LA PALABRA DE DIOS DEL DOMINGO: III Domingo de Pascua

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Donnet

 

 

 

III DOMINGO DE PASCUA

II clase, blanco

Gloria, Credo y prefacio pascual.

 

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El Introito de la Misa está tomado del salmo sesenta y cinco, cántico de gozo que los judíos repetían frecuentemente, y en el que se dan gracias a Dios por la liberación de su pueblo. Del mismo modo quiere la Iglesia que cantemos nosotros nuestra libertad, la libertad que con su muerte Cristo nos mereció y que completó con su Resurrección. Para conseguir este inestimable beneficio y hacernos vivir la vida, instituyó Cristo su Iglesia, a la que organizó e instruyó  en los cuarenta días que vivió entre los Apóstoles después de resucitado. En las instrucciones que en la Epístola,  por medio de San Pedro, y en el Evangelio, de boca del mismo Jesucristo nos da la Iglesia, nos enseña qué clase de vida debe ser la del cristiano durante su peregrinación por este mundo. Como extranjeros y peregrinos, absteneos de los deseos de la carne; haced obras buenas; estad sumisos por Dios,,,; honrad a todos, amad la fraternidad, temed a Dios..!Que moral tan pura, tan suave y tan digna del hombre, y propia de los hijos de Dios!  Para que obremos según estas enseñanzas, Jesucristo nos recuerda la brevedad de esta vida, el fin de sus trabajos y tristezas, que para los fieles discípulos de Cristo pronto se convertirá en gozo y este gozo nadie nos lo podrá arrebatar. En las Oraciones pedimos a Dios que todos cuantos nos gloriamos de ser discípulos de Cristo sepamos rechazar las cosas que son contrarias a este nombre y seguir las que a él conforman nuestra vida (Colecta). Así, con la gracia de los sacramentos pascuales, mitigados los deseos terrenos, aprenderemos a amar lo celestial (Secreta), y pronto podremos ver a nuestro Maestro y Libertador (Comunión), y cantar con El la redención de su pueblo (Aleluya y Ofertorio). El medio más eficaz que la Iglesia nos ofrece para alimentar la vida celestial y divina en medio de esta peregrinación terrena es la participación del Santísimo Sacramento, cuyos auxilios alcanza al alma y al cuerpo (Poscomunión).

 

 

 

TEXTOS DE LA SANTA MISA

 

 

Introito. Sal.65,1-2.- Aclama al Señor, tierra entera, aleluya, tocad en honor de su nombre, aleluya, cantad himnos a su gloria, aleluya, aleluya, aleluya. Sal,65,3.- Decid a Dios: “Qué temibles son tus obras, por tu inmenso poder tus enemigos te adulan”. V/. Gloria al Padre.

 

Oración.- La luz de tu verdad, oh Dios, guíe a los que andan extraviados, para que puedan volver al camino de la santidad; concede a todos los cristianos rechazar lo que es indigno de tal nombre, y cumplir todo lo que este nombre significa.

 

Epístola.  1 Pe 2,11-19.- Queridos hermanos: Os ruego que, como forasteros en país extraño, os apartéis de los deseos carnales que están en guerra con el alma. Portaos bien entre los gentiles, de modo que, si os calumnian como malhechores, al ver con sus ojos vuestras buenas obras, den gloria a Dios en el día de la cuenta. Someteos a toda institución humana, porque así lo quiere el Señor: sea al rey, como soberano, sea a los gobernadores, como emisarios suyos, que castigan a los que obran mal y premian a los que obran bien. Esto es lo que Dios quiere: que a fuerza de obrar bien, le tapéis la boca a la ignorancia de los necios. Vivid como hombres libres, no usando la libertad como disfraz de la maldad, sino como siervos de Dios. Dad a cada uno el honor debido: a los hermanos el amor, a Dios la reverencia, al soberano el honor. Los criados que acepten la autoridad de los amos con el debido respeto, no sólo cuando son buenos y razonables, son también cuando son difíciles. Pues esto es gracia: en Cristo Jesús, Señor Nuestro.

 

Aleluya, aleluya. Sal.110,9; Luc.24,46.- El Señor ha redimido a su pueblo. Aleluya, Cristo tenía que padecer, y resucitar de entre los muertos, y entrar en su gloria. Aleluya.

 

Evangelio. Juan,16,16-22.- En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Dentro de un poco, ya no me veréis; dentro de otro poco, me vereéis. Porque voy al Padre. Algunos discípulos comentaban: ¿Qué es eso que dice: “dentro de un poco, ya no me veréis, y dentro de otro poco, me veréis”, y “Voy al Padre”? Y se preguntaban: ¿Qué significa ese “poco”? No sabemos de qué habla. Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo: Estáis discutiendo de lo que redicho: “Dentro de un poco, ya no me veréis, y dentro de otro poco, me veréis”. Yo os aseguro: lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre. Vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo ha nacido un hombre. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitara vuestra alegría.

 

Ofertorio. Sal.145,2.- Alaba, alma mía, al Señor; alabaré al Señor mientras viva, tañeré para mi Dios mientras exista, aleluya.

