Vicente Montesinos

 

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Queridos amigos, este domingo del Bautismo del Señor concluye el tiempo de Navidad. Demos gracias a Dios por este gran misterio, que es fuente de regeneración para la Iglesia y para todo el mundo. Dios se hizo hijo del hombre, para que el hombre llegara a ser hijo de Dios. Renovemos, por tanto, la alegría de ser hijos: como hombres y como cristianos; nacidos y renacidos a una nueva existencia divina.

Nacidos por el amor de un padre y de una madre, y renacidos por el amor de Dios, mediante el Bautismo.

A la Virgen María, Madre de Cristo y de todos los que creen en él, pidámosle que nos ayude a vivir realmente como hijos de Dios, no de palabra, o no sólo de palabra, sino con obras.

San Juan escribe también: «Este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó» (1 Jn 3, 23).

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