que aquéllos que injuriaron a los siervos enviados y los mataron. Estos últimos se atrevieron a detener a los siervos enviados por medio de cuestiones enojosas, y como no estaban preparados para contestar a sus ingeniosas cuestiones, fueron primero abrumados de insultos y luego muertos por ellos.

Prosigue: «Y habiendo salido sus siervos a los caminos, congregaron», etc.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Habiendo salido los siervos, ya de Judea o Jerusalén, como los apóstoles de Jesucristo, o ya de los interiores, como los santos ángeles, y viniendo a los diversos caminos de las costumbres diferentes, reunieron a todos los que encontraron: y no se cuidan de si alguna vez habían sido malos o buenos, antes de ser llamados. Aquí debemos entender como buenos los que sencillamente son más humildes y más perfectos en cuanto afecta al culto divino y a quienes se refiere lo que dice el Apóstol: «Cuando las gentes que no conocen la ley, obran según lo que ella manda, ellos mismos son su propia ley» ( Rom 2,14).

San Jerónimo

También entre los gentiles hay una diversidad infinita, pues debemos conocer, que unos están más inclinados a lo malo, y otros practican las virtudes por sus buenas costumbres.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Y dice esto, porque en la Iglesia no puede haber buenos sin malos, ni malos sin buenos, y no fue bueno aquél que no quiso sufrir a los malos.

Prosigue: «Y se llenaron las bodas», etc.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Las bodas, esto es, de Jesucristo y de la Iglesia, se llenaron porque fueron traídos a Dios los que fueron encontrados por los Apóstoles, y se recostaron para comer en las bodas. Pero como fue conveniente llamar a los buenos y a los malos, no para que los malos continuasen siendo malos, sino para que dejasen los vestidos impropios de las bodas, y vistiesen los trajes nupciales (esto es, el corazón misericordioso, bondadoso, etc.). Por eso, después entra el rey para ver a los que estaban sentados antes que se les presente la comida, para detener y regalar a los que tengan los vestidos nupciales, y para condenar a los que no los tengan. Por eso sigue: «Y entró el rey para ver a los que estaban a la mesa».

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

No es que el Señor deje de estar en todas partes, sino que donde quiere observar para juzgar, allí se dice que está presente, y donde no quiere, parece que está ausente. El día en que todo lo verá es el día del juicio, cuando habrá de visitar a todos los cristianos, que descansan sobre la mesa de las Sagradas Escrituras.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Cuando entró, vio a uno que no había mudado sus costumbres; por esto sigue: «Y vio allí un hombre que no estaba vestido con vestidura de bodas». Dijo en singular, porque son de un mismo género todos los que conservan la malicia después de la fe, como la habían tenido antes de creer.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

¿Qué debemos entender por vestido de bodas, sino la caridad? Porque el Señor la tuvo cuando vino a celebrar sus bodas con la Iglesia. Entra, pues, a las bodas, sin el vestido nupcial, el que cree en la Iglesia, pero no tiene caridad.

San Agustín, contra Faustum, 2,19

Se atreve a venir a las bodas sin vestido nupcial, el que busca allí la gloria, no la del esposo, sino la propia.

San Hilario, in Matthaeum, 22.

El vestido de bodas es también la gracia del Espíritu Santo, y el candor del vestido celestial, que una vez recibido por la confesión de la fe, debe conservarse limpio e íntegro hasta la consecución del reino de los cielos.

San Jerónimo

El vestido nupcial es también la ley de Dios y las acciones que se practican en virtud de la ley y del Evangelio, y que constituyen el vestido del hombre nuevo. El cual si algún cristiano dejare de llevar en el día del juicio, será castigado inmediatamente; por esto sigue: «Y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí, no teniendo vestido de bodas?» Le llama amigo, porque había sido invitado a las bodas (y en realidad era su amigo por la fe), pero reprende su atrevimiento, porque había entrado a las bodas, afeándolas con su vestido sucio.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Y como el que peca y no se viste de nuestro Señor Jesucristo, no tiene excusa alguna, prosigue: «Mas él enmudeció».

San Jerónimo

Entonces, cuando todos los ángeles y el mundo entero sean testigos de los pecados, no habrá lugar a petulancias ni se podrá negar.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Pero no sólo fue arrojado de las bodas el que las ultrajó, sino que fue atado por los ministros del rey, ya preparados a este fin, y con la presteza que él no había empleado para hacer cosa buena. Por no obrar el bien fue aprendido por la fuerza y fue condenado a un sitio en donde no hay luz alguna y que se llama tinieblas exteriores. Por lo que sigue: «Entonces el rey dijo a sus ministros: atado de pies y manos, arrojadle en las tinieblas exteriores».