 

Secreta.- Concédenos, Señor, por estos misterios, dominar el deseo de bienes terrenos y amar siempre los bienes del cielo.

 

Prefacio de Pascua.- En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, que en todo tiempo, Señor, te alabemos; pero con más gloria que nunca en este día (en este tiempo), en que se ha inmolado Cristo, nuestra Pascual. El cual es el verdadero Cordero que quitó los pecados del mundo y que, muriendo, destruyó nuestra muerte, y, resucitando, reparó nuestra vida. Por eso, con los Ángeles y los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejercito celestial, cantamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar: Santo…

 

Comunión. Jn.16,16,.- Dentro de muy poco, ya no me veréis, aleluya; dentro de otro poco, me veréis, porque voy al Padre, aleluya, aleluya.

Poscomunión. –  Os rogamos, Señor, que esta comunión que hemos recibido fortalezca nuestro espíritu y defienda con su protección nuestro cuerpo.

Dominica Tertia post Pascha
II Classis

Introitus: Ps. lxv: 1-2

Jubiláte Deo, omnis terra, allelúja: psalmum dícite nómini ejus, allelúja, allelúja, allelúja. [Ps. ibid., 3]. Dícite Deo, quam terribília sunt ópera tua, Dómine! in multitúdine virtútis tuæ mentiéntur tibi inimíci tui. Glória Patri. Jubiláte.

Oratio:

Deus, qui errántibus, ut in viam possint redíre justítiæ, veritátis tuæ lumen osténdis: da cunctis qui christiána professióne censéntur, et illa respúere, quæ huic inimíca sunt nómini; et ea quæ sunt apta, sectári. Per Dóminum.

  1. de S. Maria. 3. contra persecutores Ecclesiæ, vel pro Papa

1 Petr. ii: 11-19

Léctio Epístolæ beáti Petri Apóstoli.
Caríssimi: Obsecro vos tamquam ádvenas et peregrínos abstinére vos a carnálibus desidériis, quæ militant advérsus ánimam, conversatiónem vestram inter gentes habéntes bonam: ut in eo, quod detréctant de vobis tamquam de malefactóribus, ex bonis opéribus vos considerántes gloríficent Deum in die visitatiónis. Subjécti ígitur estóte omni humánæ creatúræ propter Deum: sive regi, quasi præcellénti; sive dúcibus, tamquam ab eo missis ad vindíctam malefactórum, laudem vero bonórum: quia sic est volúntas Dei, ut benefaciéntes obmutéscere faciátis imprudéntium hóminum ignorántiam: quasi liberi, et non quasi velámen habéntes malítiæ libertátem, sed sicut servi Dei. Omnes honoráte, fraternitátem dilígite: Deum timéte, regem honorificáte. Servi, súbditi estóte in omni timóre dóminis, non tantum bonis et modéstis, sed étiam dýscolis. Hæc est enim grátia: in Christo Jesu, Dómino nostro.

Allelúja, allelúja. [Ps. cx: 9] Redemptiónem misit Dóminus pópulo suo. Allelúja. [Luc xxiv: 46] Opportébat pati Christum, et resúrgere a mórtuis: et ita intráre in glóriam suam. Allelúja.

+ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem.
Joann. xvi: 16-22

In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: “Módicum, et jam non vidébitis me; et iterum módicum, et vidébitis me qui vado ad Patrem.” Dixérunt ergo ex discípulis eius ad invicem: “Quid est hoc, quod dicit nobis: «Módicum, et non vidébitis me; et íterum módicum, et videbitis me»et: «Vado ad Patrem»?”. Dicébant ergo: “Quid est hoc, quod dicit: «Módicum»? Nescímus quid lóquitur.” Cognóvit autem Jesus quia volébant eum interrogáre et dixit eis: “De hoc quǽritis inter vos, quia dixi: «Módicum, et non vidébitis me; et íterum módicum, et videbitis me»? Amen, amen dico vobis quia plorábitis et flébitis vos, mundus autem gaudébit: vos contristabímini, sed tristítia vestra vertétur in gáudium. Múlier, cum parit, tristítiam habet, quia venit hora ejus; cum autem pepérerit púerum, jam non méminit pressúræ propter gáudium, quia natus est homo in mundum. Et vos ígitur nunc quidem tristítiam habétis; iterum autem vidébo vos, et gaudébit cor vestrum: et gáudium vestrum nemo tollit a vobis.

Credo.

Offertorium: Ps. cxlv: 2.

Lauda, ánima mea, Dóminum: laudábo Dóminum in vita mea: psallam Deo meo quámdiu ero, allelúja.

Secreta:

His nobis, Dómine, mystériis conferátur, quo terrena desidéria mitigántes, discámus amáre cæléstis. Per Dóminum.

  1. de S. Maria. 3. contra persecutores Ecclesiæ, vel pro Papa
    Præfátio Paschalis

Communio: Joann. xvi: 16

Módicum, et non vidébitis me, allelúja: íterum módicum, et vidébitis me, quia vado ad Patrem, allelúja, allelúja.

