San Tarsicio, los monaguillos, los obispos infieles, los jóvenes adoradores y San Juan Pablo II…

Vicente Montesinos

 

 

 

Hoy, 14 de agosto, víspera de la Asunción de la Virgen,  celebramos la fiesta de San Tarsicio.

San Tarcisio era un acólito o ayudante de los sacerdotes en Roma.

Después de participar en una Santa Misa en las Catacumbas de San Calixto fue encargado por el obispo para que llevara la Sagrada Eucaristía a los cristianos que estaban en la cárcel, prisioneros por proclamar su fe en Jesucristo.

Por la calle se encontró con un grupo de jóvenes paganos que le preguntaron qué llevaba allí bajo su manto. Él no les quiso decir que guardaba, y los otros lo atacaron ferozmente para robarle la Eucaristía.

Tarsicio prefirió morir antes que entregar tan sagrado tesoro. Cuando estaba siendo apedreado llegó un soldado cristiano y alejó a los atacantes.

Tarcisio le encomendó que les llevara la Sagrada Comunión a los encarcelados, y murió contento de haber podido dar su vida por defender el Sacramento y las Sagradas formas donde está el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

El Martirologio Romano cuenta así la vida de este santo:

En Roma, en la Vía Apia fue martirizado Tarcisio, acólito. Los paganos lo encontraron cuando transportaba el Sacramento del Cuerpo de Cristo y le preguntaron qué llevaba. Tarcisio quería cumplir aquello que dijo Jesús: “No arrojen las perlas a los cerdos”, y se negó a responder. Los paganos lo apalearon y apedrearon hasta que exhaló el último suspiro pero no pudieron quitarle el Sacramento de Cristo. Los cristianos recogieron el cuerpo de Tarcisio y le dieron honrosa sepultura en el Cementerio de Calixto”.
Sobre su tumba escribió el Papa San Dámaso este hermoso epitafio: “Lector que lees estas líneas: te conviene recordar que el mérito de Tarcisio es muy parecido al del diácono San Esteban, a ellos los dos quiere honrar este epitafio. San Esteban fue muerto bajo una tempestad de pedradas por los enemigos de Cristo, a los cuales exhortaba a volverse mejores. Tarcisio, mientras lleva el sacramento de Cristo fue sorprendido por unos impíos que trataron de arrebatarle su tesoro para profanarlo. Prefirió morir y ser martirizado, antes que entregar a los perros rabiosos la Eucaristía que contiene la Carne Divina de Cristo“.

 

Tarsicio. Monaguillo valiente, mártir por defender la Sagrada Eucaristía.

Esa que hoy hasta nuestros obispos desprecian impidiendo arrodillarse ante ella.

Hace pocos días otros monaguillos eran perseguidos por arrodillarse ante el Señor. Esta vez no por paganos, si no por su propio Obispo.

Fieles monaguillos, jóvenes adoradores y amantes de la Eucaristía todos… Hoy es vuestro patrón…

Como me dijo San Juan Pablo II al oído, con voz cansada y entrecortada, un 9 de octubre de 2004, en el Vaticano: ¡Jóvenes adoradores, adelante!

¡Feliz día de San Tarsicio!

 

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Categorías:Actualidad religiosa, Editorial, EL SANTO DEL DÍA, Otros Santos, SANTOS

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15 respuestas

  1. El cardenal Sarah vincula el aberrante gender con el gnosticismo, que ha brotado con nueva fuerza. http://www.ilgiornale.it/news/cronache/cardinal-sarah-tuona-gender-teoria-aberrante-e-perversa-1564243.html

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  2. ” Esta vez no por paganos, si no por su propio Obispo. ”

    Creo que es matizable esta afirmación. Debe de ser un obispo pagano, que haberlos haylos.

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  3. Precioso y terriblemente oportuno tu artículo
    No me extraña tu absoluta determinación en lo que defiendes habiendo recibido ese maravilloso encargo de labios de uno de los más grandes, si no el que más, santos de nuestra turbulenta época
    Habrá que encomendarse a su intercesión y a la de San Tarcisio.

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    • Gracias Aintzxane. Sí, es un santo al que yo tengo enorme cariño, y al que nos hemos de encomendar en esta época.

      Por mi parte, yo entre en la adoración nocturna ante el santísimo a los nueve años como Tarsicio, que era el nombre que recibimos los adoradores niños.

      En cuanto a San Juan Pablo II, el grande, nunca olvidaré aquella recepción en el Vaticano, y esas palabras susurradas al oído, con una muy débil voz: jóvenes adoradores, adelante!

      En aquel entonces yo era el presidente Nacional de los jóvenes de la adoración nocturna, y luchábamos sin descanso para abrir turnos juveniles de adoración nocturna a lo largo y ancho de toda España.

      Y a San Juan Pablo II le quedaban escasos seis meses de vida.

      Así es. Juan Pablo II intento por todos sus medios frenar la deriva del Vaticano segundo, y lo consiguió en muchas cosas, aunque en otras no pudo, al igual que Benedicto, rodeados por lobos.

      Impensable escuchar a Francisco animar a los jóvenes a adorar al santísimo, cuando apoya obispos que prohíben arrodillarse ante el señor.

      Aquel 9 de octubre de 2004 quedará siempre en mi memoria y en mi corazón y en mi lucha.

      En privado te mandaré una foto de ese encuentro con el papa, Aintzxane, por si te apetece verla.

      Dios te bendiga!

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  4. ¿Cómo puede haber verdadera devoción a Jesucristo presente en el Santísimo Sacramento, si no se fomenta, si no se preparan bien para la primera comunión, si se les da como un “objeto”, si se reparte como si fuesen “estampitas comestibles”, si no hay culto y exposición en parroquias, si hay obispos que no creen que haya que recibirlo sin verdadero arrepentimiento?

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  5. Vicente, no sólo quiero que me mandes la foto, sino que te lo ruego. Yo también crecí interiormente con San Juan Pablo Il con aquel No tengáis miedo, abrid vuestras puertas a Cristo, pronunciado desde el balcón de San Pedro momentos después de su elección.

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  6. Rafael, qué razón tienes con lo de la falta de formación de los jóvenes. No quiero cansaros, pero en el pueblito vasco del que yo soy hace más de 40 años que empezaron a negar a los niños la formación doctrinal. A mí madre, que era catequista, la sacaron de la catequesis porque enseñaba a los niños a rezar y a repetir las oraciones tradicionales de la Iglesia

    Sufrió mucho, sobre todo por las hostias consagradas que el sacerdote dejaba esparcidas , tiradas en el altar después de cada celebración eucarística.
    Ella se hizo con las llaves de la puerta de entrada de la iglesia y del Sagrario y se levantaba sigilosamente a media noche sin que mí padre se enterara y entre lágrimas metía las hostias consagradas en el copón y las guardaba en el Sagrario. Es el recuerdo más emotivo que tengo de mi madre.
    Perdón por haberos contado algo tan personal, pero hoy, día de San Tarcisio, pensé que debía hacerlo.

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