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

En virtud del poder de aquella sentencia son atados sus pies y sus manos, que poco antes habían estado atados por las malas acciones, y no habían mejorado su vida. Entonces son atados para castigo los que la culpa tenía atados para impedirles que obrasen bien.

San Agustín, de Trinitate, 11,6

El embrollo de los malos deseos y de las malas intenciones, constituye un lazo, con el cual es atado, quien obra de tal modo, que merece ser arrojado a las tinieblas exteriores.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Llamamos tinieblas interiores, a la ceguedad del alma, y tinieblas exteriores a la noche eterna de la condenación.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

De este modo se designa también la diferencia de castigos que se aplicarán a los pecadores: hay tinieblas exteriores e interiores, hay primeros lugares así como hay últimos lugares.

Prosigue: «Allí será el llorar y el crujir de dientes».

San Jerónimo

En el llanto de los ojos y en el rechinar de dientes, se da a conocer la magnitud de los tormentos por medio de una metáfora de miembros corporales. Los pies y las manos atadas, el llanto de los ojos y el rechinar de dientes, son para que se entienda la veracidad de la resurrección.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Para que allí rechinen los dientes de los que se gozaban en la voracidad, y allí lloren los ojos que aquí disfrutaban de complacencias ilícitas. Porque cada uno de los miembros sufrirá un castigo, relacionado con todas las acciones a que vivieron sujetos, obedeciendo a los vicios.

San Jerónimo

Y como en el convite nupcial no se busca el principio, sino el fin, añade: «Muchos son los llamados y pocos los escogidos».

San Hilario, in Matthaeum, 22.

Cuando el que invita lo hace sin excepción, da a conocer su afecto y la gran bondad que resulta de su humanidad; pero en los convidados o llamados, se elige a cada uno según su mérito propio.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Mas algunos, ni siquiera empiezan a obrar bien; y otros no perseveran en las buenas acciones que comenzaron. Tema cada uno por sí mismo, tanto más, cuanto que desconoce lo que viene después.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

O de otro modo: cuantas veces el Señor prueba a su Iglesia, entra en ella para ver a los que están reunidos. Si encuentra alguno que no tenga vestido nupcial, le pregunta: ¿para qué te has hecho cristiano si amabas estas acciones? A este tal entrega Jesucristo a sus ministros (esto es, a algunos sectarios), y le atan sus manos (esto es, sus acciones), y sus pies (a saber, las aspiraciones de su alma), y lo arrojan a las tinieblas, esto es, a los errores (o de los gentiles, o de los judíos, o de los herejes). En primer lugar, a las tinieblas de los gentiles, porque desprecian la verdad que no han oído; o a las exteriores de los judíos que oyeron, pero que no creyeron, y especialmente a las exteriores de los herejes que oyeron y conocieron.

 

 

 

LA NECESIDAD DE ELEVARSE A LO SOBRENATURAL

 

EL ATERRIZAMIENTO MODERNISTA A LA INMANENCIA COTIDIANA

Jesús en sus parábolas toma la realidad cotidiana como comparación para señalar misterios trascendentes; misterios del Reino de Dios. Por eso la parábola no es un simple cuentito cotidiano; contiene elementos desequilibrantes, desmesurados; que parecen salirse irrespetuosamente de contexto; porque la parábola alude al plano trascendente, sobrenatural.

En sintonía con Castellani, podemos decir de entrada, en un primer nivel, que Jesús la dirige a la casta religiosa de Israel, sobre todo fariseos. Esto queda claro en el v 15, después de este pasaje: <<«Entonces los fariseos se fueron y celebraron consejo sobre la forma de sorprenderle en alguna palabra.>>

Esta parábola los enojó mucho. Luego, en un nivel mas general, se dirige a todos.

Por lo tanto, la primera invitación es hecha al pueblo de Israel; no solo este se excusó de asistir a las Bodas con el Mesías, sino que algunos de ellos maltrataron y mataron a sus siervos: los Profetas. La Ira del Rey, Dios, hace que este destruya la Ciudad de los invitados: Profetiza la Caída de Jerusalén en el 70.

Notemos con mucha atención que los motivos de aquellos excecrables que desprecian a Dios y la Boda de su Hijo, no son motivos extravagantes, ostensiblemente malvados: Son motivos cotidianos. (campos, negocios, en la parábola paralela de Lucas, matrimonio, probar bueyes para el trabajo..) Para la mentalidad de la cristiandad de hoy, confinada a la inmanencia por el modernismo de seis décadas, casi definitivos o irrefutables. ¡Oh la miserable y crasa racionalidad de lo cotidiano y de la pura inmanencia antropocéntrica! ¡Que sofoca la visión de Dios! ¡Tan impregnada en la cultura post católica después del II Concilio!