Postcommunio:

Sacraménta quæ súmpsimus, quǽsumus, Dómine: et spirituálibus nos instáurent aliméntis, et corporálibus tueántur auxílliis. Per Dóminum.

 

 

 

 

COMENTARIO

Han pasado tres semanas de alegría. Ahora la Resurrección marcha rápida hacia la definitiva exaltación del Cristo, hacia la Ascensión… Hoy empezamos a pensar ya en la separación, y nuestra alegría se empaña con un halo de suave melancolía. Comenzamos levantando al Cielo gritos de Júbilo: «Cantad con júbilo a Dios, toda la tierra, entonad salmos a su Nombre». Pero San Pedro nos recuerda luego que somos extranjeros y peregrinos que todavía no hemos llegado a la Patria conquistada por la sangre de Cristo (Epístola), y que, por tanto, debemos trabajar, caminar y vivir con espíritu de los que se han revestido de Cristo. Reconociendo nuestra debilidad, pedimos a Dios que nos conceda, a todos los que llevamos el nombre de cristianos, la gracia de rechazar cuanto se oponga a este nombre y de seguir cuanto con él conviene (Oración). El primer peregrino es el mismo Cristo, que nos habla ya en el Evangelio de su próxima partida. Pronto va a privarnos de su presencia para poder enviarnos el Espíritu Santo, en el cual encontrarán los Apóstoles, y todos los nacidos y resucitados en Cristo, el valor necesario para llevar dignamente el nombre cristiano. (1)

El Introito de la Misa está tomado del salmo sesenta y cinco, cántico de gozo que los judíos repetían frecuentemente, y en el que se dan gracias a Dios por la liberación de su pueblo. Del mismo modo quiere la Iglesia que cantemos nosotros nuestra libertad, la libertad que con su muerte Cristo nos mereció y que completó con su Resurrección. Para conseguir este inestimable beneficio y hacernos vivir la vida, instituyó Cristo su Iglesia, a la que organizó e instruyó  en los cuarenta días que vivió entre los Apóstoles después de resucitado. En las instrucciones que en la Epístola,  por medio de San Pedro, y en el Evangelio, de boca del mismo Jesucristo nos da la Iglesia, nos enseña qué clase de vida debe ser la del cristiano durante su peregrinación por este mundo. Como extranjeros y peregrinos, absteneos de los deseos de la carne; haced obras buenas; estad sumisos por Dios,,,; honrad a todos, amad la fraternidad, temed a Dios..!Que moral tan pura, tan suave y tan digna del hombre, y propia de los hijos de Dios!  Para que obremos según estas enseñanzas, Jesucristo nos recuerda la brevedad de esta vida, el fin de sus trabajos y tristezas, que para los fieles discípulos de Cristo pronto se convertirá en gozo y este gozo nadie nos lo podrá arrebatar. En las Oraciones pedimos a Dios que todos cuantos nos gloriamos de ser discípulos de Cristo sepamos rechazar las cosas que son contrarias a este nombre y seguir las que a él conforman nuestra vida (Colecta). Así, con la gracia de los sacramentos pascuales, mitigados los deseos terrenos, aprenderemos a amar lo celestial (Secreta), y pronto podremos ver a nuestro Maestro y Libertador (Comunión), y cantar con El la redención de su pueblo (Aleluya y Ofertorio). El medio más eficaz que la Iglesia nos ofrece para alimentar la vida celestial y divina en medio de esta peregrinación terrena es la participación del Santísimo Sacramento, cuyos auxilios alcanza al alma y al cuerpo (Poscomunión).(2)

 

 

 

ALGUNOS POCOS COMENTARIOS DE LOS SANTOS PADRES SOBRE EL EVANGELIO DE HOY

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Crisóstomo, in Ioannem, hom. 79

Después que el Señor había reanimado a sus discípulos con la promesa del Espíritu Santo, volvió a angustiar su corage, diciendo: «Un poco, y ya no me veréis». Hizo esto para acostumbrarles a llevar con resignación su ausencia, hablándoles de cosas tristes, pues a quien en palabras se ha ejercitado en esto, le resultarán mas llevaderos los hechos.

 

Crisóstomo, ut supra

Pero si se considera atentamente, no deja de ser de un consuelo la palabra «Porque voy al Padre», pues esto era la declaración de que no perecería, sino que su muerte sería un tránsito, y aun acrecentó este consuelo cuando añadió: «Y otro poco, y me veréis», dando a entender que volvería y que la separación sería corta, y continua su presencia con ellos.

Alcuino

La mujer es la Santa Iglesia, por la fecundidad de sus buenas obras y porque engendra para Dios hijos espirituales. Esta mujer, mientras da a luz, esto es, mientras se afana en hacer progresar al mundo en la virtud y mientras es tentada y afligida por todas partes, se entristece porque llegó la hora de sus sufrimientos y porque nadie ha aborrecido su propia carne.

 

Como hacemos frecuentemente, vamos a copiar el comentario a este Domingo del Padre Castellani, que es muy corto y acertado. Y luego haremos nuestras propias consideraciones.

