Vicente Montesinos

 

 

 

 

Ayer nos preguntábamos hasta cuando la Iglesia iba a aguantar la situación en la que nos encontramos.

Hoy quiero incidir en uno de los aspectos que apuntábamos, y que es la principal incógnita que nos rodea, dada la situación creada en Nuestra Santa Madre Iglesia por Francisco y su tropa.

¿Porqué casi todos los cardenales y obispos callan? ¿Cual es el motivo de este aberrante, cobarde y orquestado silencio? ¿Por qué ni están, ni se les espera, en este momento (hablemos claro) de fin del catolicismo que está provocando Bergoglio?

El colegio cardenalicio en pleno, con excepción de los 4 signatarios de la Dubia… ¿qué hace ante la disolución de la catolicidad como se ha entendido en los últimos 20 siglos?

Dada la gravedad de las acciones y omisiones de Bergoglio, es como si se aceptara que el pontífice argentino vino para acabar con el catolicismo romano, y que todos los príncipes de la iglesia y sucesores de los apóstoles se han sometido a una especie de “destino inevitable”.

A mi desde luego no me cabe en la cabeza. Ni en el alma. Y evidentemente, este humilde servidor de Cristo, y muchos otros; porque somos católicos y nos sometemos a la Santa Madre Iglesia y al Papa, como Vicario de Cristo; vamos a seguir denunciando lo que está pasando, a pesar del inopinado y escandaloso silencio de nuestros pastores y pastorcillos. Porque no podemos más que, ya que no lo hacen ellos, ser fieles a Cristo, a las Sagradas Escrituras, la tradición, la sana doctrina y el magisterio bimilenario.

Pero dando por sentada esta lucha, reflexiono. ¿Qué les pasa, eminencias y excelencias? Porque no puede ser que Bergoglio haya caído en Roma, y les haya abducido a todos. Es absolutamente desolador.

Y es que el Vaticano II empezó a cocinar un guiso; que Juan Pablo II y Benedicto XVI intentaron apartar de nuestras mesas como buenamente pudieron; pero que ha encontrado en Bergoglio el entusiasmado chef que lo lleve a la excelencia culinaria.

El sacramento ya no es lo principal en la Iglesia; sino que ahora lo importante es la “ética”. Con lo que los pastores asumen como propia la del “jefe de la manada” (no la del Vicario de Cristo, porque no actúa como tal). Y si esa ética habla de ecologismo, inmigracionismo, y progremodernismo; pues ahí vamos todos.

Es una subversión del centro de gravedad que se va reflejando, paso a paso, en cada una de las importantes cuestiones que durante 1960 años eran asumidas desde el punto de vista sacramental: los divorciados nuevamente “casados”; la comunión de no católicos, etc, etc, etc… A todo ello han contribuido de forma evidente Amoris Laetitia (y todo lo que después ha venido) que no es un texto inocente, como nos han querido vender prácticamente todos y cada uno de los pastores del orbe; sino una argucia y una astucia muy bien planteadas por Bergoglio y las mentes pensantes del relativismo y progremodernismo que le rodean (desde el Cardenal Walter Kasper hasta el “flamante” nuevo Arzobispo de La Plata, “Tucho” Fernández)

El estado de confusión es, pues, obvio. Pero no es casual. Y una cosa les digo: no me vengan con que la confusión y el desacuerdo es fruto del Espíritu Santo y es la plácida voluntad de Dios. La confusión es nada más y nada menos que el resultado del nuevo estilo de pontificado creado por Francisco, y el fin que siguen él y sus equipos para; suave, suavecito; ir dando pequeños pasos, que al final no serán más que uno muy grande. Ya estamos en él. El del fin de la Iglesia Católica como la conocemos y como la creó Jesucristo.

Los casos concretos de cada uno de los escándalos así lo demuestran.

Vamos a tomar uno como ejemplo de esta forma constante de actuar del gobierno de Bergoglio, que nos sirva como paradigma: el caso de las personas divorciadas que se volvieron a casar. Y es que es evidente que se siguió un plan preestablecido desde el principio.