Haremos algunas citas ilustres, que nos ayudarán a entender ese aterrizamiento a lo cotidiano que se verifica hoy y desde hace décadas en la cristiandad.

Escuchemos brevemente ideas centrales de Joseph Ratzinger de Gaudium Et Spes, en su libro: …>> («Los principios de la teología católica

 

..<<La Iglesia y el mundo son como el cuerpo y el alma. Por supuesto, hay que añadir que el clima de todo el proceso estaba marcado de manera decisiva por «Gaudium et spes». El sentimiento de que ya no debía haber realmente un muro entre la Iglesia y el mundo, y de que todo «dualismo», cuerpo y alma, Iglesia y mundo, gracia y naturaleza, y en definitiva Dios y mundo, era perjudicia>>

Esta posición típicamente progremodernista aclara el tema del confinamiento a la inmanencia; de la pérdida de la noción de trascendencia de Dios y la esperanza sobrenatural y ultraterrena,, y la concentración en la cotidianeidad del mundo. (Si bien Ratzinger posteriormente en los 80 matizó alguno de estos puntos, su matización fue muy parcial, y ya, tardía, además de insuficiente)

Este principio modernista atraviesa transversalmente informa todos los textos conciliares y su reforma litúrgica.

Se comienza a entender entonces, la actual glorificación de lo cotidiano y la pérdida de visión trascendente. La pérdida de la conciencia de la Gracia sobrenatural, y la consecuente naturalización,  confinamiento naturalista.

Una cosa es servir a Dios en lo cotidiano en lo que haga falta, y otra, reducir todo; confinar a Dios, trascendencia, heroísmo, martirio, al cumplimiento chato de los deberes mundanos.

El cristiano, además de sus deberes simples naturales, siempre, y sobre todo, tiene una misión trascendente, sobrenatural y heroica -concentrada en la salvación eterna- que exige trascender -valga la redundancia- y a veces hasta posponer lo cotidiano para hacer la voluntad de Dios. La necesidad del Testimonio claro y valiente en situaciones difíciles donde el Sistema oprime; afrontar el rechazo, el odio, la difamación, la estigmatización, la persecución, incluso el Martirio, son probabilidades cada vez mas frecuentes hoy.

El achatamiento de toda la vida cristiana al cumplimiento de tareas cotidianas, al cumplimiento de un Catálogo de Buenos Modales políticamente correcto y funcional al actual paradigma es una de las aberraciones mas temibles del progremodernismo, que reduce todo a la inmanencia humana y a una moral sosa y de autoayuda y ONG. Se llega a afirmar en muchas prédicas que el cristiano solo debe ser “buena persona”. Si así fuera, Cristo, Hijo de Dios Encarnado, se encarnó, vino al mundo, sufrió y murió, al reverendo pedo, podríamos decir en jerga cotidiana argentina -de balde en España.

Digamos claramente: el modernismo decreta abolida la actividad del hombre en favor de la salvación de su alma y en favor al Reino de Dios; concentrando todo en la naturalidad y la inmanencia. Decreta sencillamente la perdición eterna del hombre.

 

 

…………………………………………………………………………………………………………………..

Volviendo a la Parábola, La Segunda invitación, es a todos: Buenos y Malos: judíos, los pocos que no participaron del desprecio de los primeros hacia el Rey; los Pobres de Yhavhé; y gentiles, en las encrucijadas de los caminos.

Los comensales llenaron la Sala y el Rey ve uno que no tiene el traje de bodas -no está en Gracia a pesar de estar físicamente dentro de la Iglesia- y es mandado al Infierno claramente. Este juicio ya es escatológico. El que haya uno solo sin Gracia entre muchos convidados no debe tomarse como proporción, sino como mera referencia y advertencia de que es necesaria la Vestidura de la Gracia.

Y por último, termina la parábola con la ruda advertencia: Muchos son los llamados, pocos los escogidos. Esto último hay que tomarlo, sin hacer números ni proporciones ni porcentajes que no ayudan, como un serio llamado de atención a la gravedad de la preparación para el Juicio que debe tener la vida del hombre: viviendo en Gracia de Dios.

Aquí se manifiesta el tema de la Gracia de Dios, que posibilita salir del plano natural en la vida del hombre.