 

El evangelio de este Domingo tercero después de la Pascua (Jn XVI, 16) está tomado de la larga Despedida de Cristo en la Ultima Cena, que fue seguido por la llamada Oración Sacerdotal: las ultimas palabras que pronunció Cristo antes de su Pasión. Es el evangelio de la Esperanza; como si dijéramos la llave de toda la vida cristiana  Los Apóstoles estaban conturbados y consternados: las cosas raras se sucedían cada vez con más frecuencia y violencia: Cristo había denunciado la traición de Judas, había instituido la Eucaristía, había lavado los pies a los Discípulos, había predicho concretamente su Pasión y Muerte, predicción que ellos no querían admitir. La aspereza de la lucha en las últimas semanas, la segunda limpieza del Templo a zurriagazos, la maldición de Jerusalén, la predicción del fin del mundo, las cuatro intentonas de homicidio por parte de los fariseos; en suma, la rápida inminencia de un desenlace llenaba la mente de los Doce de imágenes sombrías e inusitadas, la revulsionaban desde el fondo, y la ponían en ese estado de pura receptividad, que es eminentemente religioso, y que se puede llamar desesperación: no en el sentido de pecado contra la esperanza –excepto en Judas– sino en el sentido de conmoción espiritual extrema y profunda, que le ha dado Kirkegor en su famoso Tratado.  En esta coyuntura Cristo les anuncia la derrota y la victoria en forma simple y sedada: que van a tener que afligirse, entristecerse y acongojarse y que el mundo va a triunfar; pero que después su tristeza se convertirá en gozo, y que ese gozo nadie se los podrá quitar. Con la tranquilidad de un befe de Estado Mayor, Cristo les resume el final de la campaña y la decisión de la crisis presente; que es figura de la decisión de la crisis (o “agonía”, como la llamó Unamuno) de la vida de todo hombre cristiano.  Cristo comparó la vida espiritual a un parto; y si Él lo hizo también podemos hacerlo nosotros. La mujer que está por dar a luz se entristece, porque le llegó su hora; pero después del nacimiento, no se acuerda más de su tristeza, y tiene alegría, porque un hombre ha venido a este mundo. No dice Cristo solamente que no se acuerda más sino que se alegra; y no dice “porque ahora tiene un hijo” sino porque un hombre ha venido a la luz de este mundo.  Alude no a una alegría particular sino a una alegría cósmica, por decirlo así. Esta frase es una señal del optimismo fundamental que hay en el fondo del cristianismo –que parece tan duro y sombrío a la impiedad contemporánea– porque Cristo afirma sencillamente que la venida de un hombre al mundo es un bien, perfectamente consciente de los dolores de la madre y de los dolores que él mismo habrá de pasar, pero que habrán de pasar. No dice: “¿Para qué echar más desdichados al mundo?” como mistar Malthus; ni dice como Hamlet a Ofelia: “¡Vete a un convento! ¿Para qué quieres ser madre de pecadores?”.

 Recuerdo que en la primera conferencia que di en Buenos Aires, en el CUBA o Club Universitario, opuse este texto a la filosofía sombría de Freud, que ve a la sexualidad como una especie de maldición asquerosa irrefrenablemente suspendida sobre la humanidad. El fin de la vida sexual, con todos los peligros, accidentes y dolores que puede tener, es un bien. La vida espiritual, que es la vida por excelencia en el hombre, se le parece; en otro plano superior.  Cristo dio esta advertencia grave en una forma sedada, como conviene hablar a un asustado o un perturbado: “Un poquito me veréis y un poquito más y ya no me veréis.” Este debía ser un refrán o un dicho popular hebreo, quizás una cantinela de las que cantan los niños en sus juegos. Tres veces se repite en este evangelio. Los apóstoles hablaban en voz baja preguntándose que querría decir con eso; y Cristo lo explicó, refiriéndose a su próxima Muerte y Resurrección desde luego; pero también y por el mismo hecho, a toda la vida posterior de los Apóstoles y su desemboque en la vida eterna. Es inútil discutir, como hacen algunos doctores (Lagrange) si fue a ese momento o fue a toda la vida la referencia. Esas dos cosas no son separables para el cristiano; porque para él en el Instante se inserta continuamente la Eternidad. Y Cristo mezcló a esta “llave de la vida cristiana” un ligero toque de humorismo; como si un padre en su lecho de muerte iniciara una grave revelación a sus hijos con estas palabras, por ejemplo: “Buenos días, Su Señoría -Mantantiru, lira, lán…”.  ¿Qué viene a ser este gozo que nadie nos puede quitar? ¿Qué es esa mezcla nueva de dolores y de alegría, de derrota y de victoria, de ver y no ver? Eso es sencillamente la Esperanza. La Esperanza es triste porque el que espera no tiene; y la Esperanza es alegre, porque el que espera no desespera. La vida espiritual es un camino que no carece de altibajos y baches, de zarzas y espinas, de sombras y de accidentes; pero el sentirse en el buen camino compensa y domina todo eso; con la ventaja en este caso de que el termino del camino, que es el amor de Dios, está ya incoado en cada uno de sus tramos.  El nutrimiento y el acto por excelencia de la Esperanza es la oración. Por eso Cristo añade de inmediato la promesa de la Oración Eficaz. “En ese da ya no pediréis nada, porque, palabra de honor, todo cuanto a mi Padre pidierais junto conmigo os será dado. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre. Pedid y recibiréis, a fin de que vuestra alegría sea plena. La oración en el corazón de Cristo es siempre eficaz. Naturalmente que si pedimos que se muera Churchill, o que los pille un accidente a los vecinos de arriba, no pedimos junto con Cristo ni en el nombre de Cristo.  El gozo que Cristo prometió a los suyos existe; porque si no existiera, la Iglesia no existiría ahora. Los mandatos de Cristo no son fáciles sino difíciles; las virtudes son muchas y pesadas; la renuncia a lo temporal que El exige no es menguada sino total; los accidentes de tráfico de la vida son innumerables, el Partido Radical está partido en dos, y el mundo es muy embromado. Si no hubiese una cosa invisible y misteriosa que equilibre todo ese peso, los cristianos no hubiesen podido tirar hasta ahora. Esa cosa es la Caridad, fruto de la Fe y la Esperanza. “¿Quién sera poderoso a apartarme de la caridad de Cristo? ¿Por ventura la tribulación, o la angustia, o la hambre, o la desnudez, o el peligro, o la persecución, o la espada? Cierto soy que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles, ni los principados y los poderíos, ni lo presente ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo bajo ni criatura alguna son valederos a apartar del amor de Dios en el Señor Jesucristo”, dijo uno de sus amadores.  Los frutos del amor de Dios son la voluntad de no ceder a las tentaciones, la confianza en su Providencia, y el gozo en el Espíritu Santo. Porque el fruto del amor es el dolor y el gozo; y El es más poderoso que la muerte. (Hasta acá Castellani) (3)