Veamos.

El Cardenal Kasper (él precisamente, y después hemos ido entendiendo porqué) tuvo la oportunidad, dada por Francisco,  de ofrecer el único discurso al Consistorio de los Cardenales en febrero de 2014. En ese discurso, Kasper “sentó las bases”.

Sin embargo, los dos sínodos de obispos no fijaron una línea común e inequívoca para el asunto en cuestión. La “mafia” organizadora no lo consiguió. Les invito a leer los informes de los “circuli minores” del Sínodo de 2015, sin ir más lejos, para que puedan darse cuenta de que no hubo, en absoluto, la posición común, que nos han querido después vender, y que además los pastores del orbe han asumido dóciles, y traidores al magisterio bimilenario de la Iglesia.

En una actuación normal, y de buena fe, el Papa debería haber examinado todas las posturas dichas, y discriminado y comprendido cuales eran los procesos que se podían llevar a cabo, y cuales no, de acuerdo a las disertaciones apostólicas, y a la fidelidad a las Sagradas Escrituras y al Magisterio. Pero no lo hizo. Y el camino emprendido aquel febrero de 2014 no fue en absoluto virado. No hubiean hecho falta pues dichos sínodos, montajes de imagen para dar sensación de “colegialidad” a una imposición, además anti-católica, ya puesta en marcha.

Y es que el hecho verdadero es que una gran mayoría de los Padres sinodales no querían ningún cambio en el orden tradicional. ¿Y cómo se salvaba esto? Muy sencillo. El comité editorial de la “Relatio finalis” tuvo extremado cuidado en no incluir ninguna innovación llamativa en el texto. Se emprendió, así, un “pequeño paso”, en lugar de uno grande; y de esa forma, como siempre, desde marzo de 2013, el orbe católico siguió tragando.

Ninguna innovación llamativa en el texto, no; pero si unas “posiciones indefinidas”…, un, en definitiva, “cambio de atmósfera”…. Y de ahí, poco a poco, lo que ha ido viniendo, ya lo conocen… Inteligente. Maquiavélico. Bergogliano.

Esas “posiciones indefinidas”, que aún así, y no siendo claras, recibieron con extrema dificultad la mayoría de 2/3 del episcopado necesaria, fueron de esta forma “refrendadas”, y de ahí llegamos al siguiente pequeño paso: algunas notas ambiguas en Amoris Laetitia…, y ya caminábamos firmes hacia la nueva dirección. Suave, suavecito…

¿Que hacía falta más pasos? No se apuren. Se seguían dando. Después llegaría la confirmación papal de las directrices de la Provincia eclesiástica de Buenos Aires sobre el Octavo Capítulo de Amoris laetitia. Que además,  no son meras interpretaciones, porque contienen afirmaciones e instrucciones que no se encontraron en Amoris laetitia ni fueron adoptadas por los sínodos, ni encontraron nunca una mayoría allí.

Y por arte de birlibirloque, y supuestamente sin tocar una coma del magisterio (aunque sabemos que además eso no es así en el 303, 305 y contexto general del Capítulo 8 de la nefasta Amoris LAetitia), los divorciados “arrejuntados” comulgan a Cristo. Y a correr. 2000 años de catolicismo al garete.

Y los cardenales y los obispos callados…

Solo ha sido un ejemplo de la forma de actuar de Bergoglio para acabar con la catolicidad de la Iglesia. Luego vendría la comunión para protestantes y todo hijo de vecino; estamos ya en la revisión de la Humanae Vitae; caminamos hacia la consolidación del dominio de la homosexualidad y el lobby LGTB en la Iglesia Católica, con James Martin como principal ponente del Encuentro Mundial de las Familias (primer encuentro LGTBI), etc, etc, etc…

Y más que nos queda por ver.

Así actúan.

Así callan.

Así nos atribulan.

Ven pronto, Señor.

 

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