Hoy en la iglesia del nuevo paradigma bergogliano, que ocupa la estructura de lo que otrora fue la Iglesia católica -quedan reductos de Cristo dentro de esta estructura, pero no marcan su rumbo- cunde un buenismo vago, de la hipermisericordia, o la misericorditis, del infierno vacío o la apokatástais; o simplemente la pura inmanencia…..el vaciamiento total de la escatología y la soteriología; el pecado de Presunción disfrazado de fe y confianza…..errores y conceptos que se vierten mezclados en contextos distintos, de manera promiscua, contradictoria: bien progremodernista y funcionales a gusto del Sistema: nada de Dios exigente, legislador y condenador; nada de “dualismos”;  , nada de Infierno, y nada de Cielo finalmente: incluso nada de Dios proveedor de Gracia; TODO ESTÁ AQUÍ EN EL MUNDO; DIOS ES TODO AMOR Y MISERICORDIA SIN VERDAD NI JUSTICIA Y ES EL MISMO MUNDO Y SU HISTORIA: ¿Gracia? No, mas bien pelagianismo. El hombre hace todo solo y no hay otra posibilidad La  Ley de Dios es brutal y cruel, rémora de una iglesia perimida y culturas superadas; hace infeliz al hombre y no se puede cumplir. Todo esto tiene origen -no siempre explícito, pero si en lagunas o bombas de tiempo de conceptos ambiguos- en el antropocentrismo modernista y el personalismo del IICV; en su deliberado aggiornamiento al pensamiento moderno.

Hoy, en el último grito de la moda neoparadigmática, la Gracia sobrenatural es reemplazada por la interconexión ecológica…novedoso concepto teológico que surge de las  comarcas selváticas amazónicas y de la Madre Tierra…en que increíblemente se vuelve a un animismo arcaico y pagano de lo mas rústico y ridículo, con ídolos de la fecundidad a los cuales se les rinde culto en los Jardines Vaticanos, con el Papa rostro en tierra, cosa que no hace delante de Cristo en el Santísimo. En fin….sorpresas del Espíritu…novedades del Evangelio….del Nuevo Orden Mundial…

Pero toda la Palabra de Dios, y sobre todo el Nuevo Testamento del cual sobresalen los Evangelios, es totalmente clara en esto: Dios es misericordioso, paciente, pero es Justo y finalmente castiga y condena, promulgando una ley que la conducta y la libertad del hombre sancionaron con su existencia. Y para que el hombre pueda estar a la altura de las exigencias de Dios, cumplir con su Ley, este provee la Gracia por medio de Cristo: todo lo que Dios pide se puede.

Y esto es reflejado en dos milenios de Tradición viva e interpretación del Magisterio con la misma claridad.

Tenemos los Sacramentos, primero el Bautismo, luego sobre todo la Misa, -pero también la Confesión y otros- en la que participamos del Sacrificio Redentor de Cristo en el Calvario, para revestirnos de Gracia y que nuestro traje sea el requerido para la Fiesta de Bodas escatológica.

No hay salvación por «default» como se diría en ámbitos informáticos de un conocido magnate del Bildelberg Club, donde la Iglesia bergogliana ahora es miembro…La Salvación requiere una configuración personalizada -para seguir con ese símil- : la de estar en Gracia de Dios.

Gracias a Dios, Dios es misericordioso pero también es Justo.

Un Dios que fuera pura misericordia sin justicia ni verdad, no sería Dios y sería un engendro abominable.

Pero, Gracias a Dios, Dios es Dios. Y es la Verdad y es Justo, además de misericordioso.

Los imperativos del Sermón de la Montaña, que nos tironean hacia arriba, hacia la trascendencia y exigen salir de la vida natural, solo son posibles por la Gracia de Dios.

Ustedes escucharon que se dijo; pero yo les digo….Y Cristo nos muestra que ahora hay un exigencia superior a la Ley Natural, nos exige un Plus, que solo se logra por la Gracia.

Remitimos a la Lectura del Sermón de la Montaña para no recargar.

Recordemos por ejemplo en Amoris Laetitia, ya no se cree en la Gracia de Dios, puesto que se afirma que Dios se conforma con el pecado mortal del hombre en ciertas situaciones, porque no puede hacer mas en la inmanencia de su vida; es todo lo que puede esa situación pecaminosa.

Pero esto es una destrucción del Evangelio: la Gracia es suficiente y mas que suficiente para posibilitar al hombre salir de la inmanencia crasa y cumplir con su Ley. Dios no pide cosas imposibles.

Su Sermón del Monte es posible con la Gracia, y además, obligatorio para salvarse.

 

 

NOTAS:

 

 

 

 

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