 

Solo le haremos una observación, donde el Padre Castellani alude a la frase de Cristo que dice que la mujer está angustiada en sus dolores de parto, pero luego está feliz porque vendrá un hombre al mundo, diciendo el Padre Castellani que el cristianismo tiene un optimismo fundamental, cambiaríamos este concepto por algo asi como alegría de triunfo fundamental, o Esperanza, porque el concepto Optimismo nos remite fácilmente a filosofías e ideologías adámicas, erróneas e inmanentes como el marxismo, o teologías desviadas y modernistas  como el theilard-rhanerismo, Optimismos Históricos que proyectan un Paraíso en la tierra, un Milenarismo Inmanente. Esa evolución optimista tan cara al progremodernismo hay que evitarla hasta en las palabras para que no confunda. Naturalmente, esta alegría cristiana es serena, sobria, fruto de la amistad con Cristo, de la austeridad, del autodominio, de la moderación e incluso del autodespojamiento de las cosas del mundo; no es circo ni carnaval…ni scola do samba…

 

 

 

 

EL ODIO DEL MUNDO

LA DUALIDAD ONTOLÓGICA CRISTIANA

 

Nos detendremos sobre este tema, radicalmente tergiversado desde la época concilar. Parados sobre la afirmación de Cristo en el Evangelio de hoy:

 

Yo os aseguro: lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre.

 

Con este título no estamos postulando, obviamente, algún maniqueísmo; Dios es el Ser y no hay dualidad en Él; sino que aludimos al fondo de la realidad, a la naturaleza de las cosas, vista de manera profunda, objetiva, certera, que es la cristiana, en la cual se corrobora una dualidad que apunta a la distinción entre Dios y su Creación, y a la vez tiene relación a la creación buena y a la herida por el Pecado: . Dios-Creación; Dios -Diablo y Mundo; Sobrenatural-Natural; Gracia-Naturaleza; Trascendencia-Inmanencia; Santidad-Pecado; Verdad-Mentira; Luz-Tinieblas.

 

Esta dualidad siempre fue y es sabida por la Escritura, vivida por la Tradición e interpretada por el Magisterio, hasta 1962.

Los vientos modernistas comienzan a borrar esta dualidad, procurando una unificación realmente nefanda, disolvente de toda Verdad y Bien.

 

Como es posible que algo que fue verdad siempre, deje de ser verdad para el II Concilio? Porque para el progremodernismo la Verdad evoluciona…

 

((Que la Verdad es inmutable, que no evoluciona, pertenece a la Fe de la Iglesia. Así siempre lo ha sabido la Escritura, vivida por la Tradición e interpretada por el Magisterio hasta 1962. Esto queda representado en las Palabras del Señor

 

Cielo y Tierra pasarán, mas mi Palabra no pasará..))

 

El Cardenal J. Ratzinger, que para muchos es tenido por Tradicional, ha sostenido este rancio modernismo y hegelianismo evolutivo, en su libro «Los principios de la teología católica” . Vemos por donde pasa el problema progremodernista y la creación de una nueva religión unificante, borradora de las dualidades, en la Iglesia. Extractamos parte de sus discusiones con Monseñor Lefebvre (4)

A partir de él, ser y tiempo se compenetran cada vez más en el pensamiento filosófico. El mismo ser responde a la noción de tiempo… La verdad se hace en función del tiempo; lo verdadero ya no lo es pura y simplemente, sino que sólo lo es por un tiempo, puesto que pertenece a la evolución de la verdad, que sólo es tal en la medida en que evoluciona».

