Yo sé que no a todo el mundo se le puede pedir lo mismo, y también tengo claro que es la hora de los laicos. Hay muy poco sacerdotes que estén dando la cara por defender esto y jugándosela. Yo a usted no le voy a pedir eso. Eso nace de cada uno.
Pero sí que le voy a pedir que reflexione una cosa: si vale la pena lo que me han dicho muchas veces muchos de ustedes, tras lo cual una gran parte me han retirado hasta la consideración, afecto y saludo: lo de no querer leer nada de lo que escribo por que “les quita la paz” y “no les aporta nada”.

 

 

Vicente Montesinos

 

 

 

 

Hola Padre (..N..). Sé que es un buen sacerdote. Por eso no quiero que sea uno más. Yo sé que yo no soy nadie para decirle esto, pero como le aprecio, necesito decírselo…

Creo que los sacerdotes, como todos los católicos, pero especialmente también ustedes, tienen la responsabilidad de enterarse de lo que está pasando en nuestra Iglesia.

No son locuras de cuatro chiflados. La doctrina, la moral, el magisterio, la catolicidad, la universalidad, y todos los pilares que la han conformado durante 2000 años, han venido desmoronándose como un castillo de naipes en los últimos años.

Y le aseguro que lo peor está por venir..

Yo sé que no a todo el mundo se le puede pedir lo mismo, y también tengo claro que es la hora de los laicos. Hay muy poco sacerdotes que estén dando la cara por defender esto y jugándosela. Yo a usted no le voy a pedir eso. Eso nace de cada uno.

Pero sí que le voy a pedir que reflexione una cosa: si vale la pena lo que me han dicho muchas veces muchos de ustedes, tras lo cual una gran parte me han retirado hasta la consideración, afecto y saludo: lo de no querer leer nada de lo que escribo por que “les quita la paz” y “no les aporta nada”.

Si ven que es lo adecuado, adelante. Pero simplemente reflexiónelo.

Pero si cuando lo rece, y lo reflexione, considera que debería saber un poco más de lo que está pasando en la Iglesia universal, porque también a usted, como parte del cuerpo místico de Cristo, le afecta, yo estoy dispuesto a enviarle muchas cosas, para que simplemente, las conozca.

Espero no se moleste con esto, pero mi conciencia me hace decírselo.

Mire, Padre (..N..),  ahora mismo Adoración y Liberación tiene miles de lectores fijos en todo el mundo, más los que diario leen las cosas que publico, y que se cuentan por millares.

Esto no se lo digo para mi vanagloria (ya que si lo poco que hago no es para gloria de Dios, se volvería contra mi anhelada salvación), si no para trasmitirle que son muchas, muchas, pero muchas, las almas que están atribuladas, y se dirigen a mí, porque es a quien tienen delante. Yo intento, como buenamente puedo, casi sin tiempo material,  llegar a todos, simplemente para darles una palabra de consuelo, un ánimo a seguir en nuestra Iglesia católica, luchando, desde dentro, para cambiar lo que se pueda cambiar, y a no abandonar nunca la Iglesia de Cristo.

Pero si ustedes siguen haciendo como que no pasa nada, les digo: no se le puede tapar a todo el mundo el sol con un dedo.

Para cuando tenga tiempo de reflexionar esto, aunque le podría pasar centenares de “testimonios”, le voy a pasar dos, que me han llamado especialmente la atención, en el día de hoy, únicamente. Podría haber sido otro día.

El de una mujer, de Colombia, de 64 años, que me ha mandado unos audios desde su sufrimiento y dolor; y el de un sacerdote, de los muchos que se ponen en contacto conmigo, y que acuden a mí, no porque yo sea mejor, sino porque no tienen a nadie donde acudir.

Le pasaré el contenido aproximado de las conversaciones que he mantenido con ellos, eliminando los datos, por supuesto, que los puedan identificar. Para mí lo que hablo con mis lectores es tan sagrado como para usted será el secreto de confesión.

Quizá escuchando la tribulación de estas pobres almas, tan pobres como la mía, y la de los miles y miles que pareciera vamos quedando en una especie de Iglesia remanente paralela a la oficialidad que nada ve, nada siente, y nada padece; pueda entender algo más de la pobre lucha de este hijo suyo y tantos otros para salvar a la Iglesia de Cristo.

Y algo más de lo que para mí, y humildemente se lo digo, está siendo lo que ustedes, los buenos sacerdotes, en muchos casos, “no están haciendo”: colocar su alma y todas las que tienen encomendadas, en una situaciónn, cuanto menos, comprometida.

Gracias por leerme y escucharme cuando tenga tiempo; y adelante Padre. Sé que es un buen pastor, pero quizá esta reflexión le pueda completar en algo.

En espera de su bendición, filialmente

 

 

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