 

Este Modernismo puro y duro es sostenido por el Cardenal Ratzinger.

 

Mons. Lefebvre le pregunta a Ratzinger: «En fin, Eminencia, no puede usted negar que hay una contradicción entre la libertad religiosa y lo que dice el Syllabus». Me contestó:

 

«Monseñor, ya no estamos en tiempos del Syllabus».

 

Escribe el Cardenal Ratzinger en su libro, a propósito del texto de la Iglesia en el mundo (Gaudium et spes) bajo el título: «La Iglesia y el mundo, a propósito de la cuestión de la recepción del Concilio Vaticano II». Después de desarrollar sus argumentos a lo largo de varias páginas, precisa:

Si se busca un diagnóstico global del texto, se podría decir que es (en relación con los textos sobre la libertad religiosa y sobre las religiones en el mundo) una revisión del Syllabus de Pío IX, una especie de contra-Syllabus (Dignitatis humanae)».

 

Así pues, reconoce que los textos sobre la Iglesia en el mundo (Gaudium), la libertad religiosa (Dignitates..) y los no cristianos (Nostra Aetate), constituyen una especie de «contra-Syllabus».

 

Es decir, Ratzinger reconoce que el II Concilio EN SUS TEXTOS, está contra el Magisterio anterior, porque la Verdad evolucióna…

 

Es lo que yo le había dicho, le dice Lefebvre, pero ahora, sin que eso parezca molestarle lo más mínimo, él lo escribe explícitamente.

Y el Cardenal prosigue:

Karnack, como ya es sabido, interpretó el Syllabus como un desafío a su siglo. En todo caso, es cierto que trazó una línea de separación ante las fuerzas determinantes del siglo XIX».

 

¿Cuáles son las «fuerzas determinantes del siglo XIX»? La revolución francesa, por supuesto, con toda su empresa de destrucción. Esas «fuerzas determinantes» las define el mismo Cardenal como siendo «las concepciones científicas y políticas del liberalismo». Y sigue diciendo:

En la controversia modernista, esta doble frontera fue reforzada y fortificada una vez más.

Desde entonces, sin duda, muchas cosas habían cambiado. La nueva política eclesiástica de Pío XI había instaurado una cierta apertura respecto de la concepción liberal del Estado. La exégesis y la historia de la Iglesia, en un combate silencioso y perseverante, habían adoptado cada vez más los postulados de la ciencia liberal, y por otra parte el liberalismo se había visto en la necesidad de aceptar, en el transcurso de los grandes cambios políticos del siglo XX, correcciones notables.

Por eso, primero en la Europa central, la fidelidad unilateral, condicionada por la situación, a las posturas adoptadas por la Iglesia a iniciativas de Pío IX y de Pío X contra el nuevo período de la historia abierto por la revolución francesa, había sido corregido via facti en una gran medida, pero aún faltaba una determinación fundamental nueva de las relaciones con el mundo tal como se presentaba desde 1789″.

 

Esta determinación fundamental sería la del II Concilio vatcano…

En realidad, prosigue el Cardenal, en los países de mayoría católica, reinaba aun ampliamente la óptica de antes de la revolución: casi nadie contesta hoy que los concordatos español e italiano intentaban conservar demasiadas cosas pertenecientes a la concepción del mundo que desde hacía tiempo no correspondía a las situaciones reales. Del mismo modo, casi nadie puede contestar que a esta fidelidad a una concepción perimida de las relaciones entre la Iglesia y el Estado correspondían anacronismos semejantes en el campo de la educación, y de la actitud que debía adoptarse respecto del método histórico-crítico moderno».

 

Así se precisa el verdadero espíritu del Cardenal Ratzinger, que añade:

Sólo una búsqueda minuciosa de los distintos modos como las diferentes partes de la Iglesia supieron acoger al mundo moderno podrá desenmarañar la red complicada de causas que contribuyeron a dar su forma a la constitución pastoral, y sólo de esta manera podría esclarecerse el drama de la historia de su influencia.

Contentémonos aquí con constatar que el texto juega el papel de un contra-Syllabus, en la medida en que representa un intento de reconciliación oficial de la Iglesia con el mundo tal como se presenta desde 1789″.

 

Todo eso está perfectamente claro, y corresponde con lo que nosotros no hemos dejado de afirmar. Dice Lefebvre: ¡Nos negamos, no queremos ser, los herederos de 1789! Y esto -decimos nosotros- lo debe repetir todo discípulo de Cristo que se tenga por tal.

No queremos ser los herederos de 1789! Decimos con Cristo!

“Por un lado, sólo esta mirada echa una luz sobre el complejo de gueto de que hemos hablado al comienzo [¡la Iglesia, un gueto!]; y, por otro lado, sólo ella permite comprender el sentido de ese raro cara a cara de la Iglesia con el mundo: por «mundo» se entiende, en el fondo, el espíritu de los tiempos modernos, frente al cual la conciencia de grupo en la Iglesia se sentía como un sujeto separado que, después de una guerra tan pronto fría como caliente, buscaba el diálogo y la cooperación». (De nuevo Ratzinger)

 

Estamos obligados a constatar que el Cardenal ha perdido totalmente de vista la idea del Apocalipsis de la lucha entre la verdad y el error, entre el bien y el mal. De ahora en adelante se busca el diálogo entre la verdad y el error. No se puede comprender la rareza de este cara a cara de la Iglesia con el mundo. (Lefebvre)

Más adelante, el Cardenal define así su pensamiento:

La Iglesia y el mundo son como el cuerpo y el alma. Por supuesto, hay que añadir que el clima de todo el proceso estaba marcado de manera decisiva por «Gaudium et spes». El sentimiento de que ya no debía haber realmente un muro entre la Iglesia y el mundo, y de que todo «dualismo», cuerpo y alma, Iglesia y mundo, gracia y naturaleza, y en definitiva Dios y mundo, era perjudicial: ese sentimiento se convirtió cada vez más en una fuerza destructora para el conjunto.»

 

El Cardenal Ratzinger está a la cabeza de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el ex-Santo Oficio. Con semejante expresión de pensamiento, ¿qué puede esperar la Iglesia de quien tiene en cargo la defensa de la Fe? (sigue Lefebvre)

Volviendo al Papa, tiene el mismo espíritu, aunque de otra manera. Sin duda es un polaco, pero el fundamento de las ideas es el mismo. Los animan los mismos principios, la misma formación. Por esta razón no sienten ni vergüenza ni horror al hacer lo que hacen, mientras que nosotros nos sentimos realmente espantados. La religión, como lo hemos visto en el liberalismo, es en el modernismo un sentimiento interior. Dijo esto último Lefebvre. (Hasta acá las citas de Ratzinger y sus discusiones con Lefebvre)

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Vemos en el Evangelio y todo el Nuevo Testamento, así como en la Tradición y el Magisterio de siempre, clara, LA DUALIDAD. Sobre todo Dios-mundo; Iglesia-Mundo.

Yo os aseguro: lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre.

El mundo os odia, porque antes me odió a mí…

No améis al mundo y sus cosas…

No os acomodéis al mundo…

Mi reino no es de este mundo…

Satanás es el Príncipe de este mundo…

Satanás es el dios de este mundo…

El mundo entero yace bajo el Maligno

Nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra los Principados, las potestades, los espíritus de las tinieblas que moran en el aire de este mundo tenebroso…

Hay decenas de afirmaciones y advertencias y revelaciones de este tipo en el Nuevo Testamento y durante casi dos mil años en la Tradición, el Magisterio, la vida viva (valga la redundancia) de los Santos. Es realmente fatigoso colectarlas; y no lo creemos necesario. Ni siquiera hace falta. Está clara la dualidad entre Dios y Mundo; Iglesia y Mundo. Mundo no como creación de Dios obviamente, sino como la construcción adámica post pecado-original sobre la creación; sobre todo en sus resortes de poder, en sus estructuras de poder, estructuras de pecado.Y sobre todo, como lo admite el mismo Ratzinger, mundo en cuanto espíritu de la modernidad

Ese espíritu de la modernidad, cual el cual la Iglesia debe reconciliarse, según él mismo y el modernismo; espíritu que informa al II Concilio Vaticano.

 

Sin embargo, escuchamos al Cardenal Ratzinger pretendiendo que esta dualidad es una concepción desfasada, y que ahora -parafraseando a Gaudium Et Spes-….

 

La Iglesia es el alma del mundo…

Las dualidades deben desaparecer…

El Syllabus es del pasado, está desfasado…

Gaudium Et Spes, es el contra-Syllabus; la superación del Syllabus…

La cosa está mas que clara, el II Concilio Vaticano arremetió, ya en sus textos, mencionados por el mismo Ratzinger, contra la Verdad Católica, con la pretensión de que la Verdad evoluciona -dicho por Ratzinger- y que las dualidades deben superarse hacia una Reconciliación con el espíritu de 1789 para integrarse con él.

Que mas? Es mas que suficiente esto para entender los desmanes y las herejías del pontificado actual, que está precedido por semejante base y es como el fruto maduro, -y podrido- del II Concilio Vaticano y su Reconciliación con el Mundo.

La teología de Rhaner y Theilard  -y luego los personalistas- sumando todo eso al II Concilio mismo- cambiaron el Mundo enemigo por un amigo genial al que hay que seguir; incluso lo hicieron oscuramente Dios mismo. Por esto, aquello que Jesús remarca de

El mundo los odiará como me odió a Mí..

Me voy…el mundo se alegrará y ustedes se entristecerán…

Es fruto para el progremodernismo de una cultura arcaica ya superada, a la que pertenecía Cristo sin poder trascenderla, ya que para el progremodernismo todo es Inmanencia, no hay trascendencia….

Como siempre lo decimos, el kantismo de Rhaner hace que Dios sea radicalmente incognoscible; está mas allá de todo fenómeno y toda palabra que intente llegar a describir algo de él; las palabras sobre él, incluso la Palabra, son meros manotazos en el aire que no lo alcanzan. Por esto la redención rhaneriana está naturalmente inscrita en la naturaleza humana; una especie de gracia natural obligatoria….No necesita de Gracia, Sacramentos, Misión de la Iglesia, Fe…no necesita de eso…no necesita de Cristo, porque el hombre adámico ya es un cristiano anónimo

Ya que Dios, paradógicamente al que se lo adorna como puro amor y misericordia; una emanación ciega de amor, ni se enoja y menos condena, está mas allá de todo fenómeno y es prácticamente inalcanzable, entonces lo que verdaderamente interesa es la realidad inmediata del aquí y ahora, la Inmanencia: la Realidad del Mundo: esa que nos interpela la cara. Lo que importa es el Mundo y la Historia Humana, a los cuales se le debe fidelidad (Cfs. Rhaner), porque ese Dios lejano se expresa en él Mundo y la Historia; en realidad es el mundo y la historia. No queda otra cosa que formar parte de la gran corriente de Dios en el Mundo y la Historia; insertarse en el Sistema y ser funcional a él….eso es ser cristiano para el progremodernismo…

Vemos la inverosímil, radical tergiversación de la Revelación cristiana, del Evangelio, de la Religión Católica, de la Fe de los Apóstoles, Santos y Mártires a la que se ha llegado…

Concluyendo, la clara noción que nos da Cristo en el Evangelio sobre la dualidad Dios-mundo; Iglesia-mundo, como realidades opuestas, se pretendió borrar con la teoría-estrategia de la Reconciliación con el Mundo, alma progremodernista del II Concilio Vaticano, visible en sus teólogos precursores, Rhaner y Theilard, pero también, y esto es lo que muchos ignoran, en sus Papas; Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, y Ratzinger-Benedicto XVI. Ahí tenemos las cabezas de la Tragedia conciliar y los precursores y responsables de la debacle de la Iglesia hoy.

Pero la Verdad Revelada y la realidad de la Historia, nos muestran que el mundo es hostil a la Verdad, recalcitrante a la misma. Por eso durante toda la historia del cristianismo murieron tantos millones de mártires, por enarbolar esa Verdad que el mundo no soporta. Y hoy mueren mas que nunca.

Cristo lo ha advertido,

serán odiados de todos por causa mía..

No he venido a traer paz sino espada. ..(esto lo explicamos en otro Domingo anterior)

El verdadero discípulo de Cristo no será mieles lo que reciba del mundo: su destino es ser tomado como un enemigo, señalado negativamente, ridiculizado, segregado, vilipendiado, difamado, perseguido y martirizado.

Cientos de miles de Santos y mártires nos han demostrado no solamente que esto es así, sino que el Discípulo de Cristo lo supera con la Gracia y da su vida gozosamente por Cristo y su Palabra, para devolver algo al Señor de todo lo que dio por nosotros, que es todo.

 

 

 

NOTAS

    1. (http://www.fsspx-sudamerica.org/sites/sspx/files/30.3pascua.pdf)
    2. (http://rinconliturgico.blogspot.com/2011/05/iii-domingo-de-pascua.html)
    3. (https://radiocristiandad.files.wordpress.com/2017/12/re-a124-el-evangelio-de-jesucristo-pe-castellani.pdf)
    4. (https://www.fsspx-sudamerica.org/es/errores-fundamentales-del-concilio?fbclid=IwAR1StxZIaEV4-lmrqlXzEg9Dw7P1NElKmgpQlYCaHRwl2vj8wrvIpgXKid8)

 

 

 

 

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Categorías:LA PALABRA DE DIOS DEL DOMINGO

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10 respuestas

  1. Está perfectamente claro que el problema del II Concilio Vaticano no es su mala interpretación; sino que el problema son sus textos mismos, que se alejan de la Verdad Católica.

  2. Es una realidad que muchos no conocen, que Ratzinger siempre tuvo corazoncito liberal y modernista. En su última carta sigue diciendo, patéticamente, que hay que darle las gracias al II Concilio por la Reforma Litúrgica. Surrealista.

  3. No se puede hablar tampoco de dualidad, dualidad es dos cosas opuestas que se darían en un mismo ser, y eso es más propio del orientalismo.

  4. Hete aquí lo que siempre les señalo, miren a esta pobre hija del luterano wojtyla. Asi quedaron pobres almas.
    ¿De la consagración de Rusia ni hablemos no es cierto? pobrecitos.

    .–.

    Viviana Hierholzer
    Hace 1 día
    Un cambio inminente a nivel mundial no puede nunca venir desde fuera. Esperar que algo afuera cambie sin hacer nada es un poco ingenuo. Cada uno es responsable de lo que pueda suceder. No esperes un Mesías, él ya vino y entregó su mensaje a toda la humanidad. El cristianismo vivo en cada alma humana es la fuerza que se opone a la islamización de occidente. No hablo de ir a la iglesia, hablo del cristianismo como camino de vida. Y ese camino es individual, es decir que sólo lo puede hacer un individuo, un ser humano en su fuero interno.

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